Mes octubre 2026

Venezuela: Siguen apareciendo las actas

Mientras en Venezuela el vector es la reconexión financiera; en Argentina, el régimen que organiza la captura de renta de recursos, el RIGI. Son piezas del mismo capitalismo estratégico, no el mismo negocio.

En Venezuela, Erebor Bank —startup con charter bancario estadounidense, cofundada por Palmer Luckey y Joe Lonsdale y respaldada por el Founders Fund de Peter Thiel— se ofreció desde mayo de 2026 a restablecer corresponsalía y subcuentas en dólares para bancos y empresas locales, en un mercado que la banca global sigue evitando por sanciones. En octubre se reportó un acuerdo de corresponsalía con el Banco de Venezuela. El interés declarado no es sólo bancario: el mismo ecosistema (Thiel, Palantir, Anduril) articula finanzas, defensa, datos y minerales críticos. La palanca es el acceso al sistema de pagos estadounidense.

En Argentina la palanca es otra. El RIGI funciona como contrato de largo plazo entre el Estado y el capital de gran escala: estabilidad fiscal y cambiaria, beneficios impositivos y libre disponibilidad gradual de divisas a cambio de un piso de inversión. A mediados de septiembre de 2026 el gobierno contabilizaba 23 proyectos aprobados por unos US$49.800 millones, con el cobre en torno a US$13.300 millones y el litio cerca de US$5.800 millones, más los desarrollos de Vaca Muerta (Los Toldos II Este, Rincón de Aranda, el oleoducto Vaca Muerta Sur, y más tarde Bajo del Choique–La Invernada de Pluspetrol, anunciado en US$12.400 millones a 25 años).

Vicuña encaja en esa cifra. Es la sociedad de BHP y Lundin Mining sobre Josemaría y Filo del Sol, en San Juan, con extensión a Chile. En febrero de 2026 la evaluación económica preliminar estimó US$18.000 millones a lo largo de varios años —el canciller Quirno habló de los primeros diez—, con unos US$7.000 millones hasta el primer concentrado de cobre, previsto para 2030. En julio el Ministerio de Economía aprobó su ingreso al RIGI como proyecto de exportación estratégica de largo plazo, con un compromiso de US$9.700 millones hasta 2031, parte de ese potencial mayor. La producción media proyectada para los primeros 25 años es de unas 395.000 toneladas de cobre, 711.000 onzas de oro y 22,2 millones de onzas de plata al año.

La pregunta de fondo el RIGI la responde de un modo preciso. El Estado no desaparece: diseña el marco, aprueba el ingreso y retiene regalías e impuestos residuales. Lo que cede es la capacidad de revisar, durante décadas, la alícuota, las retenciones y el acceso a divisas. La renta del recurso queda así repartida entre un operador extranjero que controla la tecnología, el financiamiento y la colocación, una provincia que cobra regalías, y un Estado nacional que cambia ingreso fiscal futuro y margen de política por inversión presente y exportaciones. No es concesión petrolera clásica ni nacionalización: es un régimen de estabilidad a medida del capital que puede movilizar decenas de miles de millones.

La analogía con Erebor sirve si se la lee así. No hace falta que Thiel tenga un banco en Buenos Aires. El patrón es la integración de eslabones que antes estaban separados: quien financia, quien extrae el mineral o el hidrocarburo, quien provee la infraestructura y, en el caso venezolano, quien reabre la puerta al dólar. En Argentina ese paquete lo arman BHP, Lundin, Rio Tinto, Glencore y las operadoras de Vaca Muerta, bajo un marco que el Estado escribió para atraerlos y que, una vez firmado, le quita margen para rediscutir quién se queda con la renta. Han aparecido las actas, la casa está en orden.

Salvo que se logre perturbar el sistema mediante la acción colectiva, el único vestigio de control que tienen los trabajadores bajo el capitalismo es el poder de salida

¿Qué clase de democracia es aquella en la que una persona tiene derecho a votar cada cuatro años pero durante ocho horas diarias no tiene derecho a decidir prácticamente nada sobre la actividad que sostiene su existencia?

