Del 27 de febrero de 2026 al 30 de marzo, el barril de petróleo Brent pasó de 72,48 dólares a 118,35, un aumento del 63%, la mayor subida mensual en la historia del crudo Brent desde que comenzó a cotizarse en 1988. Mientras que el WTI Texas, referencia estadounidense, subió de 67 a 102, un aumento del 53%, y el ETF, el fondo cotizado del sector energético en los mercados creció un 39,48% convirtiéndose en uno de los pocos que se mantiene en territorio positivo en los mercados bursátiles.
Una estimación de Rystad Energy calcula que, con el petróleo por encima de 100 dólares el barril, los productores estadounidenses de shale podrían obtener 63.000 millones de dólares adicionales en flujo de caja libre, informó CBS News. Así muchos parecen cobrar sus donaciones a Trump, a pesar de que son los propios votantes trumpistas los más afectados por la suba del galón de gasolina, que oscila entre los tres y cuatro dólares en la mayoría de los estados del país. Entre ellos existen, incluso, empresarios que han nombrado cargos claves dentro de su administración, como es el caso, por ejemplo, del secretario de Energía, Chris Wright, un antiguo magnate del fracking cercano a Harold Hamm de Continental Resources.
Una estimación de Rystad Energy calcula que, con el petróleo por encima de 100 dólares el barril, los productores estadounidenses de shale podrían obtener 63.000 millones de dólares adicionales
Toda esta historia comenzó en una sonada reunión de abril de 2024, previo a las presidenciales, cuando, en una cena privada en Mar-a-Lago, Donald Trump pidió a los ejecutivos petroleros presentes que donaran mil millones de dólares a su campaña a cambio de una desregulación, recortes fiscales y permisos acelerados de perforación. Lo calificó como un “trato”. Y muchos de ellos respondieron con creces; según datos de OpenSecrets y Climate Power, el sector fósil invirtió un total de 445 millones de dólares en influir en el resultado de las elecciones de 2024 en publicidades y lobby. Quien organizó aquella reunión fue Harold Hamm, fundador de Continental Resources, una de las mayores productoras de petróleo de Estados Unidos.
Hamm, con un patrimonio estimado en 18.500 millones de dólares, ha donado en la última campaña más de un millón de dólares a los distintos super comités de recaudación de Trump (SuperPac), lo que le permitió influir en el nombramiento en la Administración de figuras como Wright y el secretario del Interior, Douglas Burgum. También ha contribuido a la ampliación de la Casa Blanca y realizado diversas reuniones con funcionarios trumpistas para presionar políticas energéticas.
Otra de las figuras más beneficiadas es la empresaria Kelcy Warren, fundadora de Energy Transfer un imperio de gasoductos valorados en 54 mil millones de dólares. Warren es una de las figuras que más ha aportado al proyecto trumpista con más cinco millones en la campaña presidencial y luego, con 25 millones a Maga Inc, el principal Super Pac que recauda dinero para la Casa Blanca. El retorno fue inmediato: Trump revirtió la pausa de Joe Biden sobre las exportaciones de gas natural licuado y desbloqueó un proyecto estrella de Energy Transfer en Luisiana.Según el Brennan Center for Justice, la fortuna personal de Warren creció aproximadamente un 10% solo con esa aprobación.
Pero esta administración no solo recibe donaciones del sector petrolero, sino que está compuesta por él; 111 “insiders del sector fósil y opositores a la energía renovable» están esparcidos en distintos cargos en nueve agencias federales, 43 de ellos provienen de empresas de carbón petróleo o gas. La mayoría en el Departamento del Interior, dirigido por Burgum, exgobernador de Dakota del Norte, el segundo estado petrolero más importante de Estados Unidos, cuya familia está vinculada al arriendo de tierras a compañías petroleras, entre ellas, a la compañía Continental Resources de Hamm. Entre sus primeras medidas como secretario del Interior; revocó la protección sobre varias plataformas continentales para la producción petrolera y 1,53 millones de acres del Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico. Burgum, además, es el primer titular del interior que preside el Consejo Nacional de Dominancia Energética.
