Esta exigencia coloca a Hamás entre la espada y la pared, entre la catástrofe y el desastre. Si acepta desarmarse se desencadenará una guerra civil en Gaza. Las milicias respaldadas por Israel tendrán vía libre. Se han establecido tras la nea amarilla, que de facto se anexiona el 60 % de la Franja de Gaza, una zona despoblada donde solo pueden asentarse quienes cuentan con la autorización de Israel. Es dudoso que el desarme les afecte, dado que todo lo que se encuentra al este de la línea amarilla ya no parece ser considerado por israelíes y estadounidenses como parte de la Franja de Gaza.

Estas bandas armadas a veces cruzan la línea para cometer secuestros o asesinatos, como el reciente asesinato de varios policías de Hamás. La policía está intentando restablecer la seguridad reabriendo comisarías. Esto ha dado a los habitantes de Gaza un poco más de confianza. Hay menos robos y ya no se producen ataques contra los escasos convoyes de ayuda humanitaria. En el punto álgido de la guerra, estos ataques eran perpetrados por clanes con distintos grados de características mafiosas, e Israel culpaba a Hamás. La población prefiere que la policía de Hamás conserve sus armas porque saben muy bien lo que ocurriría si fueran desarmados. Ya lo vimos cuando Hamás tomó el poder en 2006, tras los enfrentamientos entre palestinos. Familias prominentes de Gaza aprovecharon el período de inestabilidad para robar coches y secuestrar personas, incluidos extranjeros. Esto no tenía precedentes en Gaza.

Lo que busca Israel: el caos
A día de hoy se puede afirmar que  la policía garantiza el 90 % de la seguridad. Esto no gusta a los israelíes, quienes creen que la policía también debería ser desarmada. Por eso atacan con frecuencia comisarías y vehículos todoterreno. Desde la semana pasada hasta el 30 de marzo, más de 20 policías han sido asesinados.

El verdadero objetivo de Israel es la guerra civil. Han visto que, a pesar del genocidio, muchas y muchos gazatíes quieren resistir quedándose aquí. Pero si estalla una guerra civil, se irán. Como yo. Hasta ahora, quería resistir hasta el último minuto quedándome en Gaza. Juré abandonar Gaza solo si me viera absolutamente obligado. Pero si los palestinos empiezan a matarse entre sí por razones que nada tienen que ver con defender la patria, sino por venganza o poder, seré de los primeros en abandonar Gaza lo antes posible. No seré el único. Lo vimos durante la guerra civil libanesa. Muchas y muchos libaneses abandonaron su país. Y creo que eso es precisamente lo que buscan los israelíes: el caos.

Si Hamás depone las armas, algunos podrían buscar venganza. Hamás ha gobernado Gaza con mano de hierro. Encarceló y, en ocasiones, torturó a personas. Algunos de sus miembros abusaron de su poder.

El odio también podría desatarse contra los nuevos ricos, los que se han lucrado con la guerra. Entre ellos están los comerciantes que obtuvieron el monopolio de las importaciones de bienes y alimentos de los israelíes, los «influencers que amasaron fortunas creando campañas de recaudación de fondos en línea para ayudar a las y los gazatíes, pero que se quedaron con las donaciones, a veces acumulando sumas muy elevadas. Están los traficantes de drogas y tabaco. Están quienes crearon ONG locales con el único propósito de recibir subvenciones de grandes ONG internacionales, y que se quedan con una parte, o incluso la totalidad, de los fondos. Por supuesto, ya había gente adinerada en Gaza antes de la guerra: empresarios, comerciantes o herederos. Pero los ricos de hoy han construido sus fortunas sobre la miseria de la mayoría. La estrategia israelí ha destruido la solidaridad tradicional al crear esta nueva clase social indiferente a los demás. El día que ya no haya seguridad, algunos se vengarán de estas personas, que lo saben muy bien. Se están preparando para ello creando sus propias milicias.

Personas ciudadanas de Gaza siguen siendo asesinadas a diario
Lamentablemente, el plan de Mladenov no incluye exigencias para Israel. Es más, aunque las incluyera, los israelíes actuarían con total impunidad, como de costumbre. No respetan el alto el fuego supuestamente garantizado por Estados Unidos, a diferencia de Hamás, que no tiene otra opción. Solo han disminuido la intensidad de los bombardeos, pero siguen ocurriendo a diario. Las y los gazatíes siguen muriendo cada día. La segunda fase, que estipulaba la retirada del ejército israelí y el paso sin problemas de los gazatíes por el cruce de Rafah, no se ha aplicado. Los cruces están sujetos a condiciones muy complejas, especialmente para quienes regresan.

La ayuda humanitaria llega a cuentagotas y va disminuyendo. Es evidente que los israelíes no tienen intención de comprometerse con nada. El plan estadounidense consiste en una serie de órdenes que Hamás debe obedecer. Ese es el martillo. Y el yunque: ¿qué ocurrirá si Hamás se niega a deponer las armas? La respuesta de Israel sería la reanudación del genocidio a gran escala, un aumento en el ritmo de las principales incursiones terrestres y, quizás, un endurecimiento del bloqueo hasta llegar a que vuelva a funcionar el arma del hambre. Los israelíes estrecharán el cerco alrededor de la población, y el mundo permanecerá impasible, tal como lo hizo durante los dos años y medio en que el genocidio alcanzó su punto álgido. Gaza se sumiría de nuevo en un infierno en el que Hamás seguiría allí, armado, y en el que la población sería incapaz de sobrevivir. Hoy el 90 % de las y los gazatíes dependen de la ayuda humanitaria y viven en la calle, en tiendas de campaña, en condiciones muy precarias. Las ONG internacionales que aún operan en Gaza, especialmente aquellas con hospitales de campaña, serán prohibidas por completo. Por ahora, siguen presentes, pero treinta y siete de ellas se enfrentan a la inminente expulsión por parte de Israel. Operan a capacidad reducida, recurriendo a sus reservas, ya que tienen prohibido importar medicamentos o equipos médicos.

El mundo dirá que Hamás se niega a ceder, que Israel tiene derecho a defenderse y expandirse, y por lo tanto, derecho a asfixiar a las y los palestinos. Por eso, Hamás se enfrenta a una disyuntiva entre catástrofe y desastre. Desastre si acepta desarmarse, y catástrofe si se niega. Si estalla una guerra civil, muchos gazatíes querrán marcharse. Si se reanuda el genocidio, finalmente serán deportados. Sean cuales sean los medios, el objetivo es el mismo: la limpieza étnica de toda la población de Gaza

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Rami Abou Jamous escribe su diario para Orient XXI. Fundador de GazaPress, una oficina que proporcionaba ayuda y traducción a los periodistas occidentales, tuvo que abandonar su apartamento en Ciudad de Gaza en octubre de 2023 con su Palestinaesposa Sabah, sus hijos y su hijo Walid, de dos años y medio, bajo la amenaza del ejército israelí. Refugiada desde entonces en Rafah, la familia tuvo que trasladarse a Deir El-Balah y más tarde a Nusseirat, atrapados como tantas familias en este enclave miserable y superpoblado. Un mes y medio después del anuncio del alto el fuego, Rami finalmente está de vuelta en casa con su esposa, Walid y el recién nacido Ramzi. Por este diario de a bordo, Rami recibió el premio de la prensa escrita y el premio Ouest-France en el Premio Bayeux para corresponsales de guerra. Este espacio está dedicado a él (en orientxxi) desde el 28 de febrero de 2024 (en  https://vientosur.info/author/jamous/  hemos publicado algunas de sus crónicas).