Hay oposición dentro de Israel, pero se centra en los rehenes y en reemplazar a Netanyahu, no en el genocidio

Gideon Levy, uno de los periodistas más conocidos de Israel, columnista de larga data del diario Haaretz, que ha dedicado su carrera a cubrir la cuestión palestina desde el interior de Israel, recibió el sábado en Roma el Premio Kapuściński en el Festival de Literatura de Viajes. Le entrevista para el diario il manifesto Chiara Cruciati, que se centra en su último libro publicado en Italia, Killing Gaza.

Gideon Levy: «Israel está más unido de lo que parece».

Gideon Levy

En un artículo de opinión del 8 de octubre de 2023, pese a la conmoción y el dolor, señalaba usted la responsabilidad de Israel en la opresión de otro pueblo, y parecía casi sorprendido por el asombro de la sociedad israelí ante lo sucedido. ¿Cuándo dejaron los israelíes de ver a los palestinos?Yo diría que comenzó con los inicios del sionismo, que nunca quiso construir nada juntos. Los israelíes nunca han visto a los palestinos como seres humanos iguales, sino como personas a las que hay que substituir, a las que expulsar. A principios de la década de 1920, los pioneros hablaban abiertamente de la «conquista del trabajo», lo cual venía a significar quitarles el trabajo a los palestinos y apropiarse de él. La deshumanización de los palestinos lleva décadas produciéndose; el 7 de octubre no hizo más que llevarlo todo a un nivel superior de intensidad, e Israel mostró su verdadero rostro. La mayoría de los israelíes creen que Israel tiene derecho a hacer lo que le venga en gana y que no hay palestinos inocentes. Tienen la impresión de que no sólo tienen el derecho, sino el deber de llevar a cabo un genocidio y una limpieza étnica.En febrero de 2024, fui testigo en Jerusalén de la «Marcha de la Victoria» de extrema derecha. En la protesta, un hombre me dijo algo que me pareció revelador, una idea que también he leído en su libro: «Nuestras ideas se han convertido en la corriente dominante». ¿Es verdad eso?

Por desgracia, esa es una opinión muy extendida. Hay oposición dentro de Israel, pero se centra en los rehenes y en reemplazar a Netanyahu, no en el genocidio. La mayoría de los que protestan por los rehenes piensan que Israel puede hacer lo que le venga en gana en Gaza. Israel está mucho más unido de lo que parece a simple vista. Cuando se tocan las cuestiones clave, se ve realmente cuánto apoyo tiene hoy la extrema derecha y que el 7 de octubre se percibe como una oportunidad que hay que aprovechar. Esto no significa que todos los israelíes sean fascistas enloquecidos, pero sí que la mayoría alberga una indiferencia enfermiza hacia lo que está sucediendo en Gaza.

En un artículo sobre el desmoronamiento del llamado frente pacifista, escribe usted que la izquierda se desintegra en cada crisis. ¿Podría explicar esto?

Esta es otra dinámica que comenzó antes del 7 de octubre. La izquierda sionista no tiene ningún plan ni liderazgo, y lo quiere todo: quiere continuar con la ocupación, pero hacerla liberal y humana; quiere un Estado judío, pero también democrático; quiere un Estado sionista, pero quiere también igualdad. Carece de objetivos claros. Por ejemplo, todos los partidos de izquierda se oponen a la iniciativa francesa de reconocer el Estado de Palestina. Entonces, ¿qué es lo que quieren? Por eso están desapareciendo. No hay un bando pacifista, salvo unos pocos grupos radicales, que por desgracia son marginales.

Antes incluso del 7 de octubre se hablaba de una emigración en número significativo desde Israel, sobre todo de personas a las que podríamos denominar liberales. ¿Ve algún peligro en su marcha? ¿En qué tipo de sociedad espera usted vivir en los próximos años?

Hay una tendencia muy clara: Israel se está moviendo cada vez más hacia posiciones fundamentalistas, nacionalistas y racistas. Es un problema que se vayan decenas de miles de izquierdistas o jóvenes, pero lo que más me preocupa es la mayoría que se encamina a la obscuridad. No importa cuántos se vayan de Israel; el país está perdiendo cualquier tipo de espíritu liberal. Dentro de 10 o 20 años, será un lugar muy desagradable para vivir.

En sus artículos anteriores a 2023, escribía usted sobre sus días en Gaza, sobre las amistades y el ambiente que allí se encontró. La ocupación nunca terminó, pero ¿diría que ha empeorado radicalmente desde la construcción del muro en Cisjordania y el asedio de Gaza?

