Sectores del peronismo creen que no se debe confrontar con el poder económico y buscan maniobrar en los márgenes del modelo mileísta. En este artículo Ricardo Aronskind plantea una crítica severa a una parte importante de la dirigencia peronista posterior a la derrota electoral de 2023. Según el autor, frente al avance del gobierno de Javier Milei, sectores del peronismo han adoptado una actitud defensiva, adaptativa e incluso resignada ante el nuevo programa económico y cultural de la derecha.

Por Ricardo Aronskind*
(para La Tecl@ Eñe)
Hay una catarata de declaraciones favorables al modelo de Milei en las filas del peronismo.
Provienen de los más diversos espacios a lo largo y ancho del país. Desde gobernadores, exministros y candidatos, dirigentes territoriales y aspirantes a serlo.
En vez de plantarse frente a un gobierno que es el más cipayo en la historia nacional, el más anti obrero y anti clase media, el más anti industrial, anti ciencia nacional, anti Estado protector, y el más destructor de la salud y la educación públicas, el más indiferente al porvenir de las futuras generaciones, el más favorable a la extranjerización y desintegración territorial del país, hay una fracción importante del peronismo a la que se le ocurre presentarse como la continuidad “mejorada” del desastre mileísta.
No importa la definición que se tenga del peronismo, no hay forma de hacerla coincidir con la actual experiencia ultraderechista.
Se puede adoptar la definición del peronismo que se desee: que fue un nacionalismo popular, un social cristianismo local, un keynesianismo sudamericano, un movimiento de liberación nacional, una variante criolla de la socialdemocracia, un populismo tercerista, un desarrollismo distribucionista, o incluso, un “freno burgués a la lucha de clases” (mejorando las condiciones de vida de los trabajadores) Ninguna de esas definiciones puede amoldarse a la actual experiencia de demolición nacional que encarna el gobierno mileísta con sus grandes apoyos del capital concentrado local y de los Estados Unidos.
Sin embargo, la evidencia de estos días muestra que sí, que hay muchas coincidencias entre sectores que se consideran peronistas, con las prácticas y la prédica liberal autoritaria.
¿Qué quiere decir que desde el peronismo se pueda valorar positivamente partes importantes de este experimento destructor?
Pareciera que desde sectores dirigenciales del peronismo no se ve al actual gobierno como un evento desastroso para el pueblo y la Nación argentina.
Lo que lleva a otra pregunta: ¿qué está pasando dentro de vasto espacio peronista para que se pueda tener una mirada concesiva, y hasta comprensiva con este gobierno, que es la continuidad de la última dictadura militar, del menemismo extranjerizador y del macrismo?
¿Será una concesión a lo que una parte “de la gente” cree, para atraerlos?
¿Será un acomodamiento a lo que dicen las encuestas, porque “hay que sumar” como sea?
¿O tendrá que ver con una lectura – “pragmática” o vencida – de lo que los poderes fácticos quieren que sea el peronismo, para que no exista más una oposición con peso político y convocatoria electoral, a sus planes de negocios en Argentina?
Ejemplos sobran
Juan Manuel Olmos, dirigente peronista de la Ciudad de Buenos Aires, sostuvo en un reportaje que “cuando ganamos (los peronistas) los activos se van a pique y cuando perdemos rebotan hasta la estratósfera. ¿No vamos a tomar nota de eso? Eso quiere decir que tenemos un problema de confianza. En cuestiones económicas. En cuestiones de “brecha”, “cepo”, de tipo de cambio, de riesgo país, de déficit.” En otro párrafo señaló: “Hay que primero ordenar lo que está desordenado y el peronismo tiene que ser también sinónimo de ese orden. Nosotros no trabajamos para los mercados. Ahora ¿ignorarlos? (…) Nosotros no somos los que le damos garantías a los mercados, pero sí tenemos que dar garantías de estabilidad. Porque la gente también sufre cuando no hay estabilidad”.
Hablar de los mercados en abstracto, y no de los poderes económicos reales, es prestarse a enmascarar la realidad. Asumir que sería el peronismo el que desordena la economía, y que los experimentos derechistas son los que la ordenan, es una tontería que no pasa por la prueba de la historia económica nacional. Olvidarse de que la “brecha” y el “cepo” tuvieron que ver con la enorme deuda externa contraída por la dictadura, reforzada por la práctica de la fuga de capitales de los grupos económicos locales, es tapar las responsabilidades históricas y asumir como propios los desastres causados por las experiencias neoliberales, entre ellas, por supuesto, la del peronismo menemista.
