El artículo de Bruno Sgarzini parte de una pregunta que se volvió central durante el Mundial 2026: ¿existió realmente una campaña coordinada contra la Argentina o fue un fenómeno espontáneo amplificado por los algoritmos?
Su respuesta es matizada. No sostiene una teoría conspirativa, pero tampoco acepta que todo haya sido casual.Las redes sociales se inundaron durante el Mundial 2026 de mensajes que acusaban a la Argentina de racismo, supremacismo blanco, corrupción arbitral ("ArgenFIFA") y privilegios deportivos. Para Sgarzini, el fenómeno no puede reducirse a una simple conspiración, pero tampoco explicarse únicamente por el comportamiento espontáneo de millones de usuarios.
El autor sostiene que confluyeron varios factores.
En primer lugar, existieron núcleos organizados de producción de contenido que instalaron determinadas narrativas. Sin embargo, la verdadera potencia no provino de esos grupos sino de los algoritmos de plataformas como X, TikTok e Instagram, que privilegian el contenido emocional, polarizante y conflictivo.
En segundo término, la selección argentina llegaba al Mundial como uno de los equipos más exitosos de la última década. Esa condición de favorito multiplicó el incentivo para generar contenido crítico, ya que "odiar al campeón" genera muchas más interacciones que apoyarlo.
También analiza cómo la discusión sobre la composición étnica de la selección argentina fue utilizada para presentar al país como excepcionalmente racista, ignorando procesos históricos, migratorios y demográficos mucho más complejos. El autor advierte que muchas críticas mezclaron hechos ciertos con generalizaciones falsas, una combinación especialmente eficaz para viralizarse.
Otro aspecto central del análisis es que la economía de la atención recompensa mucho más la indignación que la información. Cada publicación que denunciaba a Argentina encontraba miles de respuestas, réplicas y discusiones, alimentando un círculo de retroalimentación que hacía crecer todavía más el alcance del tema.
El artículo concluye que probablemente no existió un "comando central" dirigiendo una operación mundial, pero sí una convergencia entre actores interesados, comunidades digitales ya predispuestas y algoritmos diseñados para maximizar la confrontación. En ese contexto, una narrativa inicialmente marginal terminó convirtiéndose en una conversación global.
Un debate que sigue abierto
Otros análisis publicados durante julio llegan a conclusiones parcialmente coincidentes. Investigaciones periodísticas y de consultoras digitales registraron millones de menciones negativas sobre Argentina durante el Mundial, aunque aclaran que esos datos no demuestran por sí solos la existencia de una operación centralizada. También destacan el papel decisivo de los algoritmos y de la lógica de las plataformas para convertir algunos temas en fenómenos globales.
En ese sentido, la tesis de Sgarzini puede resumirse así: más que una conspiración perfectamente organizada, existió una convergencia entre campañas parciales, incentivos económicos de las plataformas y una arquitectura algorítmica que premia la polarización, transformando un conjunto de narrativas dispersas en una percepción internacional de gran alcance.
La espiral de odio contra los argentinos, similar a la sufrida contra los palestinos y venezolanos, parece tener uno de sus orígenes en cuentas relacionados con casas de apuestas.
Si bien el fenómeno de cancelación de nacionalidades no es nuevo, vale la pena primero repasar en qué contexto se dio esta campaña en contra de los argentinos y su selección de fútbol.
Leamos lo que cuenta Brezhneviano, un usuario argentino en Twitter;
Lo desesperante de esta campaña antiargentina es que llega en nuestro momento de mayor fragilidad como pueblo, como nación y como posibilidad de realización histórica. Con los salarios por el piso, el país literalmente en venta y la sociedad desmovilizada. Pero creo que ya tiene tantas aristas que lo mejor es pensarlo como una chispa que desató un incendio.
Son varias fuerzas en simultáneo que se alimentan entre sí.
– el negocio de las casas de apuestas de motorizar la bronca con Messi y la selección argentina para capitalizar apuestas en contra. Hasta acá estaba limitado al fútbol: recortes para presentar una selección argentina tramposa o beneficiada por los arbitrajes
– aquella foto de Messi con Trump (por cierto: nadie escrachó a Harry Kane o a Cristiano Ronaldo por lo mismo), que le granjeó la antipatía de mucho progresismo internacional normalmente ajeno al fútbol
– el eterno resentimiento con Messi de los madrilistas y fanáticos de Cristiano Ronaldo
– la dinámica propia de los algoritmos de redes, propensa a premiar el baiteo, la indignación y las reacciones por sobre cualquier verdad o reflexión
– la condición de defensor del título de la Argentina en el torneo, frente a otros equipos que por distintas razones y con distintos méritos llegaban como «underdogs», a algunos de los cuales encima nos tocó eliminar (Cabo Verde, Egipto)
– los mitos de Hollywood (la CIA) de la Argentina negrocida y de la Argentina nazi (este es vital: los países que acogieron más nazis en el mundo están convencidos de que vinieron todos acá). El cinismo bienpensante de la cultura woke estadounidense. De acá se sigue el mito de la Argentina como un Mordor racista
– el hecho fortuito de que la composición étnica de la Argentina (peso marginal de la economía esclavista, masiva inmigración europea en 1870-1950, mestizaje generalizado y ausencia de corrientes migratorias africanas contemporáneas significativas) haga que a las sociedades racializadas les «llame la atención» la supuesta ausencia de argentinos negros
– la existencia de insultos racistas largamente aceptados en la cultura futbolera (no sólo de la Argentina, por cierto) y, desde luego, un racismo+clasismo estructural más o menos similar al de otros países de América Latina (aunque yo pienso que matizado por el igualitarismo extremo de la cultura cívica argentina)
– un resentimiento prácticamente unilateral, en principio de origen futbolístico, del público mexicano. De la magnitud de este fenómeno los argentinos nos terminamos de enterar ahora
– un discurso xenófobo contra los argentinos montado sobre una impostura antirracista motorizado sobre todo ¡por la ultraderecha racista! en Brasil, aunque no sólo por ellos
– genuinos episodios de racismo por parte de un número ínfimo de los millones de turistas argentinos que todos los años visitan Brasil, magnificados en el marco de lo anteriora magnificación en redes sociales de los exponentes peor socializados de cada país, de los insultos más hirientes, etc., de modo que, además de los fakes y operaciones, todo el mundo ve a los peores argentinos posibles (como a nosotros nos aparecen los peores mexicanos)
– la bronca tradicional con los chilenos (alimentada de ambos lados, porque tantos argentinos dicen tantas pelotudeces también) y la permanente sorpresa de que los uruguayos no nos quieren. Esto es folclore inofensivo pero sumó voces «del barrio» a todo el quilombo
– la rivalidad histórica con Inglaterra, reactivada por el partido y el episodio de la bandera por Malvinas, que sumó a la bronca antiargentina a otra gente y a otros motivos que hasta el momento estaban al margen
– la forzada rivalidad con España ante el inevitable cruce en la final. A mí me cae mal su aura de agrandados del fútbol pero francamente no tengo nada contra el país, tengo grandes amigos, todo argentino que junta un mango se va a conocer y tenemos una colonia inmensa de compatriotas instalados allí
– el supremacismo cultural y el sermoneo moral europeos llevados al terreno del fútbol ante seleccionados de países subalternos que no aceptan su lugar de inferioridad (la Argentina y el Paraguay)Ahora, muchos de estos son fenómenos inconexos entre sí. Algunas son cosas más bien dormidas, o que estaban en el terreno de las teorías de la conspiración. ¿Cómo pudieron activarse todas juntas, retroalimentarse y volverse verosímiles?
Acá es donde me parece que ningún análisis honesto puede omitir el contexto local:
– un gobierno argentino que ha sobreactuado hasta el paroxismo su alineamiento con Trump y, en especial, su apoyo irrestricto a las acciones del Estado de Israel. Nadie en el mundo, fuera del Estado de Israel, ha reivindicado más la impunidad israelí que Javier Milei
– un clima político en la Argentina que premia, para los seguidores del gobierno, un discurso supremacista, xenófobo y racista, en una genuina competencia por ver quién es más hijo de puta (lo que afuera no aprecian es que todo esto va dirigido ante todo contra los propios argentinos)A esta altura del partido, pienso que reducir el vendaval de mierda que está cayendo sobre los argentinos a la antipatía que genera Milei es, ante todo, minimizar la propia responsabilidad de quienes propagan, consciente o inconscientemente, esos discursos de odio, de mentiras, falsedades y medias verdades, de culpa colectiva y hasta de exterminio.
De todo este análisis lo que más me llamó la atención fue el tema de las casas de apuestas. Por lo que me puse a revisar varias cuentas afiliadas a Rainbet, un oscuro sitio de apuestas con sede en Curazao y Comoras donde se puede apostar si compras créditos, o criptomonedas, en algunos sitios y no se respetan las reglas de “autoexclusión” cuando un adicto pide ser baneado de la plataforma. Rainbet opera con la contratación de influencers para que suban capturas de apuestas exitosas como gancho para atraer nuevos jugadores.
Rainbet, según un reportaje de Atacking Football, no respeta ninguna regulación de la mayoría de los países por estar instalado en Curazao y Comoras, el CEO de la empresa, al parecer, es un nombre ficticio, tiene reglas arbitrarias para quedarse con el dinero de apostadores y una historial de aprovecharse de adictos al juego. Para Paddy Keoghn de Atacking Football; “El twitter futbolístico es una mina de oro para operadores como Rainbet. Está repleto de hombres jóvenes, muchos menores de 25 años, muy aficionados al fútbol y propensos a la impulsividad. Básicamente, a esa edad, la mayoría de los hombres tienen demasiado dinero, asumen demasiados riesgos y, en definitiva, son demasiado impulsivos. Cada boleto falso normaliza las apuestas de alto riesgo . Cada retuit hace que las apuestas temerarias parezcan algo común. Y cada clic dirige a aficionados vulnerables a una casa de apuestas donde las ganancias pueden congelarse y las pérdidas son ilimitadas. Por eso es un fenómeno depredador. No solo explota las lagunas regulatorias, sino que también explota la psicología humana y la confianza de la comunidad”.
Uno de los principios fundamentales para propagar esta publicidad es el famoso “ragebait” o cebo de ira, definido como la universidad de Oxford como; un contenido en línea diseñado deliberadamente para provocar ira o indignación al resultar frustrante, provocador u ofensivo. Esto consiste en utilizar tácticas de manipulación para aumentar el tráfico o la participación en línea a través del enojo de quien recibe este mensaje. Los creadores se benefician cuando su contenido se viraliza al cobrar más dinero de las plataformas por publicidad y recibir más propuestas de sponsoreo por su alcance.
Bueno, la verdad es que si uno repasa algunas cuentas auspiciadas por Rainbet se encuentra con este formato, sobre todo, en algunas de fútbol de habla inglesa y española, en un buen número, favorables al Real Madrid y Cristiano Ronaldo. Veamos, por ejemplo, como la cuenta @AbsoluteBruno promovió la idea de que Argentina fue favorecida en el partido contra Inglaterra por haber metido un gol que comienza con un supuesto offside de Messi;

El posteo tiene 4,7 millones de visualizaciones y se alterna a la publicación de apuestas de esta cuenta en Rainbet. Pero no es la única cuenta que fomentó la idea de que Argentina fue favorecida por las ayudas arbitrales para reforzar el sesgo de las audiencias que pensaban que el equipo de Messi tenía un arreglo con la FIFA para ganar el campeonato. La cuenta @madrid_total2 que tiene 143 mil seguidores, también financiada por Rainbet, compartió dos imágenes donde pone en duda la validez del triunfo de Argentina contra Egipto, uno de los partidos que más controversia generó en El Mundial.

El tuit tiene 179 mil visualizaciones y se inscribe en una larga catarata de tuits donde esa cuenta repite esas mismas matrices de opinión. El ciclo de producción de contenido es básico; usar cualquier fallo arbitral adverso al rival de turno argentino, hacer una captura, o publicar un video, manipulado, y emitir un mensaje de enojo contra la decisión del caso. El tema es cuando ya la cuestión empieza a escalar y pasa a convertirse en un discurso generalista donde se repite el mismo modo para propagar matrices falsas contra los argentinos, como este post de @ErrorArbitralTR, también sponsoreada por Rainbet;

La cuenta @kirawontmiss de habla inglesa, incluso, habló de Argentina como un equipo corrupto, que hace trampa y agresivo. Y se burló de los argentinos por el precio de su moneda y la situación económica del país en un post con 1,2 millones de visualizaciones;

Uno podría quedarse con estas cuentas para decir que hubo una monetización del odio de Rainbet contra Argentina. Pero la dinámica en redes es, a veces, más compleja que eso; por ejemplo, existen otras cuentas, sponsoreadas por RainBet, que son argentinas y pro Messi como la de @soymercano. Incluso hay youtubers de fútbol argentino que promueven esta casa de apuestas;

Más que una campaña coordinada, parece que una parte del discurso contra los argentinos fue motorizada por la mezcla de la monetización del odio y la propaganda de las casas de apuestas. No es un secreto cómo redes sociales, como X, han cambiado sus algoritmos para promover los ragebaits y enganchar a las comunidades a discursos que las hagan enojar. Un ejemplo de ello es el caso de Mia Khalifa, una de las principales impulsoras de una polarización entre España y Argentina por la posición de sus respectivos gobiernos sobre Israel y Palestina.
Khalifa, después del partido, publicó un video en el que saltó de alegría por haber ganado más un millón de dólares después de apostar por el triunfo de España en la casa de apuestas 1WIN, que opera desde Curazao en distintos países con la misma estructura de capas de Rainbet. Sus fundadores son tres ciudadanos de origen ruso condenados en su país por ganar más de 800 millones de dólares en apuestas ilegales. Khalifa, quien monetiza sus redes con un discurso pro Palestina y pro España, es posible que suba videos de ella ganando dinero para promocionar 1WIN, al igual que los influencers de Rainbet.