Decididamente, ha empeorado; ahora es catastrófica. Tengo amigos en Gaza que añoran los días en que tenían trabajo en Israel; dicen que aquellos eran los mejores tiempos. Limpiaban las calles, trabajaban en obras de construcción, realizaban trabajos difíciles en condiciones terribles, pero podían moverse libremente, tenían un salario y podían mantener a su familia. Era un paraíso en comparación con la actualidad. La ocupación cambia constantemente y estamos hoy viviendo su fase más bárbara: ahora se trata de un genocidio. Y en Cisjordania, es más terrible cada día; los pogromos de los colonos son un fenómeno cotidiano. La gente vive aterrorizada. Toda ocupación empeora con el tiempo, por lo que quienes desean una ocupación «liberal» se engañan a sí mismos. Es un círculo vicioso: toda ocupación genera resistencia; la resistencia hace que la ocupación sea más cruel; y la resistencia, a su vez, se vuelve más cruel.

Entre los objetivos oficiales de los dirigentes israelíes se encuentran la liberación de los rehenes y la destrucción de Hamás, pero muchos observadores —el más reciente, la Comisión de Investigación de las Naciones Unidas— consideran que se trata de pretextos. ¿Es la limpieza étnica el verdadero objetivo?

No hace falta ser crítico con el Gobierno israelí; basta con escuchar sus propias palabras. El plan es muy claro: empujar a la población de Gaza a campos de concentración en el sur y luego «ofrecerles» la opción de quedarse en una jaula o abandonar Gaza. Eso es limpieza étnica. Del mismo modo, los asesinatos en masa, la destrucción sistemática y el borrado de barrios enteros sirven para hacer inhabitable esa tierra. El Gobierno está demostrando con sus acciones y sus declaraciones que está cometiendo un genocidio planificado.

En su libro, escribe que, sin la presión internacional y la intervención externa, Israel nunca pondrá fin a la ocupación y al apartheid. ¿Cómo valora usted las intervenciones más recientes, desde el reconocimiento del Estado de Palestina hasta los intentos de la UE de imponer sanciones parciales, hasta ahora infructuosos? ¿Por qué Occidente es incapaz de llevar a cabo una intervención contundente?

Es una combinación de razones que tienen su origen en el pasado y que siguen presentes en la relación entre Europa e Israel. Por un lado, sigue existiendo un sentimiento de culpa entre los europeos, e Israel sigue manipulando ese sentimiento. Por otro lado, está el miedo a Donald Trump. Europa se muestra completamente pasiva y sabe que, si presiona demasiado a Israel, sufrirá las consecuencias. Es un comportamiento patético y vergonzoso. Ahora hablan algunos de reconocer a Palestina, pero no están promoviendo un Estado; no están deteniendo la guerra en Gaza. Se está masacrando a la gente mientras se limitan a reconocer un Estado. Europa no está contribuyendo en absoluto a poner fin al genocidio.

Gideon Levy, columnista del diario israelí Haaretz

il manifesto global, 2 de octubre de 2025

Por qué el plan de paz para Gaza es básicamente un plan de guerra

Harold Meyerson

Aunque el plan de paz para Gaza presentado ayer por el presidente Trump y el primer ministro israelí Netanyahu deja muchas preguntas clave sin respuesta, sí aclara algunas cuestiones pendientes desde hace tiempo, principalmente qué hacer con Tony Blair.

El plan establecería un comité de líderes internacionales, presidido por Trump, que gobernaría efectivamente la Gaza de posguerra. («Efectivamente», en la frase anterior, significa «en la práctica», no «de manera competente»). Aunque no estipula formalmente que el gobierno efectivo de Gaza vaya a confiarse a Blair, se cree en general que ese comité le entregaría las riendas a Blair, cuya última gran iniciativa en Oriente Medio, cuando era primer ministro del Reino Unido, fue enviar tropas británicas para sumarse a las norteamericanas en la guerra de George W. Bush en Irak.

El plan de Trump cumple prácticamente todos los requisitos de Bibi. Le da carta blanca al primer ministro israelí para continuar la guerra a menos que Hamás acepte sus condiciones, que exigen la rendición incondicional del grupo. Sus miembros tendrían que renunciar a la violencia, y los que no lo hicieran serían trasladados rápidamente a otros países. En este momento, es lógico suponer que la mayoría de los residentes de Gaza estarían muy bien sin Hamás, gracias; pero no está nada claro que Hamás quiera abonar su propia desaparición. El plan también permitiría a Israel mantener un perímetro de seguridad alrededor de Gaza, y es deliberadamente vago sobre cualquier forma de control palestino sobre, bueno, cualquier cosa. Los países árabes han apoyado provisionalmente el plan, pero quieren más garantías de que Israel aceptaría lo que se pueda salvar de una solución de dos Estados, lo cual resulta muy dudoso.

