Mes agosto 2026

Museo de novedades: Palantir en los 70

Los archivos desclasificados del Ministerio de Asuntos Exteriores británico muestran que Gran Bretaña llevó a cabo una ofensiva de propaganda encubierta para impedir que el líder chileno Salvador Allende ganara dos elecciones presidenciales democráticas, y ayudó a preparar el terreno para el brutal régimen militar del general Augusto Pinochet.

Milei entrega la soberanía por partes: Israel, petróleo y el nuevo saqueo de malvinas

Este artículo de Sgarzini tiene un eje muy potente : Malvinas, petróleo, Israel y el alineamiento geopolítico de Milei. Sgarzini sostiene que Navitas Petroleum controla el 65% del proyecto Sea Lion junto a la británica Rockhopper, y que la inversión avanzó mientras el Gobierno argentino no adoptaba nuevas medidas administrativas o judiciales para frenarla.

Vannacci y la nueva derecha italiana: de lucha de clases a guerra cultural

El texto de Le Grand Continent es especialmente interesante porque permite ir más allá de la caracterización de Roberto Vannacci como un dirigente de “extrema derecha” y reconstruir la arquitectura ideológica de la nueva derecha europea. El programa de Futuro Nazionale, presentado de cara a las elecciones de 2027, combina nacionalismo identitario, conservadurismo católico, soberanismo, crítica a la UE y una política económica que conserva elementos del liberalismo.
Vannacci rechaza explícitamente el mundo unipolar estadounidense y reivindica un orden multipolar. El programa sostiene que las doctrinas de Wolfowitz y Brzezinski buscaron impedir el surgimiento de potencias autónomas y debilitar a Rusia y a los países europeos.
Y propone algo particularmente significativo: reabrir los canales de comunicación con Rusia, incluso por razones energéticas.
La argumentación es geopolítica y económica: Italia necesita energía barata y debe evitar que la confrontación europea con Moscú empuje a Rusia definitivamente hacia China.
Esto coloca a Vannacci en una posición que, aunque no sea idéntica, tiene puntos de contacto con sectores de la derecha soberanista europea y con determinados sectores de la administración Trump.
Europa sí, pero una Europa de naciones soberanas; Occidente sí, pero sin subordinación automática a Washington; mercado sí, pero subordinado al interés nacional.
Vannacci quiere una Italia soberana, pero no plantea una transformación de las estructuras económicas que producen dependencia.
Por eso su nacionalismo puede ser entendido como una tentativa de recomponer la hegemonía de las clases dominantes mediante una nueva alianza social.
La cuestión social no desaparece: cambia de lenguaje. En lugar de capital versus trabajo la nueva derecha propone italianos productivos versus globalistas, burócratas, inmigrantes y élites cosmopolitas.
Ese desplazamiento es políticamente decisivo y aquí aparece una comparación particularmente útil con Javier Milei.

Vannacci y Milei son diferentes y no deben confundirse, especialmente porque Vannacci reivindica un Estado con capacidad estratégica, políticas industriales, negociación colectiva, energía nacional y protección del empleo.
Pero ambos participan de una transformación más amplia de la derecha occidental: la construcción de una identidad política que combina reacción cultural, liderazgo fuerte y ruptura con el liberalismo cosmopolita tradicional.
La diferencia fundamental es que Milei mantiene un discurso mucho más radicalmente libertario en materia económica, mientras Vannacci intenta ocupar el espacio de una derecha nacional-productivista.
Por eso Vannacci puede resultar incluso más interesante como fenómeno político: busca responder al deterioro material de las clases populares sin entregar la conducción de ese descontento a la izquierda.
Y ése es probablemente el núcleo estratégico del fenómeno. La nueva derecha europea está intentando hacer algo que históricamente hizo la izquierda: hablarle al trabajador sobre su salario, su empleo, su vivienda y su futuro. La diferencia es que lo hace sustituyendo la conciencia de clase por conciencia nacional.

«Hoy destruínda pero mañana reconstruída»

En una entrevista atravesada por el centenario del nacimiento de Fidel Castro, Abel Prieto sostiene que la ofensiva estadounidense contra Cuba busca producir las condiciones materiales y psicológicas para una ruptura política. Pero advierte que el poder imperial tiene límites. Su reflexión sobre la guerra cultural, los “pobres de derecha” y la destrucción de la capacidad crítica resulta particularmente pertinente para comprender el avance contemporáneo de las nuevas derechas.

