El conflicto incrementó el precio del petróleo hasta una media de 100 dólares por barril en marzo, lo que supuso unos beneficios extraordinarios por la guerra, estimados en 23 000 millones de dólares para las empresas durante ese mes. Los suministros de petróleo y gas tardarán meses en volver a los niveles previos a la guerra y las empresas obtendrán 234 000 millones de dólares a finales de año si el precio del petróleo sigue rondando los 100 dólares de media. Este análisis utiliza datos de un proveedor líder de inteligencia, Rystad Energy, analizados por Global Witness.

Los beneficios extraordinarios provienen de los bolsillos de la gente corriente, que paga precios elevados para repostar sus vehículos y suministrar energía a sus hogares, así como de las empresas, que incurren en facturas de energía más elevadas. Docenas de países han reducido los impuestos sobre los combustibles para ayudar a los consumidores en dificultades, lo que significa que esos países, entre ellos Australia, Sudáfrica, Italia, Brasil y Zambia, están recaudando menos fondos para los servicios públicos.

La presión para que se apliquen impuestos sobre los beneficios extraordinarios obtenidos por las empresas petroleras y gasísticas gracias a la guerra está aumentando, y la Comisión Europea está estudiando una solicitud de los ministros de Finanzas de Alemania, España, Italia, Portugal y Austria para “enviar un mensaje claro de que quienes se benefician de las consecuencias de la guerra deben aportar su granito de arena para aliviar la carga que recae sobre la población en general”.
“Permitiría financiar ayudas temporales, especialmente para las y los consumidores, y frenar el aumento de la inflación, sin imponer cargas adicionales a los presupuestos públicos”, afirmaron los ministros en una carta del 4 de abril. La factura de la UE en combustibles fósiles ha aumentado en 22 000 millones de euros desde el inicio de la guerra de Irán.

Con diferencia, Aramco es, la mayor beneficiaria, ya que se estima que obtendrá unos beneficios por la guerra de 25 500 millones de dólares en 2026 si el precio del petróleo se sitúa en una media de 100 dólares. Esto se suma a los enormes beneficios que habitualmente obtiene la empresa saudí, mayoritariamente de propiedad estatal: 250 millones de dólares al día entre 2016 y 2023. Arabia Saudí lleva décadas liderando con éxito los esfuerzos para bloquear y retrasar la acción contra la crisis climática internacional.

Tres empresas rusas –Gazprom, Rosneft y Lukoil– podrían obtener unos beneficios de guerra relacionados con Irán estimados en 23 900 millones de dólares a finales de año. El conflicto ha beneficiado las arcas de Vladimir Putin para su propia guerra en Ucrania, ya que Rusia recibió ingresos por exportación de petróleo de 840 millones de dólares al día en marzo, un 50 % más que en febrero, según un análisis del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio.

ExxonMobil, que tiene un largo historial negacionista sobre el cambio climático, obtendrá 11 000 millones de dólares en beneficios de guerra no ganados en 2026 si el precio de 100 dólares se mantiene. Shell obtendrá un impulso de 6800 millones de dólares. El valor de ambas empresas, al igual que el de otras, ha aumentado significativamente debido a las subidas de los precios de las acciones en el mes posterior al inicio de la guerra de Irán: ExxonMobil vale 118 000 millones de dólares más, y Shell, 34 000 millones de dólares más.

Chevron va camino de obtener unos beneficios extraordinarios de 9200 millones de dólares gracias a la guerra de Irán. El director ejecutivo de la empresa, Mike Wirth, también se ha beneficiado, vendiendo acciones de Chevron por valor de 104 millones de dólares entre enero y marzo.

Es probable que el impacto de la guerra de Irán sea duradero, y el director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, la describió el lunes como el mayor shock de la historia para el mercado energético mundial.

La escalada de los precios del petróleo y el gas llevó al responsable de clima de la ONU, Simon Stiell, a advertir a mediados de marzo que: “La dependencia de los combustibles fósiles está socavando la seguridad nacional y la soberanía, y sustituyéndolas por servilismo y costes crecientes”. Afirmó que las energías renovables podrían proteger a las personas y a las naciones de las subidas de precios: “La luz solar no depende de estrechos marítimos angostos y vulnerables”.

