El supuesto alto el fuego estaba acompañado de un plan de paz que instalaba, entre otras cosas, un comité nacional de administración de la Franja de Gaza, compuesto por quince tecnócratas palestinos. Nunca los hemos visto por aquí, y nadie sabe lo que hacen. En cuanto a la nea amarilla, ésta sigue avanzando. Crea un enclave en el enclave. Aísla la zona este de la zona oeste, cortando la Franja de Gaza en dos a lo largo. Las y los habitantes de Gaza están amontonados en la parte occidental, que bordea el mar y que cubre alrededor del 40 % de la superficie original. Detrás de esta línea las y los israelíes lo han destruido todo, han arrasdo los huertos y dinamitado las casas.

De la línea amarilla a la línea naranja
Esta línea está delimitada físicamente por soportes de hormigón amarillo. Sin embargo, estos bloques se mueven. Descubrimos regularmente que han avanzado un poco hacia el mar, encogiendo un poco más nuestro espacio. Hace tres días, los bloques amarillos llegaron a la calle Salaheddine, la gran arteria que va de norte a sur, y que por lo tanto se está convirtiendo en una nueva frontera. Pero eso no es todo. Hay otra línea, virtual, la línea naranja. Va aún más al oeste que la línea amarilla. Los israelíes lo comunicaron a las ONG que se quedaron en Gaza. Si quieren cruzarla, deben coordinarse con el Ejército. El objetivo es reducir sus movimientos al máximo.

La ayuda humanitaria también es extremadamente reducida. Según el acuerdo de alto el fuego, 600 camiones debían entrar cada día. Esto está lejos de ser así. Especialmente desde el inicio de la guerra con Irán su número se ha reducido. Hoy en día, solo entran 200 camiones cada día, a veces 150. La mitad de ellos transporta ayuda humanitaria. La otra mitad es la importación del sector privado. Comerciantes palestinos que compran alimentos a comerciantes israelíes. Los precios son demasiado altos para la gran mayoría de la gente de Gaza. Las y los israelíes nos están matando y, al mismo tiempo, se están enriqueciendo.

Pero hay un aspecto aún más perverso: la mayoría de estas importaciones son productos no esenciales, como el ketchup o la Nutella, el chocolate o los refrescos. Además, los camiones no contienen nada de lo necesario para la vida, porque todas estas cosas están prohibidas por Israel: alimentos saludables, sábanas, mantas, tiendas de campaña, lonas de plástico e incluso clavos. Ya no hay un solo clavo en Gaza. Porque está prohibido. Como todo lo que te permite moverte: gasolina, combustible, neumáticos. Ya no tenemos los medios para repararlos. Todavía vemos algunos coches, que a menudo funcionan con aceite vegetal después de hacer bricolaje en el motor. Además, tienen dificultades para circular por unas calles que desaparecen bajo los escombros. La gente intenta hacer gasolina quemando todo lo que pueden encontrar como plástico, en una especie de talleres que desprenden humo tóxico.

Las personas con cáncer mueren lentamente, en medio de grandes sufrimientos
También están prohibidos los pañales para niños pequeños. Se vuelven muy raros y muy caros. Ya no los encuentro para mi hijo Ramzi, que tiene catorce meses. Todo lo relacionado con la salud también está prohibido: medicamentos y equipos médicos. Solo hay un escáner en toda la Franja de Gaza. Los pacientes con cáncer ya no tienen acceso a su tratamiento. Están muriendo lentamente, a menudo en medio de grandes sufrimientos.

Decenas de miles de pacientes necesitarían tratamiento en el extranjero. Según el acuerdo de alto el fuego, ciento cincuenta pacientes debían poder entrar y salir por la terminal de Rafah todos los días, que da acceso a Egipto. Hoy en día estamos más bien en 50 movimientos, a veces 80, rara vez 120. En cada caso con retrasos y dificultades debidas a los israelíes, que tardan mucho en validar las listas de nombres enviadas por los egipcios.

En estas terribles condiciones, las que quedan de los 2,3 millones de personas está amontonadas, una sobre otra, en menos de la mitad de la Franja de Gaza. Intentan sobrevivir. Si su casa o negocio está en el lado correcto de la nea amarilla, comienzan a limpiar todo alrededor. Quieren seguir viviendo, reconstruir su tienda que ha sido bombardeada, tratar de hacer habitable su casa medio derrumbada, que puede derrumbarse aún más bajo una tormenta o una fuerte lluvia.

Ni escuela, ni ordenador, ni electricidad
La supervivencia consiste, ante todo, en encontrar agua. Ni siquiera hablo de agua potable, solo de agua dulce, no salada, porque los filtros y productos esenciales para las plantas de tratamiento de aguas residuales también están prohibidos desde el comienzo del genocidio. La búsqueda de este agua es una de las principales actividades de la gente de Gaza. Todas las mañanas vemos a personas mayores, niñas y niños haciendo cola con bidones frente a los camiones cisterna de las ONG internacionales, que son cada vez más raros, ya que las ONG están cada vez menos presentes. Las que se negaron a comunicar a los israelíes la lista de sus empleados son expulsadas.

