Nestor Prieto
Los ataques de Estados Unidos contra Venezuela se producen tras el despliegue de un amplio contingente militar en el mar Caribe. Fuente: redes sociales de Nicolás Maduro
En torno a las dos de la madrugada, hora local, varias explosiones simultáneas han sacudido distintos puntos de Venezuela. Aunque hasta el momento Estados Unidos no se ha pronunciado oficialmente sobre los hechos, la primera reacción del Gobierno de Nicolás Maduro ha responsabilizado directamente a Washington, calificando lo ocurrido de “agresión imperialista” y llamando a la población a la “unión cívico-militar”.
“La República Bolivariana de Venezuela rechaza, repudia y denuncia ante la comunidad internacional la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados Unidos de América contra territorio y población venezolanos en las localidades civiles y militares de la ciudad de Caracas, capital de la República, y los estados Miranda, Aragua y La Guaira”, reza el primer comunicado emitido por el Ejecutivo venezolano.
Según reportes preliminares, los ataques habrían alcanzado objetivos militares estratégicos y zonas urbanas clave en Caracas y su área metropolitana, así como en localidades del litoral central y del estado Miranda.
Entre los puntos señalados figuran la Escuela Naval, Fuerte Tiuna –la mayor instalación militar del país–, la Base Aérea de La Carlota y la Meseta de Mamo, sede de la Academia Militar de la Armada Bolivariana y de la comandancia de la Infantería de Marina.
También se han reportado explosiones en el casco histórico de Caracas y en el Cuartel de la Montaña, donde reposan los restos del expresidente Hugo Chávez, además de impactos en Baruta, El Hatillo, Charallave e Higuerote. Fuentes locales informan, asimismo, de la destrucción en Carmen de Uria y en la sede de la Unidad de Operaciones Tácticas Especiales (UOTE), un cuerpo de élite de la Policía Nacional Bolivariana.
Por el momento no existe confirmación oficial sobre las instalaciones afectadas, ni se dispone de un balance de víctimas o de daños materiales. Asimismo, hasta ahora solo se ha confirmado una única oleada de ataques por parte de Estados Unidos.
Ningún ministro ni portavoz del Ejecutivo ha comparecido públicamente y todas las comunicaciones oficiales remiten al comunicado del Gobierno nacional, en el que se asegura que “el intento de imponer una guerra colonial para destruir la forma republicana de gobierno y forzar un cambio de régimen, en alianza con la oligarquía fascista, fracasará como todos los intentos anteriores”. La situación continúa en desarrollo, a la espera de nuevas informaciones oficiales.
El contexto de los ataques a Venezuela
Lo que sí está claro es que los ataques de Estados Unidos contra Venezuela se producen tras llevar a cabo un enorme despliegue militar en el mar Caribe –que incluía ataques contra lanchas supuestamente vinculados a organizaciones criminales– para preparar las operaciones y presionar a Nicolás Maduro.
De hecho, tras el despliegue del grupo de ataque del portaaviones USS Gerald R. Ford en el área de operaciones del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), el dispositivo militar norteamericano en el Caribe supera los 15.000 efectivos y concentra al menos el 14% de la flota en activo del país.
Estos movimientos se enmarcan en un religue hemisférico efectuado desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, oficializado con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional publicada a finales de noviembre de 2025, en la que Washington deja clara su intención de reforzar el control sobre el continente americano en detrimento de otros escenarios considerados «secundarios», como Europa o África.
Este planteamiento se articula como un retorno intensificado a la vieja lógica de la Doctrina Monroe, ahora con un añadido explícito: el autodenominado “Corolario Trump”. Tal y como recoge la Estrategia de Seguridad Nacional, “tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional”.
Así, la presencia de un actor como Nicolás Maduro y su administración chocan frontalmente con los intereses estadounidenses en la región, una dinámica que podría extrapolarse a otros países como Cuba o Colombia.