La suma de las dudas supera, entonces, con creces la suma de las posibilidades de que el plan se lleve a cabo, que es sin duda lo que Bibi esperaba. Eso significa que los Estados Unidos nada harán por impedir que Israel derribe los edificios que aún quedan en pie en Gaza o que continúe la guerra mientras quede en pie un solo soldado de Hamás. Eso, a su vez, le garantiza a Bibi el apoyo continuo de los partidos de extrema derecha exterministas de los palestinos que lo mantienen en el poder y fuera de la cárcel; le permite a Trump afirmar que hizo lo que pudo sin que a los republicanos les costara ni un centavo de la AIPAC [principal grupo de presión proisraelí en los EE.UU.]; y le da a Tony Blair, aunque sea brevemente, un destello de atención pública.

Por si acaso pensábamos que el «acuerdo» no significaba gran cosa…

Gideon Levy, uno de los periodistas más conocidos de Israel, columnista de larga data del diario Haaretz, que ha dedicado su carrera a cubrir la cuestión palestina desde el interior de Israel, recibió el sábado en Roma el Premio Kapuściński en el Festival de Literatura de Viajes. Le entrevista para el diario il manifesto Chiara Cruciati, que se centra en su último libro publicado en Italia, Killing Gaza.

En un artículo de opinión del 8 de octubre de 2023, pese a la conmoción y el dolor, señalaba usted la responsabilidad de Israel en la opresión de otro pueblo, y parecía casi sorprendido por el asombro de la sociedad israelí ante lo sucedido. ¿Cuándo dejaron los israelíes de ver a los palestinos?

Yo diría que comenzó con los inicios del sionismo, que nunca quiso construir nada juntos. Los israelíes nunca han visto a los palestinos como seres humanos iguales, sino como personas a las que hay que substituir, a las que expulsar. A principios de la década de 1920, los pioneros hablaban abiertamente de la «conquista del trabajo», lo cual venía a significar quitarles el trabajo a los palestinos y apropiarse de él. La deshumanización de los palestinos lleva décadas produciéndose; el 7 de octubre no hizo más que llevarlo todo a un nivel superior de intensidad, e Israel mostró su verdadero rostro. La mayoría de los israelíes creen que Israel tiene derecho a hacer lo que le venga en gana y que no hay palestinos inocentes. Tienen la impresión de que no sólo tienen el derecho, sino el deber de llevar a cabo un genocidio y una limpieza étnica.

En febrero de 2024, fui testigo en Jerusalén de la «Marcha de la Victoria» de extrema derecha. En la protesta, un hombre me dijo algo que me pareció revelador, una idea que también he leído en su libro: «Nuestras ideas se han convertido en la corriente dominante». ¿Es verdad eso?

Por desgracia, esa es una opinión muy extendida. Hay oposición dentro de Israel, pero se centra en los rehenes y en reemplazar a Netanyahu, no en el genocidio. La mayoría de los que protestan por los rehenes piensan que Israel puede hacer lo que le venga en gana en Gaza. Israel está mucho más unido de lo que parece a simple vista. Cuando se tocan las cuestiones clave, se ve realmente cuánto apoyo tiene hoy la extrema derecha y que el 7 de octubre se percibe como una oportunidad que hay que aprovechar. Esto no significa que todos los israelíes sean fascistas enloquecidos, pero sí que la mayoría alberga una indiferencia enfermiza hacia lo que está sucediendo en Gaza.

En un artículo sobre el desmoronamiento del llamado frente pacifista, escribe usted que la izquierda se desintegra en cada crisis. ¿Podría explicar esto?

Esta es otra dinámica que comenzó antes del 7 de octubre. La izquierda sionista no tiene ningún plan ni liderazgo, y lo quiere todo: quiere continuar con la ocupación, pero hacerla liberal y humana; quiere un Estado judío, pero también democrático; quiere un Estado sionista, pero quiere también igualdad. Carece de objetivos claros. Por ejemplo, todos los partidos de izquierda se oponen a la iniciativa francesa de reconocer el Estado de Palestina. Entonces, ¿qué es lo que quieren? Por eso están desapareciendo. No hay un bando pacifista, salvo unos pocos grupos radicales, que por desgracia son marginales.

