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Como mariposas

El artículo "De trapos, banderas y volantes" del sociólogo e historiador Roberto Baschetti, reflexiona sobre un fenómeno que excede al fútbol: el regreso de la militancia visible en el espacio público a través de símbolos materiales —banderas, trapos, volantes, murales— en un contexto de fuerte ofensiva individualista y digital. A partir de la experiencia de las movilizaciones populares recientes, el autor sostiene que esos elementos vuelven a ocupar un lugar central porque expresan organización, identidad colectiva y pertenencia política.

El mayor mérito del artículo es recordar que la política sigue siendo un fenómeno profundamente colectivo. En tiempos donde pareciera que todo sucede en las pantallas, los trapos, las banderas y los volantes recuperan su carácter original: son instrumentos de organización y de construcción de poder popular. No sustituyen al programa político ni a la organización, pero constituyen una manifestación visible de ambos. En ese sentido, cada bandera levantada representa mucho más que una consigna: expresa la voluntad de transformar el descontento individual en acción colectiva.

La paradoja: ¿Menos autenticidad, mayor masividad?

El Mundial 2026 marcó un antes y un después en Estados Unidos: la final España–Argentina fue vista por 62,8 millones de personas (38,9M en Fox y 23,9M en Telemundo/Peacock), récord histórico para un partido de fútbol en ese país y para una transmisión deportiva en español. El torneo, celebrado en EE. UU., Canadá y México, se benefició del auge del streaming, la buena campaña de la selección anfitriona y la presencia de figuras como Lionel Messi. El resultado fue un fuerte impacto económico: crecimiento de audiencias digitales, millones de nuevos suscriptores en plataformas como Peacock y un posicionamiento renovado de la FIFA para negociar derechos futuros. Más allá de lo deportivo, el evento consolidó al fútbol como un producto central del mercado audiovisual estadounidense, capaz de competir con finales de la NBA o la Serie Mundial. El fenómeno refleja la paradoja contemporánea del deporte: críticas a su mercantilización conviven con un crecimiento sin precedentes en asistencia, consumo y rentabilidad, similar al auge comercial observado en la Fórmula 1.

Una arquitectura algorítmica que premia la polarización

El artículo de Bruno Sgarzini parte de una pregunta que se volvió central durante el Mundial 2026: ¿existió realmente una campaña coordinada contra la Argentina o fue un fenómeno espontáneo amplificado por los algoritmos?

Su respuesta es matizada. No sostiene una teoría conspirativa, pero tampoco acepta que todo haya sido casual.Las redes sociales se inundaron durante el Mundial 2026 de mensajes que acusaban a la Argentina de racismo, supremacismo blanco, corrupción arbitral ("ArgenFIFA") y privilegios deportivos. Para Sgarzini, el fenómeno no puede reducirse a una simple conspiración, pero tampoco explicarse únicamente por el comportamiento espontáneo de millones de usuarios.

El autor sostiene que confluyeron varios factores.

En primer lugar, existieron núcleos organizados de producción de contenido que instalaron determinadas narrativas. Sin embargo, la verdadera potencia no provino de esos grupos sino de los algoritmos de plataformas como X, TikTok e Instagram, que privilegian el contenido emocional, polarizante y conflictivo.

En segundo término, la selección argentina llegaba al Mundial como uno de los equipos más exitosos de la última década. Esa condición de favorito multiplicó el incentivo para generar contenido crítico, ya que "odiar al campeón" genera muchas más interacciones que apoyarlo.

También analiza cómo la discusión sobre la composición étnica de la selección argentina fue utilizada para presentar al país como excepcionalmente racista, ignorando procesos históricos, migratorios y demográficos mucho más complejos. El autor advierte que muchas críticas mezclaron hechos ciertos con generalizaciones falsas, una combinación especialmente eficaz para viralizarse.

Otro aspecto central del análisis es que la economía de la atención recompensa mucho más la indignación que la información. Cada publicación que denunciaba a Argentina encontraba miles de respuestas, réplicas y discusiones, alimentando un círculo de retroalimentación que hacía crecer todavía más el alcance del tema.

El artículo concluye que probablemente no existió un "comando central" dirigiendo una operación mundial, pero sí una convergencia entre actores interesados, comunidades digitales ya predispuestas y algoritmos diseñados para maximizar la confrontación. En ese contexto, una narrativa inicialmente marginal terminó convirtiéndose en una conversación global.