La afirmación de Prieto —“combatimos contra un enemigo muy poderoso, pero no todopoderoso”— condensa una concepción del conflicto internacional que excede ampliamente la cuestión cubana. Washington conserva una capacidad económica, financiera, tecnológica, militar y comunicacional extraordinaria, pero esa capacidad no equivale a omnipotencia. El dato estratégico central es precisamente ese: la hegemonía no significa dominio absoluto.

El caso cubano constituye un laboratorio extremo. Según Prieto, la actual política estadounidense ya no puede ser caracterizada simplemente como bloqueo comercial: se trata de una estrategia de asfixia multidimensional, dirigida contra combustible, alimentos, medicamentos, transporte, turismo, cooperación médica y vínculos empresariales internacionales. El objetivo político sería provocar un deterioro social suficientemente profundo como para convertir la crisis económica en crisis de legitimidad y, finalmente, en ruptura política.

Sigo esperando el impacto

La narrativa oficial presenta la experiencia mileísta como una recuperación basada en el equilibrio fiscal, la desinflación y la apertura económica. Pero detrás de las variables macroeconómicas aparece otra realidad: contracción del consumo, deterioro del mercado laboral, pérdida de capacidad adquisitiva y una creciente transferencia de ingresos hacia los sectores concentrados. El problema no es solamente cuánto crece la economía, sino quién captura ese crecimiento y quién paga el costo de su estabilización.

El texto desarrollará especialmente la contradicción entre estabilización macroeconómica y reproducción social, evitando reducir el análisis a la discusión sobre déficit, inflación o PIB. La hipótesis central será que el programa de Milei no constituye simplemente un plan de ordenamiento fiscal, sino una reconfiguración regresiva de la distribución del ingreso y de las relaciones de poder entre capital y trabajo.

La cuestión es especialmente relevante porque el propio oficialismo comienza a modificar su política económica. Bloomberg señaló en agosto que el Gobierno está flexibilizando algunos aspectos del ajuste monetario procurando inyectar liquidez para reactivar una economía cuyo enfriamiento empieza a afectar la percepción social. No se trata de un detalle técnico: constituye el reconocimiento implícito de que la estabilidad macroeconómica neoliberal por sí sola, no garantiza estabilidad política y menos aún eficacia electoral.

La Argentina también

El primer debate presidencial francés, celebrado el jueves, fue organizado por la agrupación empresarial Medef. Los empresarios rieron cuando el candidato de izquierda, Jean-Luc Mélenchon, pidió aumentos salariales, pero él hablaba muy en serio. La fórmula francesa "más trabajo, menos gasto público" tiene un paralelo evidente con la narrativa libertaria argentina: reducción del Estado, desregulación, disminución de cargas laborales, subordinación del salario a la competitividad y transformación de los derechos sociales en "costos".

Pero existe una diferencia fundamental.

En Francia, la disputa todavía se desarrolla dentro de una sociedad con una tradición de derechos sociales, organización sindical y Estado de bienestar mucho más consolidada. Por eso la ofensiva empresarial necesita presentarse como una inevitable modernización frente a la deuda, la competitividad y el envejecimiento demográfico.

En Argentina, en cambio, el programa de ajuste puede avanzar sobre una estructura social mucho más vulnerable.

El punto de contacto es precisamente éste:

la cuestión central no es cuánto debe gastar el Estado, sino quién absorbe el costo del ajuste.

Si el ajuste recae sobre salarios, jubilaciones, empleo público, servicios sociales y regulación laboral, estamos frente a una socialización de los costos de la crisis mientras se preservan o expanden determinados espacios de rentabilidad privada.

Badiou contra la vida falsa: juventud, capitalismo y la política de volver a tener una idea por la cual vivir

El texto de Alain Badiou es particularmente potente porque no presenta la juventud como una cuestión biológica o generacional, sino como un problema político: quién define el sentido de la vida y para qué se vive. El artículo de Eterna Cadencia reproduce un pasaje de La verdadera vida, donde Badiou retoma a Sócrates, Platón y Rimbaud para formular una crítica radical de la sociedad contemporánea.

La tesis central: hay una vida falsa y una vida verdadera

Para Badiou, la "vida verdadera" no consiste en alcanzar bienestar individual, riqueza o reconocimiento. Es, fundamentalmente, una existencia organizada alrededor de una Idea que trasciende el interés individual.

Por eso recupera la pregunta socrática: ¿qué es una vida verdadera? Y contrapone esa vida a una existencia subordinada al dinero, el poder, el consumo y la satisfacción inmediata. La filosofía tendría precisamente la función de "corromper" a los jóvenes: sacarlos de los caminos previamente trazados y hacerles imaginar que el mundo puede ser de otra manera.

