¿El caso Adorni es el peor momento del gobierno de entrega nacional? Los medios, la patria consultora y opinadores diversos insisten en que sí. Acá pensamos que no, y en el video de apertura entre otros temas incómodos, algo se dice al respecto, solo algo, hay más, pero por ahora está bien con esto. Es que por algo somos peronistas, tragar sapos y callar e inventar peores momentos, es parte de nuestro destino manifiesto.
Artemio López
El convicto Toto Caputo agotó el acceso al crédito tras su raid apenas interrumpido entre los años 2016-2025, el gobierno suma ya tres rescates, el último bajo formato neocolonial, cuyos costos exceden lo comunicable, aunque imaginamos el motivo del silencio oficial. No hay palabras para la entrega.
Lo cierto es que Javier Milei está con principio de autopsia y la búsqueda de un relevo “racional” que garantice los intereses del actual bloque en el poder, al tiempo que cumpla la función de driver de la política exterior de la administración Trump en la región (entre otras avalar el genocidio perpetrado en GAZA), está en marcha.
La hipótesis es conocida, la tradicional la 70/30, desarrollada por el ex embajador estadounidense Richard Stanley durante la 19ª edición del Consejo de las Américas en agosto de 2022, por el que generó un gran revuelo en la esfera política argentina cuando tomó como suyas las palabras del ex jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el hoy resucitado señor Larreta, que en ese momento era ya el presidente electo por la Patria Consultora, y le respondió:
“Yo les digo que el momento es hoy, que no esperen a las elecciones de 2023. Sin importar la ideología o posición partidaria, unan sus fuerzas ahora mismo”.
En ese sentido, Stanley afirmó que el deseo de su Estados Unidos es “ayudar al mundo y asociarnos con ustedes”.
La amplitud ideológica y partidaria era una metáfora que Horacio Larreta tradujo más específicamente: Todos adentro menos los kirchneristas.
Esa visión sigue en pie y las condiciones de posibilidad requirieron el apresamiento y proscripción de Cristina Kirchner, el liderazgo indiscutido entre la gente -no tanto entre dirigentes- que encarna ese 30% borgeano de peronismo “incorregible”.
La figura protagónica de esa coalición amplia ma non troppo ya no es Horacio Larreta, por motivos que son de dominio público, y el gran armador, bajo las miradas tutelares de Scotty Bressent y Peter Lamelas, el panorama es más complejo e incluso “la 70/30” hunde su largo brazo en el plexo del peronismo no kirchnerista o anti kirchnerista bajo el argumento trivial de alejarse de Cristina Kirchner por su perfil excesivamente “distribucionista” o porque “mide mal” o porque eligió a Alberto, o cientos de argumentos por el estilo.
Es ciertamente una jugada hasta de puro sentido común, pero como advirtiera el gran Tu Sam, “puede fallar”.
Ya lo veremos, falta llenar al menos hasta hoy el tablero bonaerense para construir esta nueva Unión Democrática.
Pero detengámonos ahora en los incorregibles, los integrantes del 30% fulminados por la estrategia de 70/30 diseñada por “La Embajada”.
Las elecciones bonaerenses de setiembre del año 2025 fueron el peor momento del gobierno nacional, dieron una muestra cierta, basada en el voto popular, del deterioro del oficialismo nacional, un momento mucho más complicado que el que desató “el affaire Adorni”, que hoy engalana al conjunto de medios nacionales sean oficialistas u opositores y a los analistas mainstream de todo el espectro político.
Retomando el tema de las elecciones bonaerenses del año 2025, ciertamente no es normal perder el equivalente a 14 puntos de padrón en solo dos años, porque el peronismo bonaerense solo ganó entonces 250.000 votos entre los años 2021 (la peor elección peronista de medio mandato) y la del año 2025.
Obviamente mucho menos normal fue el desdoblamiento que fungió de balotaje y unificó el voto antiperonista, que precisamente para eso fue impuesto el balotaje por el dictador Lanusse en 1972.
El desdoblamiento de las elecciones bonaerenses fue de hecho un balotaje ad-hoc, complementado a posteriori de la elección de setiembre con el rescate del tesoro norteamericano y la injerencia electoral de Donald Trump.
Insólita intromisión que ya hasta indicó a quién votar, injerencia cuyo peso real hay que medir desapasionadamente, pues lo mismo hizo y con mucha más intensidad en Hungría – con viaje de JD Vance incluido- este pasado domingo y salió muy mal dando cierre a un ciclo de 16 años de Viktor Orbán en el gobierno.
Sin desconocer el peso de la injerencia yanki en octubre, en setiembre de 2025, sí sucedió que la coalición teórica entre LLA y el PRO no se concretó y sobrevino la debacle electoral, unidad antiperonista que sí se consiguió en la segunda ronda de octubre de aquel año, vía el balotaje ad hoc, llamado asépticamente “desdoblamiento”.
Así las cosas, la evidencia muestra que no hay que dar por resuelto el tema de la sucesión del actual gobierno en favor del peronismo.
Se sabe que la formación peronista viene de realizar un último gobierno al menos mediocre, mediocridad que debe señalarse porque la memoria de los analistas es muy frágil (¡si lo sabrás Toto!).
En efecto, el Frente de Todos fue muy defraudatorio para las expectativas ciudadanas que reuniera en el año 2019, por lo que analizar objetivamente las causas de esa defraudación, que además está en la base del surgimiento del Javier Gerardo Milei, es de primer orden. Veamos.
El epicentro electoral de Milei: segmentos medios y medios bajos.
Como se observa en los mapas, en las elecciones del año 2023 Juntos por el Cambio compitió con LLA en los municipios de mayor nivel salarial, mientras perdía mucha presencia en los estratos de menores ingresos, donde tomaba ventaja ostensible UP, ventaja manifiesta tanto sobre LLA como por sobre Juntos por el Cambio.
La gran novedad se registra en los municipios poblados de salarios medios bajos y medios vulnerables, donde el dominio de LLA fue notable, incluso sobre UP.
Se trataba de segmentos medios empobrecidos o vulnerables, cuyos ingresos apenas alcanzan o no logran duplicar el valor de la Línea de Pobreza para un hogar de 4 miembros, que se transformaron en el bastión electoral de la opción libertaria y donde se concentra el mayor nivel de fuga de electores de las dos grandes coaliciones, surgidas tras la crisis del año 2001.
La magnitud de la sangría de votos de las dos coaliciones tradicionales, de la que se apropió LLA provenientes mayoritariamente de segmentos medios bajos y medios vulnerables, se observa con más claridad comparando en números absolutos las dos últimas elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
El Frente de Todos obtuvo el 11 de agosto de 2019 un total de 12 205 938, o el 47,78% de los votos. El domingo 13 de agosto, la ahora Unión por la Patria llegó a los 6.460.689 sufragios, sumados los votos de Sergio Massa y Juan Grabois, apenas poco más de la mitad de lo que consiguió cuatro años atrás, y la pérdida se dio en el mismo lapso en que el padrón electoral crecía de 33.841,837 electores a 35.394.425, esto es 1.552.428 millones de electores.
Los datos de la erosión electoral del FDT y la aparición de LLA son concluyentes, sin embargo, como es esperable, mucho se discutió y aún se discute respecto a las causas de aquella derrota y sus consecuencias.

Por este motivo, estimamos que resulta pertinente el análisis comparado de lo sucedido con el derrotado Partido Demócrata en Estados Unidos, partido originalmente de base popular y trabajadora.
Hoy, con el índice de aprobación de Donald Trump en sus mínimos históricos y la coalición MAGA fracturada de manera probablemente irreversible, las opiniones de los y las estadounidenses sobre su manejo de la economía más de 20 puntos más negativas que el día que asumió, un observador ingenuo de la política estadounidense podría esperar que la fortuna de los demócratas esté aumentando. Pero eso no está sucediendo todavía de manera clara.
La mayoría de los votantes “persuadibles” aún rechazan a los demócratas y no por la batalla cultural: Los rechazan porque no cumplen sus promesas.
Al respecto, tal como informa Jacobin Magazine para Norteamérica (*) el resultado de un gran estudio nacional de CNN y SSRS Poll de marzo de 2025, es que, si bien algunos votantes se sintieron desanimados por lo que consideraban posturas excesivamente progresistas de los demócratas en cuestiones sociales y culturales, estas no eran las preocupaciones predominantes de los votantes del Cinturón Industrial y los estados claves que materializaron la derrota demócrata.
En efecto, este sentimiento público abrumadoramente negativo hacia los demócratas fue confirmado por un nuevo estudio sobre votantes en cuatro estados del Cinturón del Óxido (Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin) realizado por el Centro de Política de la Clase Trabajadora (CWCP), el Instituto Laboral y la Universidad de Rutgers.
Encontró que más del 70 por ciento de los votantes del Rust Belt aún tienen una opinión negativa del partido demócrata.
Pero la encuesta de CWCP/Labor Institute/Rutgers fue más allá de simplemente preguntar a los encuestados cómo se sentían acerca del partido demócrata. Más bien, los investigadores querían saber si había un efecto negativo discernible de postularse como demócrata versus postularse como independiente en los cuatro estados evaluados.
Para responder a esta pregunta, la encuesta evaluó la favorabilidad de los encuestados hacia los candidatos populistas económicos que emplearon un lenguaje idéntico en torno a la codicia corporativa, la reducción de costos y la protección de empleos, excepto que algunos fueron descritos como demócratas y otros como independientes.
El resultado fue contundente: los candidatos descritos como demócratas se desempeñaron entre 10 y 16 puntos peor en Michigan, Wisconsin y Ohio que los independientes idénticos que ofrecieron el mismo discurso.
Pensilvania fue el único caso atípico en el que no apareció esta «penalización demócrata». El lastre fue mayor entre los encuestados de clase trabajadora, latinos y rurales/pueblos pequeños, precisamente los bloques que los demócratas deben ganar para ganar los estados clave de la clase trabajadora.
A continuación, los investigadores del CWCP/Labor Institute/Rutgers querían saber por qué a tanta gente no le gusta el Partido Demócrata, pero queríamos una respuesta que no reflejara simplemente las ideas preconcebidas de los encuestadores o consultores.
Muchas encuestas, incluida la encuesta particularmente condenatoria y citada a menudo realizada por Blueprint en noviembre de 2024, mostraban a los encuestados, preguntas pre escritas, («demasiado centrado en la política de identidad», «demasiado izquierdista», «elitista», etc.) y les piden que estén de acuerdo o en desacuerdo.
Tales instrumentos inducen la respuesta ya que nos dicen si los votantes marcarán una casilla que les hemos dado. Pero no nos dicen lo que dicen los votantes cuando no estamos poniendo palabras en sus bocas.
Entonces, la encuesta de CWCP / Labor Institute / Rutgers hizo algo diferente. Les preguntamos a los votantes del Rust Belt una sola pregunta abierta: «Cuando piensas en el Partido Demócrata, ¿qué te viene a la mente?» Luego usamos el análisis de texto para resumir miles de respuestas espontáneas.
Contrariamente a muchos análisis que han culpado a los demócratas por mantener posiciones extremas sobre temas sociales y culturales que alienaron a los votantes indecisos, el tema dominante que observamos fue la ira de los votantes contra el Partido Demócrata por no cumplir. Entre los encuestados demócratas e independientes, la crítica más común al Partido Demócrata fue su incapacidad percibida para llevar a cabo políticas que ayuden a la gente común.
Este hallazgo contradice las encuestas postelectorales de alto perfil realizadas por grupos como Blueprint, que sugerían que la mayoría de los votantes indecisos de 2024 creen que los demócratas «tienen ideas extremas sobre raza y género» y, en general, están «demasiado centrados en la política identitaria».
Para llegar a los votantes blandos de los estados clave, los demócratas no necesitan imitar a Trump en temas culturales; necesitan demostrar que están alineados con los intereses de la clase trabajadora y el pueblo llano, dispuestos a confrontar intereses poderosos y capaces de lograr resultados concretos.
Nada de esto elimina las vulnerabilidades culturales del partido, especialmente en torno a la percepción de que los demócratas son elitistas y condescendientes, pero la evidencia sugiere que la mayoría de los votantes defraudados que aún tienen una opinión negativa del Partido Demócrata están menos desencantados por la guerra cultural que por la opinión general de que el partido está dominado por las élites y no genera resultados tangibles para la clase trabajadora y los sectores populares.
Resumiendo, tomando como referencia los estudios realizados sobre la derrota de los Demócratas frente a Trump, el problema del FDT, una vez autonomizado de las indicaciones de Cristina Kirchner, es que defraudó a sus votantes y tuvo un comportamiento típicamente socialdemócrata, eludiendo toda confrontación de peso con los intereses de los grupos económicos locales y transnacionales.
De hecho, por citar dos ejemplos notables, la mayoría del FDT concedió no alterar el patrón distributivo consecuencia por carácter transitivo de convalidar parlamentariamente el endeudamiento delictivo heredado del macrismo que entre otros efectos provocó la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados.
La derrota del FDT entonces, no se debe al haberse “pasado 3 pueblos” en su componente progresista, sino en haberse retrasado 5 en su historia peronista-kirchnerista de crecimiento económico con distribución del ingreso, para lo cual era inevitable reestructurar con quita y no simplemente refinanciar la deuda delictiva heredada del macrismo.
Resolver este dilema es básico, para que, volviendo al ejemplo Demócrata y como indica Zohran Mamdani, el joven candidato demócrata musulmán que ganara la alcaldía de Nueva York: “Durante demasiado tiempo, hemos tratado de no perder. Ahora, es hora de que ganemos».
En la misma perspectiva conceptual, y tal como lo advirtiera mucho antes Cristina Kirchner, el peronismo aún debe volver a representar.
Construir esta ausencia de representación nacional actual es la clave por la cual el poder económico, vía su aparato de estado judicial, proscribió y encarceló a Cristina Fernández de Kirchner, dejando al peronismo, como John William Cooke lo definiera ya en la década de los años 60 como un gigante invertebrado, conducido por todos, o sea por nadie.
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Nota
(*) Jacobin Magazine “Por qué los estadounidenses odian al Partido Demócrata”, 5 de octubre de 2025.
Efectivamente el problema siempre fue no cumplir : Guzmán y Vicentín. A partir de ahí el único objetivo socialdemócrata no fue gobernar, simplemente fue durar …