Antes incluso del 7 de octubre se hablaba de una emigración en número significativo desde Israel, sobre todo de personas a las que podríamos denominar liberales. ¿Ve algún peligro en su marcha? ¿En qué tipo de sociedad espera usted vivir en los próximos años?

Hay una tendencia muy clara: Israel se está moviendo cada vez más hacia posiciones fundamentalistas, nacionalistas y racistas. Es un problema que se vayan decenas de miles de izquierdistas o jóvenes, pero lo que más me preocupa es la mayoría que se encamina a la obscuridad. No importa cuántos se vayan de Israel; el país está perdiendo cualquier tipo de espíritu liberal. Dentro de 10 o 20 años, será un lugar muy desagradable para vivir.

En sus artículos anteriores a 2023, escribía usted sobre sus días en Gaza, sobre las amistades y el ambiente que allí se encontró. La ocupación nunca terminó, pero ¿diría que ha empeorado radicalmente desde la construcción del muro en Cisjordania y el asedio de Gaza?

Decididamente, ha empeorado; ahora es catastrófica. Tengo amigos en Gaza que añoran los días en que tenían trabajo en Israel; dicen que aquellos eran los mejores tiempos. Limpiaban las calles, trabajaban en obras de construcción, realizaban trabajos difíciles en condiciones terribles, pero podían moverse libremente, tenían un salario y podían mantener a su familia. Era un paraíso en comparación con la actualidad. La ocupación cambia constantemente y estamos hoy viviendo su fase más bárbara: ahora se trata de un genocidio. Y en Cisjordania, es más terrible cada día; los pogromos de los colonos son un fenómeno cotidiano. La gente vive aterrorizada. Toda ocupación empeora con el tiempo, por lo que quienes desean una ocupación «liberal» se engañan a sí mismos. Es un círculo vicioso: toda ocupación genera resistencia; la resistencia hace que la ocupación sea más cruel; y la resistencia, a su vez, se vuelve más cruel.

Entre los objetivos oficiales de los dirigentes israelíes se encuentran la liberación de los rehenes y la destrucción de Hamás, pero muchos observadores —el más reciente, la Comisión de Investigación de las Naciones Unidas— consideran que se trata de pretextos. ¿Es la limpieza étnica el verdadero objetivo?

No hace falta ser crítico con el Gobierno israelí; basta con escuchar sus propias palabras. El plan es muy claro: empujar a la población de Gaza a campos de concentración en el sur y luego «ofrecerles» la opción de quedarse en una jaula o abandonar Gaza. Eso es limpieza étnica. Del mismo modo, los asesinatos en masa, la destrucción sistemática y el borrado de barrios enteros sirven para hacer inhabitable esa tierra. El Gobierno está demostrando con sus acciones y sus declaraciones que está cometiendo un genocidio planificado.

En su libro, escribe que, sin la presión internacional y la intervención externa, Israel nunca pondrá fin a la ocupación y al apartheid. ¿Cómo valora usted las intervenciones más recientes, desde el reconocimiento del Estado de Palestina hasta los intentos de la UE de imponer sanciones parciales, hasta ahora infructuosos? ¿Por qué Occidente es incapaz de llevar a cabo una intervención contundente?

Es una combinación de razones que tienen su origen en el pasado y que siguen presentes en la relación entre Europa e Israel. Por un lado, sigue existiendo un sentimiento de culpa entre los europeos, e Israel sigue manipulando ese sentimiento. Por otro lado, está el miedo a Donald Trump. Europa se muestra completamente pasiva y sabe que, si presiona demasiado a Israel, sufrirá las consecuencias. Es un comportamiento patético y vergonzoso. Ahora hablan algunos de reconocer a Palestina, pero no están promoviendo un Estado; no están deteniendo la guerra en Gaza. Se está masacrando a la gente mientras se limitan a reconocer un Estado. Europa no está contribuyendo en absoluto a poner fin al genocidio.

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columnista del diario israelí Haaretz

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Comunicado de la organización de la resistencia palestina Hamas en respuesta a la propuesta de paz de Donald Trump

«… En cuanto a otros temas incluidos en la propuesta del presidente Trump relacionados con el futuro de Gaza y los derechos inalienables del pueblo palestino, esto está ligado a una posición nacional colectiva de acuerdo con las leyes y resoluciones internacionales pertinentes, a discutirse dentro de un marco nacional palestino integral, en el cual Hamás estará incluido y contribuirá con plena responsabilidad.”

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