Un debate que sigue abierto

Otros análisis publicados durante julio llegan a conclusiones parcialmente coincidentes. Investigaciones periodísticas y de consultoras digitales registraron millones de menciones negativas sobre Argentina durante el Mundial, aunque aclaran que esos datos no demuestran por sí solos la existencia de una operación centralizada. También destacan el papel decisivo de los algoritmos y de la lógica de las plataformas para convertir algunos temas en fenómenos globales.

En ese sentido, la tesis de Sgarzini puede resumirse así: más que una conspiración perfectamente organizada, existió una convergencia entre campañas parciales, incentivos económicos de las plataformas y una arquitectura algorítmica que premia la polarización, transformando un conjunto de narrativas dispersas en una percepción internacional de gran alcance.

España: Ruptura con continuidad

El modelo español que terminó ganando su segundo Mundial en 16 años. De Toro a Torero con la llegada de Luis Aragonés como DT y los títulos conseguidos. Cuál es el estio de juego. Por qué a España no le pesa jugar en ambientes adversos. El "Guante de Oro" de Unai Simón. Las peleas de Luis Aragonés y el caso Raúl González. Casillas y la envidia a los argentinos que duró poco tiempo. En la apertura Sergio Levinsky para concluir el análisis futbolístico de lo más relevante del Mundial 2026.

Golpe a la nostalgia: Mercantilización masiva, la paradoja del mundo del espectáculo

El Mundial 2026 no solo batió récords deportivos y de asistencia. También confirmó un cambio estructural en el mercado audiovisual estadounidense: el fútbol dejó de ser un producto de nicho y pasó a ocupar un lugar central en la industria del entretenimiento.

Según Axios, la final entre España y Argentina fue vista por 62,8 millones de personas en Estados Unidos, convirtiéndose en el partido de fútbol más visto de la historia del país y en la final de un Mundial con mayor audiencia registrada en territorio estadounidense.

Los datos más relevantes son:

62,8 millones de espectadores entre las transmisiones en inglés (Fox) y español (Telemundo/Peacock).
38,9 millones siguieron el encuentro por Fox.
23,9 millones lo hicieron por Telemundo y Peacock, estableciendo además un récord histórico para una transmisión deportiva en español en Estados Unidos.

El fenómeno responde a varios factores:

La organización del torneo en Estados Unidos, Canadá y México acercó el evento al público norteamericano.
La buena actuación de la selección estadounidense incrementó el interés durante toda la competencia.
La expansión del streaming amplió considerablemente el alcance de las transmisiones.
La presencia de figuras como Lionel Messi, en lo que podría haber sido su último Mundial, aportó un atractivo adicional.

Desde el punto de vista económico, el impacto fue inmediato. Fox registró un fuerte crecimiento de sus plataformas digitales, mientras que Peacock sumó millones de nuevos suscriptores gracias al torneo. El éxito de audiencia fortalece además la posición de la FIFA de cara a la negociación de los derechos televisivos del Mundial 2030, cuyo valor se proyecta significativamente superior al de los ciclos anteriores.

En perspectiva, el Mundial 2026 consolidó el ingreso definitivo del fútbol al mercado deportivo de masas en Estados Unidos. Durante décadas, las ligas profesionales estadounidenses dominaron el consumo televisivo; ahora, la Copa del Mundo demostró que un gran evento futbolístico puede competir e incluso superar, en audiencia, a las finales de la NBA, la Serie Mundial de béisbol y otros espectáculos tradicionales del deporte estadounidense.

La gran paradoja del deporte contemporáneo es que cuanto más se denuncia la mercantilización del espectáculo, más masivo se vuelve ese mismo espectáculo. Nunca hubo tantas críticas al negocio del fútbol —calendarios interminables, clubes-empresa, fondos de inversión, marketing global, precios prohibitivos de las entradas— y, sin embargo, nunca tanta gente lo consumió.

El Mundial 2026 parece confirmar esa contradicción. La final entre España y Argentina reunió casi 63 millones de espectadores solo en Estados Unidos, una cifra impensable apenas una década atrás. El fútbol ya no es únicamente el deporte más popular del planeta: se está convirtiendo también en uno de los principales productos culturales de la economía digital.

