Batalla cultural: «El objetivo es el alma»

"La economía es el método; el objetivo es cambiar el alma", atribuida a Margaret Thatcher, resume la visión compartida por la ex primera ministra británica y el presidente argentino Javier Milei: la transformación económica es solo un medio para lograr una reconfiguración cultural y de valores a largo plazo.

Envuelto en una capa amarilla y una máscara negra, Javier Milei subió a un escenario en Buenos Aires convertido en un superhéroe improvisado. Blandía un cetro recuperado y llevaba puestos guantes de cocina cuando anunció su misión: rescatar el capitalismo y devolver a Argentina el valor de la libertad individual.

Eso fue en 2019, cuando Milei era un economista libertario poco conocido y una celebridad mediática, que gritaba desde los márgenes de una clase política que no lo tomaba en serio.

Desde entonces, ha sorprendido al mundo con un ascenso meteórico a la presidencia. Se ha convertido en una estrella mundial de la derecha, domó la inflación descontrolada de Argentina, se hizo amigo del presidente Donald Trump y ofreció a muchos electores un atisbo de estabilidad económica.

Ahora, el avatar de superhéroe de Milei ha vuelto. Reinterpretado como un personaje animado generado por IA en las cuentas oficiales de redes sociales del presidente, se puede ver al vengador enmascarado sobrevolando el horizonte de Buenos Aires y reafirmando su objetivo clave: “La batalla cultural”.

Esta vez, Milei tiene el poder para emprenderla.

Quiere utilizar su presidencia no solo para recortar el presupuesto del país, sino para librar una guerra ideológica y transformar la mentalidad del país. Quiere desmantelar lo que llama los conceptos “aberrantes” de justicia social e igualdad económica y hacer que los principios básicos de la nación sean el capitalismo, el libre mercado, un Estado limitado y el individualismo.

“Estamos en guerra”, dijo Milei en un festival de la derecha el año pasado, y añadió: “Estamos dando una lucha cultural, una batalla ideológica, una guerra por la supervivencia de nuestra libertad”.

En mítines políticos y cumbres internacionales, en políticas públicas y en un diluvio en las redes sociales, Milei ha buscado incansablemente infundir en Argentina sus ideales libertarios y convertirla en un modelo para el mundo.

Una persona con camisa roja, gorra negra y gafas de sol levanta dos pulgares. Detrás de ella, se ve un luminoso escenario de concierto y una linterna geométrica resplandeciente.
Gabriel Lower en el Derecha Fest.  Milei está librando una batalla cultural contra lo que describe como las ideas “aberrantes” de justicia social e igualdad económica.

Se trata de un cambio trascendental en un país con uno de los sistemas de salud y educación gratuitos más amplios del mundo y un gobierno de gran tamaño que solía pagar gran parte del costo de la electricidad, el gas y el transporte público.

Una nación donde la gente se resiste a comer sola o a beber una taza de mate, la infusión nacional, sin compartirla con la persona de al lado, está abrazando a un líder cuyo mensaje fundamental es que cada persona debe valerse por sí misma.

Juan Grabois, legislador de la oposición, dijo que Milei intenta destruir la esencia de Argentina y la identidad comunitaria del pueblo.

Mientras que sus detractores afirman que Milei está erosionando el tejido social que durante tanto tiempo ha unido al país, sus partidarios sostienen que está tratando de implantar una cultura empresarial en una nación debilitada por décadas de dádivas de un Estado niñera.

Una batalla por las almas

En el Foro Económico Mundial celebrado en Davos en enero, Milei expuso su argumento de que cualquier redistribución de la riqueza es inmoral, lo que suscitó elogios de otros líderes de derecha.

Después de regresar a Argentina, viajó a la ciudad costera de Mar del Plata, un centro de vacaciones en la costa atlántica del país, para encabezar la Derecha Fest, una reunión de simpatizantes de la derecha.

Una escena callejera al atardecer, vista a través de la ventanilla de un coche. Dramáticas nubes naranjas y grises llenan el cielo por encima de los edificios y de una calle con un vehículo en movimiento.
Mar del Plata es un destino costero popular.

La multitud, quemada por el sol y vestida con una mezcla de gorras del movimiento MAGA de Estados Unidos, batas de enfermería, jeans holgados y sombreros de pescador, pidió hamburguesas a un camión de comida y hojeó densos tratados económicos del economista austriaco Friedrich Hayek y otros voluminosos textos que defendían el libre mercado.

Mientras esperaban a Milei —que se encontraba en un teatro cercano cantando un dueto sorpresa con una exnovia—, algunas de las principales figuras de la derecha argentina subieron al escenario para brindar por las recientes victorias culturales del gobierno.

Nicolás Márquez, un experto de extrema derecha, aplaudió la decisión del gobierno de desfinanciar el periodismo y la industria cinematográfica, a los que la derecha acusa de inclinarse hacia la izquierda.

“El enemigo está golpeado: herido políticamente, culturalmente, ideológicamente”, dijo. “Nosotros somos leones que han despertado”.

Momentos después, mientras una canción de rock hacía sonar por los altavoces la letra “yo soy el león”, una multitud celebró a Milei mientras llegaba al escenario.

“La batalla cultural”, dijo, “es la batalla por las almas”.

Una persona en el Derecha Fest llevaba un tatuaje que era una silueta del rostro de Javier Milei.
Una persona lleva un sombrero que dice Make America Great Again en el Derecha Fest.

Al menos en el Derecha Fest, mientras las olas rompían al pie de los rascacielos, parecía que estaba ganando.

Natalia Paola Romero, de 42 años, trabajadora de un centro de acogida para niños, dijo que podía ver el cambio que Milei había traído a la cultura argentina.

Y añadió que el presidente había promovido el trabajo duro y el respeto en lugar de la pereza.

Para Milei, la pereza es un vicio derivado de años de gobiernos de izquierda que convirtieron a la sociedad en indolente al otorgar a los ciudadanos beneficios generosos.

Ha calificado a las universidades públicas de motor del adoctrinamiento woke, a los investigadores y empleados financiados por el gobierno de “parásitos”, y al sector público de “enfermedad”, “enemigo” y “organización criminal, violenta”.

Ha sostenido que la “igualdad de oportunidades”, principio básico de la mayoría de las democracias modernas, es una “farsa” y que los impuestos para redistribuir los recursos son un robo del Estado.

La justicia social es un “virus” que llena a la gente de “odio y resentimiento”, dijo Milei el año pasado en un discurso pronunciado en el norte de Argentina durante la inauguración de una gran iglesia evangélica.

En Argentina, Milei no solo se enfrenta a un partido de la oposición. También está luchando contra el legado de uno de los movimientos populistas más duraderos del mundo, el peronismo, que dio forma al país durante generaciones y a menudo situó a un Estado fuerte en el centro de la vida nacional.

El carismático fundador del movimiento, Juan Domingo Perón, y su esposa, Eva Perón, promovieron la justicia social y una poderosa narrativa redentora para los marginados.

Una calle ancha de la ciudad con árboles verdes y edificios altos. Un edificio presenta un gran mural de un rostro.
Un mural de Evita Perón en el costado de un edificio del centro de Buenos Aires en febrero.
Un escenario con cortinas púrpura oscuro está iluminado por luz púrpura. Un gran retrato en mosaico de una persona sonriendo cuelga del centro, con muebles de terciopelo rojo debajo.
Un mosaico de Evita Perón en Buenos Aires. Ella y su esposo, el expresidente Juan Domingo Perón, fundaron uno de los movimientos populistas más duraderos del mundo.

Hicieron del Estado el garante de la equidad y de una vida mejor y forjaron un vínculo con la clase trabajadora que mezclaba la política con una intensidad emocional expresada a través de mítines, cánticos e iconografía.

Sin embargo, cuando Milei llegó al poder, Argentina había atravesado repetidas crisis financieras bajo diversas ideologías políticas. Las dificultades habían erosionado la fe pública no solo en el peronismo, sino también en la clase política en general y en la promesa del Estado de garantizar estabilidad y dignidad.

“El discurso de protejamos los derechos empezó a girar un poco en el aire”, dijo Martín Kohan, profesor y escritor argentino. “El discurso previo ya no tenía un anclaje con las condiciones reales”.

Algunos analistas afirman que muchos argentinos apoyan a Milei porque proporcionó alivio económico mediante medidas de austeridad bastante convencionales, pero no necesariamente suscriben su ideología de derecha.

Para Milei y sus bases, sin embargo, la recuperación económica es solo el preludio de un cambio cultural más profundo.

Y creen que lo están consiguiendo.

Axel Kaiser, un destacado intelectual chileno a quien Milei cita a menudo, dijo que han logrado cambiar la mentalidad de millones de jóvenes que no volverán al peronismo.

Empujar los límites

Arreglar la economía sigue siendo la tarea más urgente para Argentina, y Milei, un profesor a quien le gusta leer, se enfoca en la teoría económica. (Para prepararse para Davos, leyó 16 libros, dijo Lilia Lemoine, una cosplayer que confeccionó el traje de superhéroe del presidente y que ahora es legisladora).

Pero Milei también ha emprendido un ataque al estilo MAGA contra la política identitaria. Ha cerrado el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo y el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, y ha promovido una versión revisionista de la dictadura militar que gobernó el país hace cinco décadas.

“Es el fin de ese clóset”, dijo Agustín Laje, intelectual y escritor de derecha.

Laje, autor de La batalla cultural, dijo que antes sus seguidores eran sobre todo militares de edad avanzada. Ahora, según dijo, el 80 por ciento tiene menos de 30 años.

 

Una persona con barba está sentada en un sofá oscuro delante de una ventana con cortinas blancas. Sus manos están entrelazadas, y en primer plano hay una mesa de madera oscura.
Agustín Laje, escritor y comentarista político conservador argentino, en Mar del Plata. Tiene más de 2,5 millones de seguidores en YouTube.
Dos personas sonríen, una sostiene un teléfono y la otra hace un doble gesto con el pulgar hacia arriba.
La legisladora Lilia Lemoine, derecha, tomándose una selfi con un admirador en Mar del Plata en el festival de la derecha.

Laje tiene más de 2,5 millones de seguidores en YouTube y, según dijo, la única manera que tiene actualmente la derecha de tomar la cultura es a través de las redes sociales.

Milei ha dado puestos gubernamentales a provocadores de las redes sociales y ha amplificado una nueva generación de activistas digitales que machacan a sus oponentes y promueven titulares y memes pegadizos.

Pero aunque las redes sociales han sido eficaces para llegar a los hombres jóvenes, los analistas afirman que gran parte de la popularidad general de Milei —el 40 por ciento de los votantes argentinos volvieron a elegir a su partido en unas elecciones intermedias— está vinculada a una transformación más profunda de la dependencia del Estado.

Tras décadas de salarios estancados y el crecimiento de los empleos informales y de la economía de trabajos ocasionales, cada vez más argentinos han interiorizado una mentalidad en la que, según dijo el sociólogo Pablo Semán, deben valerse por sí mismos. Semán agregó que Milei no inventó este pensamiento, pero sí logró canalizarlo.

Los argentinos más jóvenes han vivido una inflación del 200 por ciento y 15 años de estancamiento económico, y según dijo Semán, el contrato social se rompió cuando se deterioraron los servicios públicos

Como resultado, cuando Milei defiende sus propuestas más radicales, como el recorte de las pensiones y las prestaciones por incapacidad, más gente se muestra abierta a sus argumentos.

Sandra Cristóbal, abogada de 58 años que asistió a un mitin de Milei en Mar del Plata, dijo que el Estado no debería regalar nada, sino que quien trabaje más debe tener más.

La gente se reúne en un camino de tierra junto a coches aparcados, algunos con banderas y pancartas.
Manifestación contra el Derecha Fest en Mar del Plata. Los críticos afirman que las políticas de Milei están deshaciendo los lazos que durante tanto tiempo han unido a la sociedad argentina.

Aun así, sigue existiendo una fuerte corriente de oposición a lo que muchos argentinos describen como la crueldad del individualismo radical de Milei. Algunas encuestas recientes muestran que su popularidad ha caído a medida que sus medidas de libre comercio han contribuido al cierre de más de 24.000 empresas argentinas y la inflación sigue subiendo poco a poco.

Manuel Samaja, investigador de 27 años que estuvo en una protesta reciente contra las políticas de Milei, dijo que el peligro va más allá del empeoramiento material de las condiciones de vida de los argentinos; para él, se trata de la pérdida de su identidad nacional.

Milei aún se enfrenta a la ardua tarea de generar un crecimiento sostenido. Aunque una inflación menor le ha proporcionado capital político para seguir su programa ideológico, su éxito a largo plazo puede depender en última instancia de si es capaz de brindar la prosperidad duradera que ha prometido.

Los guerreros culturales de Milei son conscientes del riesgo.

Para Laje, el escritor, no hay forma de que la gente compre un modelo cultural si sus bolsillos están vacíos.

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