Rapidito: ¡Lindo tema y gran letra!

Profundizar la inequidad distributiva récord debe recorrer etapas. Informalizar, bajar salarios, jubilaciones, pensiones y su acción de oro, la reforma laboral que comenzó con el intento de la Ley Mucci en 1983 y ya no se detuvo salvo en la década ganada, por algo será, visiten San José 1111 e imaginen la respuesta. La reforma laboral que el gobierno nefasto que padecemos pretende discutir en febrero de 2026 (que también es previsional por el desfinanciamiento del sistema que propone) y financiera (por el manejo del "mega fondo indemnizatorio" que intenta crear) presenta una paradoja política inquietante.
Recientemente, hace casi una década, durante la gestión de Mauricio Macri, un proyecto con aristas similares (aunque técnicamente menos agresivas) funcionó como un catalizador del descontento social, unificando a una oposición transversal bajo la bandera de la defensa de derechos adquiridos. Sin embargo, el escenario actual es cualitativamente distinto.
Lo que ha cambiado no es la noción de derecho, sino la urgencia de la necesidad.
PD: ¡De yapa y fuera de programa, en el video de apertura metimos un temazo! (nos van a invadir)

La reforma laboral que propone Milei, no es técnica, es distributiva

 

Por Lic. Candelaria Rueda y Hernán P. Herrera
La reforma laboral que el gobierno pretende discutir en febrero de 2026 presenta una paradoja política inquietante. Hace casi una década, durante la gestión de Mauricio Macri, un proyecto con aristas similares (aunque técnicamente menos agresivas) funcionó como un catalizador del descontento social, unificando a una oposición transversal bajo la bandera de la defensa de derechos adquiridos. Sin embargo, el escenario actual es cualitativamente distinto. Lo que ha cambiado no es la noción de derecho, sino la urgencia de la necesidad.
Hoy existe un consenso tácito pero doloroso: el statu quo es insostenible. La destrucción neta de empleo registrado, la caída vertical del salario real y la heterogeneidad estructural del aparato productivo han desplazado el eje de la discusión. Mientras que en 2017 la sociedad debatía normativas, en 2026 la preocupación primaria es el flujo de caja: la restricción presupuestaria de los hogares ha estallado, la plata no alcanza.

La lógica de la reforma: más riesgo para el trabajo

Bajo la premisa de que «el trabajo en blanco ya no alcanza», el gobierno introduce una reforma que, lejos de corregir las distorsiones macroeconómicas que destruyen el salario, transfiere el riesgo del capital al trabajo. A continuación, repasamos algunos puntos críticos:

En primer lugar, según los últimos relevamientos (proyectando datos de tendencias recientes del Instituto Argentina Grande -IAG- con fuentes oficiales), la dinámica del mercado laboral desde fines de 2023 ha sido contractiva en términos netos. La pérdida de más de 177.000 puestos formales en el sector privado, sumada a la licuación de ingresos en el sector público, ha consolidado un fenómeno típico de economías duales: el trabajador en una importante mayoría es pobre.

La discusión se da en un escenario distinto al de 2017, atravesado por la urgencia económica y la pérdida de poder adquisitivo de los hogares.

La discusión se da en un escenario distinto al de 2017, atravesado por la urgencia económica y la pérdida de poder adquisitivo de los hogares.

Con una tasa de informalidad que roza el 43% (INDEC), el empleo registrado ha dejado de funcionar como ancla de estabilidad social. La morosidad en el sistema financiero (en máximos de la década) y la caída en el consumo masivo no responden a una «rigidez» de las leyes laborales, sino a una crisis de demanda efectiva.

La teoría económica liberal sugiere que flexibilizar el mercado laboral baja los costos de contratación y estimula el empleo. Sin embargo, esta premisa asume una economía en equilibrio o en crecimiento. En el contexto argentino actual (recesivo y con alta capacidad industrial ociosa), la demanda de trabajo es inelástica respecto al costo de despido, pero altamente elástica respecto a las ventas esperadas. Bajar costos laborales hoy no genera nuevos puestos porque las empresas no tienen a quién venderle.

En segundo lugar, el banco de horas es una transferencia de ingresos. Este es uno de los puntos más controversiales del actual proyecto oficialista porque implica la eliminación del concepto de horas extras como costo marginal creciente para la empresa.

  • Impacto en el ingreso disponible: Para un segmento significativo de la clase trabajadora industrial y de servicios logísticos, las horas extras representan entre un 15% y un 25% de su ingreso neto. Al «bancarizar» estas horas para compensarlas con francos futuros, se produce una rebaja del salario de bolsillo inmediata.
  • Transferencia de riesgo: El sistema permite a la empresa ajustar la jornada laboral al ciclo de producción sin penalidad. Esto traslada la volatilidad de la demanda (el riesgo empresarial) al flujo de fondos del hogar (el riesgo del trabajador). Si la producción cae, el trabajador se queda en casa «comiéndose» sus horas, sin previsibilidad sobre sus ingresos futuros.
El proyecto oficial propone mecanismos que trasladan el riesgo empresario al ingreso de los trabajadores.

El proyecto oficial propone mecanismos que trasladan el riesgo empresario al ingreso de los trabajadores.

En tercer lugar, debilitar a los sindicatos significa quebrar la presión de la negociación colectiva. La propuesta de priorizar convenios por empresa sobre los convenios sectoriales de actividad ataca el corazón del poder de negociación sindical y profundiza la desigualdad salarial por dispersión.

En una estructura productiva tan heterogénea como la argentina, esto puede implicar una elevada conflictividad en la negociación mes a mes para las PyMEs y sus trabajadores. Las grandes empresas con posiciones dominantes o rentas extraordinarias (minería, energía, banca) podrían negociar salarios más altos o mejores condiciones, mientras que las unidades productivas pequeñas (ahogadas por tarifas y caída de ventas) perforarían los pisos salariales históricos. Esto rompe el principio de «igual remuneración por igual tarea» y condena a los trabajadores de sectores de baja productividad a una subsistencia precaria, anulando el efecto redistributivo de los sindicatos nacionales. Es en este sentido, que la inflación remanente es funcional al modelo, porque ayuda a reprimir los salarios reales.

Cuarto lugar: el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) emerge como procíclico y acelerador de cualquier crisis. El reemplazo de la indemnización por el FAL reduce el costo de despido (costo de salida). Si bien se vende como una herramienta de previsibilidad financiera para las empresas, su efecto macroeconómico en una recesión es devastadoramente pro-cíclico.

En el sistema actual, el alto costo de despido actúa como un «amortiguador» que retrasa la desvinculación de personal durante caídas transitorias de la actividad. Al abaratar la salida, se incentiva a las empresas a ajustar por cantidades (despidos) mucho más rápido ante cualquier señal de enfriamiento de la demanda. Esto acelera el aumento del desempleo, deprime aún más el consumo y retroalimenta la recesión.

 

El reemplazo de la indemnización por el Fondo de Asistencia Laboral abarata el despido y acelera los ajustes en contextos recesivos.

El reemplazo de la indemnización por el Fondo de Asistencia Laboral abarata el despido y acelera los ajustes en contextos recesivos.

Un modelo de enclaves y extractivismo sin derrame

El gobierno propone un modelo de extractivismo sin derrame. Esta reforma no puede leerse de forma aislada. Es la pieza laboral que encaja con el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) y la apertura comercial irrestricta. El modelo resultante es una economía de enclaves.

Los sectores dinámicos impulsados por el gobierno (minería, hidrocarburos, agronegocios) son capital-intensivos: tienen una baja elasticidad empleo-producto. Generan muchas divisas (o no, si pensamos en el art. 198 de la Ley Bases) pero pocos puestos de trabajo directos. Por otro lado, los sectores trabajo-intensivos (industria manufacturera, comercio, construcción) quedan expuestos a la competencia importada y a la depresión del mercado interno, situación que ya es evidente.

La reforma laboral busca, entonces, «adaptar» a esa masa de trabajadores sobrante a una realidad de bajos salarios y alta rotación, funcional a un modelo que no necesita un mercado interno robusto para valorizar el capital de los sectores ganadores.

Una discusión distributiva, no técnica

De este modo, cabe destacar que la discusión de febrero de 2026 no es técnica, es distributiva. En una economía con demanda deprimida, la flexibilización no crea empleo; solo redistribuye la renta a favor del capital y precariza el stock de empleo existente.

Por último, al desfinanciar la seguridad social por la vía de sumas no remunerativas y caída de la masa salarial, se compromete también la sustentabilidad fiscal futura. Estamos ante una reforma que promete competitividad, pero que en la práctica institucionaliza una trampa de ingresos medios-bajos, donde trabajar formalmente deja de ser garantía de ascenso social para convertirse, meramente, en una estrategia de supervivencia inestable.

Investigadores del Instituto Argentina Grande (IAG)

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