A partir de las entrevistas realizadas a tres profesionales psicólogos que se encuentran trabajando con la problemática del suicidio adolescente en distintas localidades de la Provincia de Buenos Aires, se pudo detectar como denominadores comunes: la carencia de estadísticas fidedignas; el aumento de los intentos de suicidio desde 2011, y en especial luego de la pandemia covid-19; el fenómeno de la identificación-propagación o efecto dominó a partir del manejo de la información; la más que evidente relación con las autolesiones, la violencia familiar y las adicciones; considerar la universalidad de la crisis adolescente sumada a las de la institución familiar y del contexto social, económico, político y cultural; el predominio de la carencia de un proyecto vital esperanzador tanto para jóvenes como para adultos, en medio de un mundo globalizado expulsivo y de exclusión. Estos valiosísimos testimonios se encuentran detallados en la segunda sección de la publicación. En base a ellos y a otros textos se comparten estas apreciaciones.

La fiebre de un sábado azul y un domingo sin tristezas
esquivas a tu corazón y destrozas tu cabeza…
Y en tu voz, sólo un pálido adiós…
Charly García, 1979
El suicidio puede definirse como la muerte causada por conducta auto-inflingida y dañina, que tuvo carácter intencional. Es un problema mundial de salud pública con impacto económico, social y psicológico. En un trabajo clásico, el psiquiatra inglés Erwin Stengel3 ha aclarado que “suicidio” significa el acto fatal, e “intento suicida” el acto no fatal de auto perjuicio llevado a cabo con un consciente intento autodestructivo. Cada año mueren alrededor de un millón de personas en el mundo a causa del suicidio (Ellis, Rutherford, 2008), y habría alrededor de 3500 suicidios diarios en todo el planeta. En Argentina, según datos de UNICEF (2019), es la segunda causa de muerte entre chicos de 10 y 19 años. Los casos se han triplicado en los últimos treinta años, hay suicidios cada tres horas, duplicando incluso la cantidad de muertes por homicidio. De todos modos, no hay datos totalmente fehacientes, dado que en general no es tan simple determinar muertes por suicidio consumado, a la vez que se tiende a evitar hablar del tema a partir del supuesto mito del contagio y la propagación. El suicidio parece ser la acción más personal que un individuo pueda asumir, sin embargo, las relaciones sociales juegan un papel importante en su causalidad. Es un problema específicamente humano, solamente el ser humano puede querer su muerte y matarse a sí mismo. No hay períodos en la historia sin registro de suicidios (Stengel, 1965).
Nadie se quiere matar si antes no renunció a la posibilidad de amar y ser amado; nadie se quiere matar si a la vez no deseó matar a alguien; y nadie se quiere matar si su muerte no fue deseada por alguien
El término latino “adolescere”, significa crecer, desarrollarse o cultivarse, aunque otra acepción lo liga al padecer o experimentar dolor. Más allá de todas las disquisiciones acerca de donde corresponde circunscribir a nivel cronológico la adolescencia4, podemos decir que es un período de desarrollo biológico, psicológico y social que ocurre entre los 12 y los 20 años. Una transición entre el final de la niñez, la pubertad y la etapa más joven de la adultez, por lo general anterior a la independencia económica. Este pasaje se caracteriza por el despertar sexual, la búsqueda de un sentimiento unificador de identidad capaz de integrar el intenso flujo pulsional que se despierta con todos los mecanismos disociativos característicos, una serie de duelos puntuales5, la tendencia a idealizar al grupo de pares (en desmedro de las figuras parentales o de autoridad, con las cuales se busca confrontar), y la adquisición del pensamiento abstracto. Ha sido un momento crítico en todos los tiempos, con el agregado de las situaciones que se suman en medio de un contexto familiar, social e institucional y comunitario, también críticos.
