Brasil como batalla estratégica de América Latina

La entrevista de Alan Coelho y Valter Pomar parte de una constatación que excede largamente la política brasileña: la derecha latinoamericana ha dejado de ser una suma de experiencias nacionales para constituirse en un espacio político regional articulado. Bolsonaro, Milei, Kast y las derechas que avanzan en otros países expresan, con sus particularidades, una misma disputa por redefinir la relación entre Estado, mercado, trabajo y soberanía.

Brasil ocupa en ese tablero una posición decisiva. No sólo por su dimensión económica y demográfica, sino porque el resultado de la elección puede alterar el equilibrio político continental. La eventual victoria de Flávio Bolsonaro significaría mucho más que la continuidad de una familia política: supondría la reconstrucción institucional del bolsonarismo después del fracaso del intento de ruptura del 8 de enero de 2023.

Por eso resulta significativa la decisión de sectores situados a la izquierda del PT de brindar un apoyo crítico a Lula desde la primera vuelta. No se trata necesariamente de una adhesión al programa del gobierno ni de desconocer sus límites. Es una decisión de carácter estratégico: impedir que la derecha radical convierta el desgaste de un gobierno progresista en una restauración política de mayor alcance.

La contradicción es evidente. Lula representa un gobierno con fuertes límites para las expectativas de transformación social de la izquierda brasileña, pero al mismo tiempo constituye una barrera institucional frente a una derecha que pretende avanzar mucho más allá de una alternancia electoral.

Ahí aparece una cuestión particularmente relevante para Argentina. El gobierno de Milei no observa esta elección desde la neutralidad diplomática: su alineamiento ideológico con el espacio bolsonarista convierte al resultado brasileño en un asunto de política regional. La propia campaña argentina ha quedado involucrada en la disputa brasileña mediante el respaldo de Milei a Flávio Bolsonaro.

Desde una perspectiva de clase, entonces, la discusión no debería reducirse a “Lula sí o Lula no”. La pregunta es qué relación de fuerzas sociales permite cada escenario. El problema que enfrentan las izquierdas es cómo sostener una posición independiente del lulismo sin desconocer que una victoria de la ultraderecha puede modificar drásticamente las condiciones de la lucha popular.

Y aquí aparece una enseñanza particularmente importante para el peronismo argentino: la crítica al gobierno progresista no puede confundirse con la indiferencia frente a la posibilidad de una restauración reaccionaria. Una izquierda que sólo mide la política por la distancia entre su programa ideal y el gobierno existente corre el riesgo de no percibir las diferencias cualitativas entre distintos bloques de poder.

La elección brasileña plantea, en definitiva, una disyuntiva latinoamericana: reformismo progresista con límites estructurales o una derecha radical que busca transformar esos límites en una nueva correlación de fuerzas favorable al capital concentrado y subordinada a la nueva estrategia estadounidense para la región.

Y allí Brasil vuelve a ser central. Porque si Lula logra contener al bolsonarismo, la experiencia argentina de Milei quedará políticamente más aislada en Sudamérica. Si triunfa Flávio Bolsonaro, en cambio, podría consolidarse un eje regional de derechas radicalizadas con capacidad para disputar simultáneamente la agenda económica, cultural y geopolítica del continente.

Brasil: Elecciones generales 2026

Entrevista a Alan Coelho y Valter Pomar

 

La polarización extrema que vive el país, con un envalentonamiento de la derecha y ultraderecha brasileña tras la última elección de Lula (que llevó al golpe abortado del 8 de enero de 2023, con la implicación del antiguo presidente, Jair Bolsonaro), así como la ola reaccionaria que conoce la región tras la elección de Milei en Argentina, Kast en Chile o, más recientemente, la elección de Keiko Fujimori en Perú y Espriella en Colombia…, jy la injerencia cada vez mayor y menos disimulada de EE UU en la región, otorgan una importancia singular a estas elecciones en las que (a pesar del balance muy criticable del Gobierno de Lula) la mayoría de las fuerzas a la izquierda del PT han decidido aportar un apoyo crítico a su candidatura desde la primera vuelta para evitar que el candidato de la ultraderecha, Flávio Bolsonaro, obtenga la presidencia del país.

Dada la singularidad de estas elecciones y del posicionamiento de los partidos y organizaciones a la izquierda del PT, hemos acordado publicar una serie de entrevistas a activistas sociales y dirigentes de distintos colectivos para tratar de comprender mejor su posicionamiento. Comenzamos con Alan Coelho y Valter Pomar].

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Alan CoelhoBrasil 2026: La batalla por un continente América Latina está virando hacia la derecha, con siete victorias de la derecha en las recientes elecciones presidenciales. Ahora Brasil, la mayor economía de la
«Participamos con todo nuestro cuerpo en la campaña de reelección del presidente Lula, pero discrepamos radicalmente de la política medioambiental que se está implementando»

Queremos agradecerte enormemente que aceptes esta invitación, por la oportunidad de estar aquí intercambiando ideas y contando contigo en esta iniciativa. Con tu entrevista iniciamos un ciclo de sistematizaciones de los análisis sobre la coyuntura en Brasil en el contexto de la campaña electoral presidencial. No se trata de análisis en abstracto, sino de escuchar voces de los movimientos sociales populares, de los militantes de las buenas causas, quienes reconocen que en este momento (2026), es vital contener e impedir el avance del neofascismo en Brasil. Se trata de desatar un amplio movimiento democrático –con sus límites, críticas que formulamos y equilibrios que deben hacerse– para asegurar que el Partido de los Trabajadores y el propio Lula se constituyan en instrumentos que contribuyan a frenar a la extrema derecha. Contamos de partida con las condiciones para que esto ocurra, fundamentalmente porque tenemos claro que, si finalmente ocurriera un revés electoral, no estaríamos los próximos años en la misma situación para avanzar en los derechos sociales y los logros ciudadanos. Pero como todo en la vida, en la política brasileira las cosas no pueden entenderse con la dicotomía blanco o negro, sino que tienen una complejidad muy particular.

Alan, en este ciclo de diálogos comenzaremos todos los encuentros con una primera invitación a conocer de su propia voz el recorrido militante de nuestros invitados.  Alan, cuéntanos tu trayectoria militante, es decir, tus orígenes en el movimiento social y cómo te convertiste en el luchador social que eres hoy.

Gracias por la invitación. Vengo de las afueras del Gran São Paulo, crecí en la ciudad de Guarulhos, que en los años 90 era bastante desigual. Si hoy hay una enorme desigualdad social, en ese momento era principalmente una ciudad de migrantes y gente muy pobre. En ese momento, en la ciudad de Guarulhos, había un fuerte movimiento organizado de comunidades eclesiásticas de base, y fue en esta corriente donde empecé a militar, a participar como activista social.

A través de este encuentro con la Iglesia Católica, se me presentaron varias posibilidades de militancia. Una de ellas, con el movimiento de las favelas en las afueras de Guarulhos; la otra, el compromiso con el movimiento estudiantil, donde comencé mis actividades militantes, en las uniones estudiantiles, en la escuela primaria, y la tercera fue el compromiso político partidista.

En ese momento, a principios de los años 90, prácticamente todos los militantes de las comunidades eclesiales de base acabaron uniéndose al PT, el Partido de los Trabajadores. Así que mi militancia en el PT comienza a través de la comunidad eclesial de base.

Curiosamente, teníamos un sector del PT en Guarulhos vinculado a los pastorales, pero empecé a luchar con sectores más a la izquierda del partido, considerados comunistas revolucionarios.

Desde entonces, mi activismo giró en torno a los derechos humanos, organizando estas comunidades de base en Guarulhos, hasta que llegué a la Cuarta Internacional. Mi grupo, todo mi colectivo, que debería haber tenido unos 50 o 60 militantes, tomó la decisión, durante el Foro Social Mundial de Porto Alegre, de unirse a la Cuarta Internacional. Desde entonces, hemos mantenido, esta militancia partidista junto con la Cuarta Internacional.

Hoy soy profesor universitario, trabajo en investigación en el área de la Educación y soy militante en un comité local, aquí en São Paulo, por la justicia social y climática. Por lo tanto, asociamos las mismas luchas de antes, con la agenda ecosocialista en este contexto actual.

Alan, nos gustaría que nos proporcionaras más información sobre tu experiencia con el alterglobalismo, y cómo llegaste a ser un militante que combina posiciones en el campo religioso con militancia social radical.

Precisamente a principios de los años noventa, la teología de la liberación, que guía este movimiento cristiano en torno a las comunidades eclesiales en la lucha por la justicia social, atravesó un periodo muy difícil. Esta situación no solo estuvo asociada con la caída del Muro de Berlín y la crisis del mundo socialista, del imaginario socialista en general, sino también con la fuerte oposición institucional de la Iglesia Católica a lo que habíamos estado haciendo. El Papa Juan Pablo II desempeñó un papel muy importante en la persecución, castigo y destitución de decenas de grandes líderes, y esto se asociaba con los conflictos que estábamos viviendo en las luchas locales, en el contexto en el que América Latina resistía ante la ofensiva neoliberal que llegaba con fuerza. Así, los conflictos locales de lucha por la justicia, por la dignidad, por los derechos sociales, ocurrían en un contexto internacional más general de represión del imaginario de la revolución social que fue la inspiración general de la Teología de la Liberación.

