Una arquitectura algorítmica que premia la polarización

El artículo de Bruno Sgarzini parte de una pregunta que se volvió central durante el Mundial 2026: ¿existió realmente una campaña coordinada contra la Argentina o fue un fenómeno espontáneo amplificado por los algoritmos?

Su respuesta es matizada. No sostiene una teoría conspirativa, pero tampoco acepta que todo haya sido casual.Las redes sociales se inundaron durante el Mundial 2026 de mensajes que acusaban a la Argentina de racismo, supremacismo blanco, corrupción arbitral ("ArgenFIFA") y privilegios deportivos. Para Sgarzini, el fenómeno no puede reducirse a una simple conspiración, pero tampoco explicarse únicamente por el comportamiento espontáneo de millones de usuarios.

El autor sostiene que confluyeron varios factores.

En primer lugar, existieron núcleos organizados de producción de contenido que instalaron determinadas narrativas. Sin embargo, la verdadera potencia no provino de esos grupos sino de los algoritmos de plataformas como X, TikTok e Instagram, que privilegian el contenido emocional, polarizante y conflictivo.

En segundo término, la selección argentina llegaba al Mundial como uno de los equipos más exitosos de la última década. Esa condición de favorito multiplicó el incentivo para generar contenido crítico, ya que "odiar al campeón" genera muchas más interacciones que apoyarlo.

También analiza cómo la discusión sobre la composición étnica de la selección argentina fue utilizada para presentar al país como excepcionalmente racista, ignorando procesos históricos, migratorios y demográficos mucho más complejos. El autor advierte que muchas críticas mezclaron hechos ciertos con generalizaciones falsas, una combinación especialmente eficaz para viralizarse.

Otro aspecto central del análisis es que la economía de la atención recompensa mucho más la indignación que la información. Cada publicación que denunciaba a Argentina encontraba miles de respuestas, réplicas y discusiones, alimentando un círculo de retroalimentación que hacía crecer todavía más el alcance del tema.

El artículo concluye que probablemente no existió un "comando central" dirigiendo una operación mundial, pero sí una convergencia entre actores interesados, comunidades digitales ya predispuestas y algoritmos diseñados para maximizar la confrontación. En ese contexto, una narrativa inicialmente marginal terminó convirtiéndose en una conversación global.

Un debate que sigue abierto

Otros análisis publicados durante julio llegan a conclusiones parcialmente coincidentes. Investigaciones periodísticas y de consultoras digitales registraron millones de menciones negativas sobre Argentina durante el Mundial, aunque aclaran que esos datos no demuestran por sí solos la existencia de una operación centralizada. También destacan el papel decisivo de los algoritmos y de la lógica de las plataformas para convertir algunos temas en fenómenos globales.

En ese sentido, la tesis de Sgarzini puede resumirse así: más que una conspiración perfectamente organizada, existió una convergencia entre campañas parciales, incentivos económicos de las plataformas y una arquitectura algorítmica que premia la polarización, transformando un conjunto de narrativas dispersas en una percepción internacional de gran alcance.

Nos matan la memoria

Estos apuntes describen muy brevemente la génesis, evolución y reactivación del concepto de «campaña antiargentina» como un dispositivo retórico y tecnológico estructural de los modelos económicos de derecha neoliberal en la Argentina. Se sostiene que este constructo funciona como un mecanismo de cohesión ideológica abstracta en el plano de la superestructura discursiva y digital. Su objetivo es edificar una unificación imaginaria de la población de manera concomitante con un proceso material de desarticulación, extranjerización y fragmentación estructural del Estado-Nación, aquí caracterizado bajo la categoría analítica de tupacamarización. A través de un abordaje histórico-comparativo, se demuestra la línea de continuidad entre el programa fundacional de la última dictadura cívico-militar (1976-1983) conducido por José Alfredo Martínez de Hoz y su capítulo contemporáneo bajo la gestión libertaria y el denominado «Plan Caputo».

IA y la competencia China: ¿Fortaleza o riesgo?

La aceleración del desarrollo de la inteligencia artificial en China abrió una nueva grieta dentro del poder económico y político de Estados Unidos. El CEO de Nvidia, Jensen Huang, cuestionó a la administración de Donald Trump por impulsar regulaciones basadas en temores sobre los riesgos futuros de la IA y advirtió que una estrategia excesivamente restrictiva puede terminar debilitando la competitividad estadounidense frente a Pekín.

El detonante de la polémica fue la irrupción de Kimi K3, un modelo de inteligencia artificial desarrollado por la empresa china Moonshot AI, cuyo rendimiento y bajo costo sorprendieron a la industria tecnológica. Su aparición reavivó en Washington el debate sobre la conveniencia de limitar el acceso a modelos abiertos provenientes de China por razones de seguridad nacional.

Huang sostuvo que la regulación no debe quedar en manos de un reducido grupo de empresas que buscan preservar sus posiciones dominantes. En ese punto, marcó diferencias con compañías como OpenAI y Anthropic, que impulsan mayores controles sobre el desarrollo y la difusión de modelos avanzados de IA.

Detrás de la discusión técnica se esconde una disputa económica de enorme magnitud. Mientras Nvidia necesita un mercado global abierto para expandir la venta de sus procesadores, otros gigantes de la inteligencia artificial consideran que endurecer las regulaciones y restringir la competencia china es clave para mantener su liderazgo.

La controversia refleja uno de los principales dilemas de la estrategia estadounidense: cómo contener el avance tecnológico de China sin frenar la capacidad de innovación de sus propias empresas. La aparición de modelos chinos cada vez más competitivos demuestra que la carrera por la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los escenarios centrales de la competencia geopolítica entre las dos mayores potencias del mundo.

España: Ruptura con continuidad

El modelo español que terminó ganando su segundo Mundial en 16 años. De Toro a Torero con la llegada de Luis Aragonés como DT y los títulos conseguidos. Cuál es el estio de juego. Por qué a España no le pesa jugar en ambientes adversos. El "Guante de Oro" de Unai Simón. Las peleas de Luis Aragonés y el caso Raúl González. Casillas y la envidia a los argentinos que duró poco tiempo. En la apertura Sergio Levinsky para concluir el análisis futbolístico de lo más relevante del Mundial 2026.

Rechazar un orden que acaba de otorgar a doce hombres, más riqueza que la que poseen cuatro mil millones de personas

El artículo ¿Qué quiere realmente el comunismo? de Lavinia Marchetti, presenta un recorrido histórico y teórico de las ideas comunistas, distinguiendo sus metas originales de las interpretaciones propagandísticas o las deformaciones de los regímenes autodenominados comunistas. Plantea que la teoría comunista busca eliminar la explotación económica inherente al capitalismo, reemplazando la propiedad privada de los medios de producción por una gestión colectiva democrática. Desarrolla diez puntos clave: comienza con la plusvalía como base de la explotación, aclara que el comunismo no pretende abolir los bienes personales, y sitúa como meta última recuperar la “alienación” del trabajador (remitir a los Manuscritos de 1844) para lograr que “el libre desarrollo de cada uno sea condición del desarrollo de todos”. Introduce el materialismo histórico como herramienta de análisis, critica el Estado como garante del orden de propiedad, y emplea conceptos marxistas posteriores (hegemonía de Gramsci, aparatos ideológicos de Althusser, igualdad-libertad de Balibar, entre otros) para explicar por qué la dominación parece aceptable. Reconoce los abusos de regímenes pasados (Stalin, Mao, Pol Pot) y el efecto de la Guerra Fría en estigmatizar al comunismo. Finalmente enumera demandas contemporáneas (“democracia económica”, “retirar de mercado salud y vivienda”, reducción de la jornada) ilustrando que los fines comunistas traducidos hoy pueden parecer razonables ante la creciente desigualdad global.
En el inicio un breve recorrido por el pensamiento tardío de Alhusser , sobre el materialismo aleatorio que omite el artículo de Lavinia Marchetti

Golpe a la nostalgia: Mercantilización masiva, la paradoja del mundo del espectáculo

El Mundial 2026 no solo batió récords deportivos y de asistencia. También confirmó un cambio estructural en el mercado audiovisual estadounidense: el fútbol dejó de ser un producto de nicho y pasó a ocupar un lugar central en la industria del entretenimiento.

Según Axios, la final entre España y Argentina fue vista por 62,8 millones de personas en Estados Unidos, convirtiéndose en el partido de fútbol más visto de la historia del país y en la final de un Mundial con mayor audiencia registrada en territorio estadounidense.

Los datos más relevantes son:

62,8 millones de espectadores entre las transmisiones en inglés (Fox) y español (Telemundo/Peacock).
38,9 millones siguieron el encuentro por Fox.
23,9 millones lo hicieron por Telemundo y Peacock, estableciendo además un récord histórico para una transmisión deportiva en español en Estados Unidos.

El fenómeno responde a varios factores:

La organización del torneo en Estados Unidos, Canadá y México acercó el evento al público norteamericano.
La buena actuación de la selección estadounidense incrementó el interés durante toda la competencia.
La expansión del streaming amplió considerablemente el alcance de las transmisiones.
La presencia de figuras como Lionel Messi, en lo que podría haber sido su último Mundial, aportó un atractivo adicional.

Desde el punto de vista económico, el impacto fue inmediato. Fox registró un fuerte crecimiento de sus plataformas digitales, mientras que Peacock sumó millones de nuevos suscriptores gracias al torneo. El éxito de audiencia fortalece además la posición de la FIFA de cara a la negociación de los derechos televisivos del Mundial 2030, cuyo valor se proyecta significativamente superior al de los ciclos anteriores.

En perspectiva, el Mundial 2026 consolidó el ingreso definitivo del fútbol al mercado deportivo de masas en Estados Unidos. Durante décadas, las ligas profesionales estadounidenses dominaron el consumo televisivo; ahora, la Copa del Mundo demostró que un gran evento futbolístico puede competir e incluso superar, en audiencia, a las finales de la NBA, la Serie Mundial de béisbol y otros espectáculos tradicionales del deporte estadounidense.

La gran paradoja del deporte contemporáneo es que cuanto más se denuncia la mercantilización del espectáculo, más masivo se vuelve ese mismo espectáculo. Nunca hubo tantas críticas al negocio del fútbol —calendarios interminables, clubes-empresa, fondos de inversión, marketing global, precios prohibitivos de las entradas— y, sin embargo, nunca tanta gente lo consumió.

El Mundial 2026 parece confirmar esa contradicción. La final entre España y Argentina reunió casi 63 millones de espectadores solo en Estados Unidos, una cifra impensable apenas una década atrás. El fútbol ya no es únicamente el deporte más popular del planeta: se está convirtiendo también en uno de los principales productos culturales de la economía digital.

Existe una analogía reveladora con la Fórmula 1. Los aficionados de larga data sostienen que la categoría perdió parte de su mística: desaparecieron muchos circuitos históricos, los autos son cada vez más estandarizados, la estrategia informática pesa tanto como el piloto y el negocio domina sobre la épica deportiva. Sin embargo, los datos muestran el fenómeno inverso: la F1 vive el mayor auge comercial de su historia. Los autódromos registran récords de asistencia, las audiencias televisivas y por streaming multiplican las de décadas anteriores y la serie Drive to Survive transformó un deporte tradicionalmente europeo en un fenómeno global, especialmente entre públicos jóvenes y estadounidenses.

La lógica es similar a la del fútbol. Lo que muchos perciben como una pérdida de autenticidad es, al mismo tiempo, el mecanismo que permitió ampliar exponencialmente la escala del espectáculo. La digitalización, las plataformas de streaming, las redes sociales y la internacionalización de los calendarios convirtieron competencias antes esencialmente nacionales o regionales en productos globales consumidos en tiempo real por cientos de millones de personas.

Desde una perspectiva de economía política, no hay contradicción. El capitalismo contemporáneo tiende a industrializar la emoción. El deporte deja de ser solamente una competencia para convertirse en una plataforma de producción de audiencias, datos, publicidad, apuestas, contenidos audiovisuales y consumo asociado. La nostalgia por un deporte "más puro" convive con una demanda que no deja de crecer porque el propio capital ha logrado expandir extraordinariamente el mercado del entretenimiento deportivo.

En ese sentido, el Mundial 2026 y la nueva Fórmula 1 ilustran una misma tendencia histórica: la espectacularización no necesariamente erosiona la masividad; muchas veces la potencia. El espectáculo puede perder parte de su aura romántica para quienes lo conocieron en otras épocas, pero gana una escala inédita como mercancía cultural global. La paradoja es que el deporte parece menos auténtico para muchos de sus seguidores históricos y, al mismo tiempo, nunca fue tan exitoso, rentable y universal.

Profunda agitación geopolítica

El artículo "U.S. Imperialism Resurgent", de Costas Lapavitsas, publicado en el número de julio-agosto de 2026 de Monthly Review, sostiene que el imperialismo estadounidense atraviesa una fase de reconfiguración y fortalecimiento bajo la segunda presidencia de Donald Trump. El autor rechaza la idea de un declive lineal de Estados Unidos y argumenta que Washington está reconstruyendo su capacidad de dominación combinando coerción financiera, poder militar y proteccionismo económico. Aunque Argentina no ocupa un lugar central en el texto, el marco analítico resulta especialmente pertinente para interpretar la inserción internacional del gobierno de Javier Milei.

Desde esta perspectiva, el fuerte alineamiento político, diplomático y económico con Washington puede entenderse no sólo como una decisión ideológica sino como una inserción subordinada dentro de una estrategia estadounidense más amplia de reorganización de su esfera de influencia en el hemisferio occidental. La importancia creciente del litio, el gas de Vaca Muerta, los minerales críticos y el Atlántico Sur convierte a Argentina en un espacio de interés estratégico en la competencia entre Estados Unidos y China.

En consecuencia, la discusión sobre inversiones extranjeras, acuerdos comerciales, el RIGI o la política exterior excede el plano económico y pasa a formar parte de una disputa geopolítica por recursos, tecnología y control territorial, característica de esta nueva etapa del imperialismo descrita por Lapavitsas, donde la región en general y La Argentina en particular, ocupan un lugar estratégico para el imperialismo norteamericano y su disputa por mantener o ralentizar la la caída de su hegemonía mundial.

Mundial: Los símbolos se disputan

El artículo de Emilia Trabucco en Nodal sostiene que el Mundial 2026 fue mucho más que un evento deportivo: expuso tensiones políticas y sociales en Argentina, mostrando una distancia entre el gobierno de Javier Milei y la sociedad que se reconoció en la selección. La autora enfatiza que los gestos de los jugadores y las reacciones populares desbordaron la narrativa oficial, revelando símbolos y memorias que el gobierno no logra apropiarse. El texto plantea que el Mundial 2026 reveló la Argentina que el gobierno no representa: una sociedad que se reconoce en símbolos históricos y gestos de solidaridad, más allá de la narrativa oficial. Para Trabucco, el desafío es no regalar esos símbolos al mileísmo y construir una fuerza nacional y latinoamericana capaz de articular las contradicciones sociales y enfrentar la subordinación imperial. En el cierre "la campaña antiargentina - la que encabezan Milei y Caputo-. Terminemos con el lumpenaje o el lumpenaje termina con nosotros.

Mundial: The final cut

La derrota ante España en la final del Mundial 2026 no eclipsa otra actuación histórica de la selección argentina, pero sí instala un debate ineludible. En su balance del torneo, el periodista Sergio Levinsky sostiene que el ciclo de Lionel Scaloni alcanzó un punto de inflexión: la confianza en los campeones de Qatar demoró la renovación, Messi transita sus últimos capítulos con la camiseta albiceleste y el gran desafío ya no pasa por ganar otro título, sino por construir la selección que deberá aprender a competir sin el mejor futbolista de su historia. Hay que atreverse al corte final.

Reino Unido: Cuando las funciones estatales estratégicas quedan en manos de corporaciones

Más allá del caso británico, el artículo presenta a Palantir como un ejemplo del nuevo poder de las grandes empresas tecnológicas: compañías privadas que dejan de ser simples proveedoras de software para convertirse en infraestructura crítica del Estado. Desde esta perspectiva, la cuestión ya no es únicamente tecnológica sino profundamente política: quién controla los datos, quién toma las decisiones sobre ellos y hasta qué punto un Estado conserva su soberanía cuando funciones estratégicas quedan en manos de corporaciones vinculadas al complejo tecnológico-militar estadounidense. En la apertura Varoufakis sobre Palantir en GAZA donde hizo lo contratado por el estado sionista.

Camino a 2027: Cuando Washington tiembla, la Casa Rosada toma nota

Sabemos que el modelo económico social que lleva adelante Luis Caputo y su banda no se austosustente por lo que el sistema de representación política depende fuertemente de la paz romana que brinden los "rescates" endeidamiento y refinanciación de deuda que el gobierno pueda o no obtener. Con una oposición local escuálida, la suerte de la elección argentina se jyega en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, aunque hay gran controversia sobre el impacto real sobre la política colonial regional tendría un eventual triunfo demócrata. Es muy dudosos, pero suponiendo que el impacto exista en los márgenes, la decisión del Partido Republicano de gastar casi 40 millones de dólares para defender dos estados que hasta hace poco parecían inexpugnables, Ohio e Iowa, encendió una luz amarilla en la política estadounidense y por añadidura en la casa Rosada. En efecto, detrás de la multimillonaria inversión hay un reconocimiento implícito: la mayoría parlamentaria de Donald Trump ya no está asegurada y las elecciones de medio término de noviembre pueden convertirse en un plebiscito sobre su gobierno.

La noticia no sólo interesa en Washington. También debería seguirse con atención en la Casa Rosada.

Javier Milei construyó buena parte de su estrategia internacional sobre un vínculo privilegiado con Trump. A diferencia de otros presidentes argentinos, apostó por una alineación casi sin matices con la administración republicana, convencido de que esa relación podía traducirse en respaldo político, financiamiento internacional, inversiones y una posición favorable de Estados Unidos en organismos como el FMI.

Pero esa apuesta tiene un riesgo evidente: depende de la fortaleza política del propio Trump.

Si los republicanos perdieran el control del Senado, o incluso de alguna de las cámaras del Congreso, el presidente estadounidense conservaría la Casa Blanca, pero gobernaría con un margen de maniobra mucho menor. Un Congreso opositor podría bloquear iniciativas, demorar nombramientos, condicionar el presupuesto y reducir la capacidad de la administración para proyectar su agenda hacia el exterior.

Ese escenario tendría consecuencias indirectas para la Argentina. No porque Washington modificara automáticamente su política hacia Buenos Aires, sino porque el principal sostén internacional de Milei perdería capacidad de influencia.

La apuesta geopolítica del gobierno argentino quedaría así expuesta a una paradoja: cuanto más personalista es una alianza, más vulnerable resulta frente a los cambios de la política interna del aliado.

Por eso, la millonaria inversión republicana en Ohio e Iowa es mucho más que una noticia electoral. Es una señal de que el trumpismo enfrenta una batalla más difícil de lo previsto y de que el oficialismo estadounidense ya no puede dar por seguros territorios que hasta hace poco integraban su núcleo duro.

En Buenos Aires, ese dato no es menor. La suerte parlamentaria de Trump puede convertirse también en un factor de la estabilidad política de Milei. Si el presidente estadounidense emerge debilitado de las elecciones de noviembre, el gobierno argentino perderá parte del respaldo externo sobre el que construyó su inserción internacional.

En política, las alianzas estratégicas son tan fuertes como el poder de quienes las sostienen. Y hoy, los millones que el Partido Republicano destina a defender sus bastiones sugieren que ese poder comienza a ser puesto a prueba.

Últimas imágenes del Mundial: La FIFA y las demás organizaciones viven en un limbo opaco regido por un derecho internacional vagamente definido (¡qué raro!)

Donald Trump y su aliado, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, han tocado fondo con sus payasadas políticas antes y durante el Mundial. Pero, como insiste David Goldblatt, no han podido empañar los momentos de alegría colectiva que nos brinda.

El artículo de Jacobin, "The Americanization of the World Cup Is Here to Stay", de Dave Braneck, sostiene que el Mundial 2026 marcó un punto de inflexión en la transformación del fútbol mundial. La tesis central es que el torneo consolidó una "americanización" del deporte, entendida no sólo como una cuestión geográfica sino como la profundización de un modelo basado en la mercantilización extrema, el espectáculo y la subordinación del juego a intereses políticos y económicos.

El Mundial de 2026 será recordado menos por el nivel futbolístico que por la creciente influencia de la política y los negocios sobre el deporte. Aunque Estados Unidos compartió la organización con México y Canadá, el torneo terminó convertido en un gran escenario para Donald Trump y para el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

El artículo describe una serie de episodios que simbolizaron esa deriva: la estrecha relación entre Trump e Infantino, las controversias por supuestas intervenciones políticas en decisiones deportivas, la utilización del Mundial como plataforma de promoción presidencial y la omnipresencia del mandatario estadounidense durante el torneo, incluida su irrupción en la ceremonia de premiación de la final.
El problema excede la figura de Trump. La FIFA aparece como una organización que profundizó un modelo de negocios donde la rentabilidad prevalece sobre la experiencia deportiva. Entradas con precios récord, zonas VIP cada vez más exclusivas, creciente dependencia de patrocinadores y una atmósfera menos popular son presentados como síntomas de un fútbol cada vez más alejado de sus raíces obreras y comunitarias.

La "americanización" del fútbol, sostiene Jacobin, combina dos procesos: la financiarización del espectáculo y la naturalización de la influencia política sobre la competencia. El resultado sería una pérdida de legitimidad institucional para la FIFA y un deterioro de la integridad deportiva del torneo más importante del planeta.

Paradójicamente, el éxito comercial del Mundial convivió con un creciente cuestionamiento internacional. Mientras las cifras de asistencia e ingresos fueron históricas, aumentaron las críticas por el costo de las entradas, la excesiva comercialización y el protagonismo político de las autoridades organizadoras. Tras la final, incluso Trump e Infantino fueron abucheados por sectores del público cuando ingresaron al campo para la entrega del trofeo a España, una escena que sintetizó el malestar acumulado durante todo el campeonato.

La conclusión del artículo es que el Mundial 2026 dejó una herencia duradera: el fútbol ingresó en una etapa donde las fronteras entre deporte, poder político y grandes negocios aparecen más difusas que nunca. Según Jacobin, el riesgo es que ese modelo sobreviva al propio Trump y termine redefiniendo de manera permanente la gobernanza y la cultura del fútbol internacional. En la apertura La Base, en canal red, advierte lo sucedido durante el desarrollo del Mundial 2026.continuidad del genocidio, cumbre anti izquierdista, recurudecimiento de la guerra contra Irán...

Final: De toro a torero

España volvió a demostrar que una identidad futbolística sostenida en el tiempo puede imponerse en la máxima competencia. La victoria sobre la Argentina no sólo consagró a un campeón justo: reivindicó un modelo de juego iniciado por Luis Aragonés hace más de dos décadas y dejó la imagen conmovedora del posible cierre del ciclo más exitoso de Lionel Scaloni, con las lágrimas de Messi y su entrenador como símbolo del final de una era. El comentario de Sergio Levinsky.

¿Colaboración obrero empresaria en estas fase del capitalismo?

El artículo de Michael Roberts, "EU companies: a ‘capitalism of rent’?", retoma un informe dirigido por Mariana Mazzucato para explicar el estancamiento económico europeo a partir de una tesis central: el capitalismo de la Unión Europea ha evolucionado hacia un modelo donde predominan las rentas sobre la inversión productiva. Roberts coincide en gran medida con ese diagnóstico, aunque lo interpreta desde una perspectiva marxista más amplia.

Europa enfrenta una creciente pérdida de dinamismo económico. Un informe coordinado por Mariana Mazzucato sostiene que el problema no radica en un exceso de regulaciones ni en los salarios, sino en un capitalismo que privilegia la captura de rentas antes que la inversión productiva. Michael Roberts retoma ese diagnóstico y lo inserta en una crítica más profunda al funcionamiento del capitalismo contemporáneo.

La Siberia

En medio de un severo ajuste económico, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) atraviesa una crisis marcada por despidos masivos y reducción de presupuesto. Más de 60 trabajadores fueron cesanteados en junio de 2026, en un clima de tensión que incluyó presencia policial en la sede central. La medida, impulsada por el gobierno de Javier Milei, es interpretada como un desmantelamiento institucional que pone en riesgo la seguridad de las centrales y la continuidad de proyectos estratégicos.

Mientras tanto, experiencias como el reactor RA-4 de Rosario —administrado por la Universidad Nacional de esa ciudad— muestran el potencial educativo y científico de la energía nuclear. Allí se forman ingenieros y científicos, se producen materiales radioactivos y se desarrollan aplicaciones que van desde la medicina hasta la industria naval, pasando por la descontaminación de obras de arte.

El debate sobre la viabilidad de la energía nuclear se intensifica. Sus defensores destacan que no emite gases de efecto invernadero y garantiza producción constante. Sus críticos, como el especialista Pablo Bertinat, advierten sobre los altos costos de seguridad, la dependencia de un recurso limitado como el uranio y la posibilidad de reemplazar su aporte —apenas un 7 a 8% de la matriz energética nacional— con fuentes renovables más limpias y baratas.

La paradoja es evidente: mientras se impulsa un nuevo reactor en Ezeiza, se recortan fondos y se despide personal altamente capacitado en otros centros. El futuro de la energía nuclear en Argentina aparece así atravesado por contradicciones: entre su valor estratégico y científico, y la fragilidad que impone el ajuste económico.

Presa fácil (sometidos al amanse)

El artículo de Jacobin, "The Case Against Centrism" (julio de 2026), parte de una pregunta estratégica para la izquierda estadounidense y más allá ¿puede -en este caso- el Partido Demócrata derrotar en -nuevamente este caso- al trumpismo desplazándose hacia el centro o, por el contrario, necesita profundizar un programa de transformación social? El autor responde que el centrismo no sólo ha fracasado electoralmente sino que ha debilitado la capacidad de construir una mayoría popular duradera.

El texto sostiene cinco ideas principales para la izquierda estadounidense, que están también en el debate de la oposición popular democrática en La Argentina:

El centrismo no garantiza victorias electorales. La experiencia reciente del Partido Demócrata demostraría que moderar el programa para conquistar al votante medio no impidió el regreso de Donald Trump ni frenó el avance de la derecha.

La izquierda gana cuando organiza. El crecimiento de candidatos identificados con el socialismo democrático no sería producto de campañas digitales o fenómenos culturales, sino del trabajo territorial, la militancia voluntaria y la organización comunitaria.

El pragmatismo tiene límites. El artículo cuestiona la idea de que gobernar consiste únicamente en administrar lo existente. Afirma que aceptar de antemano las restricciones impuestas por el mercado termina reduciendo cualquier proyecto reformista a una gestión tecnocrática.

La desigualdad exige respuestas estructurales. Frente al aumento de la concentración de la riqueza, la precarización laboral y la crisis habitacional, el autor sostiene que sólo reformas de gran alcance —fortalecimiento sindical, ampliación de derechos sociales, política industrial y mayor intervención pública— pueden reconstruir la base social de una mayoría progresista.

El socialismo democrático aparece como alternativa. El texto presenta al socialismo democrático no como una ruptura inmediata con el capitalismo sino como una estrategia para redistribuir poder económico y político mediante mecanismos plenamente democráticos.

Más allá de la discusión electoral, el artículo puede interpretarse como una crítica a la lógica de acumulación del capitalismo contemporáneo. Su tesis implícita es que el centrismo administra los efectos sociales del neoliberalismo, mientras que una izquierda democrática debería modificar las relaciones de poder entre capital y trabajo.
Desde esa perspectiva, el problema no sería únicamente Donald Trump, sino la incapacidad del centrismo para ofrecer mejoras materiales sostenidas a las mayorías populares. Esa frustración social habría creado las condiciones para el avance del populismo de derecha, Trump en USA, Milei en La Argentina.

El texto de Jacobin concluye que la principal disyuntiva para la izquierda estadounidense no es entre radicalismo y moderación, sino entre administrar un modelo económico que produce desigualdad o construir una alternativa capaz de redistribuir riqueza y poder. La apuesta estratégica consiste en combinar un programa económico de transformación con una intensa organización política de base, rechazando la idea de que el centro político sea, por definición, el camino más eficaz para ganar elecciones. Una discusión muy pertinente también en La Argentina, obviamente con otros actores.

Sobre el mito de La Argentina europea

Durante el Mundial de 2026, la selección argentina volvió a quedar en el centro de una discusión que excede el fútbol. Las redes sociales y numerosos medios extranjeros instalaron la idea de una "Argentina blanca" a partir de la composición del plantel campeón, reabriendo un debate sobre la identidad nacional y el peso de un relato construido desde fines del siglo XIX.

El artículo publicado por Sin Permiso sostiene que esa imagen responde menos a una realidad histórica que a un proyecto político impulsado por las élites liberales de la llamada Generación del '80. Bajo el ideal de "civilizar" el país mediante la inmigración europea, el Estado promovió un relato nacional que invisibilizó deliberadamente a los pueblos originarios, a la población afroargentina y a las múltiples formas de mestizaje que atravesaron la historia del país.

Desde esa perspectiva, la escasa diversidad étnica visible en la selección nacional no constituye una prueba de una Argentina homogéneamente blanca, sino la expresión de procesos históricos, sociales y regionales mucho más complejos. El texto cuestiona además la tendencia a interpretar la realidad argentina mediante categorías raciales propias de Estados Unidos, donde la clasificación étnica tiene un desarrollo institucional muy distinto.

La crítica apunta también al sentido político del mito de la "Argentina europea". Durante más de un siglo esa narrativa sirvió para legitimar un modelo de nación que identificó el progreso con Europa y relegó a un lugar marginal a quienes no encajaban en ese ideal. Los censos, la escuela y buena parte de la historiografía oficial contribuyeron a consolidar esa representación, cuyos efectos culturales aún perduran.

En ese marco, la polémica mundialista funciona como una oportunidad para revisar una identidad nacional construida sobre numerosas omisiones. Más que una anomalía explicada por la composición de un equipo de fútbol, el debate revela las limitaciones de un relato que durante décadas negó la diversidad constitutiva de la sociedad argentina y cuya persistencia continúa alimentando simplificaciones tanto dentro como fuera del país.

El sistema iraní es resistente y está diseñado para soportar golpes como este

El artículo "¿Quién gobierna Irán?" de Embajada Abierta explica la arquitectura institucional de la República Islámica, un sistema híbrido donde conviven órganos electivos con instituciones religiosas que concentran el poder decisivo. Su tesis central es que, aunque Irán celebra elecciones y posee un presidente, el centro efectivo del poder reside en el Líder Supremo y en un entramado de organismos que supervisan y limitan la competencia política.

Irán no es una democracia liberal ni una dictadura militar clásica. Es una república islámica donde las instituciones electivas funcionan bajo la tutela de una compleja estructura religiosa y revolucionaria que concentra las decisiones estratégicas del Estado. Comprender quién gobierna realmente el país exige mirar más allá de la figura presidencial. El sistema iraní puede entenderse como un régimen híbrido: incorpora procedimientos electorales reales, pero el pluralismo está fuertemente restringido por mecanismos institucionales que garantizan la continuidad del proyecto político surgido de la Revolución Islámica de 1979. La competencia existe, aunque entre actores previamente aceptados por el núcleo dirigente del régimen, lo que diferencia al sistema tanto de una democracia liberal como de una autocracia puramente personalista que tanto preocupa a occidente cuyas prácticas democráticas sujetas al Estado de derecho nadie puede discutir. ¿O se puede?

Don Carlos …

El artículo de Roberto Baschetti en la revista Kranear analiza el epistolario entre el líder revolucionario Mario Roberto Santucho y el filósofo Carlos Astrada durante la década de 1960. Las cartas, fechadas entre el gobierno de Illia y la dictadura de Onganía, revelan la coordinación logística, los proyectos editoriales y el debate sobre conceptos del materialismo dialéctico utilizado en la formación militante.

Extractivismo: Un modelador del caos geopolítico y del régimen de guerra en expansión

El artículo de Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate ofrece una lectura de la minería metálica que trasciende la dimensión estrictamente económica y la sitúa como uno de los ejes centrales de la disputa geopolítica contemporánea. Su tesis principal es que la transición energética, la digitalización y el rearme militar están impulsando una nueva carrera global por el control de los minerales críticos, en un contexto de creciente rivalidad entre Estados Unidos y China.
Litio, cobre, tierras raras y cobalto ya no son simplemente commodities: se han convertido en recursos estratégicos cuya disputa redefine el mapa del poder mundial. Un análisis de Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate examina cómo la minería metálica pasó a ocupar un lugar central en la competencia entre las grandes potencias, mientras profundiza el extractivismo y las tensiones sociales en los países proveedores.