Michael Roberts

Voy a empezar con una obra maestra,Capitalism-a global history, de Sven Beckert. Beckert es profesor de Historia en la cátedra Laird Bell de la Universidad de Harvard, donde imparte clases de historia de Estados Unidos en el siglo XIX e historia global. Su libro ha sido calificado como un “libro monumental” por el experto en desigualdad global Thomas Piketty, autor él mismo de una gigantesca publicación anterior, en 2014, titulada El capital en el siglo XXI (la sugerencia de Piketty entonces era que estaba “actualizando” El capital de Marx del siglo XIX).

Beckert, por el contrario, no intenta actualizar ni criticar El capital de Marx. En cambio, como historiador económico, su objetivo es trazar un amplio panorama del auge del capitalismo desde sus primeros orígenes embrionarios, que remonta a hace 1000 años. No ofrece un análisis teórico del capitalismo como lo intentó Piketty en su libro. Este libro es mucho más descriptivo que analítico. Ofrece una visión global del capitalismo, sin limitarse a lo que él llama el enfoque “eurocéntrico” de otros. Ese es el mérito del libro, lleno de anécdotas y ejemplos de capitalistas en acción por todo el mundo. Pero el inconveniente del libro es la ausencia de una comprensión sistemática del capitalismo. De hecho, es como la obra de Adam Tooze: es decir, se centra “más en el cómo que en el porqué.

Como dice la sinopsis del libro:

Sven Beckert, autor de Empire of Cotton, ganador del Premio Bancroft, sitúa la historia del capitalismo en el marco geográfico e histórico más amplio que se pueda imaginar, trazando su historia a lo largo del último milenio y por todo el mundo. Una obra épica, su libro nos lleva de los negocios mercantiles de Adén y a las fábricas de coches de Turín, d las plantaciones de azúcar terriblemente violentas de Barbados al mundo de las trabajadoras de las fábricas textiles de la Camboya actual.

El capitalismo, sostiene Beckert, nació global. Surgió de comunidades comerciales de Asia, África y Europa. Y el capitalismo solo puede describirse como un fenómeno global.

Este libro entiende el capitalismo, ante todo, como un desarrollo global cuyas articulaciones locales solo pueden entenderse a nivel global. La dinámica económica de un lugar determinado está inevitablemente moldeada por sus conexiones con el mundo exterior. No existe un “capitalismo francés” ni un “capitalismo estadounidense”; más bien, hay capitalismo en Francia y en Estados Unidos, que han mantenido relaciones conflictivas y complicadas con el capitalismo de otros lugares, de hecho, de todas partes.

Beckert hace grandes afirmaciones sobre la naturaleza revolucionaria del capitalismo.

Fue una ruptura fundamental en la historia de la humanidad, no solo porque revolucionó los asuntos económicos, sino porque dio un vuelco a las relaciones humanas; se infiltró en nuestra política, nuestras sociedades y nuestras culturas; alteró el entorno natural en el que vivimos; e hizo de la revolución una característica permanente de la vida económica. La revolución capitalista es la única revolución cuyo núcleo fundamental es que es un proceso contínuo, es decir, que se caracteriza por estar en revolución permanente.

Pero, por supuesto, reconoce que el capitalismo tiene sus defectos. “El capitalismo también se caracteriza por los tipos concretos de desigualdades sociales y jerarquías globales que genera”. Pero Beckert no quiere tomar partido entre los autores que apoyan el capitalismo y los que lo critican.

Por un lado, los escritos de Marx se convirtieron en textos sagrados a través de los cuales filtrar la política del momento; por otro lado, los estudiosos leen la historia del capitalismo a través de la lente igualmente sacralizante de los escritos de Adam Smith. Este libro se esfuerza por evitar cualquiera de esos extremos idólatras.