Cuando llegué a este camino, ya teníamos cierta dualidad en la participación, política y social, que era, en cierto modo, nuestra forma de entender la construcción de la sociedad civil. Pues, desde nuestro punto de vista, se trataba de construir una sociedad civil que ocupara el espacio de los movimientos sociales, basada en la mentalidad de que, con la redemocratización y el proceso de lucha por la Asamblea Constituyente, estábamos construyendo una sociedad brasileña menos desigual, con mayor justicia social. Y, por otro lado, en nosotros no desapareció de la noche a la mañana la mentalidad de una transformación radical de la sociedad, porque, al fin y al cabo, incluso en los años 90, teníamos a parte de los cristianos de base en América Latina asociados con movimientos de lucha armada, de lucha radical por la transformación. Estas dos mentalidades siguen siendo constituyentes de la misma tradición.

Así, cuando surgió la idea del Foro Social Mundial y la construcción de un bloque radical anticapitalista, esto se mezcló con la idea de que otro mundo posible solo tenía sentido si llegaba a constituirse en un mundo radicalmente anticapitalista. Cuando surge esta perspectiva, parece crearse un espacio desde el cual articular estas dos dimensiones, la de las luchas comunitarias locales por los derechos sociales, con la perspectiva de una revolución que, si ya no era a través de la lucha armada en América Latina, sería fundamentalmente una revolución política, social, plural, desde las bases para la construcción de otro sistema económico. Es en este contexto es donde el Foro Social Mundial se convierte, para este sector del cristianismo, en un espacio con el que tenía perfecto sentido promover la articulación.

Desde un punto de vista internacional, ¿cómo ha ocurrido la articulación con otros movimientos católicos de base en la región? Esto, porque, por ejemplo, en Paraguay las Ligas Campesinas Cristianas fueron muy importantes, un movimiento que ya estaba siendo sistematizado por militantes de las comunidades eclesiales de base como Margarita Durán Estragó. Así como en Colombia este sector estaba vinculado a la movilización social por la educación, en Panamá, una parte importante de los líderes de los gremios de maestros proviene de la corriente de la teología de la liberación. Por ello, nos interesa saber ¿Cómo fue esta articulación continental, con movimientos sociales, sindicales o campesinos que compartían la misma perspectiva de compromiso social con los pobres? ¿Cuál era la relación con Brasil?

Esta articulación se da en dos perspectivas que son básicamente muy autónomas, aunque se reconocen como parte del mismo proceso. En cierto modo, parte de esta articulación la hicieron –y la siguen haciendo– los grandes líderes eclesiásticos, no los militantes de base. Esto es una contradicción, porque aunque existe un movimiento de base, sus relaciones internacionales son asumidas por líderes eclesiásticos. Grandes obispos como Don Tomás Balduíno, Don Pedro Casaldáliga, Don Paulo Evaristo Arns cumplieron la tarea de llevar a cabo esta articulación junto a otros grandes obispos como Don Oscar Romero. Parte de esto también fue cumplido por quienes se constituyeron como líderes locales, los teólogos de la liberación, como Frei Betto, Leonardo Boff y otras figuras, que son –insisto– teólogos institucionales, quienes acabaron desempeñando este papel. Ahora, este es un aspecto importante. Otro proceso que fue ocurriendo al mismo tiempo, no fue construido por cristianos, porque no existe –ni ha existido– exactamente una articulación internacional de cristianos, sino que se constituyó en paralelo, promoviendo el encuentro entre los movimientos sociales a los que los cristianos estaban asociados. Estamos acostumbrados a señalar que, en la construcción del MST, el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra y la propia Vía Campesina, hubo procesos en los que los cristianos estuvieron presentes, no como cristianos, sino como militantes de este movimiento. Y los cristianos que, desde esta perspectiva, participaron, por ejemplo, en la vida sindical, buscaron construir sus relaciones a través de frentes sindicales tradicionales, los cuales ya existían, sin la creación de frentes sindicales cristianos. Esto ocurrió de la misma manera con nuestra presencia en partidos políticos. Así, podemos decir que parte de esta articulación internacional la hizo la Cuarta Internacional, no porque tenga espacio para cristianos, sino porque dentro de ella hay militantes cristianos, que contribuyen a su propia construcción.

Hoy la situación es un poco más cómoda, porque tras la llegada del Papa Francisco, y ahora con el Papa León, algunos espacios institucionales pasaron a estar orientados hacia nuestra perspectiva de la transformación radical de la sociedad. Así, hoy, incluso el CELAM, que es el Consejo Episcopal Latinoamericano, es socio en la construcción de una serie de diálogos que, paradójicamente, se había dedicado previamente a destruir. Porque CELAM cumplió en el pasado la tarea de perseguir y desmovilizar a los cristianos de la Teología de la Liberación, pero hoy ha pasado a ser un espacio para la promoción de esta tradición libertaria.

¿Cómo combinas lo que has dicho con los procesos de construcción del partido, dinámicas en las que participaste? Nos gustaría conocer su valoración, basada en la experiencia de militancia organizativa, inicialmente en el Partido de los Trabajadores. Se sabe que el PT tuvo en sus orígenes, entre sus fuerzas sociales más importantes, a la Iglesia católica, especialmente movida por el cristianismo popular y la teología de la liberación, así como al movimiento sindical y una intelectualidad de izquierdas de inspiración marxista que acabó contribuyendo, con un conjunto de ideas, a la construcción de este importante bloque. ¿Cuál fue su experiencia de compromiso con la construcción del PT y que le llevó a romper con esta organización para comenzar a construir el PSOL? ¿Puede contarnos un poco sobre el camino tomado en este sentido?

Podríamos pensar que la relación entre este sector del cristianismo y las fuerzas de la izquierda se ha desarrollado en Brasil de diferentes maneras. Una de ellas ocurre cuando militantes cristianos participan en los frentes de luchas más radicales, como la lucha armada en la resistencia a la dictadura. O cuando este sector se convierte en un socio fundamental en la defensa de quienes son encarcelados y perseguidos por dictaduras militares en América Latina, especialmente en Brasil. Así que tenemos diferentes modelos de relaciones que no son una única forma de entender lo que se ha hecho.

Si pensamos en el papel de los dominicos, que incluso fueron encarcelados por su asociación con Marighella 2 y la ALN, entonces tenemos una perspectiva. Otra es cuando pensamos en la Comisión de Justicia y Paz, que se creó y que hizo el trabajo de defender a los presos políticos, los procesos de su liberación y las denuncias contra el régimen militar, dinámica expresada en la organización del libro Brasil: Nunca más.

Una tercera perspectiva son estas personas que, organizándose desde sus comunidades, dan sentido y orientación a las luchas por el centro de salud, por la escuela, por el transporte público, por las cuestiones ecológicas –que aún no tenían ese nombre, sino que se definían como la lucha por los problemas medioambientales– en su propio barrio, quienes, de esta manera, ayudan a constituir lo que serían los núcleos base, sobre los que se constituía el Partido de los Trabajadores. Obviamente, este movimiento tenía una perspectiva muy fuerte de justicia por los derechos sociales. Este fue el lema principal que los organizó. Estos cristianos iban desde las corrientes más izquierdistas del PT hasta las más moderadas. Había personas dispersas a lo largo de este espectro.

Pero pensemos que esta relación entre cristianos y política, desde la izquierda, forma parte de lo que llamamos excepciones históricas, porque tradicionalmente los cristianos tienden a bendecir gobiernos de derechas –al menos las estructuras eclesiásticas lo hacen– gobiernos opresivos, gobiernos de dominación. Sin embargo, tenemos un fenómeno histórico que no es nuevo, porque desde la constitución de América Latina, ha habido, con la voz profética de Bartolomé de las Casas y otros, voces que expresa una visión diferente, de resistencia a lo injusto. Esta singularidad tiene cierta permanencia, pero en general, es un sector expresivo, importante, ruidoso, pero pequeño. La excepción que tuvimos en los años 70 y 60 es que este sector se volvió casi hegemónico en América Latina, perdón, hegemónico puede ser una exageración; de hecho, diría que fue expresivo con una participación masiva en la región.

Por tanto, es evidente que todo este proceso se configura alrededor de las campañas electorales del llamado campo popular, como ocurrió con la elección de Lula en Brasil, pero también como ocurrió en varios países, en la mayoría de los países latinoamericanos.

Ahora, evidentemente, durante la constitución del gobierno de Lula, desde el primer Lula, las tensiones comenzaron a surgir rápidamente. Y las tensiones más importantes giraban –como ahora– en torno a la conquista de los derechos sociales. Por lo tanto, todas las políticas consideradas de emergencia, de asistencia, eran bienvenidas, porque encajaban perfectamente en el imaginario cristiano. Pero este sector del cristianismo no solo veía las políticas de bienestar social como emergencias, sino que buscaba una transformación radical de las propias estructuras de la sociedad.

El proceso de decepción, la frustración de un sector del cristianismo, llegó rápidamente. Uno de los ejemplos más importantes, que podemos destacar, es la agenda de la reforma agraria. Porque la reforma agraria se entendía como una prioridad nacional, como si hubiera habido una gran revolución cultural sobre la tenencia de la tierra y la función social de la tierra, basada en la reforma agraria que se suponía debía ser ampliamente promovida en los primeros años del gobierno de Lula, pero esto no ocurrió.

La otra hipótesis que estaba gestando era la de la participación popular en el gobierno estatal. La idea que muchos tenían era la de una reforma del Estado con control social de los municipios, por los ayuntamientos, del presupuesto participativo y otras lógicas que pondrían el modelo del Estado brasileño en conflicto con el modelo tradicional, movilizando a la población para su transformación hacia una perspectiva socialista.

Así que estos dos ejemplos, de eventos que evidentemente no ocurrieron, y que se asociaron, por ejemplo, con un hito importante, que fue la reforma de la Seguridad Social, que redujo los derechos de los trabajadores en lugar de ampliarlos, generaron mucha decepción.