Esto tiene una consecuencia política muy fuerte: la juventud peligrosa para el orden establecido no es necesariamente la que protesta, sino aquella que empieza a imaginar una vida que no está organizada por las reglas del orden existente.

Las dos trampas de la juventud

Badiou identifica dos caminos aparentemente opuestos pero que terminan funcionando dentro de la misma lógica.

1. Consumir la vida.
Es el culto al instante, al placer, a la experiencia inmediata, a la rebelión episódica. Puede adoptar incluso formas aparentemente radicales: protesta, insurrección, ocupación de plazas, "no future". El problema es que, si no construye una orientación duradera, la rebelión termina consumiéndose a sí misma.

2. Construir una carrera dentro del sistema.
Es la otra cara: estudiar, competir, ascender, ganar dinero, obtener prestigio y encontrar un lugar confortable dentro del orden social. Badiou describe aquí el recorrido que lleva de las instituciones educativas a las grandes empresas, las finanzas, los medios y el Estado.

La formulación es extraordinariamente precisa:

Quemar o construir.

El problema es que ambas alternativas pueden terminar produciendo vidas subordinadas a la lógica existente: una mediante el nihilismo de la inmediatez; la otra mediante la integración exitosa al sistema.

El punto verdaderamente político

Aquí aparece lo más interesante desde una perspectiva de clase.

Badiou sostiene que el capitalismo contemporáneo ha debilitado los antiguos ritos de pasaje, pero no ha liberado realmente a los jóvenes. Al desaparecer las antiguas formas de iniciación, aparece una juventud más libre formalmente, pero también más errante y desorientada.

Y esa desorientación puede ser funcional al mercado.

El individuo adulto queda convertido, en cierto sentido, en un consumidor de juguetes cada vez más grandes: automóvil, vivienda, tecnología, viajes, marcas, experiencias. La diferencia entre adulto y adolescente se vuelve cuantitativa: el adulto simplemente tiene mayor capacidad de consumo.

Esto permite una lectura marxista muy fértil: el capitalismo no necesita solamente explotar el trabajo; necesita producir sujetos cuyos deseos sean compatibles con la reproducción del capital.

La mercancía sustituye parcialmente a la Idea.

Y aquí aparece la cuestión generacional

El pasaje que probablemente más interesa es el que plantea una alianza entre jóvenes y viejos contra los adultos actuales.

Badiou propone una provocación deliberada: jóvenes menores de treinta y viejos mayores de sesenta contra los adultos de cuarenta y cincuenta años "bien establecidos". No se trata literalmente de una guerra de edades, sino de una metáfora para identificar una posición social: quienes todavía no han sido plenamente integrados al orden y quienes, por edad, han atravesado las luchas anteriores pero no han renunciado a ellas.

Ahí está el núcleo político de la propuesta.

No es una alianza entre edades. Es una alianza entre posiciones frente al orden social.

Y eso permite corregir una interpretación superficial de Badiou: no está diciendo que todos los jóvenes tengan intereses comunes ni que todos los mayores sean potencialmente emancipatorios. De hecho, reconoce explícitamente que las diferencias de clase atraviesan a la juventud y pueden reaparecer bajo nuevas formas —origen social, residencia, educación, consumo, identidad— aunque parezca existir una cultura juvenil homogénea.

Una lectura muy actual para la Argentina

La hipótesis adquiere una enorme actualidad si se la aplica a la Argentina contemporánea.

El proyecto neoliberal puede ser leído como una combinación de las dos falsas salidas que Badiou identifica:

por un lado, la vida inmediata, el consumo, la gratificación instantánea, la exposición permanente, el entretenimiento y la política convertida en espectáculo;
por otro, la vida como competencia, donde cada individuo debe convertirse en empresario de sí mismo, acumular capital humano y aceptar que el éxito o el fracaso son exclusivamente responsabilidad individual.

En ambos casos desaparece la pregunta fundamental de Badiou:

¿para qué vale la pena vivir?

Y desaparece, junto con ella, otra pregunta todavía más peligrosa para el orden establecido:

¿qué sociedad habría que construir para que esa vida fuera posible?

Ese es el punto donde Badiou pasa de la filosofía a la política.

La verdadera vida no es una vida privada mejor administrada. Es una vida que encuentra una verdad colectiva por la cual comprometerse. Una lectura especializada de Badiou coincide en que "vivir verdaderamente" implica vivir en relación con una Idea y con un acontecimiento capaz de abrir una posibilidad nueva de existencia.

La paradoja final

Hay además una paradoja muy poderosa.

El capitalismo contemporáneo glorifica a la juventud al mismo tiempo que la teme. La convierte en objeto de publicidad, consumo y deseo, mientras reprime o estigmatiza a la juventud popular cuando esa juventud deja de ser consumidora y se transforma en sujeto político. Badiou observa precisamente esa coexistencia entre "jovenismo" y miedo a la juventud.

Por eso su propuesta de una alianza entre jóvenes y viejos rebeldes puede leerse como una estrategia de reconstrucción de una memoria política intergeneracional: jóvenes que buscan orientación y mayores que conservan la experiencia de luchas históricas.

Y acá aparece una idea particularmente fecunda para pensar el presente argentino:

el problema no es que los jóvenes hayan perdido la política; el problema es que el sistema intenta ofrecerles dos sustitutos de la política: consumo o éxito individual.

La verdadera ruptura comenzaría cuando una generación vuelva a considerar que una vida individual sólo puede adquirir pleno sentido dentro de un proyecto colectivo de transformación social.

Milei derrite la Ley de Glaciares: federalismo para abrir la cordillera al capital extractivo. ¿Qué podemos esperar?

El presente artículo establece un análisis comparativo y crítico entre el colapso criosférico ocurrido en el pico Langtang Lirung (Nepal) en agosto de 2026 y las implicancias ambientales derivadas de la reforma a la Ley Nacional de Glaciares en la República Argentina (promulgada como Ley 27.804 en abril de 2026). Se sostiene que la flexibilización de la tutela jurídica sobre el ambiente periglacial, motivada por lógicas de desregulación económica, incrementa de manera exponencial los riesgos de inestabilidad geológica y estrés hídrico crónico en las cuencas andinas, desoyendo las advertencias empíricas que los desastres en el Himalaya imponen a la gobernanza climática global. Finalmente, se examina la reciente ola de demandas colectivas e impugnaciones constitucionales que buscan frenar la aplicación de la nueva norma. En la apertura: ¿Cual fue el origen de la catástrofe que arrasó un valle en Nepal y ha dejado una terrible lista de víctimas y desaparecidos? ¿Se podría haber evitado? ¿Hay más lugares en el mundo donde puede ocurrir esto mismo?

Cómo los medios dominantes convierten el genocidio en Gaza en una mercancía más

Chris Hedges analiza el mecanismo mediante el cual los grandes medios convierten la destrucción de Gaza en una sucesión de acontecimientos aislados, eufemismos y controversias. La guerra no se libra solamente con bombas: también necesita un aparato mediático capaz de transformar la violencia estructural en información neutral. Y ahora esa batalla se extiende a la inteligencia artificial, donde gobiernos y corporaciones intentan disputar las fuentes con las que las máquinas construirán nuestra percepción del mundo.

La tesis central de Chris Hedges puede condensarse así: el genocidio necesita armas para ejecutarse, pero necesita un régimen de representación para volverse políticamente sostenible.

Por eso la disputa por Gaza no ocurre solamente en el territorio palestino. También se libra en las redacciones, las universidades, las redes sociales, las plataformas digitales y ahora en los sistemas de inteligencia artificial.

El dato más significativo es que el aparato de propaganda empieza a trasladarse desde el control de los medios hacia el control de los algoritmos que organizan el conocimiento.

En ese sentido, Gaza anticipa un problema mayor: quién controla la producción social de la verdad cuando la información deja de estar mediada exclusivamente por periodistas y pasa a ser sintetizada por máquinas alimentadas por bases de datos que también pueden ser intervenidas políticamente.

La crisis del liberalismo y el ascenso político del resentimiento

El ensayista y novelista indio Pankaj Mishra ha escrito algunas de las obras más incisivas sobre las heridas persistentes del imperialismo, las promesas incumplidas de la modernidad y las tradiciones intelectuales poscoloniales desplazadas por los relatos centrados en Europa y Estados Unidos. En esta entrevista, Mishra repasa su formación intelectual en la India poscolonial, el impacto cultural de la Unión Soviética en Asia, las posibilidades y límites de la tradición socialista, las promesas truncas del antiimperialismo y la crisis moral de Occidente ante el ascenso de las extremas derechas, la islamofobia, el nacionalismo hindú de Narendra Modi y la ofensiva israelí sobre Gaza. Leyendo la entrevista veremos que Milei representa una versión particularmente radical de aquello que Mishra identifica como crisis del liberalismo: un discurso que presenta al mercado como principio ordenador de la sociedad y al Estado como obstáculo, mientras procura una reconfiguración profunda de las relaciones de poder entre capital y trabajo.

Pero hay una diferencia importante: en Argentina, esa operación se realiza sobre una sociedad con una tradición histórica mucho más fuerte de Estado social, sindicalismo, movilidad ascendente y derechos laborales.