Según datos de OpenSecrets y Climate Power, el sector fósil invirtió un total de 445 millones de dólares en influir en el resultado de las elecciones de 2024
Lo acompañan figuras como el propio Wright, fundador de Liberty Energy, una empresa fractura casi el 20% de los pozos en Estados Unidos. Algunas de sus medidas se han enfocado en eliminar 47 regulaciones, cancelar 13 mil millones en fondos para la promoción de la energía limpia, y emitir licencias para la exportación de GNL para compañías como Commonwealth LNG, Venture Global CP2, Port Arthur LNG Fase II (Sempra Energy), y Golden Pass (de Qatar Energy y ExxonMobil), entre otras. Este sector es uno de los más beneficiados con la destrucción de las instalaciones de GNL por la guerra en Irán. En la Administración también está Lee Zeldin, administrador de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, quien como congresista recibió más de 400 mil dólares por parte del sector de hidrocarburos. Durante su gestión eliminó 31 regulaciones y la base legal que le permitía a la Agencia regular las emisiones de gas de efecto invernadero.
Todo esto se conjugó, además, con incentivos fiscales por 18 mil millones de dólares, y recortes de tasas fiscales, dados por la One Big Beautiful Bill Act, la reforma fiscal promovida por Trump. Por eso, sorprende bastante poco los movimientos bursátiles que se beneficiaron de “información privilegiada” para enriquecerse con declaraciones de Trump o anuncios oficiales de la Casa Blanca.
Uno de ellos fue muy evidente; a las 6,49 de la mañana del 23 de marzo, un operador vendió 6.200 contratos de futuros de petróleo Brent y WTI por un valor de aproximadamente 580 millones de dólares en un solo minuto. Para darse una idea de la magnitud de la venta; el volumen promedio durante las sesiones del mercado anteriores fue de 700 contratos, ese día 6.200, nueves veces media. Quince minutos después, Trump publicó en su red social Truth Social que desistía de su amenaza de bombardear las centrales eléctricas de Irán porque había “conversaciones buenas y productivas con Teherán”, algo que los miembros del gobierno iraní negaron. El petróleo cayó de inmediato un 10% y el Dow Jones subió más de 1.000 puntos.
Para el economista Paul Krugman, la jugada fue bastante clara; “pudieron vender, por ejemplo, un montón de futuros de petróleo a las 6:30 de la mañana y luego recomprarlos a las 7:07, después del anuncio de Trump. Así que sales ganando. Vendiste a un precio alto y los recompraste a un valor más bajo. La cantidad real de dinero que ganas no es el volumen total de la operación, pero es mucho dinero. Básicamente, estás haciendo arbitraje entre el precio justo antes y el precio justo después. No he hecho los cálculos exactos, pero si decimos que hubo una variación de alrededor del 10 por ciento en los precios del petróleo, y que el volumen de transacciones fue de 580 millones de dólares, entonces alguien se llevó el 10 por ciento de esa cantidad. Digamos que fueron 58 millones de dólares”. Para Peter Brandt, veterano operador de materias primas, estas operaciones se ven beneficiados por el hecho de que en Estados Unidos «no existe una ley específica contra este tipo de insider trading» en mercados de futuros, a diferencia de lo que ocurre con acciones.
Estas jugadas se replicaron en otros mercados como el de apuestas. El 27 de febrero, más de 150 cuentas de Polymarkey apostaron por un ataque estadounidense contra Irán al día siguiente. Por supuestos, una de las cuestiones que más benefician la impunidad de estas acciones es el desarme de la Sección de Integridad Pública del Departamento de Justicia, dedicada a investigar estos casos, que ha pasado de 36 abogados a dos en 2025. También las 159 pesquisas federales canceladas, las cuales involucraban en más de 30 casos a empresas que donaron a la investidura o a la Casa Blanca de Trump.
Como en toda la administración, la impunidad se han vuelto la regla de todos estos negocios amparados en el poder presidencial.