Por supuesto, cuando digo esto, es comprensible que un sector en torno a los cristianos organizados se haya convertido rápidamente en una voz profética. A menudo digo que este sector del cristianismo tiene la idea de denunciar la injusticia y anunciar otra utopía socialista, como estructura de su lógica de pensamiento, parte del imaginario religioso, la llamada profecía.

Así que es muy fácil para un cristiano ponerse del lado de quienes parecen ser víctimas y hacer su denuncia. Cuando digo esto, me refiero a un sector, obviamente, que hasta hoy forma parte del campo mayoritario del PT, que sigue compuesto por cristianos, que están masivamente presentes allí. Pero, en el contexto de la ruptura, personas como Plínio de Arruda Sampaio, junto con otros diputados que eran cristianos o provenían del cristianismo, fueron esenciales.

Si revisamos los nombres, vemos que parte de estos militantes que llegaron a la nueva organización se originaron en este sector del cristianismo liberador. Aquí en São Paulo, permaneció Orlando Fantazzini. Pero Plínio de Arruda Sampaio y Orlando Fantazzini fueron esenciales para organizar todo un proceso de consulta para decidir si debíamos permanecer en el PT, con todas las contradicciones, y seguir insistiendo en la tesis de la disputa desde dentro, o si era hora de constituirnos como una alternativa a la izquierda. Por supuesto, la idea no era luchar contra el gobierno de Lula, sino defender el programa histórico del PT, para el gobierno del PT. La ruptura fue un proceso largo, que duró casi un año de consultas, debates, negociaciones que incluyeron diálogos con líderes sociales, miembros del clero, obispos, etc., hasta llegar a una votación que fue la culminación del proceso en el que se decidió la salida para la constitución del PSOL.

Es importante recordar que, en este proceso de construcción del gobierno de Lula, en los años 2000, el PT en general pasó por un proceso de acercamiento con los sectores evangélicos más tradicionales. En este contexto, no pensábamos que fuera algo malo, al contrario, era lo correcto. Si podemos negociar con parte del pueblo que es conservador, desde un punto de vista cultural y religioso, pero sensible a los derechos sociales y dispuesto a ayudar a construir un gobierno de transformación, desde una perspectiva socialista, nos parece bastante interesante.

Al fin y al cabo, la Asamblea de Dios, la Iglesia Universal y otras cuentan con la presencia de las masas populares, lo cual es importante. Es necesario especificar que esta fue una negociación que incorporó a los gobiernos del PT en general, porque no solo era el gobierno central de Lula, sino también los gobiernos locales de São Paulo, Marta Suplicy, Eloy Pietá, la región ABC, estas administraciones controladas por el PT iniciaron un movimiento de diálogo, que incorporó la participación de autoridades, consejeros, diputados del PT, en los servicios pentecostales, en las reuniones de los obispos. Cabe señalar que la lógica que constituyó la alianza del PT con el sector evangélico no fue –ni es– la misma lógica del cristianismo de liberación, porque en este último caso, las bases ayudaron a construir el partido y se unieron a uno. Para los cristianos de base, influenciados por la Teología de la Liberación, no hay fusión de la Iglesia con el partido, porque la Iglesia no negocia con el partido, son los militantes quienes disputan sus ideas dentro del partido y los movimientos sociales. Con el movimiento evangélico, se celebraban reuniones entre la dirección del partido y la dirección de la Iglesia, y la dirección del partido se presentaba al público eclesiástico en eventos oficiales. Así que había otra lógica de asociación.

Si vamos a usar la tesis 1 de Walter Benjamin, que es la famosa tesis del títere y el enano, donde habla de la importancia de la alianza entre marxismo, materialismo histórico y teología, para que una revolución pueda ser victoriosa, vemos que cuando hablamos de los movimientos sociales del PT, pero no solo en el PT, en los movimientos sociales en general, ya sabes, en el MST, en el movimiento de la lucha por la vivienda, en la lucha por la salud y luego en la participación en otros partidos de izquierdas – porque el PT no fue el único en recibir militantes que surgieron de esta trayectoria, ahí encontramos una materialización de la tesis 1 de Benjamin, donde un espíritu, una concepción teológica se une con un proyecto de sociedad y transformación desde la perspectiva del materialismo histórico.

Normalmente digo que la inversión de la tesis 1 ocurre perfectamente hoy en día, porque hay un sector del fundamentalismo cristiano asociado con el fundamentalismo neoliberal, y con los neofascistas, en el que en ambos casos hay una alianza histórica. Pero en los años 2000, me atrevo a decir que la alianza entre los sectores del movimiento evangélico y los gobiernos progresistas del PT, PSB, etc., no había elemento de alianza histórica, había un compromiso puntual y específico.

Existe una percepción generalizada de que, aunque el movimiento de la Teología de la Liberación sigue muy activo, el sector protestante más conservador vinculado a la derecha ha pasado a la ofensiva, incluso penetrando en gobiernos progresistas. En el caso de Venezuela, por ejemplo, la alianza más fuerte del madurismo fue con el sector más conservador de los evangélicos. ¿Es esta percepción del crecimiento del protestantismo solo en los medios, o es real, implicando un retroceso del sector de la Teología de la Liberación en el mundo?

Sin duda hay un fenómeno de crecimiento en este sector, que ya no es el tradicional evangélico, que es este sector pentecostal. Este crecimiento es evidente y está ocurriendo. Ahora, la gente debe aproximarse al tema con los matices adecuados. América Latina es muy grande, Brasil es muy grande. Y, por supuesto, hay sectores en los que la Teología de la Liberación se ha vaciado, pero también hay sectores de este enorme continente en los que la Teología de la Liberación sigue siendo el modelo pastoral predominante. Cuando miramos los grandes centros urbanos, a menudo se dice: «la Teoría de la Liberación está en crisis», pero inmediatamente la gente de sectores de Piauí, Maranhão, responde: «¿Crisis de qué? ¿De qué crisis hablas? Porque no conocemos esa crisis».

Por ello, existe una variedad de opiniones y perspectivas de análisis sobre el tema. Curiosamente, los colegas estudian la relación que aparece, ya que en los sectores donde hay mayor persecución del movimiento de Teología de la Liberación, son los lugares donde surge más comunidades neopentecostales; así, esta relación sociológica puede evidenciarse, por ejemplo, en una ciudad como Río de Janeiro, donde la Diócesis de Río de Janeiro fue el bastión de la lucha contra la Teoría de la Liberación en toda América Latina.

Ahora, ¿qué resulta más curioso cuando miramos la religión como un hecho social? La verdad es que, así como tenemos sectores del catolicismo que son fascistas, podemos encontrar otros sectores pentecostales que son revolucionarios, socialistas. Tenemos el fenómeno de la aparición de pequeñas comunidades, de líderes pentecostales carismáticos, asociados con el movimiento de transformación radical de la sociedad.

Así que, con esta evidencia, debemos abordar el tema con más cuidado. Y, por supuesto, en la participación en estos gobiernos se construyeron alianzas específicas, basadas en intereses concretos. En el caso de Brasil, casi todos los sectores que apoyan al gobierno de Bolsonaro participaron activamente en los gobiernos del PT.

Cuando miramos atrás y vemos lo que ocurrió, es muy fácil para alguien de la izquierda brasileña recordar las fotos de la presidenta Dilma Rousseff en un camión de sonido con Marcelo Crivella, un candidato que fue obispo de la Iglesia Universal. Los dos protagonistas de esta imagen representan una cierta unión estratégica coyuntural, que no fue una integración de proyectos sociales. Lo que realmente ocurrió fue un acuerdo limitado y muy pragmático.

Una buena parte de los sectores que participaron en el golpe contra Dilma Rousseff, y que apoyaron activamente al gobierno de Bolsonaro, aprendieron a participar en la institución política, a partir del intento de cooptación promovido por el Partido de los Trabajadores en los años noventa.

La izquierda critica mucho a Lula porque hizo un acuerdo de concordato con el Vaticano, creo que en la época de Benedicto XVI, solo que más serio que eso, eran los acuerdos que no se hicieron públicos, por ejemplo, los tratados comerciales firmados con los gobiernos de Mozambique y Angola, en los que se incluía como cláusula, la necesidad de permitir la regularización del acceso de iglesias como la Iglesia Universal en estos países africanos. Así, el gobierno brasileño parecía estar negociando con países que provienen de la llamada tradición de la revolución socialista, pero con una agenda opuesta. Aunque es necesario debatir mejor el carácter de los gobiernos de Mozambique y Angola, también era cierto que tenían legislaciones que creaban muchos obstáculos para la implementación del formato de la Iglesia Universal, y fue el gobierno de Lula quien, además de actuar como embajador de empresas brasileñas, también lo hizo como embajador de estas iglesias. Sabemos que, en Angola, más tarde, parte del patrimonio construido por estas iglesias sería expropiado y su operación prohibida. En Mozambique, la situación es un poco más compleja.

Tengo la impresión de que el acuerdo de este sector del cristianismo que es fundamentalista y fascista, con fascistas como Bolsonaro y otros, es mucho más programático. Tienen esta alianza, como la tesis 1 de Walter Benjamin, pero lo contrario. Pero este proceso solo fue posible después de que fueron ganando espacios y fuerza política en las estructuras de gobiernos progresistas, como el liderado por el PT en Brasil.

Hablaste de cierta expectativa en el campo del cristianismo de liberación con políticas de naturaleza social. De hecho, no hay forma de no recordar, por ejemplo, a Frei Beto, que participó directamente en la construcción de Fome Zero, en el primer gobierno de Lula. Consideramos que un tema interesante que debemos abordar en este momento está asociado a la revelación de las tensiones, contradicciones y disputas que surgen, en el corazón del cristianismo, en torno a la cuestión ecológica. Consideramos que esto adquiere cierto significado, no solo por la encíclica Laud del Papa Francisco, sino también por la construcción de un nuevo paradigma en la esfera institucional de la Iglesia Católica, expresado en iniciativas centradas en la cuestión socioambiental, en el compromiso de los religiosos en la construcción de luchas socioambientales, en la decisión de afrontar cuestiones relacionadas con megaproyectos de naturaleza progresista dentro del ámbito del desarrollismo, como el tratamiento de la minería. Tenemos una serie de experiencias muy interesantes, que implican un cierto reposicionamiento de la Iglesia Católica de naturaleza ecológica, en defensa de nuestro hogar común. Me gustaría conocer un poco más sobre su postura al respecto.

Bueno, este análisis del problema medioambiental que se ha construido como ecológico en los últimos años no es nuevo aquí, de hecho, es un tema que siempre ha estado presente. Y si miramos de cerca, la forma en que se constituye el sector del cristianismo de liberación en América Latina, en general, gira en torno a la lucha por la tierra, y esta lucha por la tierra nunca ha sido por la tierra mercancía, sino por la tierra, como naturaleza, condición, espacio para la vida, para la realización de la vida.

Así, la disputa por la tierra han sido conflictos en sí mismos, desde el principio, conflictos a través de los cuales las comunidades organizadas se han colocado en defensa de la tierra como un regalo de la vida, frente a la tierra como empresa capitalista, esta última típica de la visión de los terratenientes.

Curiosamente, este camino, ya en los años 70 y 80, generó experiencias de crítica a la idolatría que perjudica a la naturaleza. Así, Enrique Dussel, Alberto Moreira, quien es teólogo de Goiânia, y otros autores, como haría Leonardo Boff más tarde, dicen que bajo el capitalismo, la naturaleza se convierte en mercancía y, como cualquier mercancía, solo tiene valor cuando produce beneficio; cuando no produce, se descarta como todas las demás formas de vida, como las y los trabajadores.

Por lo tanto, la cuestión ambiental y ecológica forma parte de la tradición de la teología de la liberación. Siempre está presente. Tenemos una historia de campañas de fraternidad que han tratado cuestiones ecológicas, ya sea sobre la tierra, el agua, los árboles, el cuidado de nuestro hogar común. Obviamente, con el Papa Francisco esto adquiere otra dimensión. Leonardo Boff ha aclarado este tema desde la conferencia de la ONU en Río 92. Y con el Papa Francisco esto gana más fuerza. Con el Papa Francisco tenemos una tríada. Por un lado, la necesidad de cuidar el hogar común, no el hogar común en sí, pero porque garantiza la vida de los pobres, garantiza la vida de todos. Por otro lado, tenemos la crítica a la economía que mata, en Evangelii Gaudium, y la crítica al fascismo y al totalitarismo en Fratelli Tutti. Así que tenemos tres puntos del programa que una buena parte de la izquierda puede compartir, sin demasiada preocupación. Eso no significa que empecemos a compartir el programa del Papa, sigue siendo el Papa, sigue siendo el líder de una institución ambigua, que tradicionalmente y a menudo se ha posicionado del lado de la opresión y en contra de las luchas de los oprimidos. Pero en estos puntos principales, permite un intercambio muy interesante.

¿Qué tenemos? Este reposicionamiento del magisterio de la Iglesia por parte del Papa Francisco fortalece los movimientos sociales. Y aquí, no tengo miedo de parecer arrogante desde un punto de vista cristiano, porque los movimientos cristianos obtienen fuerza de esto. Sabemos que en América Latina hoy, la mayoría de las veces, cuando ocurre una lucha ecológica, encontramos la participación de cristianos juntos.

La lucha contra la minería es una lucha que hoy tiene a un sector específico de la Conferencia Episcopal Latinoamericana responsable de coordinar una estrategia de resistencia. El cardenal Pedro Barreto puede ser criticado por algunas cosas en Perú, pero él, en la lucha contra la minería, es uno de los primeros activistas. Así que este movimiento gana fuerza.

Otros movimientos que no son cristianos, pero que se sienten llamados por la advertencia del Papa Francisco, también están ganando fuerza. Y hemos visto, por ejemplo, en una ciudad como São Paulo, pequeños grupos que no se organizaron por ser cristianos, o porque leyeron Laudato Si, sino porque entienden que hay una llamada urgente de nuestro tiempo y ya tienen sensibilidad y encaja.

Curiosamente, el nuevo clero de América Latina y Brasil es un clero conservador. Es un clero conservador que ha dado poca importancia a lo que dijo el Papa Francisco: cambiar el sistema económico, defender el hogar común es cuidar de las plantas, contra el fascismo han cerrado los ojos. El nuevo clero es conservador, pero también es un clero posmoderno. Un clero que hace estudios de posgrado, una constitución de identidad subjetiva posmoderna, con una referencia conservadora. Sin embargo, tenemos un fenómeno cultural difícil de entender, porque a pesar de todo esto, alrededor del 80 % del nuevo clero en América Latina, que está completamente abierto a cuestiones ecológicas, está a favor de la defensa del medio ambiente y es sensible a estas causas. Pero no hacen nada al respecto, votan por candidatos que están en contra de estas banderas. Distanciandome de estas contradicciones posmodernas, hoy tengo la impresión de que nuestra lucha por la justicia socioambiental es una lucha que puede ser un buen canal de diálogo, incluso con aquellos sectores del cristianismo que, de alguna manera, son propensos al fascismo, que sin ser ellos mismos, apoyan y sostienen la llegada al poder de estos proyectos fascistas. Esta puede ser una de nuestras puertas más importantes para el diálogo, porque es una generación conservadora, que se autodenomina conservadora tradicionalista, pero completamente sensible al problema ecológico.

Una de las áreas del movimiento social en las que la Teoría de la Liberación ha estado más presente es la educación. En Brasil, cuna de todo el movimiento de Paulo Freire, que impactó a América Latina de un lado a otro. Dado que en las últimas décadas ha habido una enorme influencia del PT en el gobierno, ¿cómo evalúa la política educativa del PT a la luz, precisamente, de la Teología de la Liberación, la propuesta de Freire en cuestiones educativas? Y aún más ahora, con la reciente encíclica del Papa sobre inteligencia artificial, Magnifica humanitas, que también implica un llamado a la atención sobre el sistema educativo en general, sobre las posibilidades de la educación basada en el uso de la tecnología. ¿Cómo ve esta relación en términos de políticas públicas, este vínculo en el debate teórico general, asociado con políticas concretas en torno a proyectos para la emancipación de los pobres? Es decir, la educación que reciben, el acceso a la tecnología, qué tecnología aprenden a usar, qué tecnología usan.

La pregunta es buena y amplia. En cuanto a la conexión entre la educación y la perspectiva de Paulo Freire, he estado trabajando con la idea de que solo podemos entender lo que Paulo Freire pensó sobre su propuesta de educación si la situamos dentro de este grupo social que es el cristianismo de la liberación. Así que, metodológicamente, afirmándome en la línea de pensamiento de nuestro camarada Michael Löwy, digo que Paulo Freire es una expresión del cristianismo liberador. Aunque no es teólogo, Freire elabora una teoría que presenta varios elementos de esta cosmovisión.

Desde este punto de vista, Paulo Freire se convierte en la gran figura de contradicción de nuestro tiempo. Genera contradicción, hasta el punto de que la extrema derecha le acusa de dos cosas, primero de algo verdadero y segundo de algo falso. Una cosa es segura: la educación de Paulo Freire conduce a la transformación de la sociedad, desde una perspectiva socialista; esto es cierto, aunque no es bolchevique como dicen, pero sí lo es en un sentido más amplio. Lo absolutamente falso es la afirmación de culparle de que el sistema de Paulo Freire y la pedagogía de Paulo Freire son responsables del fracaso de la educación en Brasil. Esto es extremadamente falso, porque la propuesta de Freire nunca se aplicó como un sistema de educación pública, como una orientación del sistema de educación pública, ni siquiera cuando era Secretario de Educación de la ciudad de São Paulo. Porque uno de los principios de Paulo Freire era que la democracia debía ejercerse en las escuelas y que las escuelas tenían derecho a elegir su perspectiva pedagógica. Esta dualidad lleva a algunas personas en Brasil a creer, de hecho, que la educación pública está funcionando mal debido a la teoría de Paulo Freire. Este es un punto.

Otro punto, que es contradictorio, es que las políticas desarrolladas en Brasil, en todos los gobiernos anteriores, incluidos los del PT y los que no lo eran del PT, avanzaron en una perspectiva bastante diferente a la propuesta por Paulo Freire. A veces, tuvimos algunos proyectos que se acercaban un poco a la propuesta de Freire. Pero en general, la política pública brasileña avanzó dentro de lo que proponían los marcos de la reforma empresarial internacional. En otras palabras, lo que propuso el mercado para la educación se hizo en Brasil con un rostro social, con una pequeña apariencia de ciudadanía inclusiva.

Ahora, este tema de la educación es tan importante en este contexto que ha llevado a rupturas como las de Frei Betto. En cierto momento, tuvimos personas muy cercanas al movimiento que también estaban cercanas al gobierno de Lula, por ejemplo, Gilberto Carvalho y Frei Betto, ambos procedentes de la misma tradición de cristianismo de liberación. Gilberto Carvalho sigue ocupando cargos cercanos al presidente Lula, mientras Frei Betto se aparta. ¿Cuál es la principal razón de la salida de Frei Betto del programa? Porque pensó que las políticas de Hambre Cero, para combatir el hambre, debían asociarse con políticas educativas populares, con la constitución de comités de ciudadanía a través de procesos educativos. Y esto nunca estuvo en la agenda del gobierno. Esto solo aparece durante la campaña electoral, pero en las políticas públicas nunca tuvimos una iniciativa en ese sentido.