“El exceso de realidad produce monstruos”, suele decir Enrique Carpintero, y en relación a esta metáfora tan vívida -volviendo a Stengel- nadie se quiere matar si antes no renunció a la posibilidad de amar y ser amado; nadie se quiere matar si a la vez no deseó matar a alguien (por lo que detrás de todo intento de suicidio hay un intento de homicidio, como considera la mirada psicoanalítica clásica); y nadie se quiere matar si su muerte no fue deseada por alguien (por lo cual, muchos suicidas terminan actuando el deseo de otros). Tres razones punzantes y evidentes: desamor (recordemos a Spitz y sus estudios sobre el síndrome de hospitalismo); odio y deseo de matar, seguramente ligados a una identificación con cierto maltrato inicial (invasión tanática que retorna masivamente sobre sí mismo); y la captación del deseo latente de cierto entorno. Todo esto adquiere mayor preponderancia en una sociedad que no promueve el cuidado del semejante. Que, por el contrario, maltrata permanentemente, desde condiciones de desigualdad, violencia económica e impunidad; y que además cuenta con sujetos ligados al poder que abogan anónimamente por “cierto tipo de limpieza étnica, ética, social”, ante un mundo superpoblado y con una pérdida creciente de los recursos naturales. El encuentro de todas estas variables, sienta la base productora de un modelo de muerte. Sin amor, sin solidaridad, sin sentimiento de comunidad, sin condiciones dignas de trabajo, sin salud ni educación efectivas, sin justicia, sin seguridad, con un tejido social devastado que produce masas de padres frustrados e impotentes que no llegan a cumplir su rol ni tampoco llegan a construir un proyecto propio, con medios de comunicación perversos que fomentan el conflicto inconducente, la desunión y el doble discurso, y un Estado que no garantiza el derecho a la vida, y deja abandonados a la deriva a sus ciudadanos… En medio de este tétrico panorama, no es descabellado entender que miles de jóvenes no deseen seguir viviendo.
Por otro lado, no hay que dejar de ver que las tecnologías informático-digitales imperantes van promoviendo un sujeto en franca regresión, donde mecanismos de disociación (y a menudo de fragmentación), la ansiedad, la desmemoria del “todo está en google” y las tendencias adictivas impuestas y tal vez inducidas6, no ayudan a construir mecanismos de fortaleza yoica, de control y regulación de los impulsos, tolerancia a la frustración, capacidad de espera, ubicación en tiempo y espacio (tan importante de integrar desde la adolescencia), sino que todo lo contrario. Se gestan estados de alienación, donde devienen falsas identificaciones con discursos e intereses del poder opresor (Kordon, Edelman, 1995). Por otro lado, la carencia de liderazgos democráticos y confiables, la propagación de mensajes esquizofrenizantes y/o confusionales comunes a todas las franjas etarias, llevan a que muchos jóvenes no puedan integrar sus emociones, a que se estanquen en estados de paranoia e impulsividad, y no lleguen a poder crear un proyecto que atraviese y supere “la Desesperanza Aprendida” … Sería interesante releer a Alfredo Grande7 cuando analizaba la película Terminator y “Las Máquinas de Matar como analizador de la institución del genocidio” (Topía, 1992). Las máquinas de matar eran las políticas de exterminio -aún vigentes- desde la imposición neoliberal del hambre y la pobreza, otras formas de matar o inducir suicidios. Es más fácil y siniestro crear las condiciones para que la gente se mate sola y que nadie lo vea, antes que eliminarla por otros medios. Tal vez con asesoramiento de I.A…
Pocos se quieren matar si aman y recibieron amor, y si hay solidaridad, confianza, voluntad, pasión, memoria, optimismo y gratitud
Hoy se ha vuelto realidad lo que hace treinta años era ficción. La noticia reciente de que en Bélgica un dispositivo de I.A habría inducido al suicidio a un científico no estaría por fuera del deseo de ciertas élites de suplantar al ser humano.8 No se puede omitir el impacto que tuvo la pandemia covid-19: la imposición del teletrabajo, la multiplicación de la exclusión, la violencia, el abuso de sustancias y los ataques de pánico, además de la preocupante cantidad de muertes súbitas en personas de diversas edades, la proliferación de discursos neofascistas travestidos de valores libertarios absolutamente ajenos a su concepción histórica original. Ante este muestreo, y más allá de cualquier razonamiento individual o cuestiones contradictorias intrínsecas a la condición humana, se vuelve evidente un clima predisponente para que se produzca esta realidad que estamos analizando, que muchísima gente no le encuentre sentido a seguir viviendo así. Suicidios éticos ante la hipocresía y crueldad del contexto como los de Lisandro de la Torre o Favaloro, no son exactamente idénticos al de la actriz María Onetto, o al de miles jóvenes que deciden no seguir “muriendo en vida”, o que se matan votando a sus propios verdugos. La raíz pareciera estar en el mismo brote perverso y monstruoso que es indispensable desenmascarar.