Los beneficios de la guerra de Irán para las empresas petroleras y gasísticas se suman a lo que ha sido durante décadas un negocio sumamente lucrativo para los Estados petroleros y los accionistas. Durante el último medio siglo, el sector del petróleo y el gas ha obtenido una media de 1 billón de dólares al año en beneficios netos cada año, y mucho más en años de crisis como 2022, cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania. El sector de los combustibles fósiles también se beneficia de subvenciones explícitas que ascendieron a 1,3 billones de dólares en 2022, según el Fondo Monetario Internacional.

Patrick Galey, director de investigaciones periodísticas de Global Witness, afirmó:
“Los momentos de crisis mundial siguen traduciéndose en beneficios extraordinarios para las grandes petroleras, mientras que la gente corriente paga el plato. Hasta que los gobiernos no superen su adicción a los combustibles fósiles, todo nuestro poder adquisitivo seguirá siendo rehén de los caprichos de los hombres fuertes”.

Jess Ralston, responsable de energía de la Energy and Climate Intelligence Unit, afirmó:

Esta crisis del petróleo y el gas ilustra una vez más el coste de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, tan volátiles. (…) Invertir en tecnologías de cero emisiones netas no solo es el camino hacia la seguridad energética permanente, sino también la única forma de restablecer el equilibrio del sistema climático. Los llamamientos a aumentar la producción de combustibles fósiles y a dar marcha atrás en las medidas de cero emisiones netas ante esta nueva crisis no harían más que socavar nuestra seguridad energética y aumentar nuestra exposición a los efectos perjudiciales del cambio climático.

Beth Walker, experta en política energética del grupo de expertos E3G, afirmó: “Los gobiernos deberían utilizar los impuestos sobre los beneficios extraordinarios para acelerar la transición hacia la energía verde, en lugar de profundizar la dependencia de los combustibles fósiles”.

Saudi Aramco, Shell y TotalEnergies se negaron a hacer comentarios, y ExxonMobil, Chevron, Gazprom, Petrobras y ADNOC no respondieron a la solicitud de comentarios.

Los beneficios de guerra estimados se calcularon utilizando la base de datos UCube de Rystad Energy, que integra datos globales campo por campo, noticias e inteligencia, y tiene en cuenta la demanda de petróleo y gas para proyectar cuánto puede suministrar cada yacimiento.

Los beneficios extraordinarios de la guerra se calcularon comparando el flujo de caja libre generado por la producción de petróleo y gas en marzo, cuando el petróleo se situó en una media de 100 dólares por barril, frente a los 70 dólares antes de la guerra de Irán. Estos datos representan los beneficios estimados del sector upstream, tras deducir impuestos y regalías, así como los gastos de capital y operativos.

Los habitantes de los países que están aumentando su capacidad de energía renovable están protegidos en parte de las subidas de precios y de los beneficios de guerra. La energía eólica y solar en el Reino Unido en marzo permitió evitar 1000 millones de libras en importaciones de gas. Entre 2010 y 2025, la energía eólica ahorró a las y los consumidores unos 100 000 millones de libras.

Maria Pastukhova, directora del programa de transición energética de E3G, afirmó que, mientras los hogares, el transporte y la industria sigan dependiendo del petróleo y el gas, el Reino Unido y otros importadores de combustibles fósiles seguirán expuestos a las crisis de precios globales provocadas por conflictos, cuellos de botella y el contagio del mercado.

No importa si las moléculas proceden del Mar del Norte o del extranjero; la exposición del Reino Unido sigue siendo la misma (…) Por lo tanto, aumentar la producción de combustibles fósiles en el Reino Unido es una respuesta débil a la inseguridad energética.

Un portavoz del Gobierno británico declaró:

El Gobierno está decidido a defender los intereses de la ciudadanía en esta crisis. Estamos impulsando con mayor intensidad y rapidez una energía limpia de origen nacional que podamos controlar para proteger al pueblo británico y reducir las facturas de forma definitiva. También hemos tomado medidas para evitar prácticas desleales como la especulación con los precios, ayudar a quienes dependen del gasóleo de calefacción y garantizar que los hogares y las empresas obtengan ahora un trato justo en sus facturas.

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Damian Carrington, editor de Medio Ambiente de The Guardian
The Guardian
Traducción: viento sur