Hoy Frei Betto asesora al gobierno cubano sobre la constitución de esto, sobre la organización del movimiento de educación popular, la constitución de los comités, que es básicamente la propuesta hecha para Brasil en ese contexto, pero aquí no había espacio. Así, uno de los puntos de inmovilización, quizás el más importante de la ruptura de Frei Betto con el gobierno de Lula, se basa en la perspectiva de no permitir la implementación de un proceso educativo amplio, desde el punto de vista de Freire, que movilice a la población para construir la sociedad que deseamos.

¿Y qué hay de la encíclica del Papa sobre inteligencia artificial?

Esta encíclica ofrece una vez más una concepción muy interesante de la educación, porque sitúa la educación como discernimiento. Lo que ahora aparece en la encíclica del Papa León ya es perceptible, en cierto modo, en algunos de los discursos pronunciados por el Papa Francisco.

Aunque el Papa Francisco hace poca referencia directa a Paulo Freire, su pensamiento aparece en algunos pasajes. Sabemos que en algún momento de la vida de Bergoglio, antes de convertirse en arzobispo y cardenal, vivió un momento en el que estuvo muy tenso con la Compañía de Jesús, y como resultado fue enviado a un territorio en condiciones de exilio. Es en este contexto, donde las comunidades de base le presentan a Paulo Freire y la Pedagogía de los Oprimidos a Bergoglio.

Más tarde, desarrollaría una forma de pensar, en la que evidencia un diálogo con el pensamiento de Freire. En esta teoría, que el Papa Francisco presenta en sus documentos, el proceso educativo no se ve como la transmisión de ideas, aludiendo al hecho de que no basta con tener una idea correcta si no sabemos qué estamos haciendo con esa idea correcta. No basta con saber que el consumo de tal producto causa una crisis medioambiental, si aún quiero ese producto y si forma parte de mis aspiraciones más profundas.

Así que, ante esto, lo que propone Francisco es el discernimiento, que ahora reaparece como el eje estructurador de la nueva encíclica del Papa León, que, más que nada, la sitúa en oposición a lo que proponen los movimientos conservadores, que proponen poner al ser humano en el centro

La humanidad magnífica es precisamente un contrapunto, no solo al sector fundamentalista cristiano, sino al sector fundamentalista del fascismo, que considera que solo una parte de la humanidad es magnífica, y todo lo demás es escoria. En cierto modo, es muy importante, en mi opinión, porque el fascismo sigue la misma idea que tiene cierta afinidad con la religión, que es la idea de la reforma de los seres humanos, de construir un hombre nuevo.

El fascismo siempre propone construir un hombre nuevo y una nueva mujer. Y todas las corrientes, todas estas corrientes, ahora como esta, podemos mirar a Trump, a Marine Le Pen, a Bolsonaro, tienen la idea de reconstruir al ser humano como ser humano. Y en esta construcción, al final del día, es el proceso educativo lo más fundamental, incluso más allá de los sistemas escolares.

Y lo que propuso el Papa León allí, creo que aún no es suficiente, necesitamos profundizar lo que se está poniendo ahí, que es un contrapunto. Un contrapunto como este: el ser humano necesita ser reformado, pero no es una reforma que transforme a algunos en mejores humanos y otros inferiores, sino que reconoce la magnífica humanidad que toda humanidad posee sin ninguna lógica de meritocracia.

Alan, para concluir, queremos enfatizar que, en este momento, nos enfrentamos a una enorme encrucijada política en Brasil. Aunque reconocemos los límites de lo que vivieron bajo la batuta del Partido de los Trabajadores y los gobiernos social-liberales, los gobiernos de conciliación de clases y la coalición, estamos seguros de que una victoria, por parte de cualquier expresión del neofascismo brasileño, significa, sin duda, la agravación de los males sociales, de las condiciones de vulnerabilidad con las que pasa y siempre ha pasado nuestra clase en nuestro país. La elección de Lula parece urgente y necesaria. En este sentido, nos gustaría escucharle un poco sobre lo que considera agendas programáticas, las cuestiones importantes que deben asumirse y esperar de un gobierno futuro.

Estoy sacando de mi biblioteca, para revisar, un material que escribí hace un tiempo [y muestra un libro]. Hay algunos desafíos que creo que deberían plantearse en el debate público actual, no solo para la campaña electoral, sino que son cuestiones que deberían estar presentes en esta disputa sobre los imaginarios públicos, que nos ponen en abierta oposición al proyecto del fascismo bolsonarista, los Fujimori o Espirella, cualquiera de ellos, que analizamos en América Latina, donde encontramos estos problemas.

Así que una de ellas es la lógica del mérito, que debe combatirse con decisión. Para los cristianos, la inspiración cristiana es la lógica de la gracia. Es la lógica de que las personas tienen su dignidad porque son personas, hagan lo que hagan, nadie merece más ni menos. Esta es una de las enseñanzas teológicas cristianas que se remontan al origen del cristianismo y que ahora están pervertidas, están invertidas en la meritocracia. Por lo tanto, debemos combatir esta lógica desde un punto de vista teológico.

La segunda idea es la rebelión contra los derechos humanos promovida por los neofascistas. Los neofascistas quieren acabar con la igualdad entre las personas. La idea de la igualdad radical entre las personas es también la defensa de la dignidad humana fundamental, y forma parte de cierta tradición teológica. Por lo tanto, necesitamos esta rebelión contra quienes niegan los derechos humanos.

La tercera cosa es que, desde un punto de vista teológico, la idea de esta piedad, esta piedad agresiva que tienen, es contradictoria con el programa del neofascismo. Curiosamente, hablan en nombre de Dios, defienden los valores del cristianismo, la paz y el amor, pero cada vez que hacen esto es agresivamente contra alguien, siempre intentan destruir al otro, siempre intentan eliminar a alguien, ya sea una persona trans, un feminista o un luchador en el movimiento social. Así que necesitamos ser capaces de demostrar que esta agresividad no es, no es una expresión de compasión, es la canalización de la frustración y la agresividad que son resultado del propio sistema capitalista. La única respuesta a esta frustración y agresividad que fortalece el movimiento neofascista es la fuerza de la sensibilidad social, la solidaridad y la compasión.

Ahora, lo último que me resulta más peligroso es la noción neofascista de destrucción redentora, que moviliza la imaginación cristiana, desde una lógica pervertida. ¿Cuál es la idea de destrucción redentora? Que si hay una catástrofe climática, más vale que la haya, porque si no hay destrucción general, no habrá posibilidad de que Dios reconstruya la sociedad. Así que venden la idea, anuncian la destrucción como si fueran buenas noticias para los pobres, para el pueblo. Aquí, la buena noticia es un juego de palabras con el Evangelio. Esto se puede ver en el cine estadounidense, donde imaginan la destrucción del mundo de muchas maneras, llevando a la gente a decir: es más fácil imaginar la destrucción del planeta con meteoritos, con alienígenas, con inundaciones, con tiburones, con delfines asesinos, que con el fin del capitalismo.

Pero ese no es el punto, el punto, en mi opinión, es que movilizan una interpretación distorsionada del lenguaje apocalíptico, para anunciar que el mal es bueno, que la destrucción puede ser construcción. Y lo que debemos decir es que esto es idolatría, es una imagen falsa de Dios. Porque la imagen de Dios, el propio paso de la mentalidad apocalíptica es la mentalidad de que, solo a través de la justicia, la misericordia y la compasión, puede construirse otra sociedad.

Así que esta, esta disputa de lo imaginario, para mí, es una disputa que implica aspectos teológicos y políticos. Ahora, obviamente, en lo que respecta a la política pública, creo que tenemos algunas cuestiones fundamentales que necesitábamos defender. La cuestión de la reforma agraria nunca saldrá de la agenda en América Latina, porque la tierra, una vez más, es un lugar de disputa, como tierra para la producción de alimentos y fuente de vida sin pesticidas.

El tema ecológico sigue siendo nuestro, nuestra gran diferencia, así que obviamente participamos cuerpo y alma en la campaña de reelección del presidente Lula, pero estamos radicalmente en desacuerdo con la política medioambiental que se está implementando. Por lo tanto, la política medioambiental sigue siendo uno de nuestros talones.

Por otro lado, los movimientos sociales de la iglesia proponen como iniciativa importante el debate sobre el papel de la vivienda. Así que hoy, la Campaña de la Fraternidad, que fue Fraternidad y Vivienda, está terminando. Estamos intentando construir movimientos populares para reconstruir los movimientos que luchan por la vivienda en todo Brasil, porque la vivienda nos permite pensar en las condiciones de vida y la dignidad, de cualquier modelo familiar que imaginemos, y nos permite debatir la ocupación de las ciudades frente a la lógica del capital y la especulación financiera. Desgraciadamente, hasta ahora, la vivienda ha sido tratada por el gobierno de Lula según la lógica comercial, ya sea financiándola con préstamos o contratando grandes contratistas.

Así que la lucha por la tierra, la lucha por la vivienda, la lucha por la ecología nos asocia con la discusión sobre la transición de empleos frente a las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. Este no es un programa nuevo, es un programa antiguo que el Papa Francisco tradujo con cuatro T: tejado, trabajo, tierra y tecnología. Cuatro, cuatro ejes principales alrededor del problema ecológico.

Gracias Alan, ánimo en la lucha.

Lula Bolsonaro

Valter Pomar
«Quiero un gobierno de izquierdas, un gobierno dispuesto a afrontar los problemas estructurales del país»

Valter, como todos los entrevistados, cuéntanos tu historia personal, tu vida militante, el camino que te llevó a tu posición política actual.

Me llamo Valter Pomar, nací en 1966 en el estado de São Paulo, en la ciudad de São Paulo. Cuando nací, estaba registrado bajo otro nombre, porque mi padre y mi madre estaban en la clandestinidad. Brasil estaba inmerso en la dictadura militar. Esta situación me llevó a vivir en varios estados del país con mis padres y, durante un tiempo, también con mis hermanos, hasta que todo cambió para mí en 1976.

En diciembre de ese año (1976), la dictadura militar llevó a cabo una operación que atacó militarmente una reunión del Comité Central del Partido Comunista de Brasil (PCdoB). Mi abuelo fue asesinado en este episodio, mi padre fue arrestado y mi madre tuvo que retomar su nombre legal para poder ejercer de abogada y defender a mi padre. Desde ese momento, dejamos la ciudad de Belém do Pará, donde vivíamos, y nos trasladamos a São Paulo.

Y en esta circunstancia, en el 77, adopté mi nombre actual, que es Valter Ventura da Rocha Pomar. Poco después, empecé a estudiar en el Grupo Educativo Equipe y a hacer militancia en el instituto. Al mismo tiempo, me uní a la organización de secundaria vinculada a la izquierda del Partido Comunista de Brasil. En ese momento, el PCdoB vivía una lucha interna entre dos alas, en una de las cuales yo formaba parte. Este sector al que pertenecía, la izquierda del PCdoB, acabó siendo expulsado y seguimos caminos diferentes.

En mi caso, llegué al Partido de los Trabajadores (PT). Desde 1982 soy militante en el PT y desde 1985 estoy afiliado al PT. He sido de todo en el partido, he sido militante de núcleo de base, militante del directorio regional, militante del directorio municipal, fui miembro del directorio estatal aquí en São Paulo, miembro de la junta ejecutiva estatal del PT y, en 1997, me uní al Directorio Nacional del Partido de los Trabajadores (PT), siendo elegido tercer vicepresidente nacional.

Permanecí en este cargo hasta 2005, cuando me presenté a la presidencia nacional del PT. Fue una competición muy reñida, en la que quedé tercero, a 140 votos del segundo puesto – al que apoyé en la segunda vuelta– y que perdí por 5000 votos, de un total de 300 000 votantes. Por lo tanto, fue una elección muy reñida, lo que permitió un liderazgo nacional más equilibrado entre las diferentes corrientes del partido. En esta condición, elegí hacerme cargo de la Secretaría de Relaciones Internacionales del PT, que ocupé de 2005 a 2010; un periodo muy interesante aquí en América Latina.

Cuando asumí como Secretario de Relaciones Internacionales del PT, también me hice cargo de la Secretaría Ejecutiva del Foro de São Paulo, cargo que ocupé de 2005 a 2013; es decir, hubo un periodo en el que acumulé ambas funciones, otro periodo en el que fui solo Secretario Ejecutivo del Foro de São Paulo. Durante todo este periodo, como miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido de los Trabajadores, mantuve un contacto directo e intenso con partidos y otros sectores políticos y sociales vinculados a la izquierda nacional, así como con otros sectores del mundo, especialmente aquí en América Latina.

En 2013, renuncié a la profesionalización, poco después de haberme presentado por tercera vez a la presidencia nacional del PT (la primera en 2005, la segunda en 2007). Tras las elecciones de 2013, dejé la profesionalización y también dejé la Dirección Nacional del PT. Mantuve mi militancia, pero ya no como líder nacional.

Poco después, en 2014, hice un concurso público y lo aprobé, y desde principios de 2015 soy profesor en la Universidad Federal de ABC (UFABC), en São Paulo. Este periodo, de 2015 a 2022, coincide con el golpe de Estado en Brasil, el gobierno de Temer, el gobierno del cavernícola [Jair Bolsonaro] y la reanudación de la Presidencia de la República por Lula, una realidad política que acabó obligándome a retomar una serie de tareas que tenía en el periodo anterior, y de las que pensé que podía distanciarme un poco.

Así que, una vez más, empecé a tener una militancia muy activa con la dirección nacional del PT, me presenté a la presidencia nacional del partido dos veces más (2019 y 2025), y hoy soy director de Cooperación Internacional en la Fundación Perseu Abramo, que es una entidad vinculada al Partido de los Trabajadores.

Valter, Fuiste un actor político de primera línea en un periodo de grandes cambios en América Latina, con la posibilidad de formar parte de la construcción de la política internacional del PT y del propio gobierno brasileño. De 2005 a 2013 fue un periodo de gran turbulencia política, ante el intento de Estados Unidos de imponer el TLC, el ALCA, algo que logró ser derrotado gracias a la dinámica de la integración latinoamericana, pero también fue un periodo de apertura de posibilidades para un proyecto regional alternativo. ¿Cuál es su valoración de las luces y sombras de la política internacional, de la integración o convergencia de la izquierda progresista internacional, en general, y del papel del PT en particular?

Primero, confirmando lo dicho, el periodo en que estuve al frente de la Secretaría Ejecutiva del Foro de São Paulo, de 2005 a 2013, coincide aproximadamente con el inicio y el final de este ciclo de gobiernos progresistas y de izquierdas en América Latina, al menos como bloque. Por supuesto, el comienzo temporal es la elección de Chávez en Venezuela, en 1999. Pero es en el episodio No al ALCA de 2005 cuando se consolida un bloque en Sudamérica, un bloque que en ese momento estaba liderado por Kirchner, Tabaré Vázquez, Lula y Chávez.

Este bloque se expandirá hasta 2010, luego comenzará a sufrir un declive, que se acelerará brutalmente a partir de 2013. Destaco que fui testigo de primera línea, del apogeo en este periodo de gobiernos promoviendo la integración de estrategias regionales, y después presencié el inicio de su declive, a partir de la condición de Secretario de Relaciones Internacionales del PT y Secretario Ejecutivo del Foro de São Paulo.

En mi opinión, el punto fuerte de este periodo fue que todos los gobiernos progresistas y de izquierdas de la región, a pesar de sus diferencias, contribuyeron de alguna manera al proceso de integración. Esto se materializó institucionalmente en el fortalecimiento del Mercosur, en la creación de la UNASUR, en la creación de CELAC, en la constitución del Consejo de Defensa y en una serie de otras instituciones; en general, con la aparición de una cultura política integracionista, que ya existía en otros países, pero que aquí en el caso de Brasil no era el punto fuerte. Así que este fue el punto positivo más llamativo, una apuesta por la integración.

Pero, por otro lado, había diferentes estrategias en estos gobiernos, especialmente en lo que respecta a la concepción del proceso, la definición de su objetivo. Nunca logramos construir una política coherente en todos estos países, así que cuando Estados Unidos decidió darle la vuelta a la situación, a partir de 2008, no pudimos resistirnos unánimemente.

En otras palabras, cuando el viento estaba a nuestro favor, todos remábamos en la misma dirección, pero cuando el viento se volvía en nuestra contra, no manteníamos el ritmo. La vida nos mostró que aún no habíamos alcanzado una estrategia común para afrontar esta ofensiva estadounidense, y fuimos derribados uno a uno.

En mi opinión, la mayor parte de la responsabilidad recae en Brasil, porque éramos el país más fuerte, con las mejores condiciones materiales para ayudar a otros –partidos, gobiernos, otros países– pero prevaleció una postura ingenua, especialmente en el caso de mi partido (el PT) y los sectores progresistas del gobierno, que apoyaban la tesis de un liderazgo regional compartido. Esto, en la práctica, nos hizo renunciar a desempeñar el papel que podríamos haber tenido. En otras palabras, bajo el pretexto de mantener un liderazgo compartido, nos omitimos a nosotros mismos, no tuvimos el peso que podríamos haber tenido, o al menos no intentamos influir como podíamos.

En este periodo (2005-2013) al que te refieres, Chávez convocó un nuevo agrupamiento mundial, la Quinta Internacional; ¿formaba parte de esa ingenuidad a la que se refiere no asumir esto como una tarea compartida, o consideras que fue un desafío imposible de afrontar colectivamente desde un punto de vista político?

No, cuando hablo de ingenuidad, me refería al caso brasileño. En mi caso, seguí este episodio de la Quinta Internacional con especial atención. El comandante Hugo Chávez, o presidente Chávez, como prefieran llamarlo, tuvo una relación muy conflictiva con el Foro de São Paulo. Su primera participación en el Foro de São Paulo fue en una reunión celebrada en El Salvador, mucho antes de ser presidente de Venezuela, y participó en la reunión del Foro por invitación de Schafik Handal. Y hubo resistencia a que hablara en esa reunión del Foro, porque acababa de salir de prisión y era una época en la que la mayoría de los presentes no le conocían, y había mucha cautela respecto a que los oficiales militares asumieran papeles de liderazgo en procesos políticos. Al final no habló en ningún espacio central de esa reunión del Foro, sino solo en una comisión. Mirando atrás, obviamente había un sectarismo excesivo por parte de quienes se oponían, pero esto creó un prejuicio por parte de Chávez contra el Foro de São Paulo, un prejuicio que hizo que la participación venezolana en el Foro de São Paulo nunca tuviera el potencial que podría haber tenido.

Por otro lado, Chávez invirtió gran parte de su energía política en crear movimientos en cierta medida paralelos al Foro, operando con la idea de superar el Foro de São Paulo. Algunas de las críticas que hizo al Foro eran ciertas, otras se basaban en una premisa errónea, una premisa sobre cómo puede funcionar una organización internacional. En otras palabras, una internacional de partidos, en las condiciones de América Latina –condiciones políticas, sociales, culturales e históricas muy diferentes– no puede condicionar a sus miembros a un grado de centralismo que solo sería posible en una organización ideológicamente homogénea, o que también actúe en un contexto homogéneo. Así que su insistencia en algo muy homogéneo fue completamente equivocada, poco realista. Pero insistió mucho en esto y criticó el Foro de São Paulo en el sentido de no tener planes, no tener una estrategia clara, no tener un plan de trabajo definido, basado en la suposición de que una organización centralizada podría tener todo esto. Pero una organización centralizada tendría todo esto sin la influencia que tenía el Foro, porque la mayoría de las organizaciones, las de influencia masiva, no aceptarían el centralismo internacional.

El PT, el Frente Amplio, la izquierda del kirchnerismo, el MAS de Bolivia, las organizaciones que tienen una amplia base de masas, responden a sus particularidades nacionales y, por tanto, no aceptarían ser sometidas a un centralismo internacional de nadie, ya sea del PT, Chávez, el Frente Amplio, sin importar quién.

Así que repito, Chávez hizo críticas correctas al Foro, tenía razones para hacer esas críticas, incluidas personales, pero la visión que tenía sobre cómo debería funcionar una Internacional era errónea. Y este error alcanzó su punto álgido, precisamente, en este episodio en que, al final de una actividad del Foro de São Paulo, convocó a todos los que estábamos allí a una reunión donde iba a presentar la propuesta de una Quinta Internacional. Cuando me enteré de esto, me negué a ir a la reunión, por una razón obvia: si iba, tendría que enfrentarme a él en público y eso generaría una escisión. Y la alternativa, que era ir y guardar silencio, era inaceptable.

Entonces preferí irme, ya sabiendo lo que iba a pasar, y tan pronto como salió la noticia, me posicioné como secretario ejecutivo del Foro, explicando las razones por las que consideraba que esa intención sería solo eso, una intención. Y eso es lo que la vida ha demostrado, porque una Quinta Internacional solo tendría una presencia efectiva si partidos del tamaño del Partido Comunista de Cuba, el Partido Comunista de China –por poner dos ejemplos– decidían participar, así como otros partidos de izquierdas y de masas en todo el mundo. Y estos partidos, por razones obvias, no aceptaron participar en este proyecto. Así que este proyecto nació muerto. Por tanto, no podía funcionar. Chávez acabó dándose cuenta de esto, en una reunión que tuvimos en el Foro de São Paulo, en Venezuela –fue la última reunión en la que participé como secretario ejecutivo, si no me equivoco fue en 2012– participó en el acto de clausura, pronunciando un discurso muy divertido, en el que repitió parte de las críticas que había hecho. Pero ya era un discurso de retirada, un retiro honorable. Reconoció que el Foro de São Paulo era la posible Internacional. Hizo las críticas que tenía todo el derecho a hacer, pero desde 2012 el Foro de São Paulo se convirtió en el espacio para defender su política. Desgraciadamente, poco después, falleció.

Entre 2013 y 2026, también hubo cambios importantes en la correlación de fuerzas internacionales, lo que evidenciaba una posición del PT. Esto incluye la evaluación de la situación en Cuba y Venezuela en los últimos años. En el caso de Venezuela, se esperaba la posición del gobierno de Lula en los BRICS, que terminó negando la entrada de este país en el mecanismo internacional, pero también había una especie de inmovilidad respecto a lo que ocurre en Cuba, aún más en medio de la ofensiva imperialista. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Desde un punto de vista formal, la posición del PT no ha cambiado, lo que ha cambiado es la posición del gobierno. Desde un punto de vista formal, el PT reconoció la elección del presidente Nicolás Maduro y defendió la entrada de Venezuela en los BRICS. Además, desde un punto de vista formal, el PT emite resolución tras resolución pidiendo al gobierno que amplíe la solidaridad material con Cuba.

Pero la posición del gobierno es diferente. Es una posición atrasada, o más bien, una posición de solidaridad formal con Cuba, pero es una solidaridad que no incluye el envío de combustible. Y al mismo tiempo, en relación con Venezuela, fue una posición de no reconocer el resultado electoral y bloquear la entrada de Venezuela en los BRICS. Por lo tanto, existe una diferencia profunda entre la posición formal del PT y la posición de facto del gobierno.

Esta situación ocurrió después de las elecciones de 2022 en Brasil. En otras palabras, hasta las elecciones de 2022 no había señales de ello. Además, poco después de las elecciones brasileñas de 2022, el presidente Lula recibe al presidente Nicolás Maduro con todos los honores. No hubo señales de cambio de posición. Esta posición llegó después.

En mi opinión, la postura del gobierno se debe a una evaluación política errónea de lo que ocurría en Venezuela y Estados Unidos. Pero para responder a tu pregunta, la posición formal del PT no ha cambiado hasta hoy, permaneciendo en plena solidaridad con Cuba y Venezuela. Si esto es solo para que los ingleses lo vean o no, es otra cuestión, pero la realidad es que la posición formal sigue siendo la misma.

Otro cambio muy importante tiene lugar el 3 de enero de 2026, con una serie de eventos inusuales. Por primera vez, Estados Unidos interviene formalmente en Sudamérica. Anteriormente había participado en la Operación Cóndor en golpes militares, pero no directamente con tropas militares en ningún país sudamericano. Se podría esperar que los gobiernos progresistas y de izquierdas, incluidos los democráticos, crearan un movimiento internacional que impidiera la expansión de esto y denunciara la actividad imperialista. Sin embargo, esto se expresó con demasiada débilidad, para decirlo en las mejores palabras.

En relación con el propio 3 de enero, la posición del gobierno de Lula y del PT, con tonos diferentes, fue de condena al secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la congresista Cilia Flores, así como de condena a la acción militar estadounidense y los argumentos que Estados Unidos utilizó para ello. Desde un punto de vista práctico, sin embargo, es asío: frente a una acción militar, una queja retórica no es la adecuada.

Y la realidad es que, tanto en Venezuela como en la región, lo que ocurrió fue naturalizado. Esa es la verdad. En otras palabras, las mayores víctimas del proceso, que son el pueblo venezolano, el gobierno venezolano y la soberanía venezolana, si miramos la posición de facto del propio gobierno venezolano tras el secuestro, en la práctica lo que ocurrió fue la naturalización de lo ocurrido. Tanto es así que el gobierno venezolano autorizó a las tropas estadounidenses a realizar maniobras y ejercicios militares en Caracas. Obviamente, esto fue totalmente innecesario, solo fue una demostración de fuerza, de hegemonía.

Este caso es muy diferente al cubano. El gobierno cubano y el pueblo cubano manifiestan una disposición de lucha diferente a la que vimos en Venezuela. Quizá por esta razón, la mayoría de los países de la región, incluidos los liderados por gobiernos progresistas y de izquierdas, tienen diferencias en la respuesta dada a cada uno de estos dos casos.

Y esto forma parte de un contexto en el que la presencia militar estadounidense en Sudamérica se está expandiendo a gran escala. Hay acuerdos firmados por Estados Unidos con países de la región, que autorizan a las tropas estadounidenses a permanecer permanentemente en la región, para instalar bases militares –bases clásicas– además de las bases que no son visibles, las pequeñas bases operativas, que ciertamente existen en gran número. Se han firmado al menos 19 acuerdos que permiten bases de diferentes tipos. Por lo tanto, el mapa de América Latina hoy –o más bien, el mapa de Sudamérica– es un mapa en el que Brasil está rodeado por bases estadounidenses, no solo por gobiernos aliados de EE UU. Por lo tanto, existe una situación de naturalización de la presencia militar estadounidense en la región, y la única respuesta real a esto es organizar la defensa efectiva del país. Y estamos muy lejos de eso en países que aún están gobernados por sectores progresistas y de izquierdas.

Así que esta es una imagen muy mala, es una imagen muy peligrosa que, dependiendo del resultado de las elecciones en Brasil, podría convertirse en una tragedia.

Valter, además de ser experto en la escena internacional desde un punto de vista político, también es profesor universitario. ¿Cuál es su valoración de la política del gobierno respecto a las universidades, en las diferentes administraciones ejecutivas que lideró el PT? ¿Cuál ha sido el enorme potencial de la gestión de políticas públicas progresistas en el sector universitario, pidiéndole que también mencione aquellos aspectos en los que no fue posible avanzar y qué no debería haber ocurrido?

Los gobiernos de Lula y Dilma –es decir, Lula 1, Lula 2, Dilma 1, Dilma y media y Lula 3/4–, desde un punto de vista retórico y práctico, apoyaron la ampliación de la educación superior en Brasil. En otras palabras, objetivamente, hubo un aumento en el número de fondos, un incremento en el número de instalaciones, un aumento en el número de profesores y técnicos administrativos, una redimensionación del apoyo a los investigadores, así como el envío de académicos y estudiantes al extranjero para estudiar. Está claro que ha habido cambios en términos positivos. Se han implementado normas y políticas de inclusión, lo que ha llevado a un cambio en la composición social de las universidades; hoy tenemos más hombres y mujeres negros, hijos e hijas de trabajadores estudiando.

