Los años 1955 y 2026 se tocan. Cuando se excluye a un liderazgo nacional estructurante con condena, atentado y falsas consignas mediáticas, el sistema no se estabiliza: se fragmenta. El resultado son gobiernos débiles, dependientes del FMI y una sociedad que paga el ajuste con 46% de informalidad y deuda para comer. En este contexto de fragilidad cualquier cosa puede suceder, menos una: Estabilizar el desastre socioeconómico que, como objetivo central, diseñó paso a paso el gobierno nacional. Horacio Rovelli en la apertura, analiza el rumbo del modelo actual una vez más, pero en su tramo final ya con el tiempo jugando en su contra y el ocaso acelerándose notablemente.
El modelo económico actual combina financiamiento del FMI y del Tesoro de EEUU con salarios estancados, alta informalidad y una crisis de representación política construida a través de judicialización, proscripción metodológica y violencia política.
El modelo económico actual presenta una dependencia cíclica de financiamiento externo. Tras los sucesivos programas con el FMI, en 2026 se sumó asistencia financiera directa del Tesoro de Estados Unidos1.
Este esquema permite estabilizaciones cambiarias de corto plazo, pero no resuelve los desequilibrios de fondo: déficit estructural de dólares, baja inversión productiva, inflación inercial y deterioro del poder adquisitivo. Cada nuevo ingreso de dólares externos posterga la crisis, pero acorta el período de calma hasta el próximo requerimiento de financiamiento.
La brecha entre ingresos y costo de vida es el principal punto de tensión social.
| Concepto | Monto Mensual ARS |
|---|---|
| Salario formal promedio alto2 | $1,800,000 |
| Línea de Pobreza – Familia 43 | $1,580,000 |
| Canasta Básica Total – Familia 44 | $2,050,000 |
Nota: No incluye alquiler. El alquiler promedio en GBA supera los $600.000 según portales inmobiliarios.
| Indicador | Valor |
|---|---|
| Tasa de Informalidad5 | 46% |
| Jubilación Mínima + Bono6 | $380,000 |
| Crecimiento Deuda Tarjetas Interanual7 | +120% |
El dato central: un trabajador registrado en la parte alta de la escala apenas supera la línea de pobreza. Los sectores informales, cuentapropistas y jubilados se encuentran muy por debajo de la CBT.
La tensión entre proyecto de desarrollo con soberanía y ajuste fiscal es común en la región. El contraste con Brasil permite ver dos modelos distintos post-2023.
| Argentina 2023-2026 | Brasil 2023-2026 | |
|---|---|---|
| Proyecto central | Ajuste fiscal + financiamiento externo | Neo-desarrollismo + gasto social |
| Apoyo externo clave | FMI y Tesoro de EEUU | BNDES, BRICS, China |
| Base electoral | Sectores medios golpeados por inflación | Sectores populares y trabajadores formales |
| Política laboral | Salario real a la baja, 46% informalidad | Salario mínimo real +10%, 38% informalidad |
| Judicialización | Causas penales a dirigentes opositores | Lula preso 2018, liberado y reelecto 2022 |
| Resultado material | Salarios apenas sobre línea de pobreza | Caída de pobreza y desempleo a 1 dígito |
En Argentina el eje fue estabilizar con dólares externos. En Brasil el eje fue reactivar consumo interno y obra pública. Ambos enfrentaron Lawfare, pero con resultados institucionales opuestos.
El proceso actual se caracteriza por acumulación de tensiones:
Ajuste fiscal → caída de consumo → Ingreso de dólares externos → estabilización temporal → Deterioro de ingresos → mayor endeudamiento familiar → Nueva necesidad de financiamiento
Cada ciclo logra un período de calma más corto. El endeudamiento con tarjetas creció 120% interanual como mecanismo de sostén del consumo7. El momento de inflexión dependerá de factores no lineales: precio de commodities, acceso al crédito y clima social. Su pronóstico es de alta incertidumbre.
Desde la perspectiva de la teoría de partidos y sistemas políticos, la exclusión de liderazgos con alta capacidad de estructuración electoral genera un proceso de desinstitucionalización y fragmentación. El caso argentino 2023-2026 presenta mecanismos novedosos que se suman al antecedente de proscripción clásica.
Tras el derrocamiento de Juan Perón en 1955, la proscripción del peronismo por 18 años impidió la consolidación de un sistema de partidos competitivo.
| Característica | Dato |
|---|---|
| Años de proscripción | 18 |
| Presidentes en el período | 12: 4 civiles, 8 militares |
| Mandatos civiles completados | 0 de 4 |
| Intentos de «peronismo sin Perón» | UDELPA, 3 Banderas, Neoperonismo provincial |
Fuente: Archivo General de la Nación.
Durante ese período se ensayaron múltiples «sucedáneos»: UDELPA, partidos neoperonistas provinciales, dirigentes que intentaron negociar con la Revolución Libertadora. Todos fracasaron en su intento de capturar el voto peronista y de estabilizar el sistema. La ausencia del liderazgo estructurante no se pudo resolver con sustitutos.
La exclusión del actor mayoritario produjo gobiernos con baja legitimidad de origen, alta dependencia de actores extra-partidarios y ausencia de canales institucionales para procesar el conflicto social. Recién con el regreso de Perón en 1973 el sistema recuperó previsibilidad.
En el ciclo 2022-2026 operaron tres mecanismos concatenados de exclusión sobre la principal figura opositora, Cristina Kirchner:
La combinación de estos tres mecanismos reproduce la lógica de 1955-1973 y produce tres efectos estructurales:
Frente a la proscripción de un liderazgo nacional de la magnitud de Cristina Kirchner, la ciencia política registra dos salidas históricas: la reincorporación del actor excluido, o la profundización del vacío hasta que emerja una nueva fuerza estructurante.
En contextos de alta inestabilidad y debilidad institucional, puede operar la fórmula alquímica «a lo oscuro por lo más oscuro»: la salida a una crisis de representación mediante la irrupción de un actor aún más disruptivo, menos institucional y con menor anclaje en las reglas del juego democrático.
Este escenario no resuelve el vacío, lo agrava. Reemplaza la exclusión de un liderazgo estructurante por la emergencia de outsiders ( hay varios hoy en danza) que canalizan el malestar sin capacidad de gobernabilidad, profundizando la dependencia externa y la volatilidad. Es el riesgo de «curar la enfermedad matando al enfermo»: se elimina un problema de representación generando uno mayor de ingobernabilidad.
La lección histórica es clara: la ausencia de un liderazgo estructurante no se resuelve con sucedáneos. Intentar reemplazarlo genera más fragmentación y gobiernos más débiles. La demanda política no desaparece, se desplaza y se vuelve ingobernable dentro de los canales institucionales y cuando «el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, en ese claroscuro surgen los monstruos» sobre los que advirtiera Gramsci.
El diagnóstico 2026 muestra la convergencia de tres crisis: económica, por dependencia externa y caída de ingresos; social, por precarización e informalidad; y política, por vacío de representación inducido.
El antecedente histórico 1955-1973 y la comparación regional sugieren que mientras no se resuelva la dimensión de la representación política, cualquier estabilización económica será temporal. Un sistema que excluye a sus actores mayoritarios mediante mecanismos jurídicos, simbólicos y de violencia política tiende a reproducir inestabilidad, fragmentación y gobiernos estructuralmente débiles. El escenario de «a lo oscuro por lo más oscuro» es el riesgo latente cuando se clausuran las vías institucionales de representación.