No poder amar ni ser amado, se entiende. Vayamos a esto de odiar a alguien y querer matar a otro para terminar matándonos a nosotros mismos, o a esto de actuar o hacer realidad el deseo de otros que quieren que no existamos más. Desde Stengel, entiendo que esta es alguna de las formas que toman los mecanismos monstruosos que, muy probablemente, refiera Carpintero. Mecanismos micro y macro-sociales, molares-moleculares, inter e intrasubjetivos, que juegan a la hora de intentar construir lo que entendemos por realidad. Ese monstruo institucional, ilusorio o no, no nos da precisamente amor, nos violenta, y nos llena de un odio que no podemos expresar, y nos induce culpa, confundiéndonos desde el doble discurso. En medio de una situación así, sin salida… ¿Quién puede querer seguir?
Desde el existencialismo, Frankl decía que “quien tiene un porqué vivir puede soportar cualquier cómo”. Lo descubrió en un campo de concentración, cuando se encontró preguntándose “¿Por qué no me suicido?” Antes de hacerlo, le preguntó eso mismo a sus compañeros cautivos, y de esas respuestas creó la Logoterapia al finalizar la guerra con la derrota nazi. Luego retomó esa misma pregunta ante sus pacientes más desesperados. Porque esa pregunta primero se la hizo a él mismo, luego a sus compañeros del campo de concentración, finalmente a sus pacientes. Y de la respuesta, por simple que fuera, devenía el plan y la estrategia terapéutica. Resulta oportuno recordar a Tato Pavlovsky9 cuando decía: “Se matan los que de una u otra manera no han podido expresar el odio. Les falta una frase que no dijeron”. No poder expresar el odio mataría directamente. El arte permite vencer a la muerte, le decía Pichon a Vicente Zito Lema, y Vicente no paró de propagarlo. Para sublimar, más que pensar, hay que jugar… Y luego pensar, y tal vez escribir. Volvemos a Pavlovsky y el papel de jugar en serio, no a medias… Los secretos de transitar el absurdo, hablar de creatividad en serio. Jugarse a recorrer los opuestos en uno… Y en una de esas, vencer a la muerte. Como propagaba la voz de la poesía, a través de Zito Lema. Esto no es posible solo desde el pensamiento, sino desde el pensamiento posterior al viaje por la propia locura y caos interior. La expresividad, la creatividad, el absurdo, los opuestos, podrían marcar el camino para afrontar este mundo homicida productor de suicidas en masa, y acaso redescubrir el valor de la sabiduría de los estoicos. Los maestros que ya no están nos marcan los caminos a veces: Pichon, Zito Lema, Pavlovsky, Frankl, Stengel, etc. Pocos se quieren matar si aman y recibieron amor, y si hay solidaridad, confianza, voluntad, pasión, memoria, optimismo y gratitud. Tengámoslo en cuenta los que seguimos navegando estas incertidumbres distópicas, con ánimo deseante aún… Según Séneca: “Necesitamos la vida entera para aprender a vivir, y también cosa sorprendente, para aprender a morir.”
En una sociedad sin garantías de orden, sin tejido social, sin una política protectora, sin familia, sin tribu, sin una mirada ecológica sensata… ¿A qué mundo invitamos a los adolescentes a ingresar?
Tal vez quede por decir que habría que respetar, más que condenar al suicida. Ni verlo como cobarde, ni como valiente. Simplemente como alguien desesperado y harto (que quizá esté solo y se sienta insignificante o, por el contrario, quiera defenderse de alguien que lo dañó previamente). En una sociedad sin garantías de orden, sin tejido social, sin una política protectora, sin familia, sin tribu, sin una mirada ecológica sensata… ¿A qué mundo invitamos a los adolescentes a ingresar? Es fundamental superar la hipocresía de incitarlos a vivir en un mundo insoportable. Para querer vivir es fundamental que prime el cuidado, el respeto, el amor en el sentido de Fromm. En síntesis, el sentimiento de comunidad, de la mano del trabajo, la justicia social, la creatividad, la coherencia y la posibilidad de futurar… Poder ver un horizonte, mantener un mínimo de imaginación, asombro, curiosidad y entusiasmo. Partiendo de la base de asumir nuestra mortalidad, las preguntas serían: ¿es mejor quitarse la vida? ¿morir en vida? ¿o morir luchando por una vida digna hasta el último suspiro? Según Vicente Zito Lema10, la belleza vence a la muerte. La voz de la poética puede re-despertar deseos a punto de desvanecerse. Habrá que recurrir a las artes, para desenmascarar al “mundo perversionante”, adicto a la muerte. Habrá que encontrar el proyecto ético-poético-político pendiente desde siempre, y lanzarlo a batallar en defensa de la vida. Si los adultos gestáramos algo de todo esto, es de suponer que los adolescentes estarían más deseosos de proyectarse hacia un mundo futuro por venir…◼
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Notas
1. Psicoterapeuta de Orientación Psicoanalítica, Supervisor Clínico, Coordinador de Grupos, Psicodramatista, Docente Universitario, Profesor Titular de la Cátedra de Psicoterapias (UAA, filiales Mar de Ajó, Mar del Plata y Dolores desde 2017 hasta la fecha).
2. Más precisamente lxs Lics en Psicología, María Emilia Martín (Partido de la Costa), Natalia Cociña (Dolores) y Martín Cuzzoni (Mar del Plata). Los detalles de estas entrevistas podrán leerse en: “Suicidio adolescente: el testimonio de profesionales intervinientes en distintos ámbitos públicos de la provincia de Buenos Aires”, publicado en www.topia.com.ar
3. Luego de esta introducción da una serie de datos estadísticos relativos a porcentuales acorde a la edad, sexo, etnia, religión, países o niveles de aislamiento de la población estudiada. Y más adelante brinda datos detallados sobre las formas de suicidio más comunes, a saber: ahogarse con gas, arrojarse al mar, envenenamiento, prenderse fuego, ahorcamiento, uso de armas de fuego, instrumentos cortantes, arrojarse desde lugares altos, ingesta de pastillas, etc. Quien se interese por estos detalles puede consultar el texto original de Erwin Stengel, Psicología del Suicidio y los intentos suicidas, Ed. Hormé, Bs. As., 1965.
4. En los últimos tiempos se habla de “niños-hombres” que crecen prematuramente en ámbitos marginales, o de adolescentes eternos que permanecen en rol dependiente respecto a sus padres, bastante más allá de los treinta años de edad.
5. Según Arminda Aberastury son tres: el duelo por el cuerpo infantil perdido, el duelo por el rol infantil perdido, y el duelo por la imagen perdida de los padres de la niñez.
6. Pensar en términos de hipnosis colectiva puede parecer extraño, pero si releemos a Freud en Psicología de las Masas o a Orwell en 1984…
7. Grande, Alfredo “Matar el futuro: Las máquinas de matar como organizadoras de la institución del genocidio” en El Edipo después del Edipo, Topía, 1996.
8. “Consternación en Bélgica por el suicidio de un hombre tras hablar con un chatbot de I.A”, Página/12, 11 de junio de 2023.
9. Pavlovsky, Eduardo, Proceso Creador. Terapia y Existencia, Ediciones Búsqueda, 1982.
10. Zito Lema, Vicente, El ultraje de los dioses: el crimen de la pobreza y la belleza espantada, Editorial Sudestada, 2023.
1)ASPECTOS FENOMÉNICOS
Según María Emilia Martín, Lic. en Psicología (UAA, MDA, 2006), Coordinadora del Servicio Zonal de Promoción y Protección de Niñez y Adolescencia del Partido de la Costa desde 2020: “Durante la pandemia no dejamos de trabajar presencialmente (fue muy poco tiempo de manera virtual). Los medios comenzaron a difundir noticias sobre suicidios de adolescentes en la zona, y a titularlos como que iban en una situación de aumento exponencial en simultáneo a la pandemia y el aislamiento. La necesidad de revisar toda esa información nos lleva a indagar, y se nos ocurrió buscar datos anteriores en caso que fuera por otras razones. Nos encontramos con un primer obstáculo que es la cuestión de las estadísticas, por lo difícil que es establecer o no que una muerte haya sido por suicidio, los únicos datos certeros provenían de Fiscalía (…) Se fue viendo que este fenómeno venía en ascenso desde 2011 y que no estaba relacionado necesariamente con la pandemia (…) Desde 2021 se armó una mesa de trabajo centrada en la salud mental comunitaria[2], se trataron de unificar criterios para ver en que estábamos fallando. Se realizaron acciones concretas, como ser talleres en las escuelas por Provincia (…) Se fue viendo que faltaban espacios de escucha y de cuidado para niños y adolescentes.”
Otra entrevistada fue Natalia Cociña, Lic. en Psicología, nacida en CABA, egresada de la UBA(2002). Hace dieciocho años que trabaja en un organismo provincial de Niñez y Adolescencia en la Ciudad de Dolores, además de hacerlo en su consultorio privado. Tiene formación psicoanalítica, aunque trabaja fundamentalmente desde el cognitivismo-conductual. En un 90 % sus pacientes son adolescentes. Esta profesional, refirió lo siguiente: “Si bien entre los 15 y los 30 años es la etapa donde mayor ideación suicida se registra, hay que considerar cada situación particular…La escucha se centra en si hay abuso de sustancias, acceso a armas, alguna ruptura amorosa reciente, pérdida de un familiar significativo. La mayoría de las mujeres hacen más intentos, pero son los hombres los que consuman más suicidios… En relación a todo esto, hubo una nueva explosión luego de la pandemia, sobre todo cuando los chicos ven que no saben qué hacer con su presente ni con su futuro, al que ven como desolador, por lo cual encuentran en la ideación suicida la fantasía de una salida inmediata…En ese sentido, siempre luego de la pandemia, se han multiplicado los trastornos de ansiedad y los ataques de pánico…”.
El tercer entrevistado fue Martin Cuzzoni, Lic. en Psicología (UNLDP, 1992), formado en APDEBA, entre 2002/2010 se estuvo desempeñando en Mallorca (España) en el Sistema de Protección de Menores. Desde el 2010 trabaja en el Hospital Materno Infantil de Mar del Plata y afirmó esto que sigue: “Mi trabajo se desarrolla en un Hospital Pediátrico que trabaja con chicos de hasta 14 años de edad. Creamos un equipo de trabajo para adolescentes, donde la principal problemática son los intentos de suicidio y las auto-lesiones. Esto se generó en el 2015 porque empezamos a tener casuística. Esta problemática que era adulta, que estaba implantada en una generación de jóvenes empezó a bajar en franja etaria de los 18 a los 15 años, y después empezó a bajar a edades mucho más cortas. Hemos tenido intentos de suicidio desde chicos de 10 años de edad…No tenemos aún datos concretos, recién ahora nos están llegando planillas, medios y recursos para hacer una estadística a nivel nacional. Semanalmente recibimos hasta tres internaciones por intentos de suicidio, autolesiones o ideas de muerte vigorosas (donde hay planificación), o cuando entendemos que hay un riesgo cierto o inminente para la persona (aunque no haya habido aún un intento concreto de suicidio). Nosotros lo que vemos acá son los intentos fallidos… Los métodos más habituales son la ingesta medicamentosa (más común en las chicas). En varones los métodos son más agresivos, como ser ahorcamientos, disparos con armas de fuego, o caídas desde alturas elevadas. Por lo general esta problemática está asociada a trastornos del estado de ánimo, trastornos límite de personalidad, problemáticas del espectro autista, a la psicosis, al consumo de sustancias que también lo consideramos como otra sintomatología emergente…Es difícil teorizar sobre algo que más que una patología es una sintomatología, una conducta del orden del “acting out”…Hay que hacer un mix de recursos para poder trabajar y animarse a poner el cuerpo (…) Los chicos se van dando cuenta solos de algunas cosas, como cuando dicen: ‘Yo no pensé que era tan importante para los demás, pero ahora que estoy acá internado y veo que me llaman, me sorprendo’… Porque cuando los chicos están acá internados si no hay un cambio verdadero, si no hay un cambio en el discurso, en el sentir y en el pensar, no le damos el alta. En general tiene que intervenir psiquiatría, porque esto no se logra sin una medicación. Tiene que haber cambios en el chico y en la familia. A veces hay que hacer indicaciones muy concretas y precisas con los padres…”.
2) POSIBLES FACTORES CAUSALES
Nos dice María Emilia Martin: “Siempre reflexiono sobre la responsabilidad del Estado, y el Estado es la comunidad entera. Y la imposibilidad de sujeción a lo institucional (familia, escuela, barrio, club) por parte de los pibes, es una responsabilidad de todos los que somos parte de la comunidad…Hay muchos chicos sin adultos que cuiden, o hay vínculos fallidos, abandonos, o con medida de protección no familiar… A veces un hermano mayor, un abuelo, un vecino, son quienes ocupan los roles maternos o paternos ausentes. Hablar de familia en singular o con el concepto de familia nuclear ya no es posible. Tenemos que incorporar el concepto de responsabilidad social del cuidado. Es preocupante la carencia de vínculos afectivos (…) Nos falta acompañar a los pibes para que tengan un proyecto de vida. Para esto, deben ser acompañados por adultos…”
Según Natalia Cociña: “Hay que decir que los factores son multicausales, no sólo psicológicos…Desde la problemática adolescente más característica de incomprensión, aislamiento o menores recursos psicológicos para evitar el pasaje al acto; hay que ver la historia personal, si hay bullying, abuso sexual, violencia familiar (hay padres que no dan contención e incluso naturalizan la violencia), o si ha ocurrido la pérdida de algún familiar que ha sido un gran apoyo emocional como por ejemplo los abuelos; y también inciden factores socioeconómicos, culturales, ideológicos (…) Respecto a la propagación de cutting hay algunos detalles interesantes. He tenido experiencia con personas privadas de libertad, donde los cortes en el cuerpo se vuelven una forma de liberar dolor psíquico que no podían poner en palabras…Con el tiempo, encontré ese mismo argumento en pacientes de clase media y alta…Ya sea cuando decían que con sus amigos no pueden hablar en serio porque minimizaban sus problemas, o porque sus padres estaban demasiado metidos en sus rutinas diarias…”
