Ficha Limpia, juego sucio – Apuntes –

La ofensiva contra Cristina Kirchner ya no se juega en un solo frente. Ficha Limpia, Bullrich, Lamelas, los grandes y no tan grandes medios y la Justicia Federal forman parte de un escenario donde distintos intereses pueden converger en un mismo resultado: que Cristina no vuelva a competir electoralmente. La disputa por la Sala I de la Cámara Federal muestra, a la vez, que también se pelea dentro de la Justicia por modificar una correlación de fuerzas que durante años resultó particularmente adversa al kirchnerismo.

El virreinato petrolero: Trump y la disputa por la renta de Venezuela

La ofensiva de Trump sobre Venezuela tiene en el petróleo su verdadero núcleo estratégico. Más que cambiar un gobierno, Washington busca recuperar capacidad de decisión sobre una de las mayores reservas energéticas del planeta. La disputa no es solamente por quién extrae el petróleo, sino por quién controla la renta que produce. Y el caso venezolano plantea una pregunta incómoda para toda América Latina: ¿soberanía sobre los recursos o administración extranjera del excedente?
Hay una conexión particularmente relevante con el modelo que está construyéndose en Argentina alrededor de los hidrocarburos.
La pregunta que Venezuela vuelve a colocar sobre la mesa es: ¿Para quién se desarrolla el recurso?
No alcanza con aumentar producción, exportaciones e inversión extranjera. Hay que observar quién controla los activos, quién financia, quién exporta, quién recibe las divisas, qué impuestos y regalías quedan en el Estado y qué proporción de la renta termina en manos privadas.
Por eso, el caso venezolano constituye una advertencia mucho más amplia: la soberanía energética no se pierde únicamente cuando una potencia extranjera ocupa un yacimiento. También puede perderse cuando el Estado conserva la propiedad formal del recurso pero renuncia al control efectivo de su renta.

4 años de impunidad: Cristina Kirchner sobrevivió, las redes de poder también

El texto de Emilia Trabucco plantea que el atentado contra Cristina Kirchner fue un síntoma de una crisis democrática más profunda: la persistencia de estructuras judiciales y políticas capaces de sobrevivir a gobiernos y denuncias públicas. Cuatro años después, la bala no salió, pero la estructura de poder sigue intacta y con mayor capacidad de intervención en la Argentina.

La disputa por la Cámara Federal: cambiar un juez para cambiar el equilibrio del poder

La disputa por la composición de la Sala I de la Cámara Federal porteña expone una batalla silenciosa por el control de uno de los tribunales más estratégicos del poder judicial argentino. El eventual desplazamiento de Leopoldo Bruglia y su reemplazo por Yadarola no implica necesariamente un giro contra el lawfare, pero sí modifica el equilibrio interno de una estructura judicial que durante años tuvo un papel decisivo en las causas contra el peronismo. La reciente reconfiguración de la Cámara Federal porteña, impulsada por la aprobación en el Senado de la Nación de los pliegos de los jueces Pablo Bertuzzi y Pablo Yadarola, marca un punto de quiebre estratégico en el equilibrio de poder dentro de Comodoro Py. Este movimiento clave del gobierno de Javier Milei, coordinado bajo la gestión del ministro de Justicia Juan Bautista Mahíques, redefine las mayorías en el tribunal que tiene la última palabra sobre las causas de corrupción, lavado de dinero y delitos económicos que afectan tanto a la gestión actual como a administraciones pasadas. En el inicio Cristina tiene que ser candidata, ya se demostró que no funcionan los candidatos delegados.