Así que, si miramos el conjunto de lo actuado, hay puntos positivos evidentes. Esta universidad, por ejemplo, la Universidad Federal de ABC, en la que trabajo, es producto del gobierno de Lula. Por otro lado, si observamos lo que ocurrió en este periodo, en la comparación entre la educación universitaria pública y la educación universitaria privada, vemos el problema principal, en mi opinión, que es el crecimiento desproporcionado del sector privado.

Hoy en día tenemos un número de estudiantes universitarios en universidades privadas que es mayor que el número de estudiantes en universidades públicas, lo cual es un problema. En estas universidades privadas, además de la discusión de principios sobre la mercantilización de la educación, es evidente que la calidad de la enseñanza y la orientación política que prevalece en ellas son negativas para el país. El ejemplo clásico son las facultades de medicina, donde algunas privadas cobran cantidades impagables y otras ofrecen enseñanza no publicable.

Así que este es un gran primer problema. Quiero decir, aunque todo este esfuerzo que he señalado debe valorarse y es positivo, también se ha dado una gran concesión al sector privado. Esta concesión aparece en varias formas; en algunos casos, como el que acabo de mencionar, está directamente relacionada con la acción gubernamental. En otros casos, tiene que ver con la presión del propio sector privado y la tolerancia que existe en las universidades respecto a la entrada de fundaciones, empresas, acuerdos, ahora con mandatos parlamentarios, que privatizan recursos públicos mediante enmiendas que crean clientela. Así que hay un proceso de privatización, de crecimiento del mercado, que es muy extenso.

Un segundo gran problema, en mi opinión, es que la inversión realizada es menor de lo necesario, si pensamos en qué debe invertirse para contribuir a la política de desarrollo intenso que el país necesita. Pero el problema no está en la política educativa, el problema está en la política de desarrollo.El país ha crecido en este periodo desde 2003 hasta ahora, con la excepción de los periodos previos al golpe y el que siguió, y el gobierno de la cavernícola [Jair Bolsonaro]. En otras palabras, el país, durante los periodos de los gobiernos del PT, creció en gran medida, pero este crecimiento acabó siendo mucho menor de lo necesario.

Brasil tiene que dar un gran salto productivo, científico y tecnológico si no quiere quedarse atrás. Y necesita dar un salto mucho mayor si quiere cambiar la estructura social del país, para superar la desigualdad social. Y para que este salto ocurra, es necesario invertir a gran escala en políticas de industrialización, que requerirán formación laboral, incluyendo trabajo universitario. Tenemos algunas áreas donde hay escasez; por increíble que parezca, hay escasez de trabajadores cualificados. Esto tiene que ver con la educación técnica y también con la educación universitaria.

En ambas áreas, el gobierno de Lula hizo cosas, hizo mucho, pero menos de lo necesario. Pero esto no es un problema de política educativa, en mi opinión, es un problema de política general de desarrollo. Quiero decir, la política educativa correspondía a una política de desarrollo inferior a lo que necesitábamos.

Es mucho mejor de lo que era, mucho mejor que lo que los gobiernos de derechas han hecho o podrían hacer, pero es inferior, es menos de lo necesario. Y ese es el peligro. Porque cuando tienes un gobierno de izquierdas y es derrotado tras intentar hacer todo lo necesario, estableces un listón, una marca. Cuando tienes un gobierno de izquierdas que es derrotado sin haber intentado hacer todo lo que debería, el listón es más bajo. En otras palabras, los objetivos, el horizonte nacional se baja.

Valter, como ciudadano y militante del PT, como líder político, ¿qué esperarías de un nuevo gobierno de Lula? Especialmente porque esta es una intersección geopolítica regional y nacional muy importante. En esta etapa histórica, está en juego la democracia, porque las elecciones de 2026 tienen como prioridad acabar con el fascismo, cuyos efectos negativos se perderán de vista para Brasil, pero también para América Latina en general. Pero también, un nuevo gobierno del PT podría ser una gran posibilidad para construir una alternativa a largo plazo, que posiblemente implique la cuestión de un nuevo liderazgo en el PT, la renovación de rostros y discursos para las siguientes elecciones. Es decir, desafíos más allá de la propia era Lula. ¿Sabiendo que apoyas abiertamente la reelección de Lula? ¿Qué esperarías de un nuevo gobierno del PT?

Espero que sea un gobierno de izquierdas, y que no sea solo un gobierno progresista. Hay un hábito creciente en la izquierda brasileña de abandonar la palabra izquierda y poner la palabra progresista en su lugar. Y esto conlleva una degradación del programa. No necesitamos un gobierno progresista, necesitamos un gobierno de izquierdas.

Esto significa un gobierno dispuesto a cambiar, ante todo, la matriz económica y social brasileña. Brasil hoy es un país exportador primario, dependiente, subordinado al capital financiero y transnacional. Tenemos que romper con esto. Necesitamos un gobierno dispuesto a tomar medidas para romper con esta condición de exportación primaria, romper con esta dictadura del capital financiero, romper con esta dependencia del capital transnacional.

Ah, ¿pero qué pasa con la correlación de fuerzas? Quienes temen un radicalismo del PT se preguntan esto. Sí, de hecho, la correlación de fuerzas es mala. Pero decir esto no resuelve el problema. El problema es que, sin resolver esta matriz, sin superarla, los problemas fundamentales del país seguirán existiendo. Y el impacto político de esto será, tarde o temprano, una derrota para la izquierda.

Nosotros, de 2002 a 2022, ganamos la mayoría de las elecciones presidenciales. Perdimos las elecciones de 2018 porque hubo un golpe de Estado, de lo contrario también habríamos ganado. En otras palabras, sabemos cómo ganar elecciones. Sin embargo, hemos reducido nuestra participación. El número de votos válidos ha ido disminuyendo. Y esto es producto no solo de decisiones políticas erróneas, sino también de decisiones estratégicas erróneas.

Es decir, no hemos podido romper el predominio de la agroindustria y la minería, y esta es la base social de la derecha en el país. No hemos podido romper la dictadura del capital financiero, y esta es la base social y política de la derecha en el país. No hemos podido eliminar la dependencia, y esta es la base de la influencia política y social de la derecha en el país. Y el próximo mandato debe afrontar estos problemas.

Y eso significa enfrentarlos a nivel de política económica, estrictamente hablando, así como a nivel político. Romper el monopolio mediático, construir una gran empresa tecnológica nacional, para que tengamos redes sociales bajo control nacional efectivo; cambiar el funcionamiento de las Fuerzas Armadas y la Policía Militar; hacer una reforma política y una reforma del Poder Judicial. En otras palabras, nos enfrentamos a un gran desafío. Si no lo hacemos, llegaremos a finales de 2030 en una situación peor que la actual.

Si hacemos esto, ¿podemos ser derrotados? Podemos ser derrotados. Pero la posibilidad de llegar a 2030 en posición de elegir al sucesor de Lula aumenta si damos este giro en U, este cambio sustantivo. Así que, en mi opinión, necesitamos hacer más. Es necesario dar un salto en calidad, es necesario tener un gobierno de izquierdas. Sin embargo, esta no es la opinión que prevalece hoy en el PT. Desgraciadamente, esta no es la opinión que prevalece en la mayoría de la izquierda brasileña, incluidos los partidos que nacieron diciendo que querían superar al PT. Hoy aceptan esta lógica, entre comillas, de que el límite máximo es el progresismo. Esto es destructivo.

No me preocupa en absoluto el tema del liderazgo. Lula es insustituible, porque es un individuo, fruto de más de 50 años de acumulación. No habrá otra persona como él, porque estos 50 años han producido su liderazgo, y vivimos en otra circunstancia, así que no hay forma de reemplazarlo. Por lo tanto, este es un problema imposible de resolver y, en consecuencia, ya no es un problema real.

Mi preocupación es llegar a 2030 –o cualquier otro moment– en condiciones en que cualquier nombre que se coloque, que nuestro partido y la izquierda, puedan ganar. Ya lo hemos hecho: Dilma ganó dos elecciones. Es posible ganar elecciones con nombres distintos al de Lula. ¿Cuándo? Cuando tienes un gobierno, una fuerza política y social y un entorno en la sociedad que permita la victoria.

Lo que ocurre es que si tienes un gobierno que no despierta entusiasmo en más de la mitad de la población, si tienes un programa que no moviliza y que no motiva a gran parte de la gente que puede apoyarnos, ¿cómo vas a ganar? Puedes tener a cualquier líder, y sin embargo no vas a ganar. Así que ese es mi punto de vista.

En síntesis, ¿qué quiero del gobierno? Que sea un gobierno de izquierdas, es decir, un gobierno dispuesto a afrontar los problemas estructurales del país.

Gracias Valter, seguimos encontrándonos.

Citas

  • 1
    elección del presidente, vicepresidente, miembros del Congreso Nacional, gobernadores, vicegobernadores y asambleas legislativas de todas las unidades federativas y el consejo distrital de Fernando de Noronha ↩︎
  • 2
    Carlos Marighella fue el guerrillero urbano más famoso de Brasil. Baiano, hijo de migrante italiano y mujer negra, fue diputado comunista, poeta y militante del Partido Comunista Brasileiro (PCB) desde los 23 años. Pasó casi 8 años preso por su militancia. En 1967 rompe con el PCB pues consideraba que estaba agotada la vía pacífica para enfrentar la dictadura militar instaurada en 1964. Crea el movimiento Ação Libertadora Nacional (ALN) en 1968, y escribe el manual del guerrillero urbano (1969) que se convirtió en referencia para movimientos como las Panteras Negras, el IRA y ETA. Fue asesinado a los 57 años, el 4 de noviembre de 1969 en São Paulo, en una emboscada organizada por la dictadura. ↩︎

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