Para Martín Cuzzoni: “Si bien no hay estadísticas serias, por un lado, hay una cuestión de identificación. Hace años hubo que intervenir en una escuela de la zona, donde en la misma aula, en la misma clase, hubo tres intentos de suicidio de tres jóvenes que asistían ahí. Fue como una reacción en cadena (…) Lo que juega en contra en este momento es la información que los jóvenes adquieren a través de las redes sociales, que es algo peligroso porque justamente de allí toman conocimiento sobre los métodos…Con el tema de las autolesiones nos metemos directamente en otra problemática que tiene que ver con el suicidio, me animaría a decir que en el 80% de los casos de intentos de suicidio previamente hubo antecedentes de autolesiones. La autolesión es un medio común de la época, también es algo que se aprende a través de las redes sociales y paradójicamente tiene que ver con mitigar el dolor…Para ir a un plano más profundo, sería transponer el dolor del alma o de la psiquis en el cuerpo…Y el intento de suicidio es un intento de terminar con el dolor y la angustia insoportables. Al no poder encontrar una salida, querer terminar, apagar, desconectarse (…) Esto es lo que se juega en un contexto social donde quizá anteriormente, en otras generaciones, ha habido ideales para agarrarse o embarcarse, ideales políticos, socioculturales, hasta musicales o poéticos, donde había presente un proyecto…No hay contenidos ideológicos que apunten a un cambio importante, a producir algo esperanzador, algo que de un código distinto a ese chico…Lo veo en el Hospital, en el consultorio privado, en todos lados…No sólo hay disfuncionalidad familiar, no está firme el rol de la madre que ama incondicionalmente, en muchísimos casos no hay padre, no hay un otro que apuntale…Hay mucha gente sola que ya no cree que pueda ser amada ni amar a nadie, además como no fueron amados, no pueden amar…Detrás de una personalidad con potencial suicida, hay enojo, bronca, odio no expresado. Y ahí hay un punto de encuentro con el consumo problemático de sustancias”.
3)DISPOSITIVOS
Según María Emilia Martin: “Resultaron valiosos los textos de Mercedes Minnicelli referentes a ceremonias mínimas, generar situaciones de cobijo en las escuelas, clubes, polideportivos, ongs, todos espacios donde los pibes ya están, por lo que no hay que ir a buscarlos; hacer ver que son lugares que se preocupan y se ocupan de ellos (…) Se implementó el dispositivo SOLTAR PALABRAS, donde se trabajó la vuelta a la presencialidad post pandemia Covid 19 desde el 2021, la revinculación con los lugares de trabajo, la búsqueda constante de referentes afectivos donde alojar sus vivencias (padeceres, inquietudes, deseos). Se vió un gran sentimiento de orfandad (…) Nos fuimos centrando más directamente en la problemática del suicidio, autolesiones y violencia familiar, así como en los altos índices de repitencia y abandono escolar del secundario, dificultades en el acceso a la alfabetización (…) Se implementaron talleres de promoción, charlas, jornadas para estudiantes y docentes, las temáticas giraron alrededor del bullying, violencia en las redes, proyecto de vida y consumos problemáticos”
Nos dice Natalia Cociña: “En Dolores no hay datos sólidos en la Secretaría de Salud, hay que ir a la policía o a la morgue…. No se ocupan desde lo Municipal o Estatal, no se hace prevención ni post-vención. En general no hay políticas públicas, es sumamente necesario capacitar al personal de salud, de las escuelas, como así a profesores de educación física, entrenadores deportivos, profesores de artes marciales, etc, más que nada para que detecten los discursos, ideaciones, y demás indicios…Tener en cuenta también “la depresión sonriente”…Hace tiempo vengo pensando en línea con Stanley Hall, Peter Bloos o Anna Freud, que todos los adolescentes deberían tener su espacio de salud mental…La adolescencia es un período de tormenta y estrés, de turbulencia, es el período de mayor vulnerabilidad del ser humano, más que nada porque pueden hacerse daño, y porque sus pensamientos se vuelven su peor enemigo…Desde hace un tiempo estoy dando charlas en escuelas sobre esta temática, por otro lado hay una Fundación en Chascomús (TADE ES), creada por la madre de un chico de dieciséis años que se suicidó llamado Tadeo y sus amigos. Ellos armaron un dispositivo donde se juntan una vez por semana en la estación de trenes a escuchar a chicos y a padres con preocupaciones diversas, se procura hablar del suicidio y prevenirlo…Los dispositivos vienen del esfuerzo de la gente que tuvo un familiar que se quitó la vida, o que tuvo un intento no consumado…”
Completa Martín Cuzzoni: “Estamos notando un cambio en las admisiones. Antes eran chicos que no habían pasado por ningún proceso psicoterapeútico, hoy te diría que más de la mitad ya está en tratamiento psicológico. Por ahí van al psicólogo hace un mes o fueron dos veces, llegan tarde, pero llegan (…) Tiene que ver con la difusión de la problemática, y el hecho de que se está hablando mucho en las escuelas. La prevención tendría que venir más que nada por ese lado (…). Debiera haber más programas estatales para hablar de la problemática en las escuelas y con las familias…De todas maneras hay dispositivos operando donde se ha producido algún intento en una escuela, hay equipos desde el Municipio que intervienen en escuelas para evitar el “Efecto Dominó” que decíamos recién…Y se dan charlas para directores, EOE, a algún profesor comprometido, que ellos retransmiten…Eso hace que la problemática esté mucho más consciente para todos y que cuando un chico expresa una ideación autolítica se haga la consulta inmediata. Nosotros los recibimos cuando ya se han consumado los hechos, cuando ya ha habido un intento autolítico, los traen a la guardia, y quedan internados por pediatría (…). El abordaje es interdisciplinario, generalmente vamos primero el psicólogo y la trabajadora social, hacemos entrevistas con los padres, luego con el joven (a veces tenemos que esperar, porque están bajo los efectos de lo que hayan consumido), y en tal caso pedimos una interconsulta con psiquiatría, y quedan internados el tiempo que sea necesario hasta que evaluemos que hay estabilidad emocional y que no se van a repetir estas conductas en un breve lapso…Si hay un tratamiento psicológico externo procuramos que continúe o que aumente la frecuencia, intentamos hablar con el profesional de referencia para intercambiar datos y coordinar estrategias…Después se hace un seguimiento sobre todo por psiquiatría, se los cita cada tanto para ver como van, y se mantiene contacto con la escuela, que siempre es un veedor fundamental, y después si se ve que hay conductas extrañas dan aviso al Servicio Social…”
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[1] Agradezco a las Licenciadas Vanesa Moreno, María Elena Miletti y Cecilia Piriz González, todas ellas Profesoras Adjuntas, integrantes del equipo docente de la Cátedra de Psicoterapias de la UAA. Fue por intermedio de ellas que se hizo posible acceder a los tres especialistas entrevistados del Partido de la Costa, de Dolores y de Mar del Plata.
[2] Participaron Servicio Zonal de NyA, Dirección de Género, Desarrollo Social, Inspección de Psicología, Salud Mental, Cultura y Educación del Municipio, ONGs, agrupaciones religiosas, se acercó la UAA. Era una mesa heterógenea, luego se agregó Salud Mental Municipal y Consumos Problemáticos, APDH Tuyú Sur.
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Ricardo Silva: Lic. en Psicología (UNMDP, 1997), Psicoterapeuta de Orientación Psicoanalítica, Supervisor Clínico, Coordinador de Grupos, Psicodramatista, Docente Universitario, Profesor Titular de la Cátedra de Psicoterapias (filiales Mar de Ajó, Mar del Plata, Dolores, desde 2017 hasta la fecha).