Por eso el conflicto no es meramente económico. Es también una disputa por la memoria histórica de lo que constituye una sociedad legítima.

Desde esta perspectiva, Milei y su gobierno pueden ser interpretados como parte de una tendencia internacional que Mishra describe, pero con una particularidad argentina: la radicalización neoliberal intenta desarmar instituciones construidas durante décadas de conflicto entre capital y trabajo sin que haya aún una oposición dispuesta a enfrentar frontalmente la deconstrucción.

Trump y Milei: del control migratorio al control social

El ICE está construyendo una gigantesca reserva genética de migrantes que alimenta la principal base de ADN criminal de Estados Unidos. Lo que comienza como política de control fronterizo abre una nueva fase del capitalismo de vigilancia: la apropiación estatal de información biológica de poblaciones vulnerables para usos policiales presentes y futuros. La comparación con Milei es pertinente, pero hay que hacerla con precisión: Argentina no está en el punto del “saqueo genético” del ICE que describe Sgarzini; está avanzando en la construcción de una infraestructura de vigilancia biométrica, digital y migratoria que podría constituir el sustrato para una expansión futura.

La similitud más importante no está todavía en el ADN, sino en la lógica política. Trump convierte al migrante en objeto privilegiado de extracción de información biológica; Milei está desplazando la cuestión migratoria desde un paradigma de derechos hacia uno de seguridad, control e inteligencia. El DNU 366/2025 endureció el régimen migratorio y el Gobierno incorporó mecanismos de autenticación biométrica en los pasos fronterizos.

El paralelismo se vuelve más significativo cuando se observa la expansión de las tecnologías de vigilancia en Argentina. En 2024-2025 el Gobierno incorporó herramientas de reconocimiento facial, monitoreo de redes y plataformas de análisis de información; además, en 2026 se informó sobre el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial capaces de cruzar información proveniente de distintos organismos estatales.

La cuestión de fondo es quién controla esos datos y para qué. Una base biométrica no es simplemente una herramienta administrativa: cuando se articula con inteligencia artificial, reconocimiento facial, información migratoria, antecedentes, redes sociales y bases estatales, puede convertirse en una infraestructura de clasificación y vigilancia de la población.

Y aquí aparece una diferencia importante entre Trump y Milei. En Estados Unidos, el dispositivo tiene una escala y una acumulación genética muy superiores. En Argentina, el proceso está más avanzado en el terreno de la biometría, la vigilancia digital y la securitización de la migración. El peligro no reside entonces en afirmar que Milei ya está haciendo lo mismo que ICE, sino en advertir que se está construyendo una arquitectura tecnológica compatible con una expansión de esas prácticas.

Hay además una dimensión de clase particularmente clara. La población migrante pobre constituye el primer objetivo de esta transformación. El Gobierno ha endurecido los requisitos para ingresar y permanecer en Argentina y ha asociado crecientemente migración, seguridad y criminalidad. Paralelamente, mantiene mecanismos destinados a facilitar la radicación de extranjeros que aporten capital.

Es decir: fronteras más cerradas para el migrante pobre y puertas selectivamente abiertas para el capital extranjero.

Ese contraste permite formular una hipótesis política más amplia: el neoliberalismo de Milei no elimina al Estado; lo reconfigura y amplía. Reduce sus funciones sociales y amplía sus capacidades de vigilancia, identificación, disciplinamiento y protección de la propiedad.

La comparación con el modelo Trump resulta entonces reveladora: el Estado que se retira de la protección social reaparece fortalecido como Estado policial, fronterizo y tecnológico.

El ADN es apenas el límite extremo de una transformación más amplia: cuando el Estado deja de garantizar derechos y comienza a clasificar cuerpos, migrantes y ciudadanos mediante tecnologías de vigilancia, la información personal se convierte en un nuevo recurso estratégico del poder.

¿Cuánto falta para que la biometría migratoria, el reconocimiento facial, la inteligencia artificial y las bases de datos estatales dejen de ser instrumentos administrativos y se conviertan en una verdadera infraestructura de vigilancia social?

Primer paso

Ayer se dió un paso central para consolidar el modelo peruano en La Argentina, aunque conviene hacer una precisión conceptual: el caso peruano no demuestra que el Banco Central haya quedado literalmente “por encima” del poder político. Lo que muestra es algo más sofisticado: una autonomización institucional de la política monetaria, acompañada por una fuerte inestabilidad del sistema presidencial. Julio Velarde preside el BCRP desde octubre de 2006, atravesando los gobiernos de Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Pedro Castillo y Dina Boluarte. Hemos analizado acá lo suficiente sobre la fragilidad del sistema de representación, su fragmentación estructural en un contexto donde el principal liderazgo de plexo nacional encarnado en Cristina Fernández de Kirchner, de cuyo intento de supresión física se cumplirán 4 años, hoy proscripto y cumpliendo prisión rigurosa sin fundamentos legales conocidos.

La inteligencia artificial al servicio de los multimillonarios: la nueva ofensiva contra el trabajo

El artículo de Martin Hart-Landsberg, publicado en Monthly Review, propone leer la inteligencia artificial no como una tecnología neutral, sino como un nuevo campo de disputa por el poder económico.

El punto más fuerte del texto es que la amenaza de la IA no reside solamente en la automatización del trabajo, sino en quién controla la infraestructura, los datos, los algoritmos y el capital necesario para desarrollarla.

Desde esta perspectiva, los grandes empresarios tecnológicos —los llamados tech billionaires— concentran un poder que excede ampliamente el ámbito empresarial. La IA puede convertirse en un mecanismo de centralización de riqueza y poder económico, porque las empresas dominantes poseen simultáneamente:

enormes volúmenes de datos;
capacidad computacional;
capital financiero;
infraestructura digital;
propiedad intelectual;
plataformas de distribución;
y capacidad para influir sobre los Estados.

El resultado puede ser una nueva fase de concentración monopólica.

La cuestión decisiva no es simplemente si la IA "destruirá empleos". El problema de fondo es quién se apropia de los incrementos de productividad generados por ella.

En una economía capitalista, una tecnología que permite producir más con menos trabajo no implica automáticamente una reducción de la jornada laboral o una mejora del bienestar. Puede traducirse en:

más productividad → menor necesidad de trabajadores → presión sobre salarios → mayor rentabilidad del capital → concentración de riqueza.

Por eso, la IA puede profundizar una tendencia ya existente: mientras una minoría propietaria controla los activos tecnológicos, una mayoría depende de vender su fuerza de trabajo en condiciones cada vez más precarias.

La conclusión implícita de Hart-Landsberg es especialmente relevante: no alcanza con regular la inteligencia artificial.

La regulación puede limitar algunos abusos, pero deja intacta la estructura de propiedad. La cuestión estratégica es entonces disputar quién controla la tecnología y para qué fines sociales se utiliza.

Esto permite conectar el debate sobre IA con una cuestión clásica del pensamiento marxista: el desarrollo de las fuerzas productivas puede abrir posibilidades extraordinarias de bienestar colectivo, pero bajo relaciones capitalistas esas posibilidades pueden convertirse en instrumentos de dominación.

Una lectura desde la Argentina

Este planteo resulta particularmente pertinente frente a un modelo económico que busca reducir el costo laboral como mecanismo de competitividad.

La IA puede funcionar como una nueva herramienta disciplinaria sobre el trabajo: no necesariamente porque sustituya inmediatamente a millones de trabajadores, sino porque introduce la amenaza permanente de sustitución y, por lo tanto, aumenta el poder de negociación del capital frente al trabajador.

El problema no sería entonces solamente el "desempleo tecnológico". Es algo más profundo: la apropiación privada de una productividad producida por el conocimiento social acumulado.

La resistencia que plantea Hart-Landsberg debe entenderse, por lo tanto, como una disputa por la propiedad, el control y la orientación social de la tecnología.

La pregunta fundamental no es "¿qué hará la IA con nosotros?", sino "¿quién controlará la IA y quién se apropiará de la riqueza que produzca?"

Sobre el posibilismo: Un pragmatismo sin resultados

El artículo de Samuel Farber en Nueva Sociedad es especialmente interesante porque cuestiona una lectura muy instalada de Max Weber: la oposición entre «ética de la responsabilidad» y «ética de la convicción» como si la primera representara el realismo político y la segunda una política revolucionaria necesariamente irracional.

Farber sostiene que esa dicotomía no alcanza para comprender la política revolucionaria marxista. Weber construyó su crítica desde una posición de liberalismo moderado, nacionalismo alemán y defensa del Estado, y tendió a juzgar de manera mucho más severa la violencia cuando provenía de movimientos socialistas que cuando respondía a objetivos nacionales alemanes.

El punto más fuerte del artículo aparece en el análisis de Brest-Litovsk. Allí Farber muestra que los bolcheviques no actuaron simplemente movidos por una «ética de la convicción». Lenin, Trotski y Bujarin discutieron alternativas diferentes considerando la correlación de fuerzas, la situación militar, las posibilidades de revolución internacional y la supervivencia del poder soviético.

Es decir, la política transformadora también puede ser profundamente estratégica, racional y pragmática, sin abandonar por ello determinados principios.

La crítica de Farber adquiere una dimensión de clase particularmente relevante. Weber defendía el sindicalismo y consideraba legítima la lucha de clases reformista dentro del capitalismo democrático, pero rechazaba la ruptura revolucionaria con el orden existente.

Por eso, la «responsabilidad» weberiana no aparece como una categoría políticamente neutral. En la práctica puede terminar identificándose con la administración responsable del orden social existente, en otras palabras aceptar el campo de los posible sin intentar modificarlo, un dispositivo ideológico que asume la forma de "pragmatismo".

Y aquí está el núcleo político del texto: La responsabilidad no es necesariamente neutral respecto del poder.

Un dirigente puede ser «responsable» porque calcula las consecuencias de sus decisiones, pero también porque acepta como inmodificables las relaciones de fuerza existentes. La política popular democrática, en cambio, intenta transformar esas relaciones de fuerza.

Esta discusión permite recuperar una cuestión que suele desaparecer cuando Weber es convertido en una suerte de árbitro universal de la política: ¿responsable ante quién?

La responsabilidad de un gobierno que administra el capitalismo no tiene necesariamente el mismo contenido que la responsabilidad de una fuerza política que intenta modificar las relaciones de propiedad, distribución y poder.

Desde esta perspectiva, el concepto de responsabilidad puede funcionar ideológicamente como un mecanismo de naturalización del statu quo: realismo → moderación → compromiso → gobernabilidad → preservación del orden existente.

Frente a esto, Farber propone recuperar la racionalidad estratégica del marxismo : analizar condiciones objetivas, correlaciones de fuerzas, organización, tiempos políticos y posibilidades concretas sin convertir los principios en dogmas abstractos.

Una clave para pensar la política contemporánea

El texto resulta particularmente útil para analizar la política actual porque permite distinguir entre realismo político y adaptación política. No todo compromiso es necesariamente una traición a los principios. Pero tampoco todo compromiso es necesariamente «responsable». La cuestión decisiva es qué relación de fuerzas expresa, qué intereses sociales preserva y qué capacidad futura de acción construye o destruye.

Farber lo lleva incluso más lejos: cuando el compromiso se transforma en una filosofía permanente de gobierno, puede terminar asociado a la burocratización y a la reproducción de quienes administran el poder.

La conclusión política sería entonces contundente: la verdadera alternativa no es entre «responsabilidad» y «convicción», sino entre una política que administra relaciones de fuerza dadas y otra que intenta modificarlas conscientemente.

Este es probablemente el aspecto más fértil del artículo: la política responsable no debe definirse por su distancia respecto de la transformación social, sino por su capacidad de comprender la realidad material, identificar intereses sociales concretos y actuar sobre la correlación de fuerzas para modificarla. Lo hemos vivido recientemente cuando la responsabilidad se mimetizo en pragmatismo sin resultados y nos regaló esta agradable circunstancia por la que estamos atravezando.

Productividad a cualquier precio o «que parezca un accidente»

Apenas días después de la muerte de dos trabajadores en Vaca Muerta, el nuevo acuerdo de productividad entre el sindicato petrolero y las empresas vuelve a poner en el centro una contradicción decisiva: cuando el salario premia la reducción de los tiempos de operación, la seguridad puede quedar subordinada a la presión por producir más y más rápido. En una actividad de alto riesgo, los cuerpos de los trabajadores no pueden convertirse en la variable de ajuste de la productividad. Los dos operarios muertos recuerdan brutalmente cuál puede ser el costo humano de esa lógica.

Lo que hay que saber en La Argentina! … y la red secreta de la derecha regional: De la desinformación en Miami al poder real en Washington

El caso del empresario argentino Fernando Cerimedo expone una compleja infraestructura transnacional que conecta campañas electorales, plataformas digitales de desinformación y cabildeo de alto nivel entre América Latina y Estados Unidos.

Base de operaciones en Florida: En mayo de 2023, Cerimedo creó en Miami la empresa NUMEN Advisors LLC, estableciendo un centro corporativo estratégico durante la campaña presidencial argentina.

El puente con Washington: Mediante un contrato con Damián Merlo (firma Latin America Advisory Group), registrado bajo la ley FARA, la red gestionó la proyección de Javier Milei en EE. UU., incluyendo la coordinación de su entrevista con Tucker Carlson y contactos clave en el Congreso y medios estadounidenses.

Acceso político e institucional: La estructura aprovechó la red de Merlo en el sur de Florida con figuras republicanas como Marco Rubio, María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart. Registros de FARA revelan reuniones presenciales con altos funcionarios del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa.

Estrategia y expansión mediática: Con plataformas como La Derecha Diario y UHN Plus, la red ha participado en la estrategia digital y campañas de desinformación de diversos procesos regionales (Jair Bolsonaro en Brasil, el Rechazo en Chile, entre otros).

Miami no actúa como un mero domicilio comercial, sino como el nodo central y retaguardia desde donde se articulan las operaciones mediáticas y el lobbying de la nueva derecha en la región.

Elecciones 2027: ¿Quién elige a quién?

El caso Cerimedo expone una dimensión cada vez más relevante de la disputa política argentina: la capacidad de actores privados para intervenir sobre la formación de la opinión pública mediante dinero, datos, algoritmos, redes sociales y operaciones de inteligencia. La manipulación electoral ya no necesita alterar una urna; puede comenzar mucho antes, condicionando qué información reciben los ciudadanos, qué adversarios son construidos como enemigos y qué temas dominan la agenda pública.

Desde esta perspectiva, los llamados “sótanos de la democracia” adquieren una nueva dimensión. Las estructuras tradicionales de inteligencia y operaciones políticas pueden articularse con empresas tecnológicas, consultores electorales y capitales privados, creando una verdadera infraestructura de ingeniería de la opinión. El interrogante para 2027 no es solamente quién ganará las elecciones, sino quién posee los recursos económicos y tecnológicos para intervenir sobre las condiciones en las que millones de argentinos forman su voluntad política.

La disputa electoral de 2027 podría librarse mucho antes de las urnas: dinero, datos, algoritmos y redes de operaciones pueden convertirse en instrumentos de poder capaces de condicionar la voluntad popular. El caso Cerimedo, analizado por Emilia Trabucco, obliga así a discutir un problema institucional mayor: la privatización de capacidades de manipulación política que históricamente estuvieron concentradas en aparatos estatales. En una democracia formalmente libre, la cuestión decisiva pasa a ser quién controla el espacio informacional donde se construye el consentimiento popular.

Cuando la seguridad de las élites se convierte en negocio

El caso de Lionel Messi, Taylor Swift, Kanye West y otras celebridades protegidas por exintegrantes de los servicios de seguridad e inteligencia israelíes revela un fenómeno que excede ampliamente al mundo del espectáculo: la privatización global de capacidades desarrolladas originalmente por los Estados.

Exmilitares y exagentes de unidades especiales israelíes trasladan al mercado privado conocimientos adquiridos en estructuras militares y de inteligencia. La seguridad deja así de ser exclusivamente una función estatal para convertirse en una mercancía de lujo destinada, fundamentalmente, a quienes pueden pagarla.

Desde una perspectiva de clase, el fenómeno resulta particularmente significativo. Mientras la seguridad social y económica se debilita para amplios sectores de la población, las grandes fortunas pueden acceder a dispositivos personalizados de protección, vigilancia e inteligencia. La desigualdad también se expresa en quién puede comprar seguridad y qué tipo de seguridad puede comprar.

El caso israelí muestra, además, cómo la experiencia militar puede transformarse en capital económico y simbólico: la reputación adquirida en operaciones de inteligencia y contraterrorismo se convierte posteriormente en una marca comercial dentro de la industria privada de seguridad.

La cuestión central, entonces, no es la nacionalidad de los guardaespaldas, sino el proceso mediante el cual capacidades estatales de inteligencia, vigilancia y protección son privatizadas y comercializadas globalmente.

La secuencia es clara: Estado, inteligencia, experiencia militar, privatización y mercado.

La seguridad de las celebridades constituye apenas la superficie de un fenómeno mucho mayor: la construcción de una industria transnacional destinada a proteger a las élites económicas y culturales. La guerra produce capacidades; el mercado las convierte en mercancías; y las desigualdades sociales determinan quién puede acceder a ellas.

¿Hacia una guerra abierta? La peligrosa escalada entre Israel y Turquía tras la caída de Assad

La reconfiguración del mapa político en Siria ha transformado la histórica rivalidad diplomática entre Ankara y Tel Aviv en un choque militar inminente. Analistas internacionales advierten que la falta de mediación de Washington podría encender la mecha de un conflicto regional sin precedentes. En la apertura dialpoga con Glenn Diesen el embajador Chas Freeman que fue ex subsecretario de Defensa y recibió los más altos galardones al servicio público del Departamento de Defensa por su papel en el diseño de un sistema de seguridad europeo posterior a la Guerra Fría centrado en la OTAN y en el restablecimiento de las relaciones militares y de defensa con China. Se desempeñó como embajador de Estados Unidos en Arabia Saudita durante las operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto.