No se puede hacer más lento

El texto de Esteban Schmidt es una pieza de opinión de alto voltaje, bien escrita y con una voz propia. Tiene el tono de alguien que conoce el oficio mediático desde adentro y que no se deja seducir por el "storytelling" de resiliencia y meritocracia que Hadad viene construyendo.

La tesis central —que Hadad es un simulador profesional, un jugador galáctico del periodismo como herramienta de poder y no como servicio público, y que ahora prueba el agua presidencial— está clara y se sostiene.

En fin que como señalara el gran Rene Lavand, frente a un público que (¡ay!) jamás descubría sus triquiñelas (?) : "No se puede hacer más lento"

Presidencia Hadad

De Flores y Floresta a dejar digitalmente chiquitos a Clarín y La Nación, el encantador de gringos, Daniel Hadad, amaga con la presidencia. Para mí tiene agua esa pileta. El olvido funciona muy bien.

Compañeros, aún cuando la Argentina ha sido y es rica en liderazgos extraños, disruptivos, electoralmente exitosos, que nos apesadumbran, pero que ya podríamos asumir que son nuestro standard, la coronación de representantes extraídos de un circo ambulante; una presidencia de Daniel Hadad, a la vista un burgués normal, trajeado clásico, con modales de palacio, reconocibles y amables, no deja de tocarnos también el culo a los ciudadanos más esclarecidos que aceptamos a cualquier desvergonzado, en tanto sea nuestro desvergonzado, nacido y criado en nuestras tradiciones políticas y comunes respetos por las luchas que salieron bien y por las que salieron mal y no a un perfecto simulador que se pasó la vida intrigando y que perjudicó con más o menos indolencia al pueblo, incentivando la desconfianza, los instintos más bajos y un nacionalismo de banderitas en el auto que lava las culpas o camufla a quienes aceptan participar de la redada cultural contra nuestros más humildes.

Podemos ser críticos del movimiento estudiantil, de la patria sindical, de los partidos políticos y su decadencia, pero de ninguna manera negadores del trauma de la explotación, la alienación y de la necesidad y obligación de los jóvenes estudiantes de ser la levadura de un país plebeyo y rebelde que se mejora raspando el sistema. Hadad desde sus púlpitos y plataformas jamás dio una lucha sindical por buena, consideró siempre niños confundidos a estudiantes en tomas de universidades o escuelas que se caían, o se cayeron, y promovió todos los ajustes posibles sobre la economía, los cuales, en cada giro de la rosca, mejoraron la suerte de los más pudientes y que se desgracien aún más los de siempre.

Hadad, o Hadad y Longobardi, por usar su viejo apellido de casado, es la personificación de quien no estuvo para nada bueno, ni un minuto. Hay mucha gente así, no es un caso aislado, pero no todos amagan con la presidencia. Su vida es un largo y sacrificado empujón por quedar primero en la fila con la desagradable ambigüedad de subestimar el oficio que usó para hacerse rico. El periodismo como una vulgar pantalla con la que se pueden empujar agendas por plata. De todos quienes lo hacen con este propósito, sin dudas Daniel resultó el jugador galáctico.

Sin la Zona Tenembaum adentro, Hadad no lo intentaría.

La trayectoria del creador de Radio Diez, la más potente, es la constatación, en cada una de las estaciones de su progreso profesional y material, de una derrota sin atenuantes del bien a manos del mal; la facción optimista del consenso democrático muriendo a manos del continuismo oligárquico escondido en plebeyos afortunados que confunden a los espectadores de su notoria vida pública entre su procedencia y sus actos, sus modales y sus motivaciones.

Después de la dictadura militar, recordemos los que aún recuerdan, se trataba de hacer lo que la primavera hace con las flores, pero, en particular, con los medios se buscaba: “hacer como la BBC”, factorías de libertad, invención, expansión de los límites estéticos. No contábamos, por supuesto, con que los cuadro estatales democráticos se iban a lucir como inútiles para resolver la diaria en esas instituciones pero no tan inútiles como para buscar el atajo de gestionar con indecencia para que el quemo de trabajar en el sector público se compensara cambiando el auto, la casa, la novia.

Todo quedó cultural e ideológicamente servido para que en la década de las privatizaciones se licite la onda de Radio Municipal, en el 710 del dial, que era lo vendible, porque el personal era caro y las instalaciones estaban integradas dentro del Centro Cultural San Martín, y que ganó nuestro personaje que venía enormemente apalancado, tratándose en esa época de un periodista ya muy conocido pero no bien reputado como ahora, próximo a la zona gris, conectado con los sótanos de la democracia.

