Venezuela: El mayor patrimonio petrolero del planeta

El seis de enero de este año, María Corina Machado, junto con cuatro miembros de su equipo, le vendieron la idea a Mike Waltz, senador por entonces nominado como secretario de Seguridad Nacional de Trump, de que Nicolás Maduro lideraba el Tren de Aragua. En sucesivas reuniones, Machado, como otras figuras de la oposición, repitieron los mismos argumentos hasta que la banda criminal fue declarada como una “organización terrorista que amenazaba la seguridad de Estados Unidos”.

María Corina Machado ofrece Venezuela como botín: quiénes son los bancos que financian su plan para privatizar el petróleo y tomar deuda con el FMI

Amenaza a la seguridad, según un reportaje de Reuters basado en la consulta a 50 fuentes del gobierno estadounidense y la oposición venezolana.

La declaración contra el Tren de Aragua no solo sirvió para escalar el conflicto con Venezuela, al considerar a Maduro como un “líder terrorista”, sino que también fue usada como base para deportar a miles de migrantes venezolanos con el pretexto de que pertenecían a una organización enemiga, según la vetusta Ley de Enemigos extranjeros del siglo XVIII creada cuando Estados Unidos pensaba que podía entrar en conflicto por Luisiana, una antigua colonia de Francia. Muchos de ellos terminaron, sin crítica alguna de Corina Machado, en la cárcel de máxima seguridad de El Salvador, el CECOT, tan solo por tener tatuajes en su cuerpo o estar bajo sospecha por alguno de los agentes de El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).

Este mismo lobby político opositor, que se ha perfeccionado en los últimos años del conflicto debido al exilio de muchas de sus figuras, ahora parece direccionarse a vender a Venezuela por partes a los inversionistas ávidos de ganancias rápidas y fáciles, como un auto destruido en un taller. En varias reuniones y foros, María Corina Machado ha presentado un plan que calificó como “una oportunidad de un billón de dólares”, una reversión de su propuesta de gobierno original llamada “Venezuela, tierra de gracia”, dirigida a la privatización del petróleo, la desregulación de la economía, la reducción del déficit fiscal y la eliminación de impuestos a los más ricos.

“Primero procederíamos a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para reestructurar la deuda que nos permita reinsertarnos en el mercado internacional y puedan venir todas las inversiones del mundo. He tenido foros con muchos sectores empresariales en el mundo entero, donde Venezuela se ha convertido en “sexy”; todos quieren saber cómo vamos a abrir la economía, generar Estado de Derecho, dónde van a estar las garantías para la inversión, los incentivos. No hay un país que tenga la oportunidad de despegar y generar seguridad energética para Estados Unidos, y otros países, como Venezuela”, según Corina Machado. Algunos de esos foros en los que ha participado, por ejemplo, son el Council of the Americas, fundado por David Rockefeller, el CeraWeek, compuesto por petroleros estadounidenses, y el reciente American Business Forum en Miami, financiado por el Fondo de Inversión de Arabia Saudí.

Venezuela, un país sancionado que no puede emitir deuda ni pagar sus compromisos y sufre un embargo petrolero, es vendida, además, a los fondos de inversión en algunos encuentros organizados por el banco Barclays, según el medio Semafor. También el equipo de Corina Machado está en conversaciones con entidades como Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y el FMI para que den prestamos a un eventual gobierno opositor por 60 o 70 mil millones de dólares para dirigirlos hacia “la infraestructura y los servicios públicos”, según su asesor Rafael de la Cruz, un economista que fue funcionario gubernamental de los años 90 del programa neoliberal aplicado por la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado del Gobierno de Venezuela (COPRE). Esta inyección masiva de créditos sería mayor a la que ata a la Argentina hoy con los organismos multilaterales cuyo voto mayoritario es de Estados Unidos.

El principal “atractivo” que ofrece Corina Machado es la privatización del petróleo y el gas venezolano a través de una Agencia Estatal. Según Sara Levy, una de las creadoras de su “propuesta”, con la “eliminación de las cuotas estatales en estos dos sectores, el país podría producir tres millones de barriles diarios en diez años y 4,7 millones en quince”. Según ella, “esto sería un mercado de 420 mil millones de dólares con una tasa de crecimiento del 13% en este periodo”. La iniciativa, además, contempla la privatización de la industria petroquímica de Venezuela y los proyectos de gas, liderados por la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). El país cuenta con la octava reserva de gas del mundo.