Existe una analogía reveladora con la Fórmula 1. Los aficionados de larga data sostienen que la categoría perdió parte de su mística: desaparecieron muchos circuitos históricos, los autos son cada vez más estandarizados, la estrategia informática pesa tanto como el piloto y el negocio domina sobre la épica deportiva. Sin embargo, los datos muestran el fenómeno inverso: la F1 vive el mayor auge comercial de su historia. Los autódromos registran récords de asistencia, las audiencias televisivas y por streaming multiplican las de décadas anteriores y la serie Drive to Survive transformó un deporte tradicionalmente europeo en un fenómeno global, especialmente entre públicos jóvenes y estadounidenses.

La lógica es similar a la del fútbol. Lo que muchos perciben como una pérdida de autenticidad es, al mismo tiempo, el mecanismo que permitió ampliar exponencialmente la escala del espectáculo. La digitalización, las plataformas de streaming, las redes sociales y la internacionalización de los calendarios convirtieron competencias antes esencialmente nacionales o regionales en productos globales consumidos en tiempo real por cientos de millones de personas.

Desde una perspectiva de economía política, no hay contradicción. El capitalismo contemporáneo tiende a industrializar la emoción. El deporte deja de ser solamente una competencia para convertirse en una plataforma de producción de audiencias, datos, publicidad, apuestas, contenidos audiovisuales y consumo asociado. La nostalgia por un deporte "más puro" convive con una demanda que no deja de crecer porque el propio capital ha logrado expandir extraordinariamente el mercado del entretenimiento deportivo.

En ese sentido, el Mundial 2026 y la nueva Fórmula 1 ilustran una misma tendencia histórica: la espectacularización no necesariamente erosiona la masividad; muchas veces la potencia. El espectáculo puede perder parte de su aura romántica para quienes lo conocieron en otras épocas, pero gana una escala inédita como mercancía cultural global. La paradoja es que el deporte parece menos auténtico para muchos de sus seguidores históricos y, al mismo tiempo, nunca fue tan exitoso, rentable y universal.

Mundial: Los símbolos se disputan

El artículo de Emilia Trabucco en Nodal sostiene que el Mundial 2026 fue mucho más que un evento deportivo: expuso tensiones políticas y sociales en Argentina, mostrando una distancia entre el gobierno de Javier Milei y la sociedad que se reconoció en la selección. La autora enfatiza que los gestos de los jugadores y las reacciones populares desbordaron la narrativa oficial, revelando símbolos y memorias que el gobierno no logra apropiarse. El texto plantea que el Mundial 2026 reveló la Argentina que el gobierno no representa: una sociedad que se reconoce en símbolos históricos y gestos de solidaridad, más allá de la narrativa oficial. Para Trabucco, el desafío es no regalar esos símbolos al mileísmo y construir una fuerza nacional y latinoamericana capaz de articular las contradicciones sociales y enfrentar la subordinación imperial. En el cierre "la campaña antiargentina - la que encabezan Milei y Caputo-. Terminemos con el lumpenaje o el lumpenaje termina con nosotros.

Mundial: The final cut

La derrota ante España en la final del Mundial 2026 no eclipsa otra actuación histórica de la selección argentina, pero sí instala un debate ineludible. En su balance del torneo, el periodista Sergio Levinsky sostiene que el ciclo de Lionel Scaloni alcanzó un punto de inflexión: la confianza en los campeones de Qatar demoró la renovación, Messi transita sus últimos capítulos con la camiseta albiceleste y el gran desafío ya no pasa por ganar otro título, sino por construir la selección que deberá aprender a competir sin el mejor futbolista de su historia. Hay que atreverse al corte final.

Últimas imágenes del Mundial: La FIFA y las demás organizaciones viven en un limbo opaco regido por un derecho internacional vagamente definido (¡qué raro!)

Donald Trump y su aliado, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, han tocado fondo con sus payasadas políticas antes y durante el Mundial. Pero, como insiste David Goldblatt, no han podido empañar los momentos de alegría colectiva que nos brinda.

El artículo de Jacobin, "The Americanization of the World Cup Is Here to Stay", de Dave Braneck, sostiene que el Mundial 2026 marcó un punto de inflexión en la transformación del fútbol mundial. La tesis central es que el torneo consolidó una "americanización" del deporte, entendida no sólo como una cuestión geográfica sino como la profundización de un modelo basado en la mercantilización extrema, el espectáculo y la subordinación del juego a intereses políticos y económicos.

El Mundial de 2026 será recordado menos por el nivel futbolístico que por la creciente influencia de la política y los negocios sobre el deporte. Aunque Estados Unidos compartió la organización con México y Canadá, el torneo terminó convertido en un gran escenario para Donald Trump y para el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

El artículo describe una serie de episodios que simbolizaron esa deriva: la estrecha relación entre Trump e Infantino, las controversias por supuestas intervenciones políticas en decisiones deportivas, la utilización del Mundial como plataforma de promoción presidencial y la omnipresencia del mandatario estadounidense durante el torneo, incluida su irrupción en la ceremonia de premiación de la final.
El problema excede la figura de Trump. La FIFA aparece como una organización que profundizó un modelo de negocios donde la rentabilidad prevalece sobre la experiencia deportiva. Entradas con precios récord, zonas VIP cada vez más exclusivas, creciente dependencia de patrocinadores y una atmósfera menos popular son presentados como síntomas de un fútbol cada vez más alejado de sus raíces obreras y comunitarias.

La "americanización" del fútbol, sostiene Jacobin, combina dos procesos: la financiarización del espectáculo y la naturalización de la influencia política sobre la competencia. El resultado sería una pérdida de legitimidad institucional para la FIFA y un deterioro de la integridad deportiva del torneo más importante del planeta.

Paradójicamente, el éxito comercial del Mundial convivió con un creciente cuestionamiento internacional. Mientras las cifras de asistencia e ingresos fueron históricas, aumentaron las críticas por el costo de las entradas, la excesiva comercialización y el protagonismo político de las autoridades organizadoras. Tras la final, incluso Trump e Infantino fueron abucheados por sectores del público cuando ingresaron al campo para la entrega del trofeo a España, una escena que sintetizó el malestar acumulado durante todo el campeonato.

La conclusión del artículo es que el Mundial 2026 dejó una herencia duradera: el fútbol ingresó en una etapa donde las fronteras entre deporte, poder político y grandes negocios aparecen más difusas que nunca. Según Jacobin, el riesgo es que ese modelo sobreviva al propio Trump y termine redefiniendo de manera permanente la gobernanza y la cultura del fútbol internacional. En la apertura La Base, en canal red, advierte lo sucedido durante el desarrollo del Mundial 2026.continuidad del genocidio, cumbre anti izquierdista, recurudecimiento de la guerra contra Irán...

Final: De toro a torero

España volvió a demostrar que una identidad futbolística sostenida en el tiempo puede imponerse en la máxima competencia. La victoria sobre la Argentina no sólo consagró a un campeón justo: reivindicó un modelo de juego iniciado por Luis Aragonés hace más de dos décadas y dejó la imagen conmovedora del posible cierre del ciclo más exitoso de Lionel Scaloni, con las lágrimas de Messi y su entrenador como símbolo del final de una era. El comentario de Sergio Levinsky.

Argentina-España

Las vueltas del fútbol determinaron que la Finalissima que no se jugó en marzo sea ahora la final del Mundial. Por qué España cierra un ciclo pero antes abrió otro en la selección argentina. El único antecedentes mundialista entre ambos. Los amistosos lejanos en el tiempo. Los puntos fuertes y débiles de España. Messi y Lamine Yamal, en suma, la previa en la visión de Sergio Levinsky.

Argentina y un partido eterno

Sergio Levinzky analiza la notable victoria Argentina sobre Inglaterra por la semifinal del Mundial 2026. Por qué este partido quedará como uno de los más grandes de la historia del fútbol argentino. Un triunfo con huevos y con juego. Los aciertos de Scaloni con los cambios. Los errores de Tuchel. Previsión para la final. Los puntajes.

Mundial: «Hay que hacerse un poco -bastante- el pillo*»

El verdadero trasfondo de la feroz pelea entre la FIFA y la UEFA no es deportivo sino una guerra geopolítica total por el control del poder y las multimillonarias ganancias del fútbol mundial. Mientras la FIFA expande sus fronteras aliándose fuertemente con Estados Unidos al punto de violar sus propios reglamentos por presiones directas de Donald Trump para perdonar sanciones a su figura Folarin Balogun, la UEFA y la Unión Europea estallan denunciando que se cruzó una línea roja. En el cierre una pregunta notable ¿Por qué no hay negros en la selección de La Argentina? ...

