«No más Sciolis»: Apuntes sobre la «unidad» en el peronismo

La reciente delegación de la presidencia del PJ Bonaerense en Axel Kicillof ha vuelto a plantear en viejo tema de la "unidad" en el peronismo, Se trata de una problemática que recomienza con particular intensidad cuando el partido fundado por Juan Peron transita en la oposición nacional tras una derrota más o menos impactante. "Solo hay algo peor que la traición, el llano" rezaba el viejo y simpático apotegma peronista.
Sin embargo la sentencia “No más Sciolis” que, recordamos, surge del discurso de Máximo Kirchner en un acto en La Plata, donde indicó que el peronismo debe renovar su liderazgo y dejar atrás figuras que, según él, fracturan la unidad del partido, como Daniel Scioli, parece acotar la "Unidad hasta que duela".
Permite reflexionar sobre los dilemas de la unidad en el peronismo en particular y el movimiento popular-democrático en general. Una aproximación sin pretensiones es esta.

Línea de tiempo visual del peronismo desde 1946 hasta 2025, mostrando bloques con flechas que representan distintos tipos de unidad: fundacional (1946-1955), resistencia (1955-1973), electoral con fisuras (1973-1976), renovación parcial (1983-1989), pragmática neoliberal (1989-1999), histórica programática (2003-2015), electoral coyuntural (2019), fragmentación y búsqueda de nueva unidad (2023-2025). Estilo infografía clara, con colores diferenciados para cada etapa.
Artemio lopez

El peronismo enfrenta un desafío central: la unidad histórica que se construyó en torno al ciclo 2019–2023 ya está agotada. Insistir en esa forma de unidad —basada en acuerdos tradicionales y apelaciones a símbolos del pasado conduce – como en su momento la advirtiera John William Cooke en los años 60 frente al avance de los sectores dialoguistas internos – a la denominada “esterilidad histórica”.

El peronismo debe asumir las transformaciones políticas y sociales actuales y avanzar hacia un nuevo tipo de unidad, capaz de sostener la vocación de mayorías pero adaptada a un escenario más fragmentado y convulsionado, donde conviven múltiples referencias y proyectos de país dentro del mismo espacio opositor (Unión por la Patria).

En otras palabras, la apelación a la unidad tradicional ya no alcanza: el peronismo necesita reinventar su forma de articular consensos si quiere seguir siendo una fuerza con capacidad de gobernar y representar a las mayorías.

Alternativas de unidad que distintos sectores del peronismo están discutiendo hoy

Caminos de unidad en debate dentro del peronismo.

  • Unidad parlamentaria mínima
    • Mantener cohesión en el Congreso para enfrentar las reformas del gobierno de Javier Milei.
    • Se trata de una unidad defensiva, más táctica que estratégica.
  • Unidad programática
    • Construir acuerdos sobre un programa común (economía, derechos sociales, federalismo).
    • Busca superar las diferencias personales y poner el foco en propuestas concretas.
  • Unidad territorial
    • Gobernadores e intendentes como eje de articulación.
    • El poder territorial se convierte en el sostén de un nuevo tipo de unidad, menos dependiente de liderazgos nacionales.
  • Unidad generacional
    • Promover nuevos liderazgos que representen a sectores juveniles y emergentes.
    • Se plantea como alternativa a la repetición de figuras históricas.
  • Unidad amplia con otros sectores opositores
    • Algunos proponen abrir el juego hacia fuerzas progresistas no peronistas.
    • Esto implicaría un frente más diverso, aunque con tensiones ideológicas.

El dilema central

La unidad tradicional basada en símbolos es un recurso que ya no produce efectos, no alcanza prara construir siquiera mayorías electorales. El desafío es construir una unidad que sea funcional a las mayorías sociales actuales, en un contexto de fragmentación y nuevas demandas

Mapa comparativo de las alternativas de unidad que se discuten dentro del peronismo, con sus ventajas y riesgos:
Tipo de unidad Ventajas Riesgos
Parlamentaria mínima – Permite resistir reformas del oficialismo.
– Mantiene cohesión táctica en el Congreso.
– Carece de proyecto estratégico.
– Puede ser vista como defensiva y poco inspiradora.
Programática – Ordena el debate en torno a propuestas concretas.
– Supera diferencias personales.
– Difícil consensuar un programa común.
– Riesgo de diluirse en generalidades.
Territorial – Gobernadores e intendentes aportan poder real.
– Refuerza la base federal del peronismo.
– Puede fragmentarse en liderazgos locales.
– Falta de conducción nacional clara.
Generacional – Renueva liderazgos y conecta con juventudes.
– Evita la repetición de figuras históricas.
– Choque con estructuras tradicionales.
– Riesgo de falta de experiencia política.
Amplia con otros sectores opositores – Amplía la base social y política.
– Posibilita un frente diverso contra Milei.
– Tensiones ideológicas con fuerzas no peronistas.
– Riesgo de perder identidad propia.

Síntesis

El dilema es cómo pasar de una unidad defensiva y tradicional a una unidad creativa y estratégica, capaz de articular mayorías en un escenario fragmentado. La apelación a símbolos y fórmulas organizativas del pasado ya no alcanza: Insistimos se necesita un nuevo tipo de unidad histórica.

En la nota “Hacia un nuevo tipo de unidad histórica” en Página/12, se plantea que el peronismo necesita repensar cómo construye unidad, porque el esquema que permitió ganar en 2019 ya cumplió su ciclo. Su idea central es que la unidad no puede ser simplemente “juntar todo lo que hay” sino que debe tener un sentido histórico y programático. Estos son los tipos de unidad que señala aquella nota:

Tipos de unidad

  • Unidad electoral coyuntural
    • La que se armó en 2019 para derrotar a Macri.
    • Fue eficaz en ese momento, pero mostró límites en la gestión posterior.
    • Se trató de una unidad “negativa”: juntar fuerzas para ganar, sin proyecto común sólido.
  • Unidad histórica programática
    • La que se inspira en Néstor Kirchner: “Unidad sí, para bajar banderas no”.
    • No se trata de diluir diferencias ni renunciar a principios, sino de articular un proyecto compartido.
    • Busca representar intereses sociales concretos (trabajadores, sectores populares) y no solo resolver disputas internas.
  • Unidad dinámica y selectiva
    • López advierte que “no son todos los que están, ni están todos los que son”.
    • La unidad debe ser flexible: sumar nuevos actores, dejar atrás otros, adaptarse a cambios sociales y políticos.
    • Es un proceso vivo, no un bloque fijo.
  • Unidad con sentido de representación
    • El desafío es volver a representar mayorías sociales, no solo administrar alianzas.
    • La unidad debe ser vehículo de un proyecto que convoque y entusiasme, más allá de la mera supervivencia electoral.

Se diferencia entre la unidad táctica (electoral, de corto plazo) y la unidad estratégica (histórica, con proyecto). Para él, el peronismo solo podrá “volver a representar” si logra construir esta segunda forma de unidad, que no se limite a juntar nombres sino que articule un horizonte político claro

Artemio López, en su nota de Página/12 titulada “Hacia un nuevo tipo de unidad histórica”, distingue varios tipos de unidad que el peronismo ha practicado y que debería replantear para volver a tener capacidad de representación.

Tipos de unidad señalados

  • Unidad electoral coyuntural
    • Ejemplo: la de 2019, que permitió derrotar a Macri.
    • Fue eficaz en lo inmediato, pero limitada en la gestión.
    • Se basó en sumar fuerzas con un objetivo negativo (ganar), sin un proyecto común sólido.
  • Unidad histórica programática
    • Inspirada en Néstor Kirchner: “Unidad sí, pero sin bajar banderas”.
    • No se trata de diluir diferencias, sino de articular un proyecto compartido que represente intereses sociales concretos.
    • Busca ser una unidad con sentido estratégico, no solo táctico.
  • Unidad dinámica y selectiva
    • “No son todos los que están, ni están todos los que son”.
    • La unidad debe ser flexible: incorporar nuevos actores, dejar atrás otros, adaptarse a cambios sociales y políticos.
    • Es un proceso vivo, no un bloque fijo.
  • Unidad con capacidad de representación
    • El desafío es volver a representar mayorías sociales, no solo administrar alianzas internas.
    • La unidad debe ser vehículo de un proyecto que convoque y entusiasme, más allá de la mera supervivencia electoral.

Se diferencia entre la unidad táctica (electoral, de corto plazo) y la unidad estratégica (histórica, con proyecto). Para él, el peronismo solo podrá “volver a representar” si logra construir esta segunda forma de unidad, que no se limite a juntar nombres sino que articule un horizonte político claro.

Cuadro comparativo que sintetiza las diferencias entre la unidad de 2019 y la que se propone como “histórica” en su nota de Página/12:
Aspecto Unidad 2019 (coyuntural) Unidad histórica (propuesta)
Objetivo principal Derrotar a Macri en las elecciones. Construir un proyecto político duradero y representativo.
Carácter Táctico, de corto plazo. Estratégico, de largo plazo.
Base de articulación Sumar fuerzas diversas sin programa común sólido. Articular un programa compartido sin “bajar banderas”.
Tipo de representación Unidad “negativa”: juntar para ganar. Unidad “positiva”: representar intereses sociales concretos (trabajadores, sectores populares).
Flexibilidad Bloque fijo, armado electoral. Dinámica y selectiva: incorporar nuevos actores, dejar atrás otros.
Resultado Victoria electoral, pero gestión con tensiones internas. Potencial para reconstruir legitimidad y capacidad de convocatoria.
Frase guía “Todos contra Macri”. “Unidad sí, para bajar banderas no” (Néstor Kirchner).

En síntesis: la primera fue una unidad defensiva y táctica, mientras que la segunda apunta a ser una unidad ofensiva y estratégica, capaz de volver a representar mayorías sociales y dar sentido histórico al peronismo.

Armemos finalmente una línea de tiempo del peronismo desde 1946 hasta hoy, enfocada en los distintos tipos de unidad que fue construyendo en cada etapa:

📜 Línea de tiempo de la unidad peronista (1946–2025)

Período Tipo de unidad predominante Características
1946–1955 (Primer peronismo) Unidad fundacional Perón y Evita articulan un bloque social amplio: trabajadores, sindicatos, sectores populares. Unidad orgánica, con fuerte liderazgo centralizado.
1955–1973 (Resistencia y proscripción) Unidad en la resistencia Tras el golpe de 1955, el peronismo se mantiene proscripto. La unidad se da en la clandestinidad, con sindicatos y organizaciones barriales sosteniendo la identidad.
1973–1976 (Retorno y fractura) Unidad electoral con fisuras El regreso de Perón permite una unidad electoral masiva, pero rápidamente se fractura entre derecha peronista y juventud revolucionaria. La violencia interna marca el período.
1983–1989 (Renovación peronista) Unidad parcial y adaptativa Tras la dictadura, el peronismo busca modernizarse. La “Renovación” intenta articular nuevas figuras, pero convive con sectores tradicionales.
1989–1999 (Menemismo) Unidad pragmática neoliberal Menem logra una unidad interna basada en el poder presidencial, pero con un proyecto económico liberal que tensiona la identidad histórica.
2003–2015 (Kirchnerismo) Unidad histórica programática Néstor y Cristina reconstruyen una unidad con base en un proyecto nacional-popular. “Unidad sí, para bajar banderas no”. Se logra representar mayorías sociales.
2019 (Frente de Todos) Unidad electoral coyuntural Se arma una coalición amplia para derrotar a Macri. Unidad táctica, eficaz en lo electoral pero con tensiones en la gestión.
2023–2025 (Milei y crisis del peronismo) Fragmentación y búsqueda de nueva unidad El peronismo enfrenta derrota y dispersión. Artemio López plantea la necesidad de una unidad histórica renovada, selectiva y programática, capaz de volver a representar mayorías.

🔑 Clave de lectura

  • Unidad fundacional (1946–55): orgánica, con liderazgo fuerte.
  • Unidad de resistencia (1955–73): defensiva, clandestina.
  • Unidad electoral (1973, 2019): táctica, eficaz pero frágil.
  • Unidad histórica (2003–15, propuesta hacia adelante): estratégica, con proyecto y representación social y liderazgos fuertes.

No más Sciolis

En el año 2009, tras la derrota electoral de medio mandato el tipo de unidad histórica – social y política- que plantearon Néstor Kirchner y Cristina Fernández estaba en crisis y mutando.

Sucede habitualmente: “No son todos lo que están, ni están todos los que son”. Los procesos políticos llevan a eso. Todo lo que se consolida en un momento histórico y se construye como unidad, social y política con el tiempo cambia, muta, agrega, quita. Domina finalmente Marx y todo lo sólido se desvanece en el aire.

Tras la crisis con el complejo agro mediático, abierta por la fallida “resolución 125”, elaborada por el entonces ministro de Economía Martín Lousteau que renunciara en abril del 2008, y tras aquella elección bonaerense del año 2009 con el triunfo del empresario colombiano Francisco de Narváez, voló por el aire definitivamente el tipo de unidad llamada “transversalidad” diseñada en el año 2007 para el Frente Para la Victoria.

Recordemos que el vicepresidente Julio Cleto Cobos dejó de lado su posición de integrante del Poder Ejecutivo y pasó a la oposición con aires presidenciales, antes en Julio del año 2008 también había renunciado el jefe de Gabinete Alberto Ángel Fernández.

También dejó el gobierno en el mes de Julio de ese año 2008 don Sergio Tomás Massa, integrante incluso de la lista testimonial bonaerense en el año 2009 – a solo once meses de haber dejado la intendencia de Tigre para volver justo antes de que termine su licencia- y ya desde la intendencia comenzar a diseñar el Frente Renovador con el que ganaría holgadamente las elecciones de Provincia de Buenos Aires en el año 2013.

Pasó siempre en el peronismo: El tipo de unidad histórica que planteó Juan Perón en los comienzos a mediados del siglo pasado, no fue el mismo que el de los años setenta de gran soporte en la Juventud responsable central de su retorno

Ese tipo de unidad setentista estalló en el año 1974 tras la muerte de José Ignacio Rucci para mudar de centralidad hacia el movimiento obrero, protagonista principal del tipo de unidad histórica de mediados de los años setenta que incluso perduró durante el gobierno fallido de Isabel Perón.

Aún con esa gran centralidad del movimiento obrero, no fue el mismo tipo de unidad histórica de mediados de los años setenta el que se materializó con Ítalo Argentino Luder en el año 1983, ni la que se estructuró con Carlos Saúl Menem en la primera etapa de gobierno peronista en el lapso 1989- 1995.

Un tipo de unidad que a su vez se transformó drásticamente a partir del año 1995 y no replicó el tipo de unidad política y social del año 1989 incorporando dirigencia y electores de la entonces Unión de Centro Democrático, formación liberal capitaneada por el inefable Álvaro Carlos Alsogaray que venía de obtener el 7% de los votos nacionales.

El tipo de unidad histórica menemista mucho menos tuvo que ver con la que Néstor Carlos Kirchner construyó en el año 2003 y que, con muchos cambios en su devenir histórico, llega, aunque muy transformada, hasta nuestros días.

En el año 2008, Néstor Kirchner sienta doctrina respecto al tipo de unidad histórica que requiere la fase kirchnerista del peronismo condensada en esta visión: Unidad si, para bajar banderas, no.

Tampoco es novedad. En el año 2009, tras la derrota electoral de medio mandato el tipo de unidad histórica –social y política- que plantearon Néstor Kirchner y Cristina Fernández ya estaba en crisis y no fue la misma en el año 2011, donde renunciaron ministros de gran peso como Alberto Ángel Fernández y Sergio Tomás Massa al tiempo que la transversalidad del año 2007 ya no formó parte del tipo de unidad histórico-concreta del peronismo kirchnerista.

En esta dirección de análisis, el tipo de unidad desplegada por el peronismo para ganar las elecciones del año 2019, es notorio, ha concluido ya su etapa histórica.

Es muy probable entonces que el tipo de unidad histórica que planteó Cristina Kirchner para el lapso comprendido entre los años 2019-2023 cambie drásticamente tras la fallida etapa de gestión del Frente de Todos y su deriva en la derrota de Unión por la Patria.

Sin embargo y más allá de los cambios necesarios en el tipo de unidad histórica, la discusión que persiste en la coyuntura y está hoy agigantada en y por los medios no solo opositores, es si el peronismo es algo más que el kirchnerismo.

Habría, para algunos políticos, analistas, periodistas, locutores, propiedades históricas, de gestión y representación, que el peronismo tiene por sobre el kirchnerismo, y esa es una discusión teórica específica que debe darse, porque tiene consecuencias políticas muy importantes.

Si se considera que hoy el kirchnerismo es una etapa acotada del peronismo, que en definitiva es un despliegue histórico, político y de representación social mayor que lo supera, se toma una determinada política coyuntural y estratégica.

El llamémosle “peronismo peronista” comienza siempre por refugiarse en una supuesta “pureza doctrinaria” (que nadie conoció, conoce ni conocerá jamás), para acotar, suspender, encapsular el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, bajo la consigna habitual de “basta de dedo”.

Si en sentido contrario, se observa que el kirchnerismo expresa plenamente la experiencia popular democrática que inauguralmente desplegaron Juan y Eva Perón, y es hasta hoy al menos, la modalidad histórica concreta que asume el peronismo inaugural, surge otra determinación, estratégica y coyuntural que comienza siempre por reconocer el liderazgo de Cristina Kirchner sin limitaciones ni condicionamientos.

Por otra parte, en lo estrictamente electoral, nunca pudo ser sustentable en la práctica -salvo recurriendo a la patria consultora y sus encuestas- la idea de que hay un plus electoralmente potente del peronismo no kirchnerista desbordando el que expresa el liderazgo de CFK, al que denominan «cristinismo» para bajarle el precio.

Por el contrario, en las elecciones de medio mandato del año 2021, básicamente por la crisis de ingresos, se perdieron votos que acompañaron al oficialismo en las elecciones del año 2019.

La “unidad” del Frente de Todos se rompió en noviembre de 2021, cuando la coalición marchó a elecciones desconociendo su componente kirchnerista expresado en el rechazo a los reiterados pedidos de corrección de la política económica y social por parte de Cristina Kirchner.

Este desconocimiento del componente kirchnerista de la coalición tuvo su punto más alto en los inicios del año 2022, cuando el Frente de Todos convalidó el acuerdo delictivo que suscribiera el gobierno anterior con el FMI, motivando la renuncia la presidencia del bloque de diputados de Máximo Carlos Kirchner.

Insistimos en que cuatro millones de electores que acompañaron al FDT en el 2019, ya no lo hicieron en aquellas elecciones de medio término en el año 2021.

Se mostró una vez más que la hipótesis de la potencia electoral del peronismo no kirchnerista es falsa y en rigor, cuando el «peronismo» despojado de su componente kirchnerista apareció en la escena electoral, fue siempre derrotado.

Por caso el peronismo despojado de kirchnerismo en su conducción ya gobernó. Fue el Frente de Todos y los resultados resultaron tan defraudatorios, que un segmento importante de ciudadanos que lo acompañaron en el año 2019, buscaron alternativas electorales menores como el FIT-U y mayormente La Libertad Avanza.

Asumir las transformaciones inexorables en el tipo de unidad histórica, política y social que se construyó para el lapso comprendido entre los años 2019-2023 sin perder la vocación de mayoría, parece el gran desafío de la etapa actual para el peronismo kirchnerista, tarea compleja, sin duda, pero inevitable e históricamente recurrente.

La situación actual del peronismo y alguno de sus distintos referentes difieren en mucho más que estilos o modales, hay distintas miradas y algunas antagónicas, sobre el modelo de país al que se aspira, modelo que, aún sin explicitar, y como sucede históricamente en el peronismo se condensa en un nombre y desde el 27 de octubre del año 2010, en un nombre de mujer: Cristina Fernández de Kirchner.

La potencia de su liderazgo es reconocido amorosamente por amplios sectores populares y con odio por muchos de quienes la adversan, a punto de que intentaron su asesinato.

Intento de femimagnicidio aún impune, con sospechas ciertas de responsabilidades que trepan hasta la cima del actual gobierno.

Finalmente, como bien señala Mario de Casas refiriéndose a la profundidad y potencia del liderazgo de CFK:

“Lo sabe el bloque de poder, pero a algunos compañeros les cuesta comprenderlo. No debería ser necesario agregar que, entre los militantes, la única víctima ha sido Cristina: la victimización sensiblera de otros actores del peronismo es una de las tantas zonceras que sólo confunden a ingenuas e ingenuos; dramatizan cuando apenas están protagonizando una clásica disputa por espacios de poder.»

Artemio López

 

Un comentario

  1. Habría que pasarle el corrector ortográfico al diagrama que abre el post.

    Y de paso, ya que hoy hubo otro posteo: ¿el trabuco exige unidad en la acción? ¿A quién le ganó?

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