La burocracia como estilo

La burocracia, más allá de ser un sistema administrativo, puede entenderse como un estilo de vida, de trabajo y de pensamiento que organiza la realidad mediante normas racionales. Este enfoque estructuralista, popularizado por Max Weber, y en los 60 por John William Cooke, busca la máxima eficiencia a través de la formalidad y la división del trabajo y es histórico, cambiante.
Aquí se presentan apuntes sobre la burocracia concebida como un estilo de gestión y conducta:
El Estilo Burocrático: Características Principales
Impersonalidad: El trato y las decisiones son objetivos, basados en normas técnicas y no en emociones, afinidades o relaciones personales.
Jerarquía Estricta: Existe una cadena de mando clara y definida, donde cada cargo inferior está bajo el control y supervisión de uno superior.
Formalización (Escritura): Todo procedimiento, decisión o norma se documenta por escrito para asegurar la estandarización. Especialización Funcional: El trabajo se divide en tareas rutinarias y delimitadas, donde cada funcionario se vuelve experto en su área.
Profesionalización: Los funcionarios son seleccionados por méritos y competencia técnica, no por influencias..
La Burocracia como Cultura Organizacional
La «Jaula de Hierro»: Weber describió el impacto de la burocracia como una «jaula de hierro» o «cárcel», donde el individuo se ve inmerso en una estructura impersonal y rígidamente ordenada que limita la autonomía y en sus «Apuntes a la militancia, John William Cooke la definió como «estilo».
Dominación Racional-Legal: Es la forma pura de dominación en el mundo moderno, donde el poder se ejerce a través de la legalidad de las normas, no por carisma o tradición.
Previsibilidad: El objetivo es reducir la incertidumbre al máximo; todo está diseñado para que cada acción sea predecible y uniforme. Ventajas y Disfunciones (El Estilo en la Práctica)
Ventajas: Ofrece precisión, velocidad, claridad, continuidad y reducción de costos (eficiencia).
Disfunciones (Los «problemas» del estilo): Rigidez: La adherencia extrema a las reglas puede dificultar la adaptación a situaciones nuevas. La necesidad de documentar todo en estatutos inabordables puede y logra ralentizar la toma de decisiones e impedir el cambio de la trama burocrática.
Despersonalización: La atención al cliente o ciudadano se vuelve fría y mecánica, priorizando el formulario sobre la persona.
Ritualización: Tiende a deshistorizar su comportamiento y extenderlo sini die en el tiempo a pesar de coyunturas cambiantes y hay que remover la vieja trama burocrática de manera muchas veces traumáitca.
Origen del Concepto
El término proviene del francés bureau (escritorio/oficina) y el griego cratie (poder), significando el «poder del escritorio». Se aplica tanto a instituciones públicas (estado) como a organizaciones privadas (grandes empresas, partidos) o mixtas (gremiales).
En resumen, el «estilo burocrático» es la expresión máxima de la racionalización moderna, que busca eliminar los elementos arbitrarios de la administración humana, a menudo a costa de la flexibilidad y proximidad grupal y personal así como la perpetuación en sus posiciones.

«A ver si entienden que necesitamos que los compañeros de la CGT recuperen el coraje de defender a los trabajadores.
Ahí vamos a hacer la unidad. No va a haber nunca un pero si ponen por delante los intereses de la mayoría»

Máximo Kirchner

 

Tras la megacrisis a la que nos condujo el gobierno nacional, que sobrevive mediante una secuencia aún indefinida de “rescates semestrales”, megacrisis que ya se expresa de manera contundente por cualquier indicador socioeconómico que se mida, junto a la nueva situación geopolítica de hegemonías en disputa abierta, está claro que en clave neoliberal tradicional ya no se puede pensar más. Pero, con Cristina Kirchner presa y proscripta: ¿es posible pensar una alternativa en clave peronista tradicional?