Olmos se calza el traje del “peronista responsable que da garantías” dentro de un peronismo que es irresponsable (según la visión de sus enemigos), un peronismo “loco” que no es capaz de darle tranquilidad a los “mercados” a los cuales se les atribuye racionalidad. En realidad, parte del estado de postración argentina es precisamente por el tipo de negocios rentísticos y financieros que se les ocurren a los “mercados”, que fracasan incluso con sus propios gobiernos. Pero acá tenemos un peronismo que acepta e introyecta la versión falsa de la historia proporcionada por sus enemigos.
Mientras tanto, el vicepresidente segundo del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Meneses, durante un acto público le exigió a Milei “que sea responsable. Que tenga autocrítica. Que se fije lo que le pasa a nuestro pueblo, lo que les pasa a nuestros viejos, a nuestros jóvenes, y que empiece a gobernar para los intereses de todos los argentinos”.
Meneses no puede estar hablando en serio.
¿Le está pidiendo responsabilidad, o autocrítica, a Milei? ¿Le pide a Milei, y su gobierno criminal, que atienda lo que le pasa a nuestro pueblo, a nuestros viejos? ¿Cree que este gobierno vendido a Estados Unidos puede gobernar para los intereses de todos los argentinos?
Como dirigente peronista, ¿cree que ese es el nivel político de las bases peronistas? ¿Los sectores populares estarían esperando una rectificación de Milei, porque Milei es bueno, pero está equivocado? ¿Puede un dirigente político popular seguir otorgándole el beneficio de la duda a Milei, y a su gobierno, que es un modelo de manual de neoliberalismo extremista argentino?
Si piensa que Milei es nefasto, ¿por qué no lo dice y se lo dice a las bases? En el fondo, con esas apelaciones sin sentido le sigue dando tiempo al gobierno, genera una confusión sobre lo que significa y significará un régimen de estas características, y continúa eludiendo la definición indispensable: este es un gobierno declaradamente enemigo del pueblo, de la justicia social, de las mayorías, de la gente de trabajo. Pero no: habría que seguir viendo si se rectifica, si se arrepiente, si se sensibiliza…
En el programa de Pedro Rosemblat, le preguntaron a Aníbal Fernández si “algo tiene que quedarse” de la gestión de Milei. El exministro contestó: ¿Querés saber (si yo fuera presidente) si dejo algo de lo que hizo Milei? Todo. No toco nada”. “Lo miro y lo saco, si es lo que corresponde. Lo miro y lo consolido, lo modifico, lo mejoro, lo que sea”.
Aníbal Fernández no es nuevo en la política. Además, lee y piensa. Pero en vez de decir que, en principio, rechazaría y derogaría todo lo que hace este gobierno porque la política mileísta es un conjunto coherente que apunta a la destrucción de la Argentina como sociedad y como estado nacional, parte de lo contrario: dejar todo, e ir viendo.
Dejar, por ejemplo, la Ley Bases, redactada por las grandes corporaciones para quedarse con las riquezas de la sociedad y los bienes del Estado. Dejar el RIGI, para que las multinacionales exploten los recursos naturales sin dejar un centavo en nuestro país. Dejar la disolución de los organismos científicos y tecnológicos, que nos permiten avizorar un futuro menos subdesarrollado y dependiente. Dejar la timba financiera institucionalizada y el endeudamiento masivo de las familias. Dejar la legislación esclavista contra los trabajadores. Dejar la destrucción de los glaciares, de los bosques y de los humedales. Dejar la desprotección peligrosísima en materia de Salud a la gran mayoría de la población. Dejar el afano por parte de lúmpenes, ignorantes y chorros en todas las áreas del Estado. Dejar el poder judicial al servicio de los poderes fácticos…
Esa respuesta de Fernández podría darla cualquier conservador argentino, de esos que fingen estar afligidos por los modales y los improperios del presidente, pero que avalan su acción de gobierno. Fernández prefiere algo tan confuso como decir que sacaría, consolidaría o mejoraría las diversas medidas de Milei, como si hubiera “de todo un poco”.
Y no hay “de todo un poco”: Hay desastre, exclusión y entrega. Se prefiere alimentar la confusión, en vez de asumir lo que corresponde frente a este desastre: la confrontación.
Según el diario La Nación, los gobernadores Alberto Weretilneck (Río Negro) y Raúl Jalil (Catamarca) “expusieron hoy en el 43° del Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) y respaldaron el rumbo económico del gobierno de Javier Milei. Aseguraron que no se puede volver a discutir el equilibrio fiscal y celebraron las políticas de atracción de inversiones extranjeras para el desarrollo de economías regionales”.
Jalil, gobernador peronista de Catamarca, dijo que “casi todas las provincias tienen superávit fiscal” y todos los mandatarios provinciales deben trabajar para seguir bajando impuestos y volverse más competitivos. Además, celebró el interés de los Estados Unidos para invertir en la Argentina tras el acercamiento de Javier Milei con el gobierno de Donald Trump.