Esa contradicción permite conectar muy bien Marx, Gramsci, Althusser y la democracia económica contemporánea: la disputa por la democracia no termina en el Estado; continúa en el lugar donde se produce el valor y donde se decide quién se apropia del excedente.

Anwar Shaikh: comprender el capitalismo para transformar la realidad

La muerte de Anwar Shaikh deja una ausencia significativa en la economía política marxista. Su obra tuvo una virtud poco frecuente: estudiar el capitalismo realmente existente —su competencia, sus crisis, sus desequilibrios y sus relaciones de clase— sin reducirlo a modelos abstractos ni a recetas de política económica.

Su legado resulta particularmente actual para pensar la Argentina de Milei. Shaikh mostró que “liberar el mercado” no elimina las contradicciones del capitalismo: las reorganiza. En una economía periférica, esa reorganización puede trasladar los costos hacia el trabajo, debilitar las capacidades estatales y profundizar la subordinación frente al capital internacional.

Su aporte permite dialogar con Marx, Poulantzas y Althusser desde una premisa fundamental: la política no actúa por fuera de las estructuras de clase. El Estado puede intervenir sobre la economía, pero no puede abolir por decreto las relaciones sociales que sostienen la acumulación capitalista.

Recordar a Shaikh es, entonces, mucho más que recordar a un economista marxista. Es reivindicar una forma de pensar que se negó a confundir el funcionamiento del mercado con la naturaleza de la sociedad y que buscó explicar, detrás de las cifras, quién acumula, quién decide y quién paga los costos de las crisis.

Su obra queda como herramienta para comprender un capitalismo que sigue siendo, como él enseñó, competencia, conflicto y crisis.

China: cuando el Sur Global puede dejar de ser periferia tecnológica

China está disputando el monopolio tecnológico que durante décadas permitió al Norte Global controlar los segmentos de mayor valor de la economía mundial. Vehículos eléctricos, baterías, energías renovables, telecomunicaciones, drones, inteligencia artificial y farmacéutica expresan algo más profundo que una competencia empresarial: la posibilidad de que un país del Sur Global construya capacidades tecnológicas propias y modifique la división internacional del trabajo. La cuestión decisiva para América Latina no es admirar o rechazar a China, sino preguntarse qué condiciones políticas y económicas permitirían dejar de ser proveedores de materias primas para convertirse también en productores de tecnología, conocimiento y valor.

Recuperar la dimensión moral de la política

Recuperar la dimensión moral de la política no significa reemplazar el análisis de clase por una condena abstracta del bien y del mal. Significa comprender que el capitalismo puede producir injusticias estructurales sin necesitar individuos perversos, pero que explicar sus mecanismos no obliga a justificar sus consecuencias. La izquierda necesita construir una moral de clase: una ética de la justicia social que identifique tanto las estructuras de la explotación como los intereses que se benefician de ella.

Victorianos: Prepararse para la guerra

El texto de Jonathan Cook que publicamos es especialmente potente para una lectura de clase y de poder imperial, porque desplaza la discusión de la aparente disputa entre Tucker Carlson y Jacob Rees-Mogg hacia una cuestión mucho más profunda: quién tiene derecho a matar, quién define qué violencia es legítima y qué vidas pueden ser sacrificadas en nombre de los intereses de las grandes potencias.
Cook sostiene que buena parte del establishment liberal británico presentó a Rees-Mogg como el vencedor del debate con Carlson. Pero, según su lectura, ocurrió casi lo contrario. Rees-Mogg defendió explícitamente la idea de que en una “guerra total” puede ser legítimo matar civiles, y calificó como “incuestionablemente” justificado el uso estadounidense de armas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki.Hay un elemento muy actual: la entrevista de Tucker Carlson y Rees-Mogg que efectivamente estuvo centrada en la preparación británica para una eventual guerra con Rusia, el gasto militar, las armas nucleares, la Segunda Guerra Mundial y la soberanía ucraniana. La discusión, no es marginal: expresa una disputa real dentro de la derecha occidental sobre qué hacer con el declive relativo del poder occidental y quién debe asumir sus costos.
No estamos viendo solamente una disputa entre belicismo e “aislacionismo”. Estamos viendo una disputa dentro de las élites occidentales sobre la administración de un orden imperial en crisis.

Piketty: Ganaron los malos

Piketty demuestra con cifras la obscena concentración de la riqueza que produce el capitalismo, pero su propuesta tropieza con el límite de toda política que confía demasiado en la razón de las instituciones y demasiado poco en la lucha de clases. No basta con gravar las fortunas: hay que disputar el poder de quienes controlan el capital, las finanzas y los resortes fundamentales de la economía. La cuestión decisiva no es cómo convencer a los ricos de aceptar una distribución más justa, sino cómo construir la fuerza organizada de las clases trabajadoras para imponerla. Piketty tiene razón sobre la enfermedad, pero todavía deposita demasiada confianza en la medicina institucional.

El capitalismo puede aceptar determinados niveles de redistribución cuando la correlación de fuerzas lo obliga —impuestos progresivos, Estado de bienestar, derechos laborales, reducción de la jornada—, pero tiende permanentemente a reconstruir la concentración cuando esas fuerzas sociales retroceden.

Por eso la pregunta decisiva no es solamente cómo distribuir mejor la riqueza, sino cómo construir nuevamente el poder colectivo de quienes producen la riqueza.

Y aquí aparece una diferencia sustancial entre una perspectiva socialdemócrata avanzada y una perspectiva socialista: la primera busca domesticar la acumulación; la segunda intenta transformar las relaciones sociales que hacen posible esa acumulación.
Milei, Trump, Lula y la ofensiva contemporánea de las derechas: mientras Piketty imagina una redistribución global racional, las derechas están construyendo políticamente el sujeto contrario. Convencen a sectores populares de que su enemigo es el inmigrante, el empleado público, el pobre, el Estado, el impuesto o incluso otro trabajador, mientras el gran capital queda fuera del campo de batalla.

Ese es quizás el verdadero problema político de nuestro tiempo: la desigualdad no se sostiene solamente por la concentración económica, sino también por la capacidad de las clases dominantes para transformar las contradicciones entre explotados en enfrentamientos entre explotados.

Y ahí Piketty necesita algo que sus estadísticas, por extraordinarias que sean, no pueden proporcionar por sí mismas: organización, conciencia de clase y poder político.

Cuando los mercados celebran y las mayorías no llegan a fin de mes

Hay una contradicción que atraviesa a las derechas contemporáneas: pueden exhibir crecimiento económico, inversiones, mercados financieros en alza y determinados indicadores favorables, pero cada vez les resulta más difícil convencer a las mayorías de que esa prosperidad también les pertenece.

El caso de Donald Trump es revelador. Un reciente análisis de Axios muestra la distancia entre los indicadores macroeconómicos y la percepción cotidiana de los estadounidenses. Los precios, la vivienda, la gasolina, las tasas de interés y la inseguridad laboral pesan más que cualquier dato del PIB.

La contradicción no es comunicacional. Es material.

Un trabajador no compra el PIB. No paga el supermercado con la tasa de crecimiento ni la hipoteca con la cotización de Wall Street. La economía que importa para las mayorías es la que determina cuánto cuesta reproducir diariamente su vida.

Trump llegó nuevamente al poder explotando esa frustración. Prometió recuperar salarios, empleo industrial y capacidad adquisitiva. Ahora empieza a ser juzgado por las mismas condiciones materiales que utilizó para cuestionar a sus adversarios.

Aquí aparece una cuestión de clase que el lenguaje económico suele ocultar: no alcanza con preguntar cuánto crece una economía; hay que preguntar quién se apropia de ese crecimiento.

La inteligencia artificial ofrece un ejemplo paradigmático. El capital celebra inversiones, productividad y valorizaciones bursátiles; millones de trabajadores observan, en cambio, la posibilidad de que la automatización transforme o elimine sus empleos. El capital celebra la productividad futura. El trabajador pregunta si tendrá trabajo mañana.