Cuando Milton Friedman daba cuenta de la contundencia de las crisis para alterar paradigmas de pensamiento, estaba lejos de imaginar que su brillante percepción también sería aplicable para desmoronar todo lo dicho a partir de su propia cosmovisión económica y social que está en las bases del neoliberalismo planetario. Sostuvo entonces el economista estadounidense: “Solo una crisis –real o percibida– da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”.

Friedman tenía razón y la megacrisis sanitaria, económica y social inducida por el actual gobierno nacional ha sido el punto de quiebre para dar por iniciado un proceso inexorable que el filósofo Thomas Kuhn definiera como “crisis de paradigma”.

En la visión de Kuhn se considerará a una anomalía particularmente grave si se advierte que afecta a los propios fundamentos de un paradigma y resiste cualquier intento de resolverla por parte de los miembros de la comunidad profesional hegemónica. También se considera que las anomalías son serias si incumben a alguna demanda o necesidad social apremiante.

Nos enfrentamos a problemas conceptuales inherentes al corpus doctrinal del neoliberalismo en este caso, más que a otros de índole metodológica y/o tecnológica.

Este podría ser el caso, por ejemplo, de la actual necesidad –sostenida además por la mayoría de la opinión pública– de disponer de presupuesto liberado, equilibrio fiscal y fuerte intervención estatal para garantizar la concentración del ingreso y el fortalecimiento de los grandes grupos económicos y financieros locales y transnacionales, desentendiéndose de resolver problemas acuciantes para la comunidad y que sujetos al paradigma socioeconómico neoliberal no tendrían solución adecuada vía intervención estatal.

Problemas conceptuales inherentes al corpus doctrinal del neoliberalismo en este caso, más que a otros de índole metodológica y/o tecnológica. Thomás Kuhn da prioridad entonces a las crisis conceptuales frente a las de otro orden. Lógicamente, la severidad de una anomalía conceptual también se encuentra relacionada con el tiempo trascurrido desde que se detectó, obligando a parte de la comunidad profesional hegemónica a intentar dar cuenta de ella, es decir, a eliminarla.

Con el transcurrir del tiempo, los intentos con vistas a resolver el problema o anomalía devienen gradualmente más radicales, debilitando progresivamente las reglas conceptuales y metodológicas establecidas por el paradigma en crisis, en este caso el neoliberal. Una vez que el paradigma ha sido debilitado y socavado tanto hasta que sus defensores pierden confianza en él, llega el momento de la revolución de paradigmas. La gravedad de la crisis aumenta cuando hace su aparición un paradigma rival.

La gravedad de la crisis aumenta cuando hace su aparición un paradigma rival.

Esto es exactamente lo que hoy aún no sucede con el paradigma de pensamiento neoliberal. Todo lo dicho y escrito sobre la organización económica y social sujeto a este vetusto paradigma ha sido abolido, tras la megacrisis, está claro que en clave neoliberal ya no se puede pensar más, sin embargo, una alternativa popular democrática no logra desplegarse.

Y esta circunstancia refiere obviamente a la crisis del peronismo, con su líder histórica proscripta y presa sin fundamentos “jurídicos” que justifiquen esta situación, que está muy claro, solo observa motivaciones geopolíticas, el peronismo es hoy un gigante invertebrado y miope, como lo señalara anticipatoriamente John William Cooke en la década de los años sesenta.

Al respecto, Cooke plantea también esta doble determinación del populismo peronista de enfrentamiento al bloque y final abierto como constitutivo de la experiencia populista, una década antes que la moderna interpretación pos-derrota de Laclau: » Este estilo, esta calidad especial corresponde a nuestra contradicción intrínseca de movimiento revolucionario por nuestra composición y nuestra lucha antiimperialista y antipatronal – que objetivamente hace de nosotros el término de un antagonismo irreconciliable con el régimen – mientras que organizativamente y como estructura estamos muy por debajo de nuestros requerimientos” . (1)

Aún más, toda la teoría de Cooke respecto al peronismo gira en torno tanto de la potencialidad revolucionaria del populismo como a su contrario, materializado en la burocratización de las estructuras organizativas.