Jóvenes del barrio hacen cola para mí. Un trabajo agotador, a veces hay que hacer unos diez kilómetros para traer los bidones. Lo mismo para la comida. Es difícil para las familias cocinar cuando el gas y la madera son escasos, y cuando de todos modos, no hay mucho que poner en la olla. Muchas personas subsisten gracias a los tekiya, las cocinas comunitarias financiadas por algunos donantes, y que distribuyen principalmente lentejas o arroz.

La mayoría de las y los niños no van a la escuela. Hay algunas iniciativas aquí y allá, podemos encontrar en los campamentos improvisados tiendas de campaña donde los estudiantes están sentados en sillas de plástico rotas, o piedras como asientos. Las universidades intentan reanudar las clases, a menudo en línea, ya que la mayoría de sus edificios están total o parcialmente destruidos. Solo cobran el 20 % de la cuota de inscripción a los estudiantes, aplazando el pago del resto. Sin embargo, la mayoría de las y los estudiantes no tiene conexión, por lo que se encuentran en cibercafés de bricolaje o en lo que se llama Internet de barrio, donde alguien vende una conexión a Internet por hora.

Nos las arreglamos para sobrevivir pero, poco a poco, las y los israelíes están apretando el nudo que nos estrangula, fuera de las cámaras y los ojos del mundo.

Además, para seguir las clases se necesita un ordenador o un smartphone. Sin embargo, eso también está prohibido. Cada vez hay menos. Hace algún tiempo, los comerciantes los dejaban entrar sobornando a militares israelíes, pero parece que este tráfico ha cesado. Y para recargar ordenadores y teléfonos, se necesita electricidad. Las cuatro líneas que alimentaban la Franja de Gaza, tres israelíes y una egipcia, se han interrumpido desde el comienzo de la guerra, y el Ejército israelí ha destruido la central eléctrica de Gaza. Hemos recurrido a los paneles solares, pero hace tiempo que no entran nuevos, porque están, como habréis adivinado… prohibidos. En este tema también hubo un tiempo de tráfico gracias a la corrupción, pero se acabó. Los que todavía la tienen venden electricidad, y todas las mañanas vemos colas frente a su pequeño negocio, para cargar ordenadores, teléfonos o linternas. También hay grupos electrógenos instalados por particulares en cada barrio, pero el precio es prohibitivo: el kilovatio ha pasado de 4 a 35 shekels, es decir, 10,30 euros.

La vida a pesar de todo
El dinero en efectivo está cada vez más ausente, pero la tecnología, en medio de este caos, se hace cargo. Ahora se puede pagar con tarjeta de crédito o con el teléfono en varios pequeños supermercados. Incluso se puede pagar el transporte improvisado con un sistema que funciona sin conexión. Pero el 90 % de la población está desempleada, la gente intenta hacer pequeños trabajos, trabajar en pequeños empleos, hacerse vendedores ambulantes. Algunos reciben dinero de parientes en el extranjero.

Pero en Gaza sigue la vida a pesar de todo. Se están reconstruyendo salas de fiestas para las bodas que se siguen celebrando. A menudo, después de la fiesta, los recién casados van a dormir a casa de un tío o tía cuya casa sigue en pie. Si no, va a una tienda, o bajo una lona de plástico

Nos las arreglamos para sobrevivir, pero poco a poco, las y los israelíes están apretando el nudo que nos estrangula, fuera de las cámaras y los ojos del mundo. Acercan la línea amarilla al mar. Reducen la ayuda humanitaria todos los días. Hacen de nuestra existencia un infierno para alcanzar su verdadero objetivo: deportarnos. Cuando nos ven tratando de renacer como Fénix, cuando ven a los jóvenes tratando de seguir estudiando por todos los medios y en las peores condiciones, se vuelven locos. Pero no nos rendimos. Nos adaptamos, lo que no es necesariamente algo bueno. Porque adaptarse es acostumbrarse. Pero, ¿qué más podemos hacer?

Lo mismo que ocurre en Cisjordania. Los israelíes están expulsando a la gente de los campos de refugiados. Cortan el territorio en pequeñas parcelas, instalando constantemente nuevas colonias. Los ataques de las y los colonos son diarios. En un silencio mediático y político casi total, con algunas excepciones. A pesar de todo esto, mantenemos nuestra voluntad de mantenernos con vida, liberar nuestra Palestina y conquistar nuestra independencia.

Traducción: Faustino Eguberri

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Rami Abou Jamous escribe su diario para Orient XXI desde el 28 de febrero de 2024. Fundador de GazaPress, una oficina que proporcionaba ayuda y traducción a los periodistas occidentales, tuvo que abandonar su apartamento en Ciudad de Gaza en octubre de 2023 con su esposa Sabah, sus hijos y su hijo Walid, de dos años y medio, bajo la amenaza del ejército israelí. Refugiada desde entonces en Rafah, la familia tuvo que trasladarse a Deir El-Balah y más tarde a Nusseirat, atrapados como tantas familias en este enclave miserable y superpoblado. Un mes y medio después del anuncio del alto el fuego, Rami finalmente está de vuelta en casa con su esposa, Walid y el recién nacido Ramzi. Por este diario de a bordo, Rami ha recibido, entre otros, el premio de la prensa escrita y el premio Ouest-France en el Premio Bayeux para corresponsales de guerra. Se puede ver una entrevista en español con él en https://www.youtube.com/watch?v=t9QV3H9A0ps

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