Argentina e Inglaterra se preparan para su sexto enfrentamiento en la Copa Mundial

Sergio Levinsky cuenta la historia del clásico entre Argentina e Inglaterra desde los primeros enfrentamientos hasta la actualidad. El León de Wembley y el gol de Ernesto Grillo. La primera vez en Rancagua en 1962. La expulsión de Rattín y el contubernio de 1966. Los partidos que no fueron por poco en 1982 y 1990. La gloria de Maradona en el Azteca en 1986. Los penales de Roa y la expulsión de Beckham en 1998. La derrota de Sapporo y la venganza de Beckham en 2002. El partido que Messi pudo haber jugado. En el cierre la historia del partido de México 86 contada por técnico y jugadores.

Argentina, ante el gran desafío 24 años después y en semifinales

Sergio Levinzky analiza al equipo inglés, a propósito del gran partido de semifinales en Atlanta ante Inglaterra. Puntos fuertes y débiles. Jugadores clave. Características de juego. Qué le fue ocurriendo en este Mundial. El conocimiento de varios jugadores argentinos de la Premier League. Cómo debería plantear el partido la selección argentina. Qué jugadores deberían entrar, cuáles deberían salir y qué posiciones en la cancha son las más decisivas.

Mundial: «Hay que quedarse un poco pillos…»*

Fernando Signorini sostiene que el fútbol actual ha sido absorbido por la lógica del mercado y convertido en una industria donde los jugadores son tratados como activos económicos antes que como personas. Explica que decidió no seguir el Mundial 2026 en Estados Unidos por considerar que la FIFA aplica un doble estándar al sancionar a algunos países por razones políticas y no a otros.

Su crítica central apunta a que el sistema necesita futbolistas "egoístas y estúpidos": deportistas concentrados únicamente en el rendimiento y el éxito económico, sin formación crítica ni compromiso social. En contraposición, reivindica la figura de Diego Maradona como un jugador que asumía posiciones políticas y defendía la solidaridad.

Para Signorini, el fútbol refleja un problema más amplio: el avance del individualismo y la mercantilización de la sociedad, donde el negocio desplaza la educación, el pensamiento crítico y los valores colectivos.

Argentina sobrevivió y ahora deberá jugar mucho más para seguir soñando

La sufrida clasificación a semifinales del Mundial 2026 de la selección argentina frente a Suiza. Por qué Argentina bajó todavía más su floja producción de todo el Mundial. Por qué Suiza no supo sacar provecho del empate. Por qué Argentina tardó hasta 5 minutos antes del final del alargue para vencer a Suiza. Qué se puede esperar del choque vs Inglaterra.

Sergio Levinsky analiza con el rigor que es habitual, el desempeño de la selección argentina tras su difícil victoria en la prórroga. El periodista evalúa el rendimiento individual de las figuras del equipo y examina los aspectos tácticos que preocupan de cara al próximo encuentro frente a Inglaterra en la antesala de la gran final.

Quedaron «marcas de renombre», como Francia y Argentina (aplaudan al fútbol que se va)

La comparación entre el fútbol contemporáneo y la Fórmula 1 nos permite observar un fenómeno más profundo que la simple evolución de dos disciplinas deportivas. Ambos casos expresan una transformación estructural del deporte bajo la lógica del capitalismo tardío: el desplazamiento de la competencia deportiva como fin en sí mismo hacia el deporte como plataforma de valorización económica, producción de contenidos y maximización de ingresos. La mística deportiva, entendida como el conjunto de valores asociados al esfuerzo, la incertidumbre, la identidad colectiva y el mérito competitivo, comienza a subordinarse a criterios comerciales, tecnológicos y audiovisuales.

Infantino, el monarca – mitad mono, mitad garca –

El artículo utiliza el caso del jet de Infantino como una metáfora del capitalismo global contemporáneo: el deporte deja de ser un espectáculo aislado para convertirse en un espacio donde se articulan intereses empresariales, diplomáticos y geopolíticos, cuestionando la idea de que el poder reside exclusivamente en los Estados nacionales. Es real.