En esa tensión generada por la fuerte percepción de final abierto, se sitúa la metáfora de la experiencia peronista como hecho maldito del país burgués y la muy avanzada teoría de la burocracia como estilo, donde John William señala – con una rigurosidad sólo comparable a su originalidad – los núcleos teóricos principales para pensar aún hoy la problemática de la burocratización de las experiencias de organización social y políticas, incluídas las gremiales.

Cooke plantea que «Lo burocrático es un estilo en el ejercicio de las funciones o de la influencia. Presupone por lo pronto operar con los valores del adversario… pero no es una determinante exclusivamente ideológica, puesto que hay burócratas de buena capacidad teórica pero que la disocian de su práctica…» (2)

La primacía del estilo, las formas y funciones (la enigmática influencia en el análisis de Cooke) sobre los contenidos expresados bajo la modalidad de las determinaciones ideológicas, está también fuertemente vinculada a concepciones de avanzada en su época, de origen teórico marxista pero bien apartadas de las lecturas vulgares escencialista, que dominaban los aparatos de difusión vinculados a los Partidos Comunistas urbi et orbi en aquellos años y aún perduran en los planteos de izquierda cuya burocracia dirigente plantea críticas a la burocracia gremial de manera sistemática, o sea despleigan en rigor una autocrítica desde tiempos inmemoriales. Muchos de ellos son eternos, como los laureles.

De hecho, el abandono de la burocracia como estilo por el de la burocracia como escencia, esta en la base conceptual del neoperonismo de Montoneros y la JP Regionales en los años 70, neoperonismo que no casualmente se pone en acto con el asesinato de Rucci y el posterior enfrentamiento a Perón el 1 de mayo del año 1974, día de los trabajadores, a menos de 8 meses de que Juan Perón triunfara en las elecciones de 1973 con el 63% de los votos.

La burocracia como estilo por el contrario, supone no una impugnación escencial e inmutable, sino una descripción de una modalidad de funcionamiento y por tanto histórica, cambiante.

Saúl Ubaldini y el peronismo sindical que resistió a Menem | Agencia Paco Urondo

Hubo estilos burocráticos emblemáticos y diversos en la práctica gremial, el vandorista de los años 60 en torno al líder de la UOM , Augusto Timoteo Vandor y mutó a la burocracia oficialista en los 70 en torno a José Rucci y la hubo combativa en los 80 nucleada en la CGT Brasil y la figura de Saúl Eldover Ubaldini y posteriormente a la burocracia empresarial de los años 90, con paradigama en Jorge Triaca, estilo que aún persiste y resulta ineficaz en la nueva etapa pero aún resiste su tranformación en otro.

Los bloques parlamentarios que se dicen peronistas –y a nuestro juicio efectivamente lo son– también tienen un grado de burocratización y estilo autonómico notable. El Partido Justicialista nacional y los provinciales no logran trascender su condición de herramienta electoral, relativamente inútil para enfrentar la crisis que despliega el actual gobierno, al tiempo que la CGT, con su agotado estilo burocrático empresarial forjado en los años 90, ha decidido transitar el camino de la ilusión jurídica de la política y ya no confronta en las calles o fábricas, querella y habilita el interrogante: ¿Qué vertebra la columna vertebral? Misterio.

Pero el síntoma tal vez más notable y espectacular de esta crisis de paradigma es que, como señalara Carlos Marx: “En el terreno llano, los montones de piedras parecen cerros, mídase la chatura de nuestra burguesía actual, por el calibre de sus grandes ingenios”. Es por este disloque político y conceptual que hoy, la pregunta que atraviesa al peronismo en el torbellino de su crisis ya no es ¿quién conduce?, sino ¿quién no conduce?

Notas

(1) Cooke, John William, Peronismo y Revolución, Ediciones El Parlamento. BS.AS.1985, pág. 21
(2) Cooke, John William, op.cit., pág. 20

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