El periodista Sebastián Lacunza informó que les preguntaron a Weretilnek y Jalil “qué de lo que hace Milei debería quedar para siempre”. Weretilnek dijo: “Lo primero. La política exterior y el alineamiento con Estados Unidos». Y Jalil agregó: «Coincido».
En lo del alineamiento con Estados Unidos, el “doctrinario” Guillermo Moreno también coincide. Parece que la política de amedrentamiento norteamericana en su “hemisferio Occidental” está haciendo estragos entre los partidarios históricos de la tercera posición. Ahora están en la “Primera Posición”.
No les importa si a la Argentina le sirve el alineamiento, o si la desintegra. Se acabó la mirada nacional, y sólo restan los negocitos particulares de fracciones lúmpenes de la burguesía local.

El curro del “equilibrio fiscal”
Muchos de los que están opinando se remiten a un tema central, que es el del equilibrio fiscal, y es un punto muy importante de la agenda de política económica, que debe ser aclarado ya que de tanto machacar con eso mucha gente – especialmente “dirigentes” – lo empieza a repetir, aunque no entienda lo que está en juego.
Básicamente el equilibrio fiscal significa que a las arcas del Estado entran $100 y salen $100. O entran $200 y salen $200. No se gasta más de lo que entra. Pero este razonamiento, aparentemente tan claro, tan prolijo, encierra una trampa fundamental tendida por los grandes capitales y los sectores más ricos de la Argentina.
El proyecto de Milei, como el de Macri en su momento, como el de Menem también, como Videla en la dictadura, es que los más ricos paguen poquísimos impuestos para que las empresas puedan tener super ganancias a costa de no aportar nada, vía impuestos, a la sociedad. Pero no sólo eso: Al entrar en una dinámica de achicamiento permanente del gasto público, van erosionando las bases de un país vivible, empobreciendo a las instituciones públicas y a la población en general. Cada vez peor, cada vez más atrasado.
Entonces, todos estos gobiernos neoliberales reducen los impuestos a los ricos y luego empiezan a lavarle el cerebro a la gente – a través de sus “expertos” y de sus medios de comunicación – con el “equilibrio fiscal”.
Es decir que, como recaudan poco – por decisión política basada en una preferencia de clase – … ¡tienen que gastar poco!
Y, ¿en qué se les ocurre ahorrar? En todo lo que tenga que ver con el gasto en los sectores medios y bajos: salud, educación, jubilaciones, obra pública, protección social.
En síntesis: En boca de la derecha argentina el equilibrio fiscal es simplemente una trampa cazabobos para encubrir la transferencia de riqueza, a través del Estado, desde las capas populares y medias a los sectores de altos ingresos y al capital concentrado local y extranjero.
Ese es el sentido que tiene, en la práctica, la defensa del supuesto equilibrio fiscal mileísta: Le están pidiendo a toda la clase política, sin distinciones, que respete la política de redistribución social regresiva, de depredación humana de este experimento, sin osar aumentar un peso el gasto público para revertir la situación.
Está archi demostrado que el Estado Argentino puede recaudar mucho más dinero que en la actualidad combatiendo la evasión y elusión impositiva, las maniobras con el comercio exterior y otras prácticas delictivas habituales que siempre están impunes, además de mejorar el sistema impositivo para que sea más equitativo y justo.
Esa es la forma en que el Estado podrá cumplir sus funciones sociales y económicas irremplazables sin tener que sacrificar a nadie ni incurrir en desbordes fiscales irresponsables.
Final
La catarata de declaraciones de convergencia con la obra de gobierno del mileísmo no puede ser ignorada y merece un debate profundo, porque está reflejando una degradación extrema de gente que pretende ser considerada “dirigencia nacional y popular”.
Encubren bajo consignas de “recuperar los sectores medios” o “darle voz al peronismo del interior”, lo que no es otra cosa que adherir a una línea política que converge con lo que se requiere para armar un modelo bipartidista neoliberal.
De alguna forma se asemeja a lo ocurrido con Alberto Fernández, cuando en pleno desbarajuste de la política timbera de Macri, salió a salvarle la vida con aquella famosa declaración: “El dólar a 60 pesos está bien”, otra forma -reiterada durante todo su gobierno – de darle “confianza a los mercados”. Ya ahí el Frente de Todos, antes de ganar las elecciones, empezó reduciendo sus posibilidades de servir a las mayorías.
No es sólo que en una parte del peronismo – no sabemos de qué dimensión – no hay voluntad de ganarles a quienes dañan al Pueblo.
No es sólo que no hay voluntad de confrontar y por lo tanto de modificar nada.
Ahora creen que no se debe confrontar con los poderosos, y lo que hay que hacer es tratar de maniobrar en los márgenes del modelo mileísta.
La noticia, por si no se enteraron, es que ya hay una persona elegida para eso: Patricia Bullrich.
*Economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento.