Hablamos con Masha Gessen, figura de renombre en el ámbito periodístico e intelectual de origen ruso-estadounidense, cuyo último artículo para la revista The New Yorker analiza la políticas de conmemoración del Holocausto en Europa. Este 15 de diciembre Gessen iba a recibir el prestigioso Premio Hannah Arendt en Alemania. Sin embargo, la ceremonia se pospuso ante la decisión de algunos patrocinadores del premio de retirar su apoyo a la premiación, por la comparación realizada por Gessen en su artículo entre la situación de Gaza y lo experimentado en el gueto de Varsovia. La ceremonia de entrega de premios finalmente se reprogramó para el sábado 16 de diciembre y será un evento más pequeño. Gessen sostiene que la cultura alemana de aprender y reparar los pecados del régimen nazi se ha transformado en un apoyo irrestricto al Estado de Israel sean cual sean sus actos, que censura cualquier expresión de solidaridad con Palestina en un esfuerzo viciado por combatir el antisemitismo. La piedra angular de esta forma de “política de la memoria” es que “nada es comparable con el Holocausto”, dice Gessen. “Mi argumento es que para aprender de la historia, es necesario establecer comparaciones”.
En un contexto de alta concentración de la riqueza y de aumento sostenido de las desigualdades, el gobierno de Javier Miliei impulsa un ajuste brutal de la economía y la deslegitimación constante de cualquier forma de organización popular, ya sea de los movimientos sociales, las organizaciones gremiales, hasta las acciones colectivas de los vecinos y vecinas autoconvocadas, con el objetivo de desarticular un entramado social que, por supuesto, no comulga con su proyecto económico, político y social que excluye a las mayorías populares y de clases medias.