En realidad, no es cierto que Marx no reconociera los grandes cambios que introdujo el capitalismo para el progreso humano; ni que Adam Smith no viera fisuras en las economías de mercado. Pero Beckert recurre a la historia descriptiva en lugar de a la visión económica. Como dice Beckert: “este libro es un esfuerzo por recuperar el capitalismo como terreno de investigación histórica. Esta historia mostrará que el capitalismo no es ni un estado de naturaleza ni un proceso cuya lógica interna determine su resultado final más allá de lo más general”. Así que hay que dejar de lado la concepción materialista marxista de la historia y la explicación de Marx sobre las contradicciones internas del capitalismo; al igual que las opiniones de los economistas neoclásicos dominantes de que los mercados y la obtención de beneficios son una característica eterna y beneficiosa de la organización social humana. En lugar de eso, el capitalismo es una historia contingente.

Beckert no oculta la naturaleza brutal del surgimiento del capitalismo a nivel mundial.

Aunque la historia del capitalismo se suele contar como una historia de contratos, propiedad privada y trabajo asalariado –es decir, estilizada como una historia de la realización de la libertad humana–, hay otra historia, igual de importante, sobre vastas expropiaciones, enormes movilizaciones de mano de obra coaccionada, brutalidad en fábricas y plantaciones, destrucciones feroces de economías no capitalistas y extracciones masivas de recursos para beneficio privado. El capitalismo se basó, como veremos en los capítulos siguientes, no solo en el aumento de la productividad, sino en enormes apropiaciones.

Muchas de las primeras secciones del libro ofrecen al lector una visión panorámica del proceso capitalista actual en todo el mundo, incluso cuando otras formaciones sociales como la esclavitud, el feudalismo y el despotismo asiático eran dominantes. Por desgracia, cuando Beckert llega al siglo XX, el periodo en el que el capitalismo se convirtió en el modo de producción y la formación social totalmente dominante a nivel mundial, su análisis se debilita. Señala la crisis del capitalismo reconstruido posterior a la década de 1970, es decir, el periodo neoliberal, pero parece seguir convencido de que el capitalismo ha llegado para quedarse, a pesar de las crisis económicas, medioambientales y geopolíticas que se acumulan y que vemos acelerarse en el siglo XXI.

Podemos anticipar que el capitalismo seguirá siendo una totalidad global, aunque la naturaleza de esa totalidad siga cambiando, quizá de formas radicales y sorprendentes. Podemos esperar que persista la enorme creatividad del capitalismo, junto con su asombrosa capacidad de adaptación.

¿O no?

Sin embargo, llegará un momento en que el capitalismo termine. Independientemente de si tememos o esperamos ese final, el capitalismo, como todo en la historia de la humanidad, es finito, aunque sea imposible decir cuándo o cómo terminará o qué lo sustituirá.

Pero incluso si el capitalismo va a dar paso a una nueva etapa de organización social humana, llevará mucho tiempo y “estará entretejido dentro del propio capitalismo, igual que el capitalismo estuvo arraigado en sociedades no capitalistas durante siglos”. O quizá no –si las “crisis ecológicas y sociales que se están aquí y ahora se vuelven insoportables”.

Todos estos “quizás” son producto de su enfoque descriptivo de la historia del capitalismo.

***

Otra opus magnum es el último libro del economista ex-efe del Banco Mundial y experto en desigualdad global, Branco Milanovic. He escrito varias veces sobre los exhaustivos análisis de Milanovic en relación la desigualdad global, pero este nuevo libro no trata tanto de la desigualdad como de lo que él considera la gran transformación de la economía mundial que está teniendo lugar: es decir, el desplazamiento del poder económico de Norteamérica y Europa hacia Asia. “El primer cambio determinante es la importancia mucho mayor de Asia y el Pacífico, y el desplazamiento de la actividad económica hacia esa región”.

El segundo gran cambio es el resultado de ese desplazamiento. A medida que China se ha enriquecido, la población china también se ha enriquecido. Eso ha significado que personas que pertenecían a la clase media-baja en EE UU, Alemania o Italia se han quedado por detrás de un número considerable de personas de Asia por primera vez en los últimos 200 años.

A nivel de Estados-nación, hemos asistido a un desplazamiento hacia una importancia mucho mayor de Asia en la economía y la política. A nivel de los ingresos personales, vemos el declive de la clase media occidental.

Milanovic sostiene que la Revolución Industrial transformó a los países que lideraron la industrialización –el Reino Unido, Francia, el norte de Europa, luego Estados Unidos y, finalmente, Japón– e hizo que su población fuera mucho más rica que la de otros países. Pero en los últimos 40 años, por primera vez, asistima a una puesta en cuestión de esa realidad. Los países de Asia ahora no solo se están poniendo al día, sino que, en algunos casos, incluso están superando tecnológicamente a los países occidentales.

Esto ha llevado a una nueva guerra fría que ya no se basa en la ideología (capitalismo contra comunismo, como entre EE UU y la Unión Soviética), sino que ahora es económica: entre EE UU y China. Si China sigue con unas tasas de crecimiento del PIB real entre 2 y 3 puntos porcentuales por encima de las de EE UU, en una generación, o como mucho en dos, habrá en China el mismo número de personas con ingresos superiores a la media estadounidense.

Si uno piensa que la verdadera señal de que se está alcanzando a EE UU es que China llegue a ser igual de rica que EE UU en términos per cápita, eso llevará mucho tiempo. Pero antes de que ocurra eso, China como nación sería mucho más poderosa que Estados Unidos; simplemente porque es mucho más grande.

Pero, al respecto,m véase mi próximo artículo sobre la convergencia, que publicará la Asociación Mundial de Economía Política.

Milanovic dice que hay tres puntos de vista sobre los beneficios o no de la globalización del comercio y las finanzas en los últimos 40 años. La corriente dominante es que el comercio entre naciones beneficia a todos los países y, por lo tanto, condujo a la paz. Adam Smith matizaba más y argumentaba que solo el “comercio equilibrado” mantendría la paz. Pero está la teoría de Hobson-Luxemburg-Lenin, que sostiene que las grandes potencias lucharían por el control de los recursos y activos del resto del mundo y que eso acabaría llevándolas a la guerra, es decir, al imperialismo. Milanovic se inclina por una mezcla de las dos últimas opiniones. El fin de la globalización y el libre comercio ha provocado una pérdida del nivel de vida para mucha gente en Occidente y, por lo tanto, “una enorme disonancia entre diferentes sectores de la población occidental”. Yo añadiría que la globalización provocó una transferencia masiva de valor y recursos del Sur Global al Norte Global, afectando al nivel de vida no solo en el Norte Global, sino también a la gran mayoría en el Sur Global.

Según Milanovic, la globalización neoliberal ha sido sustituida ahora por el “liberalismo de mercado nacional”. Se están imponiendo aranceles y aumentando los controles de inmigración. El mundo ha pasado de la opción dos a la opción tres“Seguimos teniendo neoliberalismo, pero solo a nivel nacional. Hemos llegado a una versión del neoliberalismo despojada de su componente internacional”.Milanovic concluye que “sin duda, tenemos un desorden global”. Pero él pone sus esperanzas en que el mundo avance hacia un sistema multipolar. Con el tiempo, “podemos construir un sistema internacional más equitativo en el que las grandes potencias tengan un mayor peso de lo que tienen ahoraAsí podrá surgir un nuevo equilibrio en el comercio, las finanzas y el poder económico. La opción tres vuelve a ser la opción dos, hmm.

***

Mariana Mazzucato es otra economista estrella de la izquierda, a la que una vez llamaron la economista más temida del mundo. He reseñado muchos de sus libros anteriores (están en mi blog). Pero parece que en realidad no asusta a las potencias internacionales. La invitan regularmente a dar charlas por todo el mundo en diversos encuentros económicos convencionales y como asesora de gobiernos. Su último libro se titula The Common Good Economy. Es la continuación de un libro anterior, Mission economy. Cada vez, un nuevo título atractivo que sugiere innovación económica y perspicacia.