La misma contradicción aparece en Argentina.

Milei construye buena parte de su legitimidad sobre la caída de la inflación, el equilibrio fiscal, la recuperación financiera y las expectativas de los mercados. Pero una economía no se convierte automáticamente en una experiencia social positiva porque mejoren sus variables financieras.

Puede bajar la inflación y mantenerse un nivel de precios inaccesible para millones. Puede equilibrarse el presupuesto mientras se deterioran servicios públicos. Puede aumentar la rentabilidad empresarial mientras se debilita el empleo formal. Puede crecer la inversión mientras aumenta la precariedad.

No se trata de negar los datos, sino de preguntar qué relaciones sociales producen esos resultados y quién se apropia de sus beneficios.

Ese es el punto que las derechas intentan desplazar mediante la individualización del conflicto. Si el salario no alcanza, falta capacitación. Si no hay trabajo, es un problema personal. Si aumenta el endeudamiento, fue una mala decisión familiar. La estructura desaparece detrás de la responsabilidad individual.

Pero la experiencia cotidiana termina imponiéndose.

Trump puede decir que la economía funciona. Milei puede afirmar que el programa es exitoso. Los mercados pueden acompañarlos. Existe, sin embargo, un límite político: la percepción que las clases populares tienen de sus propias condiciones de existencia.

Cuando una mayoría siente que trabaja más, paga más y tiene menos seguridad sobre su futuro, los indicadores macroeconómicos dejan de producir legitimidad.

Por eso el problema de Trump puede terminar siendo también el de Milei: una economía puede ser exitosa para los mercados y políticamente desastrosa para un gobierno cuando el crecimiento no se traduce en bienestar para las mayorías.

Las sociedades no votan solamente sobre el PIB, el déficit o el riesgo país. Votan sobre su propia vida, o mejor, sobre lo que imagina es su propia vida.

Y cuando la distancia entre la economía que celebran los mercados y la economía que padecen las mayorías se vuelve demasiado grande, la contradicción económica muchas veces, termina convirtiéndose en contradicción política.

Apuntes: Lula ante el otro Brasil – territorio, clases y poder –

El resultado del primer turno brasileño no expresa solamente una competencia entre Lula y Flávio Bolsonaro. Expone una fractura productiva, territorial, social, cultural y subjetiva mucho más profunda. El lulismo conserva una extraordinaria fortaleza popular en el Nordeste y en sectores subalternos, pero el bolsonarismo construyó una identidad política capaz de atravesar clases, territorios y generaciones.

La ultraderecha controla además espacios decisivos del Congreso, gobiernos estaduales, redes religiosas, territorios económicos y buena parte de la disputa digital. Lula aún puede ganar el 25 de octubre.

Pero la verdadera batalla por Brasil comenzará al día siguiente, tal como señalara Cristina Kirchner, aún ganando los gobiernos popular democráticos reciben un 25% del poder real y lo advirtió hace más de una década, ese porcentaje hoy debiera se revisado y a la baja.

Elecciones en Brasil: Resultados oficiales

Los primeros resultados oficiales de las elecciones en Brasil comenzarán a conocerse a partir de las 17:00 (hora de Brasilia y de la Argentina), una vez cerradas las urnas. 

Cierre de urnas: Las mesas de votación operan de 08:00 a 17:00 de forma simultánea. 

Publicación de datos: El Tribunal Superior Electoral (TSE) inicia la difusión de los primeros boletines parciales apenas finaliza el sufragio. 

Diferencia horaria: Al encontrarnos en Argentina, no hay diferencia horaria con el huso principal de Brasilia, por lo que los datos se siguen en el mismo horario. 

Todo dato electoral que circule antes y por fuera del escrutinio oficial no debe ser tomado en cuenta.

En el inicio Nodal en su canal de Youtube desarrolla una transmisión colaborativa en directo con teleSUR, Alba Movimientos y Brasil de Fato.

La gobernanza seguirá siendo rehén de negociaciones agotadoras

Las elecciones brasileñas no se reducen a la disputa entre Lula y el apellido Bolsonaro. Detrás de las urnas existe una estructura de poder en la que el agronegocio, el capital financiero, las iglesias evangélicas, el Congreso conservador y las nuevas formas de precarización social han convertido al bolsonarismo en algo mucho más profundo que una candidatura. Lula puede conservar el gobierno, pero el verdadero desafío será recuperar para las mayorías populares la capacidad de disputar el sentido económico, social y político del futuro brasileño y esa disputa contiene pero excede la dimensión electoral.

Lula ante otros cuatro años: entre la esperanza y los límites del poder

De darse, la continuidad de Lula abre una nueva etapa política en Brasil, pero también vuelve a poner sobre la mesa la contradicción central del lulismo: mejorar las condiciones de vida de las mayorías sin alterar las estructuras de poder que garantizan la reproducción del capital. El desafío no es sólo derrotar electoralmente a la derecha, sino avanzar sobre la concentración económica, el poder financiero y la apropiación privada del excedente. El problema no es solamente si gobierna una derecha brutal como Milei o una centroizquierda como Lula. La cuestión estructural es qué clase controla las palancas fundamentales de la economía.

La diferencia política es enorme —y sería un error equiparar ambos proyectos—, pero existe una cuestión común: cuando el capital conserva el control sobre inversión, crédito, tierra, comercio exterior y recursos estratégicos, el margen de transformación de un gobierno popular queda condicionado.

En Brasil, además, esa estructura tiene una dimensión imperialista/subimperialista particular: una enorme burguesía nacional, un agronegocio extremadamente concentrado, grandes bancos, minería, petróleo y una industria con peso regional. No estamos frente a una economía periférica simple.

Por eso el segundo mandato de Lula debería evaluarse menos por el discurso electoral y más por qué ocurre con la propiedad, la inversión, la distribución del excedente y el poder de negociación de la clase trabajadora.

Y allí aparece la pregunta que Roberts deja abierta y que, desde una perspectiva marxista, resulta inevitable:

¿Puede el lulismo administrar el capitalismo brasileño durante otros cuatro años sin terminar subordinando nuevamente las necesidades populares a las exigencias de la acumulación?

Flydubai: ¿incidente, pretexto o bandera falsa?

El episodio del vuelo FZ1073 no puede leerse solamente como un dramático incidente aéreo. También obliga a mirar cómo los Estados y los grandes aparatos de comunicación convierten hechos todavía bajo investigación en relatos políticos capaces de fabricar enemigos y legitimar nuevas escaladas. La hipótesis de una “bandera falsa” exige pruebas y no puede confundirse con una certeza, pero tampoco puede ignorarse la historia de operaciones encubiertas y pretextos bélicos utilizados por las potencias para construir consenso alrededor de la guerra. En Medio Oriente, donde la disputa por el territorio, los recursos y el poder regional se entrecruza con intereses estratégicos globales, la pregunta decisiva no es solamente qué ocurrió dentro de aquella cabina, sino quién tiene capacidad para imponer el significado de lo ocurrido y qué intereses se benefician cuando el miedo vuelve a convertirse en argumento político. En la apertura el historiador mexicano Cristian Nader da su punto de vista sobre el caso.

Servida en bandeja

El fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Tierras vuelve a mostrar que detrás de los expedientes y los tecnicismos jurídicos hay una disputa bastante menos sofisticada: quién se queda con la tierra. En una Argentina donde la extranjerización avanza mientras el poder económico amplía su capacidad de apropiación, la Justicia no aparece por fuera del conflicto social: también forma parte de la trama que define quién puede comprar, concentrar y disponer del territorio.

Informe Energético CEPA: Guerra a los usuarios

La política energética del Gobierno exhibe una contradicción central: mientras promete seguridad jurídica e inversiones récord en París, en la Argentina se investigan decisiones vinculadas al RIGI, se condonan USD 1.842 millones a distribuidoras eléctricas y se avanza con privatizaciones que favorecen a actores ya instalados. Al mismo tiempo, el ajuste de la Zona Fría descarga el costo sobre millones de usuarios, mientras los grandes negocios energéticos reciben beneficios, subsidios y garantías. Entre el RIGI, Vaca Muerta y las reformas regulatorias, el modelo redefine quién paga y quién captura la renta energética.

El momento en que te vas

A los 76 años, falleció Ricardo Soulé, guitarrista, violinista y compositor fundamental de Vox Dei. El creador de "Presente" e impulsor central de "La Biblia", transformó la melancolía y la fe en un legado poético y musical que acompañó y acompañará para siempre a generaciones. La versión de "Presente" del inicio es la original, grabada para el sello Mandioca en 1970.

Ley de tierras: La «Justicia» como aparato de reproducción de los intereses del bloque en el poder

La Justicia, como aparato ideológico y material del Estado, contribuye a reproducir las relaciones de dominación existentes, legitimando jurídicamente la apropiación y concentración de los recursos estratégicos en beneficio de los sectores dominantes. Recientemente, al amparo de un estricto formalismo procesal, el máximo tribunal clausuró la vía judicial contra la derogación de la Ley de Tierras dispuesta por el DNU 70/2023. Proponemos discutir una lectura que desarticula la pretendida neutralidad técnica del fallo, exponiendo cómo el andamiaje jurídico opera —en sintonía con las tesis críticas de Marx y Althusser— como un dispositivo estructural para legitimar el despojo material y subordinar los recursos estratégicos al gran capital transnacional. Sabemos que algunos aún sostienen "la autonomía absoluta" del discurso jurídico respecto a los intereses de los sectores dominantes, "la justicia justa": Esperamos con fervor leer sus fundamentos. ⚖️
PD: El que mejor resumió la función de "la justicia" fue el Dr. Glock, , cuya visión, breve pero contundente, da inicio al artículo.

Irak: 23 años de guerra y saqueo

Estados Unidos finalmente se retira de Irak. Pero una retirada militar no significa que desaparezcan las consecuencias de la ocupación. Queda un país devastado, una sociedad atravesada por décadas de guerra y contaminación, instituciones reconstruidas bajo tutela extranjera y una disputa por los recursos que nunca estuvo separada de la intervención militar. Washington se va después de haber transformado profundamente Irak. La pregunta histórica no es solamente por qué se retira, sino qué deja detrás. Irak no fue solamente una guerra: fue la destrucción planificada de un Estado, el saqueo de sus recursos y la devastación de una sociedad cuyos costos humanos, ambientales y sanitarios se prolongan hasta hoy. Bajo la bandera de la “democracia” y la amenaza de unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron, Estados Unidos y sus aliados impusieron una ocupación que convirtió la soberanía iraquí en botín. El genocidio, el saqueo y las malformaciones no son capítulos separados: forman parte de las huellas materiales de una guerra imperial cuyo verdadero precio pagó —y sigue pagando— el pueblo iraquí. Ninguno de los involucrados en este genocidio y ecocidio ha sido condenado por la Corte Penal Internacional. 20 años después, los iraquíes aún esperan una justicia imposible e inalcanzable. Así actuaba con los pueblos oprimidos el viejo orden internacional que aún hoy, algunos añoran. "El mal menor"

De la bandera de Malvinas a la venta de la tierra

Hay una contradicción política : no alcanza con denunciar hoy la extranjerización si antes se acompañó —desde distintos espacios opositores y provinciales— el andamiaje jurídico y económico que amplió la capacidad del capital transnacional para apropiarse de recursos estratégicos.
Conviene, eso sí, distinguir responsabilidades: no todos los dirigentes opositores votaron lo mismo ni apoyaron el RIGI. La propia votación parlamentaria muestra posiciones diferenciadas. Pero sí existe un antecedente documentado de gobernadores peronistas y legisladores provinciales aliados que impulsaron o acompañaron el RIGI, Súper RIGI el andamiaje estructural de la pérdida de soberanía particularmente en el Norte del paí, que según esta dirigencia transvcersal, resularía beneficiado con la entrega de soberanía.