La llamó Radio Diez y le cargó 200 desmesurados kilos de potencia, tanta que ni el túnel de Libertador podía con la señal, que se escuchaba en la Línea E, entre las estaciones de la muerte y la de los fantasmas, y eso estaba por encima de lo permitido, pero Radio Mitre también emitía por encima de lo habilitado, cómo no, y en su momento, a nadie le importó ni lo uno, ni lo que le siguió, y los que permitían o dejaban de permitir eran amigos o tenían miedo, así que aquella violación fue incuestionable y la primera gran explicación del éxito de la emisora. ¿Cuál es la mejor radio?, le preguntaron a Samuel Yankelevich, el Daniel Hadad de hace un siglo: “la que se escucha más lejos”. Junto con el apalancamiento, ese fue su gran diferencial, pensar en grande, ir por todo y algo que a muchos les lleva treinta años de terapia: no ser culposo por ligar tantas manos favorables, enfocarse en la oportunidad, y meterle mucho trabajo. No fue el primer apalancado de la historia pero fue, junto a Galperín, al que le fue mejor, entre nuestros contemporáneos.

Muchos tuvieron su primer millón sin sudar, pero enterraron las monedas o las malgastaron. Basta analizar el caso de Facundo Moyano, cruza de mediático, sindicalista fit, político metrosexual de centro izquierda corriendo a una drogadicta veinte años menor por Belgrano a las 4 am; millones invertidos para volverlo la esperanza blanca de una familia opaca, y mirá lo que quedó, o la del joven Augusto Marini, dueño de Blender, Carajo y del comunicador Rebord, financiado por el cacique misionero Rovira que muere por exhibir la plata que tiene.

Hadad, en cambio, se puso una familia, se ordenó y vio el interés compuesto de cada actividad en la que podía involucrarse, reservando siempre una parte de la rentabilidad para tareas de rehabilitación social y reputación. A la hora de lavarse la cara, Daniel nunca pijoteó; en sus años de pasar por malo, cuando el bigote, se mandó a entrevistar a la Madre Teresa, objetivo incapaz de generar un título periodístico superior al beneficio que proporciona que te vean junto a una santidad.

Como medio privado, Radio Diez, podría haber conectado con lo que se espera de quienes tienen el privilegio y la responsabilidad de conducir medios de comunicación, que al menos aspiren a la objetividad o que no promuevan agendas de odio, pero ahí fue la primera, y la más potente, en promover abiertamente el gatillo fácil, los famosos “uno menos” de Eduardo Feinmann, cuando un delincuente moría en su ley o a manos de la ley, y del ignorante internacional del Negro Oro, la estrella de esa mañana, que ponía contra las cuerdas a los intendentes que no terminaban de coordinar una relación de mutuo entendimiento con la radio, con noticias que se daban cada treinta minutos exactos y puntualidad absoluta, uno de los principios de Hadad que, además, dejó para la historia de la radiofonía la creación de los pases entre programas, ese estuario entre un programa y otro en el que se intercambian lugares comunes. Daniel, con la Diez, importó la revolución de las radios controversiales. Y salió campeón.

Otro proyecto exitoso de Hadad fue la Radio Mega. Allí, la gracia es que el público elegía con encuestas y focus groups las 400 canciones de rock nacional que más le gustaban y se las programó a repetición, una lista de Spotify antes de Spotify, que fue rápidamente primera en audiencia con dos mangos de gasto en operadores y en los sociólogos prekirchneristas que coordinaban las investigaciones.

Pero qué es lo que San Martín y Sarmiento, estrellas del documental que presentó hace unos días, hubieran querido, de haber imaginado la radiofonía: alimentar un mundo de melómanos, de disc jockeys radiales que abrieran caminos, inspirando a oyentes a encontrar la canción perdida y, a músicos, a probar con la melodía imposible y la canción de siete minutos.

La propuesta exitosa de Hadad fue música funcional para jaulas de gallinas ponedoras.

Tout est pardonné.

Compañeros, Milei está siendo un experimento difícil para todos, más que una salida electoral, resultó la entrada a un desafío cognitivo. ¿Esto está pasando? ¿Soy aunque sea parcialmente responsable de que este sujeto sea el arquitecto temporal del país?, son preguntas diarias que nos tocan el hombro, y nos damos vuelta y no vemos a nadie, giramos sobre nuestro eje políticamente insatisfechos, empobrecidos, con gran incertidumbre y crece la expectativa de su reemplazo aún cuando eso no sea el reemplazo del corazón de su programa, la llamada estabilidad macro, que más o menos significa en mi focus no vivir midiendo la distancia de rescate con el banco como si nuestros pobres ahorros fueran un bebé.

La presidencia de Milei se asienta en los libros contables de nuestro imaginario como el justo castigo por los años de estresar el gasto público para satisfacer la voracidad de los representantes, y con él, es como que la naturaleza habló, que la tierra se cansó del fracking presupuestívoro de la coalición del déficit. Pero una vez que este ejercicio de fuerza natural para enderezar a la política asciende, se asienta y, como se ve, fracasa en la micro, en el pan de cada día, compañeros, la salida del ciclo nos encuentra como en la entrada o peor, sin partidos políticos, con una confederación de gobernadores que sólo miran su quinta, arriba de otros cientos de intendentes que miran las suyas.