La hoja de ruta recuerda otras grandes propuestas privatizadoras del pasado, como, por ejemplo, la famosa Apertura Petrolera de los años 90 que llevó al país a aumentar su producción del petróleo para mantener un ciclo de precios bajos del crudo, a tono con el interés de Estados Unidos. Levy, una de las hacedoras de este plan, pertenece al círculo de economistas libertarios financiados por la red de los hermanos Charles y David Koch, industriales estadounidenses que demandaron a Venezuela por la estatización de su empresa venezolana Fertinitro; es, por ejemplo Coordinadora del Observatorio de Gasto Público de CEDICE-Venezuela, financiado en sus inicios por el Center for International Private Enterprise y perteneciente a la red libertaria Atlas, respaldada por los hermanos Kock. Levy, incluso, fue Responsable del Índice de Burocracia en América Latina del Atlas Network.

Cedice-Venezuela es una de las instituciones libertarias que une a Corina Machado con los circuitos más neoliberales del partido republicano.

Además, la propuesta también plantea la privatización de minerales, como el acero y la bauxita, materia prima del aluminio, según Levy. “Estamos hablando de ricos yacimientos de hierro y bauxita, suministro hidroeléctrico, suministro de gas, grandes ríos, todo en la misma región, y un know-how probado en una ubicación estratégica. Esa combinación extraordinaria permite que al acero cueste un 50% menos que en el resto del mundo”. El antichavismo, además, quiere atar la ubicación cercana de Venezuela a Estados Unidos y su energía barata para convertirla en un “hub estratégico” de trasnacionales en sectores como los data centers necesarios para la inteligencia artificial, el turismo, el mercado inmobiliario y la venta de empresas públicas como la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela o la Corporación Eléctrica Nacional. La familia de la líder opositora, los Zuloaga Machado, tienen bastante experiencia en ofertar de este tipo; por mucho tiempo fueron dueños de Electricidad Caracas (Corpoelec), una compañía del sector, hasta que la vendieron a la corporación estadounidense AES (tiempo después, Hugo Chávez la nacionalizó y pasó a pertenecer a Corpoelec).

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Después de la reimposición de sanciones a Venezuela, hablamos con Carlos Mendoza Pottellá, una eminencia del petróleo del venezolano. Quien fue discípulo de Juan Pablo Pérez Alfonso, ministro de Petróleo del país en los años 70 y creador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y asesor del Banco Central de Venezuela. También autor de los libros “Petróleo, excremento del diablo”, “El Nacionalismo petrolero en cuatro décadas” y antiguo profesor de Economía Petrolera en la Universidad Central de Venezuela.

Según Corina Machado, una Venezuela post Maduro sería “pro empresa” donde pase de una “economía controlada por el Estado a una impulsada por el sector privado, con asociaciones público-privadas, privatizaciones y competencia abierta como norma”. La familia de la líder opositora, los Zuloaga Machado, tienen bastante experiencia en ofertar de este tipo; por mucho tiempo fueron dueños de Electricidad Caracas, una compañía del sector, hasta que la vendieron a la corporación estadounidense AES (tiempo después, Hugo Chávez la nacionalizó y pasó a pertenecer a Corpoelec).

Para Schreiner Parker, socio y director de mercados emergentes de Rystad Energy, está más que claro, sin embargo, que todo el interés de Trump, sobre el que trabaja la oposición venezolana, es el petróleo; “si se logra sacar a Maduro del poder y se consigue que las compañías petroleras occidentales regresen a Venezuela, entonces Venezuela podría convertirse en un contrapeso de la oferta petrolera de Arabia Saudita a mediados o finales de la década de 2030”. Por eso, al igual que la oposición, algunos grandes bancos como UBS, uno de los diez más importantes del mundo que gestiona, además, grandes patrimonios, emitió un informe para vender también la Venezuela “post Maduro”.

Según su informe titulado Venezuela: Visualizando el día después de mañana, el país sudamericano posee “las mayores reservas probadas de petróleo crudo” del mundo con “aproximadamente 300.000 millones de barriles, una cifra que supera a la de Arabia Saudita”. Esta certificación, que el expresidente Hugo Chávez convirtió en una prioridad durante la década de 2010, confirma a Venezuela como el depositario del mayor patrimonio petrolero del planeta, de acuerdo al banco. “Venezuela no tiene el petróleo blando, dulce y líquido del Medio Oriente. Se asienta sobre depósitos del tipo pesado y espeso, que solo pueden refinarse en lugares concretos. Esta característica geológica explica por qué, históricamente, “el crudo venezolano solía cotizar con un descuento de entre el 10% y el 15% con respecto al West Texas Intermediate (WTI), el petróleo de referencia estadounidense. En una Venezuela más abierta a los mercados, las empresas mundiales se apresurarían a participar para ayudar a mejorar la producción petrolera”.

Un comentario

  1. G20
    Alineado.

    Argentina abogó por un » orden basado en reglas claras «, en lugar de la Carta de las Naciones Unidas, el Derecho Internacional y el multilateralismo.

    No adhirió a la declaración final.

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