Mazzucato nos dice que

Nuestro sistema económico está roto. La crisis climática se está acelerando. La desigualdad se está agravando. La confianza pública se está desmoronando. La riqueza se concentra en cada vez menos manos, mientras los gobiernos se apresuran a arreglar lo que los mercados no pueden hacer, en lugar de moldearlos desde el principio.

Entonces, ¿qué deberían hacer los gobiernos bienintencionados? En lugar de intentar corregir estos fallos del mercado y tratar de parchear los problemas, los gobiernos necesitan “poner en ie de forma proactiva la economía que necesitamos”. Ella propone una “nueva teoría del bien común, una que permita a los gobiernos y a las empresas desarrollar relaciones económicas con un propósito, creando valor y construyendo espacios donde pueda florecer el ser humano”.

Al igual que en libros anteriores, parte de la premisa de que lo que se necesita es una colaboración entre un Estado activista y las empresas capitalistas: “participación y reciprocidad”. Según ella, “el capitalismo y los derechos de los trabajadores no están en conflicto, sino que son codependientes. Una política industrial que incluya a las y los trabajadores en su diseño y ejecución produce mejores resultados para todos”. Así que, la respuesta no es sustituir el capitalismo, sino reforzar la representación de los trabajadores y trabajadoras en los órganos de toma de decisiones, incluso en los consejos de administración.

Los gobiernos deben animar a las empresas capitalistas a invertir, pero bajo lo que ella llama “condicionalidades verdes y sociales en todos los sectores”, de modo que “se garantice que, a través de una financiación pública inteligente (??) ,socializamos tanto los riesgos como las recompensas”.Lo que se necesita no es socialismo, sino que, con “contratos sociales sólidos en nuestras políticas industriales, podamos garantizar que esta ola histórica de inversión verde construya una economía que funcione tanto para las personas como para el planeta”. Necesitamos “una política industrial orientada a objetivos concretos que trate a los trabajadores y trabajadoras como cocreadores de valor, condicionados a compartir los beneficios”. En cierto modo, Mazzucato admite que un contrato social de este tipo, con condiciones impuestas a las grandes multinacionales, a los gigantes de los combustibles fósiles y al sector financiero, sería “una tarea delicada, ya que un exceso de microgestión con una lista interminable de condiciones puede, por supuesto, sofocar la innovación”. Por otro lado,”las relaciones estrechas con las empresas privadas podrían hacer que los gobiernos sean vulnerables a ser absorbidos”.¡Desde luego!

Mazzucato sigue recorriendo alegremente el mundo en conferencias, reuniones gubernamentales, etc., para defender esos “proyectos”; las condiciones impuestas a las grandes empresas y un contrato social entre trabajadores y jefes, todo por el bien de la economía del “bien común”. No puedo sino señalar que la jerga ingeniosa y los títulos de moda no traen cambios radicales.

***

Ann Pettifor, en su nuevo libro, Global Casino, ni siquiera busca un cambio radical. Como se ve, las finanzas globales sin regulación están provocando las crisis que vemos en la economía mundial. El mercado global del dinero –depositado en el sistema bancario offshore en la sombra– cuenta con 217 billones de dólares en activos financieros y opera fuera del alcance del sistema fiscal de cualquier país. Los gestores de activos, las empresas de capital riesgo y los fondos de pensiones y de riqueza soberana acaparan los ahorros del mundo para invertirlos y los gestionan a su antojo, sin rendir cuentas ni a las y los políticos ni a la ciudadanía que los elige.

Pero no hacen falta medidas socialistas ni muy radicales para solucionar esto. Según Pettifor:

las sociedades y los gobiernos pueden recuperar el control del sistema financiero global. Ya lo hemos hecho antes y podemos volver a hacerlo. De hecho, es imprescindible que lo hagamos, si queremos hacer frente a la doble amenaza del colapso climático y del colapso de la biosfera.

Pettifor considera que en los días idílicos tras la Segunda Guerra Mundial se estableció un orden financiero global con el acuerdo de Bretton Woods para gestionar los “desequilibrios globales” y los flujos monetarios y comerciales, así como para regular los excesos y la imprudencia financieros. Pero el presidente Nixon lo echó todo por la borda a nivel internacional cuando desvinculó el dólar del patrón oro a principios de la década de 1970 y, más tarde, los líderes gubernamentales desregularon el sector financiero, convirtiendo la economía mundial en un casino gigante. Esta fue la razón de la crisis financiera mundial de 2008-2009; no tiene nada que ver con la caída de la rentabilidad del capital ni con ninguna otra explicación marxista rígida. La solución ahora es volver al periodo de posguerra de comercio controlado y de regulación financiera: así de sencillo.Pero yo no lo creo.

Según Pettifor, lo que impide que se vuelva a aplicar una regulación global es la ideología actual. En una entrevista sobre su libro dice:

Si lees el Financial Times, a quienes hablan de controlar el comercio se les trata como a trotskistas locos. No me atrevo a decirlo porque no quiero que me tachen de trotskista loca, solo soy una keynesiana muy moderada, por el amor de Dios. Pero incluso mis opiniones moderadas se consideran extremas en el mundo de los mercados libres. Y el problema al que nos enfrentamos es cómo superar esa ideología.

Como se ve Pettifor sabe de lo que habla, a diferencia del resto de nosotros en la izquierda.

Lo que siempre me llama la atención de la gran crisis financiera de 2007-2009 es que la izquierda no sabía que se avecinaba. Estoy muy orgullosa de haber escrito The Coming First World Debt Crisis(2006), pero el resto de la izquierda no lo vio venir. La gente hablaba de la globalización como si fuera un hecho. Y luego, cuando estalló, no había un plan B. Ni siquiera sabíamos que podía pasar. Fuimos tan estúpidos como el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan. La izquierda fue tan estúpida como Greenspan, quien dijo que no creía que pudiera suceder.

En realidad, muchos en la izquierda (al menos la izquierda marxista) sí vieron venir la crisis financiera (véase mi artículo aquí). ¿Y cuál es este plan B para sustituir a la globalización y a las finanzas especulativas sin regulación? Según Pettifor, consiste en restablecer una regulación adecuada. Pero la regulación siempre falla. De hecho, desde la Gran Recesión, ha habido varias crisis bancarias, a pesar del aumento de la regulación.

Además, si la causa de todos nuestros males a nivel mundial es un sector financiero descontrolado, ¿por qué Pettifor no pide la propiedad pública del sistema bancario en las principales economías y el cierre de los fondos de cobertura y otras formas especulativas de capital financiero? En cambio, Pettifor propone un impuesto sobre las transacciones financieras especulativas y controles de capital sobre los flujos de capital sin restricciones; ¿qué gobiernos van a introducir estas medidas? Esto es como poner una tirita en una herida abierta de la que brota sangre de una arteria perforada.

***

Mazzucato nos ofrece un capitalismo con “condicionalidades” para el bien común y Pettifor nos ofrece un capitalismo “regulado y gestionado”. Solo un libro propone acabar con el modo de producción capitalista y no es de un académico aclamado, sino de un activista marxista irlandés. Economics for the Exploited, de James O’Toole, está escrito desde el punto de vista de la clase trabajadora. Explica de forma clara y sencilla cómo funciona el capitalismo y por qué ya no puede satisfacer las necesidades de la humanidad.

O’Toole aborda la ley del valor de Marx y responde con claridad a sus críticos (explica la ley de la rentabilidad de Marx e incluso aborda el llamado “problema de la transformación”). Explica la causa de las crisis económicas, la inflación y el auge del imperialismo. Y esboza los argumentos a favor de una economía planificada bajo propiedad común y control democrático como el camino a seguir para la humanidad y el planeta.

—————————————————

Fuente TheNextRecession

Traducción: viento sur