Cuatro años de impunidad

El artículo de Artemio López y Rocco Carbone plantea una tesis fuerte: el intento de asesinato de Cristina Kirchner no debe ser leído como un episodio aislado de violencia política, sino como un punto de inflexión en la reconfiguración de la derecha argentina y en la posterior llegada de Milei al poder. A cuatro años del intento de femimagnicidio el ocultamiento persiste y el ensañamiento sobre Cristina Kirchner no ha cedido hasta incorporar incluso a sectores que decía identificarse con la ex presidenta. Siempre sucedió con los liderazgo populares proscriptos, ayer le pasó a Perón con los intentos de neoperonismo, todos fracasados, hoy le pasa a Cristina Kirchner el centro de las críticas a su conducción.

IA: ¿la nueva burbuja del capital?

El boom de la inteligencia artificial está llevando las ganancias corporativas estadounidenses a niveles históricos, pero detrás de la euforia tecnológica aparece una estructura mucho más frágil: salarios deprimidos, concentración del capital, endeudamiento masivo, compromisos fuera de balance y un circuito financiero que necesita que la demanda de IA crezca indefinidamente. La pregunta no es si la IA transformará la economía, sino si el capitalismo podrá convertir los cientos de miles de millones invertidos en una rentabilidad suficiente para evitar que la revolución tecnológica termine convertida en una nueva burbuja financiera.
Y esto conecta directamente con la cuestión argentina. Milei ofrece a la Argentina como plataforma de recursos naturales, energía barata y desregulación para ese nuevo ciclo de acumulación al que da por consolidado. Sin embargo la discusión, entonces, no debería limitarse a cuántos dólares puede atraer la IA, sino su sustentabilidad y en todo caso quién captura la renta energética, quién controla la infraestructura y qué parte del excedente queda en el país. La experiencia histórica juega en contra e indica que cuando una nueva revolución tecnológica de consolidarse, llega acompañada de una enorme concentración financiera, la pregunta decisiva no es cuánto crece la tecnología, sino quién se apropia de sus ganancias y quién paga sus crisis.

Venezuela: Algún dia nunca llega o » tienen cien años para acostrumbrase»

Venezuela parece estar convirtiéndose en el principal monumento a la nueva escuela de contribuciones. Hasta hace poco, ocupaba las portadas de los periódicos: la operación militar estadounidense, la captura de Nicolás Maduro, su traslado a Estados Unidos, el liderazgo interino liderado por Delcy Rodríguez, las declaraciones de Donald Trump sobre el nuevo futuro del país. Luego la atención se desplazó hacia Irán, el Estrecho de Ormuz y otra gran guerra. Venezuela está casi olvidada.

Mientras tanto, fue allí, en silencio, donde quizá ocurría lo más interesante: se estaba aclarando el precio de la victoria estadounidense. O más bien, ¿cuánto le debe Venezuela a Trump por un nuevo futuro feliz, bajo el patrocinio de Estados Unidos? El caso venezolano debería ser observado con enorme atención desde Argentina.

Porque el patrón no se limita al petróleo. Litio, gas, cobre, oro, tierras raras, agua y energía constituyen hoy el centro de una nueva disputa mundial por recursos estratégicos. América Latina vuelve a ocupar una posición central, pero la pregunta es si será capaz de transformar esa riqueza en desarrollo autónomo o si volverá a quedar reducida a proveedora de materias primas.

En ese sentido, Venezuela funciona como un caso extremo de una tendencia mucho más amplia: la disputa por los recursos naturales está reemplazando progresivamente a la vieja disputa ideológica como uno de los principales ejes de la geopolítica mundial.

Y allí aparece una conexión inevitable con la Argentina de Milei: mientras Trump construye una estrategia imperial-nacionalista para garantizar recursos estratégicos a Estados Unidos, el gobierno argentino promueve una apertura extraordinariamente favorable al capital extranjero sobre recursos estratégicos argentinos.

La diferencia es fundamental: Trump utiliza el mercado para fortalecer el poder imperial estatal estadounidense; el Psycho Killer presenta la subordinación de los recursos al capital transnacional como si fuera sinónimo de soberanía de mercado.

Ese contraste merece ser discutido. Venezuela muestra hacia dónde puede conducir una política de recursos estratégicos cuando la correlación de fuerzas permite que una potencia externa determine quién invierte, quién extrae y quién controla la renta. Argentina debería mirar ese espejo antes de entregar los suyos, pero con el gatito mimoso, no lo hará, obvio.

Museo de novedades: Palantir en los 70

Los archivos desclasificados del Ministerio de Asuntos Exteriores británico muestran que Gran Bretaña llevó a cabo una ofensiva de propaganda encubierta para impedir que el líder chileno Salvador Allende ganara dos elecciones presidenciales democráticas, y ayudó a preparar el terreno para el brutal régimen militar del general Augusto Pinochet.

Vannacci y la nueva derecha italiana: de lucha de clases a guerra cultural

El texto de Le Grand Continent es especialmente interesante porque permite ir más allá de la caracterización de Roberto Vannacci como un dirigente de “extrema derecha” y reconstruir la arquitectura ideológica de la nueva derecha europea. El programa de Futuro Nazionale, presentado de cara a las elecciones de 2027, combina nacionalismo identitario, conservadurismo católico, soberanismo, crítica a la UE y una política económica que conserva elementos del liberalismo.
Vannacci rechaza explícitamente el mundo unipolar estadounidense y reivindica un orden multipolar. El programa sostiene que las doctrinas de Wolfowitz y Brzezinski buscaron impedir el surgimiento de potencias autónomas y debilitar a Rusia y a los países europeos.
Y propone algo particularmente significativo: reabrir los canales de comunicación con Rusia, incluso por razones energéticas.
La argumentación es geopolítica y económica: Italia necesita energía barata y debe evitar que la confrontación europea con Moscú empuje a Rusia definitivamente hacia China.
Esto coloca a Vannacci en una posición que, aunque no sea idéntica, tiene puntos de contacto con sectores de la derecha soberanista europea y con determinados sectores de la administración Trump.
Europa sí, pero una Europa de naciones soberanas; Occidente sí, pero sin subordinación automática a Washington; mercado sí, pero subordinado al interés nacional.
Vannacci quiere una Italia soberana, pero no plantea una transformación de las estructuras económicas que producen dependencia.
Por eso su nacionalismo puede ser entendido como una tentativa de recomponer la hegemonía de las clases dominantes mediante una nueva alianza social.
La cuestión social no desaparece: cambia de lenguaje. En lugar de capital versus trabajo la nueva derecha propone italianos productivos versus globalistas, burócratas, inmigrantes y élites cosmopolitas.
Ese desplazamiento es políticamente decisivo y aquí aparece una comparación particularmente útil con Javier Milei.

Vannacci y Milei son diferentes y no deben confundirse, especialmente porque Vannacci reivindica un Estado con capacidad estratégica, políticas industriales, negociación colectiva, energía nacional y protección del empleo.
Pero ambos participan de una transformación más amplia de la derecha occidental: la construcción de una identidad política que combina reacción cultural, liderazgo fuerte y ruptura con el liberalismo cosmopolita tradicional.
La diferencia fundamental es que Milei mantiene un discurso mucho más radicalmente libertario en materia económica, mientras Vannacci intenta ocupar el espacio de una derecha nacional-productivista.
Por eso Vannacci puede resultar incluso más interesante como fenómeno político: busca responder al deterioro material de las clases populares sin entregar la conducción de ese descontento a la izquierda.
Y ése es probablemente el núcleo estratégico del fenómeno. La nueva derecha europea está intentando hacer algo que históricamente hizo la izquierda: hablarle al trabajador sobre su salario, su empleo, su vivienda y su futuro. La diferencia es que lo hace sustituyendo la conciencia de clase por conciencia nacional.

«Hoy destruínda pero mañana reconstruída»

En una entrevista atravesada por el centenario del nacimiento de Fidel Castro, Abel Prieto sostiene que la ofensiva estadounidense contra Cuba busca producir las condiciones materiales y psicológicas para una ruptura política. Pero advierte que el poder imperial tiene límites. Su reflexión sobre la guerra cultural, los “pobres de derecha” y la destrucción de la capacidad crítica resulta particularmente pertinente para comprender el avance contemporáneo de las nuevas derechas.

La afirmación de Prieto —“combatimos contra un enemigo muy poderoso, pero no todopoderoso”— condensa una concepción del conflicto internacional que excede ampliamente la cuestión cubana. Washington conserva una capacidad económica, financiera, tecnológica, militar y comunicacional extraordinaria, pero esa capacidad no equivale a omnipotencia. El dato estratégico central es precisamente ese: la hegemonía no significa dominio absoluto.

El caso cubano constituye un laboratorio extremo. Según Prieto, la actual política estadounidense ya no puede ser caracterizada simplemente como bloqueo comercial: se trata de una estrategia de asfixia multidimensional, dirigida contra combustible, alimentos, medicamentos, transporte, turismo, cooperación médica y vínculos empresariales internacionales. El objetivo político sería provocar un deterioro social suficientemente profundo como para convertir la crisis económica en crisis de legitimidad y, finalmente, en ruptura política.

Venezuela: la deuda como arma del poder imperialista

El artículo de Viento Sur plantea una cuestión central que permite salir de la lectura convencional de la deuda venezolana: no se trata simplemente de cuánto debe Venezuela, sino de quién tiene capacidad efectiva para cobrar, administrar y condicionar esa deuda.

Sigo esperando el impacto

La narrativa oficial presenta la experiencia mileísta como una recuperación basada en el equilibrio fiscal, la desinflación y la apertura económica. Pero detrás de las variables macroeconómicas aparece otra realidad: contracción del consumo, deterioro del mercado laboral, pérdida de capacidad adquisitiva y una creciente transferencia de ingresos hacia los sectores concentrados. El problema no es solamente cuánto crece la economía, sino quién captura ese crecimiento y quién paga el costo de su estabilización.

El texto desarrollará especialmente la contradicción entre estabilización macroeconómica y reproducción social, evitando reducir el análisis a la discusión sobre déficit, inflación o PIB. La hipótesis central será que el programa de Milei no constituye simplemente un plan de ordenamiento fiscal, sino una reconfiguración regresiva de la distribución del ingreso y de las relaciones de poder entre capital y trabajo.

La cuestión es especialmente relevante porque el propio oficialismo comienza a modificar su política económica. Bloomberg señaló en agosto que el Gobierno está flexibilizando algunos aspectos del ajuste monetario procurando inyectar liquidez para reactivar una economía cuyo enfriamiento empieza a afectar la percepción social. No se trata de un detalle técnico: constituye el reconocimiento implícito de que la estabilidad macroeconómica neoliberal por sí sola, no garantiza estabilidad política y menos aún eficacia electoral.

La Argentina también

El primer debate presidencial francés, celebrado el jueves, fue organizado por la agrupación empresarial Medef. Los empresarios rieron cuando el candidato de izquierda, Jean-Luc Mélenchon, pidió aumentos salariales, pero él hablaba muy en serio. La fórmula francesa "más trabajo, menos gasto público" tiene un paralelo evidente con la narrativa libertaria argentina: reducción del Estado, desregulación, disminución de cargas laborales, subordinación del salario a la competitividad y transformación de los derechos sociales en "costos".

Pero existe una diferencia fundamental.

En Francia, la disputa todavía se desarrolla dentro de una sociedad con una tradición de derechos sociales, organización sindical y Estado de bienestar mucho más consolidada. Por eso la ofensiva empresarial necesita presentarse como una inevitable modernización frente a la deuda, la competitividad y el envejecimiento demográfico.

En Argentina, en cambio, el programa de ajuste puede avanzar sobre una estructura social mucho más vulnerable.

El punto de contacto es precisamente éste:

la cuestión central no es cuánto debe gastar el Estado, sino quién absorbe el costo del ajuste.

Si el ajuste recae sobre salarios, jubilaciones, empleo público, servicios sociales y regulación laboral, estamos frente a una socialización de los costos de la crisis mientras se preservan o expanden determinados espacios de rentabilidad privada.

Badiou contra la vida falsa: juventud, capitalismo y la política de volver a tener una idea por la cual vivir

El texto de Alain Badiou es particularmente potente porque no presenta la juventud como una cuestión biológica o generacional, sino como un problema político: quién define el sentido de la vida y para qué se vive. El artículo de Eterna Cadencia reproduce un pasaje de La verdadera vida, donde Badiou retoma a Sócrates, Platón y Rimbaud para formular una crítica radical de la sociedad contemporánea.

La tesis central: hay una vida falsa y una vida verdadera

Para Badiou, la "vida verdadera" no consiste en alcanzar bienestar individual, riqueza o reconocimiento. Es, fundamentalmente, una existencia organizada alrededor de una Idea que trasciende el interés individual.

Por eso recupera la pregunta socrática: ¿qué es una vida verdadera? Y contrapone esa vida a una existencia subordinada al dinero, el poder, el consumo y la satisfacción inmediata. La filosofía tendría precisamente la función de "corromper" a los jóvenes: sacarlos de los caminos previamente trazados y hacerles imaginar que el mundo puede ser de otra manera.

Esto tiene una consecuencia política muy fuerte: la juventud peligrosa para el orden establecido no es necesariamente la que protesta, sino aquella que empieza a imaginar una vida que no está organizada por las reglas del orden existente.

Las dos trampas de la juventud

Badiou identifica dos caminos aparentemente opuestos pero que terminan funcionando dentro de la misma lógica.

1. Consumir la vida.
Es el culto al instante, al placer, a la experiencia inmediata, a la rebelión episódica. Puede adoptar incluso formas aparentemente radicales: protesta, insurrección, ocupación de plazas, "no future". El problema es que, si no construye una orientación duradera, la rebelión termina consumiéndose a sí misma.

2. Construir una carrera dentro del sistema.
Es la otra cara: estudiar, competir, ascender, ganar dinero, obtener prestigio y encontrar un lugar confortable dentro del orden social. Badiou describe aquí el recorrido que lleva de las instituciones educativas a las grandes empresas, las finanzas, los medios y el Estado.

La formulación es extraordinariamente precisa:

Quemar o construir.

El problema es que ambas alternativas pueden terminar produciendo vidas subordinadas a la lógica existente: una mediante el nihilismo de la inmediatez; la otra mediante la integración exitosa al sistema.

El punto verdaderamente político

Aquí aparece lo más interesante desde una perspectiva de clase.

Badiou sostiene que el capitalismo contemporáneo ha debilitado los antiguos ritos de pasaje, pero no ha liberado realmente a los jóvenes. Al desaparecer las antiguas formas de iniciación, aparece una juventud más libre formalmente, pero también más errante y desorientada.

Y esa desorientación puede ser funcional al mercado.

El individuo adulto queda convertido, en cierto sentido, en un consumidor de juguetes cada vez más grandes: automóvil, vivienda, tecnología, viajes, marcas, experiencias. La diferencia entre adulto y adolescente se vuelve cuantitativa: el adulto simplemente tiene mayor capacidad de consumo.

Esto permite una lectura marxista muy fértil: el capitalismo no necesita solamente explotar el trabajo; necesita producir sujetos cuyos deseos sean compatibles con la reproducción del capital.

La mercancía sustituye parcialmente a la Idea.

Y aquí aparece la cuestión generacional

El pasaje que probablemente más interesa es el que plantea una alianza entre jóvenes y viejos contra los adultos actuales.

Badiou propone una provocación deliberada: jóvenes menores de treinta y viejos mayores de sesenta contra los adultos de cuarenta y cincuenta años "bien establecidos". No se trata literalmente de una guerra de edades, sino de una metáfora para identificar una posición social: quienes todavía no han sido plenamente integrados al orden y quienes, por edad, han atravesado las luchas anteriores pero no han renunciado a ellas.

Ahí está el núcleo político de la propuesta.

No es una alianza entre edades. Es una alianza entre posiciones frente al orden social.

Y eso permite corregir una interpretación superficial de Badiou: no está diciendo que todos los jóvenes tengan intereses comunes ni que todos los mayores sean potencialmente emancipatorios. De hecho, reconoce explícitamente que las diferencias de clase atraviesan a la juventud y pueden reaparecer bajo nuevas formas —origen social, residencia, educación, consumo, identidad— aunque parezca existir una cultura juvenil homogénea.

Una lectura muy actual para la Argentina

La hipótesis adquiere una enorme actualidad si se la aplica a la Argentina contemporánea.

El proyecto neoliberal puede ser leído como una combinación de las dos falsas salidas que Badiou identifica:

por un lado, la vida inmediata, el consumo, la gratificación instantánea, la exposición permanente, el entretenimiento y la política convertida en espectáculo;
por otro, la vida como competencia, donde cada individuo debe convertirse en empresario de sí mismo, acumular capital humano y aceptar que el éxito o el fracaso son exclusivamente responsabilidad individual.

En ambos casos desaparece la pregunta fundamental de Badiou:

¿para qué vale la pena vivir?

Y desaparece, junto con ella, otra pregunta todavía más peligrosa para el orden establecido:

¿qué sociedad habría que construir para que esa vida fuera posible?

Ese es el punto donde Badiou pasa de la filosofía a la política.

La verdadera vida no es una vida privada mejor administrada. Es una vida que encuentra una verdad colectiva por la cual comprometerse. Una lectura especializada de Badiou coincide en que "vivir verdaderamente" implica vivir en relación con una Idea y con un acontecimiento capaz de abrir una posibilidad nueva de existencia.

La paradoja final

Hay además una paradoja muy poderosa.

El capitalismo contemporáneo glorifica a la juventud al mismo tiempo que la teme. La convierte en objeto de publicidad, consumo y deseo, mientras reprime o estigmatiza a la juventud popular cuando esa juventud deja de ser consumidora y se transforma en sujeto político. Badiou observa precisamente esa coexistencia entre "jovenismo" y miedo a la juventud.

Por eso su propuesta de una alianza entre jóvenes y viejos rebeldes puede leerse como una estrategia de reconstrucción de una memoria política intergeneracional: jóvenes que buscan orientación y mayores que conservan la experiencia de luchas históricas.

Y acá aparece una idea particularmente fecunda para pensar el presente argentino:

el problema no es que los jóvenes hayan perdido la política; el problema es que el sistema intenta ofrecerles dos sustitutos de la política: consumo o éxito individual.

La verdadera ruptura comenzaría cuando una generación vuelva a considerar que una vida individual sólo puede adquirir pleno sentido dentro de un proyecto colectivo de transformación social.

Milei derrite la Ley de Glaciares: federalismo para abrir la cordillera al capital extractivo. ¿Qué podemos esperar?

El presente artículo establece un análisis comparativo y crítico entre el colapso criosférico ocurrido en el pico Langtang Lirung (Nepal) en agosto de 2026 y las implicancias ambientales derivadas de la reforma a la Ley Nacional de Glaciares en la República Argentina (promulgada como Ley 27.804 en abril de 2026). Se sostiene que la flexibilización de la tutela jurídica sobre el ambiente periglacial, motivada por lógicas de desregulación económica, incrementa de manera exponencial los riesgos de inestabilidad geológica y estrés hídrico crónico en las cuencas andinas, desoyendo las advertencias empíricas que los desastres en el Himalaya imponen a la gobernanza climática global. Finalmente, se examina la reciente ola de demandas colectivas e impugnaciones constitucionales que buscan frenar la aplicación de la nueva norma. En la apertura: ¿Cual fue el origen de la catástrofe que arrasó un valle en Nepal y ha dejado una terrible lista de víctimas y desaparecidos? ¿Se podría haber evitado? ¿Hay más lugares en el mundo donde puede ocurrir esto mismo?

Cómo los medios dominantes convierten el genocidio en Gaza en una mercancía más

Chris Hedges analiza el mecanismo mediante el cual los grandes medios convierten la destrucción de Gaza en una sucesión de acontecimientos aislados, eufemismos y controversias. La guerra no se libra solamente con bombas: también necesita un aparato mediático capaz de transformar la violencia estructural en información neutral. Y ahora esa batalla se extiende a la inteligencia artificial, donde gobiernos y corporaciones intentan disputar las fuentes con las que las máquinas construirán nuestra percepción del mundo.

La tesis central de Chris Hedges puede condensarse así: el genocidio necesita armas para ejecutarse, pero necesita un régimen de representación para volverse políticamente sostenible.

Por eso la disputa por Gaza no ocurre solamente en el territorio palestino. También se libra en las redacciones, las universidades, las redes sociales, las plataformas digitales y ahora en los sistemas de inteligencia artificial.

El dato más significativo es que el aparato de propaganda empieza a trasladarse desde el control de los medios hacia el control de los algoritmos que organizan el conocimiento.

En ese sentido, Gaza anticipa un problema mayor: quién controla la producción social de la verdad cuando la información deja de estar mediada exclusivamente por periodistas y pasa a ser sintetizada por máquinas alimentadas por bases de datos que también pueden ser intervenidas políticamente.

La crisis del liberalismo y el ascenso político del resentimiento

El ensayista y novelista indio Pankaj Mishra ha escrito algunas de las obras más incisivas sobre las heridas persistentes del imperialismo, las promesas incumplidas de la modernidad y las tradiciones intelectuales poscoloniales desplazadas por los relatos centrados en Europa y Estados Unidos. En esta entrevista, Mishra repasa su formación intelectual en la India poscolonial, el impacto cultural de la Unión Soviética en Asia, las posibilidades y límites de la tradición socialista, las promesas truncas del antiimperialismo y la crisis moral de Occidente ante el ascenso de las extremas derechas, la islamofobia, el nacionalismo hindú de Narendra Modi y la ofensiva israelí sobre Gaza. Leyendo la entrevista veremos que Milei representa una versión particularmente radical de aquello que Mishra identifica como crisis del liberalismo: un discurso que presenta al mercado como principio ordenador de la sociedad y al Estado como obstáculo, mientras procura una reconfiguración profunda de las relaciones de poder entre capital y trabajo.

Pero hay una diferencia importante: en Argentina, esa operación se realiza sobre una sociedad con una tradición histórica mucho más fuerte de Estado social, sindicalismo, movilidad ascendente y derechos laborales.

Por eso el conflicto no es meramente económico. Es también una disputa por la memoria histórica de lo que constituye una sociedad legítima.

Desde esta perspectiva, Milei y su gobierno pueden ser interpretados como parte de una tendencia internacional que Mishra describe, pero con una particularidad argentina: la radicalización neoliberal intenta desarmar instituciones construidas durante décadas de conflicto entre capital y trabajo sin que haya aún una oposición dispuesta a enfrentar frontalmente la deconstrucción.

Trump y Milei: del control migratorio al control social

El ICE está construyendo una gigantesca reserva genética de migrantes que alimenta la principal base de ADN criminal de Estados Unidos. Lo que comienza como política de control fronterizo abre una nueva fase del capitalismo de vigilancia: la apropiación estatal de información biológica de poblaciones vulnerables para usos policiales presentes y futuros. La comparación con Milei es pertinente, pero hay que hacerla con precisión: Argentina no está en el punto del “saqueo genético” del ICE que describe Sgarzini; está avanzando en la construcción de una infraestructura de vigilancia biométrica, digital y migratoria que podría constituir el sustrato para una expansión futura.

La similitud más importante no está todavía en el ADN, sino en la lógica política. Trump convierte al migrante en objeto privilegiado de extracción de información biológica; Milei está desplazando la cuestión migratoria desde un paradigma de derechos hacia uno de seguridad, control e inteligencia. El DNU 366/2025 endureció el régimen migratorio y el Gobierno incorporó mecanismos de autenticación biométrica en los pasos fronterizos.

El paralelismo se vuelve más significativo cuando se observa la expansión de las tecnologías de vigilancia en Argentina. En 2024-2025 el Gobierno incorporó herramientas de reconocimiento facial, monitoreo de redes y plataformas de análisis de información; además, en 2026 se informó sobre el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial capaces de cruzar información proveniente de distintos organismos estatales.

La cuestión de fondo es quién controla esos datos y para qué. Una base biométrica no es simplemente una herramienta administrativa: cuando se articula con inteligencia artificial, reconocimiento facial, información migratoria, antecedentes, redes sociales y bases estatales, puede convertirse en una infraestructura de clasificación y vigilancia de la población.

Y aquí aparece una diferencia importante entre Trump y Milei. En Estados Unidos, el dispositivo tiene una escala y una acumulación genética muy superiores. En Argentina, el proceso está más avanzado en el terreno de la biometría, la vigilancia digital y la securitización de la migración. El peligro no reside entonces en afirmar que Milei ya está haciendo lo mismo que ICE, sino en advertir que se está construyendo una arquitectura tecnológica compatible con una expansión de esas prácticas.

Hay además una dimensión de clase particularmente clara. La población migrante pobre constituye el primer objetivo de esta transformación. El Gobierno ha endurecido los requisitos para ingresar y permanecer en Argentina y ha asociado crecientemente migración, seguridad y criminalidad. Paralelamente, mantiene mecanismos destinados a facilitar la radicación de extranjeros que aporten capital.

Es decir: fronteras más cerradas para el migrante pobre y puertas selectivamente abiertas para el capital extranjero.

Ese contraste permite formular una hipótesis política más amplia: el neoliberalismo de Milei no elimina al Estado; lo reconfigura y amplía. Reduce sus funciones sociales y amplía sus capacidades de vigilancia, identificación, disciplinamiento y protección de la propiedad.

La comparación con el modelo Trump resulta entonces reveladora: el Estado que se retira de la protección social reaparece fortalecido como Estado policial, fronterizo y tecnológico.

El ADN es apenas el límite extremo de una transformación más amplia: cuando el Estado deja de garantizar derechos y comienza a clasificar cuerpos, migrantes y ciudadanos mediante tecnologías de vigilancia, la información personal se convierte en un nuevo recurso estratégico del poder.

¿Cuánto falta para que la biometría migratoria, el reconocimiento facial, la inteligencia artificial y las bases de datos estatales dejen de ser instrumentos administrativos y se conviertan en una verdadera infraestructura de vigilancia social?

Primer paso

Ayer se dió un paso central para consolidar el modelo peruano en La Argentina, aunque conviene hacer una precisión conceptual: el caso peruano no demuestra que el Banco Central haya quedado literalmente “por encima” del poder político. Lo que muestra es algo más sofisticado: una autonomización institucional de la política monetaria, acompañada por una fuerte inestabilidad del sistema presidencial. Julio Velarde preside el BCRP desde octubre de 2006, atravesando los gobiernos de Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Pedro Castillo y Dina Boluarte. Hemos analizado acá lo suficiente sobre la fragilidad del sistema de representación, su fragmentación estructural en un contexto donde el principal liderazgo de plexo nacional encarnado en Cristina Fernández de Kirchner, de cuyo intento de supresión física se cumplirán 4 años, hoy proscripto y cumpliendo prisión rigurosa sin fundamentos legales conocidos.