Cualquiera con plata, hambre de poder y narrativa es candidato potable en este escenario. Solo hay que animarse y saber gastar. La hipotética candidatura de Jorge Brito, el muy poco exitoso presidente de River Plate, arrancó en una editorial de Carlos Pagni en la que el primero de la Lista de Catterberg hizo la gauchada de mencionarlo a ver qué pasaba. Pero si quiere el queso, lo demuestra poco. Como presidente del club, su gestión fue tan deslucida que ni mereció prensa, apenas algunas entrevistas amañadas en ESPN y no mucho más. Su figura no nos dice nada, sólo que es multimillonario, blanco, y que su padre murió supervisando su patrimonio desde un helicóptero, triste pero no tan triste.

Hadad, en cambio, se tomó todo el 2025 para entrevistas amables en espacios que no estaban a la altura de su poder, como haciendo visitas pastorales con jóvenes periodistas, ejercicios de humildad, lavado de jeta y posicionamiento, donde su hipótesis presidencial nunca estuvo en conversación, pero sí sus condiciones de empresario con visión, con ideas sobre el futuro y la inteligencia artificial y un pasado de resiliencia y esfuerzo. Nadie hizo ni una, ni dos, ni tres preguntas incómodas sobre sus ventajas para surgir, durar, extenderse, ni mereció conversación por su estilo periodístico.

Su storytelling de chico criado en la pobreza cuyo padre no podía pagar la leche y que ya después del 20 de cada mes no comía carne es naturalmente fabulera pero sirve para compensar otras historias que por falta de evidencia empírica también pueden circular sobre él, así que en una muy hipotética batalla de narrativas quién va a ganar. El que tiene más plata y reúne más apóstoles. En dos reuniones distintas pero este mismo año, Daniel reunió al circo completo, político, empresarial, famoso de la Argentina. Nuestra farándula es chica y se mueve en racimos a donde calienta el sol. La Universidad de La Matanza le dio el premio Honoris Causa, lo cual sirvió, más que nada, para que diera una muestra de su poder de convocatoria, y hace pocos días en la presentación de su documental IA sobre San Martín y Sarmiento, para redundar y acompañar el rumor de su candidatura, con estos dos cracks de la emancipación y la educación como socios que no ven un mango. Una multitud de vips fueron la prueba de dónde está parado y de su otro gran talento: tener agarrados de los huevos a las personas a las que puede ayudar a hundir o a hacerles un monolito.

Ya término

Daniel ha sido un gran simulador, alguien que se hace el entendido, el conocedor, el que sabe, que se hace el periodista independiente del poder, ecuánime, así que perfectamente se puede hacer el presidente. Puede ser el candidato de los millonarios y de los choferes de Uber que después del 20 no ponen carne en la mesa de sus hijos, de la Argentina realmente existente. Y después de cómo va a dejar la figura presidencial Milei, un día pulcro suyo en Balcarce 50 nos transportará a Suiza. Hadad está para campeonar. Y no puede ser más estresante la presidencia que atender todas las subsedes de Infobae, más su empresa Ticmas, con la que vende plataformas educativas a gobiernos que no pueden decirle que no.

Con Milei se ha probado que el político puede llegar a la cima sin sufrir con demasiados traslados, ni dar mil manos por día, ni hacer caravanas, se puede ser candidato desde el escritorio, desde el escalador, todo en redes sociales, con ciencia aplicada al marketing, gemelos digitales y dinero gastado convenientemente. Así que lo primero es que alguien especule con la posibilidad, paso cumplido, y empiece a ejecutar el presupuesto, ya en marcha, a ver si hay agua.

La mayoría de la lista de Catterberg, si no todos, pueden hablarle a Hadad de tú a tú, decirle Daniel, así que con eso adentro es un montón de ventaja. Brito tiene que empezar de cero lo relacional. La política de cada provincia se va a alinear con quien mejor mide a la hora de tomar decisiones, estos son los meses del posicionamiento, la batalla por la mente del consumidor, que es lo que mira el intermediario. Qué problema puede ser luego para Yacobitti, Pullaro, Cornejo, Torres, acompañar la gesta de Hadad si ésta diera mejor retorno que acompañar la gesta de Kicillof o aun la de Milei si logra de una vez bajar la inflación y alinear sus patitos mínimamente. Aplica para cada candidato, pero Hadad propone un giro evidente al centro, al ecumenismo, a todos contentos, que Kicillof aún no puede ni empezar a enunciar.

Los rivales más duros son, por derecha, Bullrich porque el continuismo de calles despejadas y torniquete fiscal tiene en ella un exponente más reconocido y mejor posicionado. Y, por izquierda (sin reírse) Massa porque junta las cabezas de todos los patrones del país con un pestañeo, la suma a Cristina, al Conicet, aunque tiene más resistencia para el voto popular si requiere de un ballotage.

Con el nivel de penetración de las redes sociales, la Argentina ya puede funcionar miserablemente sin grandes despelotes y Hadad puede hacer con el país lo que hizo con Infobae, que se abran sucursales de Argentina en cada país sudamericano. (Gratis, Daniel).-

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