
El artículo de Axios del 27 de julio de 2026 analiza cómo OpenAI está posicionando a ChatGPT como una herramienta para “especialistas del trabajo”, es decir, profesionales que requieren asistencia en tareas complejas y específicas. El foco está en cómo la IA se integra en entornos laborales, más allá de usos generales o recreativos. En el contexto argentino, donde la digitalización laboral avanza pero enfrenta limitaciones de infraestructura, la idea de un ChatGPT especializado podría ser útil en sectores como educación pública, asesoría legal y gestión financiera. Sin embargo, la falta de regulación clara y la necesidad de supervisión humana son desafíos inmediatos.

El FMI bajo la administración Trump ha sido percibido como un instrumento de control regional, alineando sus prioridades con la Casa Blanca: menos énfasis en políticas sociales y climáticas, más presión sobre disciplina fiscal y apertura de mercados en América Latina. En el cierre informe CEPA

Lo malo no es perder sino que nadie asuma la responsabilidad por una derrota tan contudente. La ausencia de chivos expiatornios habilita que las sospechas sobre la final se impriman como leyenda.

"El imperativo de derrocar ahora a los Ortega Murillo" es un artículo de opinión escrito por el politólogo nicaragüense Julio López Campos, publicado en julio de 2026 en el medio independiente Viento Sur. El texto surge de inmediato tras el anuncio del mandatario Daniel Ortega de abolir definitivamente las elecciones en Nicaragua, cerrando cualquier vía legal para la alternancia política.

Alguien usó IA para escribir mi biografía. Miles de libros más de ese tipo están contaminando Amazon. ¿Quién está detrás de toda esta bazofia?

El actual ataque de pánico de Donald Trump, J. D. Vance, Marco Rubio, Stephen Miller y otros derechistas sobre el socialismo democrático es bastante racional. En el socialismo, ven a un enemigo formidable.

El Mundial 2026 marcó un antes y un después en Estados Unidos: la final España–Argentina fue vista por 62,8 millones de personas (38,9M en Fox y 23,9M en Telemundo/Peacock), récord histórico para un partido de fútbol en ese país y para una transmisión deportiva en español. El torneo, celebrado en EE. UU., Canadá y México, se benefició del auge del streaming, la buena campaña de la selección anfitriona y la presencia de figuras como Lionel Messi. El resultado fue un fuerte impacto económico: crecimiento de audiencias digitales, millones de nuevos suscriptores en plataformas como Peacock y un posicionamiento renovado de la FIFA para negociar derechos futuros. Más allá de lo deportivo, el evento consolidó al fútbol como un producto central del mercado audiovisual estadounidense, capaz de competir con finales de la NBA o la Serie Mundial. El fenómeno refleja la paradoja contemporánea del deporte: críticas a su mercantilización conviven con un crecimiento sin precedentes en asistencia, consumo y rentabilidad, similar al auge comercial observado en la Fórmula 1.

Mientras una parte del debate público se concentra en denunciar supuestas campañas internacionales contra la Argentina —ya sea por el Mundial, por la política exterior o por disputas diplomáticas—, los datos económicos muestran que la principal agresión contra las condiciones de vida de los argentinos proviene de la propia política económica del gobierno nacional.
El informe del CEPA sobre endeudamiento y mora permite sostener esa afirmación con evidencia. No se trata simplemente de un aumento del crédito: lo que crece es la incapacidad de millones de hogares para devolver préstamos utilizados para financiar gastos cotidianos. Cuando casi seis millones de personas ingresan en situación de mora y las billeteras virtuales registran niveles de incumplimiento cercanos al 30%, el problema deja de ser financiero para convertirse en un indicador del deterioro social.
La denominada "estabilización" descansa sobre un fuerte ajuste del ingreso real. La desaceleración de la inflación se obtiene al costo de una caída del consumo, salarios que continúan rezagados respecto de la recuperación de precios relativos y un creciente recurso al endeudamiento para sostener niveles mínimos de subsistencia. El crédito reemplaza al salario; cuando ese crédito deja de pagarse, aparece la mora.
En ese sentido, la verdadera campaña antiargentina no consiste en críticas provenientes del exterior ni en supuestos intentos de desprestigio internacional. Consiste en un modelo económico que debilita sistemáticamente las capacidades materiales de la sociedad argentina. Una economía donde las familias se endeudan para comprar alimentos, pagar servicios o medicamentos no fortalece al país: reduce su mercado interno, deteriora su tejido social y limita sus posibilidades de desarrollo.
La situación de las empresas confirma que el fenómeno trasciende a los hogares. El incremento de la irregularidad crediticia empresarial refleja una demanda deprimida y dificultades crecientes para sostener la producción y el empleo. Es decir, el deterioro alcanza simultáneamente a consumidores y productores.
Desde una perspectiva política, esta dinámica erosiona uno de los principales activos de cualquier proyecto nacional: la capacidad de su población para consumir, ahorrar, invertir y proyectar el futuro. Un país con millones de ciudadanos atrapados en un circuito permanente de endeudamiento y mora no sólo enfrenta una crisis económica; también experimenta un proceso de debilitamiento de su cohesión social.
Por eso, si se busca identificar qué está dañando hoy a la Argentina, los indicadores sociales ofrecen una respuesta más contundente que cualquier polémica internacional. La verdadera campaña antiargentina es aquella que convierte el ajuste permanente en política de Estado, sustituye ingresos por deuda, naturaliza el aumento de la pobreza financiera y traslada el costo de la estabilización macroeconómica a las familias y al aparato productivo. En esa lógica, el país no es atacado desde afuera: se debilita desde adentro. La campaña anti argentina la lleva adelante el gobierno nacional y con una eficacia narrativa que cuya eficacia es la exacta inversión de los resultados estructurales como este que analizamos: El hombre y la mujer endeudados. La figura social emergente no es, entonces, la del consumidor financiado sino la del ciudadano atrapado por deudas que no puede cancelar. Ese sujeto económico social, cuando adquiere dimensión masiva, puede convertirse también en un sujeto político disruptivo. Esa transformación disruptiva puede ser una de las señales más relevantes para comprender las tensiones sociales que podrían desarrollarse en los próximos meses. Al pie Mirtha denunciando otra campaña antiargentina en los inicios del plan económico-social que hoy despliega el actual gobierno. ( Es en blanco y negro, lástima)

El artículo "AI and productivity", de Michael Roberts, analiza críticamente la promesa de que la inteligencia artificial desatará un fuerte aumento de la productividad y, con ello, una nueva etapa de crecimiento capitalista. Su tesis es que, pese a las enormes inversiones y la euforia bursátil, todavía no existen evidencias sólidas de un salto significativo en la productividad agregada.
¿La IA revolucionará la productividad o estamos ante otra burbuja tecnológica?
Mientras las grandes empresas tecnológicas y los mercados financieros celebran la inteligencia artificial como el motor de una nueva revolución económica, la evidencia empírica sigue siendo mucho más modesta. Esa es la principal conclusión del economista marxista Michael Roberts.
El autor sostiene que la IA ya produce mejoras de eficiencia en tareas específicas —programación, redacción, atención al cliente o procesamiento de datos—, pero esos avances todavía no se traducen en un incremento apreciable de la productividad del conjunto de la economía. La historia económica muestra que las grandes innovaciones tecnológicas suelen requerir décadas para difundirse y reorganizar los procesos productivos antes de reflejarse en las estadísticas nacionales.
Roberts destaca además una contradicción propia del capitalismo contemporáneo: las empresas invierten cientos de miles de millones de dólares en infraestructura para IA con la expectativa de reducir costos laborales y aumentar ganancias, pero esa misma carrera tecnológica puede profundizar la sobrecapacidad instalada y reducir la rentabilidad media del capital.
Otro aspecto central es el impacto sobre el empleo. Diversos estudios citados muestran que los trabajadores jóvenes son quienes comienzan a sufrir con mayor intensidad el reemplazo de tareas rutinarias. En ocupaciones altamente expuestas a la IA, el empleo de trabajadores de entre 22 y 25 años estaría disminuyendo a un ritmo superior al 4% anual, mientras las empresas privilegian perfiles con mayor experiencia capaces de supervisar y complementar los sistemas inteligentes.
Desde una perspectiva marxista, Roberts sostiene que la IA no modifica las leyes fundamentales del capitalismo. Puede aumentar la productividad del trabajo y reducir la necesidad de mano de obra, pero ello no garantiza un crecimiento sostenido si la rentabilidad continúa deteriorándose y si la demanda permanece limitada por salarios estancados.
En consecuencia, la inteligencia artificial aparece como una tecnología potencialmente transformadora, aunque subordinada a las contradicciones propias del sistema económico. El problema no sería la capacidad técnica de la IA, sino la forma en que el capital organiza su utilización.

Tucker Carlson declaró que Estados Unidos “perdió su soberanía hace muchos años” al subordinar su política exterior a Israel, acusando a Donald Trump de traicionar a sus votantes con un ataque contra Irán en febrero de 2026. Según Carlson, la fusión entre la CIA y el Mossad ha convertido a EE.UU. en un país que actúa en beneficio de otro, lo que él considera una “traición” nacional.
📌 Puntos principales de la entrevista
Fecha y contexto: Publicada el 23 de julio de 2026 en RT, tras el ataque estadounidense contra Irán en coordinación con Israel.
Crítica a Trump: Carlson afirmó que Trump hizo “lo que dijo que nunca haría” y lo hizo “por mandato de Israel”, lo que lo llevó a romper con el Partido Republicano.
CIA y Mossad: Señaló que ambas agencias han operado como una sola entidad durante más de 60 años, alimentando a EE.UU. con desinformación.
Ejemplos de desinformación:
La acusación de que Irak tenía armas de destrucción masiva.
La teoría de que eliminar al ayatolá Jameneí provocaría el colapso del gobierno iraní.
Soberanía perdida: Carlson sostuvo que EE.UU. ya no decide por sí mismo y que esta situación es “humillante” para sus ciudadanos.
Consecuencias: Advirtió que esta guerra podría marcar el fin del “imperio estadounidense” y causar una gran disrupción económica en EE.UU. y Europa.
🔎 Interpretación y contexto
Carlson como figura mediática: Tucker Carlson es un periodista y comentarista conservador con gran influencia en sectores críticos de la política exterior estadounidense.
Narrativa de subordinación: Su argumento se centra en la idea de que EE.UU. actúa como brazo militar de Israel, lo que cuestiona la independencia de su política exterior.
Impacto político: Estas declaraciones refuerzan el debate interno en EE.UU. sobre el rol de Israel en las decisiones estratégicas y sobre la legitimidad de las acciones militares en Medio Oriente.
Relevancia internacional: Para países como Argentina y otros "aliados incondicionales" el análisis de un ex MAGA como Carlson, puntualiza el declive del poder estadounidense y el surgimiento de un orden multipolar.

El artículo de Bruno Sgarzini parte de una pregunta que se volvió central durante el Mundial 2026: ¿existió realmente una campaña coordinada contra la Argentina o fue un fenómeno espontáneo amplificado por los algoritmos?
Su respuesta es matizada. No sostiene una teoría conspirativa, pero tampoco acepta que todo haya sido casual.Las redes sociales se inundaron durante el Mundial 2026 de mensajes que acusaban a la Argentina de racismo, supremacismo blanco, corrupción arbitral ("ArgenFIFA") y privilegios deportivos. Para Sgarzini, el fenómeno no puede reducirse a una simple conspiración, pero tampoco explicarse únicamente por el comportamiento espontáneo de millones de usuarios.
El autor sostiene que confluyeron varios factores.
En primer lugar, existieron núcleos organizados de producción de contenido que instalaron determinadas narrativas. Sin embargo, la verdadera potencia no provino de esos grupos sino de los algoritmos de plataformas como X, TikTok e Instagram, que privilegian el contenido emocional, polarizante y conflictivo.
En segundo término, la selección argentina llegaba al Mundial como uno de los equipos más exitosos de la última década. Esa condición de favorito multiplicó el incentivo para generar contenido crítico, ya que "odiar al campeón" genera muchas más interacciones que apoyarlo.
También analiza cómo la discusión sobre la composición étnica de la selección argentina fue utilizada para presentar al país como excepcionalmente racista, ignorando procesos históricos, migratorios y demográficos mucho más complejos. El autor advierte que muchas críticas mezclaron hechos ciertos con generalizaciones falsas, una combinación especialmente eficaz para viralizarse.
Otro aspecto central del análisis es que la economía de la atención recompensa mucho más la indignación que la información. Cada publicación que denunciaba a Argentina encontraba miles de respuestas, réplicas y discusiones, alimentando un círculo de retroalimentación que hacía crecer todavía más el alcance del tema.
El artículo concluye que probablemente no existió un "comando central" dirigiendo una operación mundial, pero sí una convergencia entre actores interesados, comunidades digitales ya predispuestas y algoritmos diseñados para maximizar la confrontación. En ese contexto, una narrativa inicialmente marginal terminó convirtiéndose en una conversación global.
Un debate que sigue abierto
Otros análisis publicados durante julio llegan a conclusiones parcialmente coincidentes. Investigaciones periodísticas y de consultoras digitales registraron millones de menciones negativas sobre Argentina durante el Mundial, aunque aclaran que esos datos no demuestran por sí solos la existencia de una operación centralizada. También destacan el papel decisivo de los algoritmos y de la lógica de las plataformas para convertir algunos temas en fenómenos globales.
En ese sentido, la tesis de Sgarzini puede resumirse así: más que una conspiración perfectamente organizada, existió una convergencia entre campañas parciales, incentivos económicos de las plataformas y una arquitectura algorítmica que premia la polarización, transformando un conjunto de narrativas dispersas en una percepción internacional de gran alcance.

Estos apuntes describen muy brevemente la génesis, evolución y reactivación del concepto de «campaña antiargentina» como un dispositivo retórico y tecnológico estructural de los modelos económicos de derecha neoliberal en la Argentina. Se sostiene que este constructo funciona como un mecanismo de cohesión ideológica abstracta en el plano de la superestructura discursiva y digital. Su objetivo es edificar una unificación imaginaria de la población de manera concomitante con un proceso material de desarticulación, extranjerización y fragmentación estructural del Estado-Nación, aquí caracterizado bajo la categoría analítica de tupacamarización. A través de un abordaje histórico-comparativo, se demuestra la línea de continuidad entre el programa fundacional de la última dictadura cívico-militar (1976-1983) conducido por José Alfredo Martínez de Hoz y su capítulo contemporáneo bajo la gestión libertaria y el denominado «Plan Caputo».

La aceleración del desarrollo de la inteligencia artificial en China abrió una nueva grieta dentro del poder económico y político de Estados Unidos. El CEO de Nvidia, Jensen Huang, cuestionó a la administración de Donald Trump por impulsar regulaciones basadas en temores sobre los riesgos futuros de la IA y advirtió que una estrategia excesivamente restrictiva puede terminar debilitando la competitividad estadounidense frente a Pekín.
El detonante de la polémica fue la irrupción de Kimi K3, un modelo de inteligencia artificial desarrollado por la empresa china Moonshot AI, cuyo rendimiento y bajo costo sorprendieron a la industria tecnológica. Su aparición reavivó en Washington el debate sobre la conveniencia de limitar el acceso a modelos abiertos provenientes de China por razones de seguridad nacional.
Huang sostuvo que la regulación no debe quedar en manos de un reducido grupo de empresas que buscan preservar sus posiciones dominantes. En ese punto, marcó diferencias con compañías como OpenAI y Anthropic, que impulsan mayores controles sobre el desarrollo y la difusión de modelos avanzados de IA.
Detrás de la discusión técnica se esconde una disputa económica de enorme magnitud. Mientras Nvidia necesita un mercado global abierto para expandir la venta de sus procesadores, otros gigantes de la inteligencia artificial consideran que endurecer las regulaciones y restringir la competencia china es clave para mantener su liderazgo.
La controversia refleja uno de los principales dilemas de la estrategia estadounidense: cómo contener el avance tecnológico de China sin frenar la capacidad de innovación de sus propias empresas. La aparición de modelos chinos cada vez más competitivos demuestra que la carrera por la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los escenarios centrales de la competencia geopolítica entre las dos mayores potencias del mundo.

El modelo español que terminó ganando su segundo Mundial en 16 años. De Toro a Torero con la llegada de Luis Aragonés como DT y los títulos conseguidos. Cuál es el estio de juego. Por qué a España no le pesa jugar en ambientes adversos. El "Guante de Oro" de Unai Simón. Las peleas de Luis Aragonés y el caso Raúl González. Casillas y la envidia a los argentinos que duró poco tiempo. En la apertura Sergio Levinsky para concluir el análisis futbolístico de lo más relevante del Mundial 2026.

El artículo ¿Qué quiere realmente el comunismo? de Lavinia Marchetti, presenta un recorrido histórico y teórico de las ideas comunistas, distinguiendo sus metas originales de las interpretaciones propagandísticas o las deformaciones de los regímenes autodenominados comunistas. Plantea que la teoría comunista busca eliminar la explotación económica inherente al capitalismo, reemplazando la propiedad privada de los medios de producción por una gestión colectiva democrática. Desarrolla diez puntos clave: comienza con la plusvalía como base de la explotación, aclara que el comunismo no pretende abolir los bienes personales, y sitúa como meta última recuperar la “alienación” del trabajador (remitir a los Manuscritos de 1844) para lograr que “el libre desarrollo de cada uno sea condición del desarrollo de todos”. Introduce el materialismo histórico como herramienta de análisis, critica el Estado como garante del orden de propiedad, y emplea conceptos marxistas posteriores (hegemonía de Gramsci, aparatos ideológicos de Althusser, igualdad-libertad de Balibar, entre otros) para explicar por qué la dominación parece aceptable. Reconoce los abusos de regímenes pasados (Stalin, Mao, Pol Pot) y el efecto de la Guerra Fría en estigmatizar al comunismo. Finalmente enumera demandas contemporáneas (“democracia económica”, “retirar de mercado salud y vivienda”, reducción de la jornada) ilustrando que los fines comunistas traducidos hoy pueden parecer razonables ante la creciente desigualdad global.
En el inicio un breve recorrido por el pensamiento tardío de Alhusser , sobre el materialismo aleatorio que omite el artículo de Lavinia Marchetti

El Mundial 2026 no solo batió récords deportivos y de asistencia. También confirmó un cambio estructural en el mercado audiovisual estadounidense: el fútbol dejó de ser un producto de nicho y pasó a ocupar un lugar central en la industria del entretenimiento.
Según Axios, la final entre España y Argentina fue vista por 62,8 millones de personas en Estados Unidos, convirtiéndose en el partido de fútbol más visto de la historia del país y en la final de un Mundial con mayor audiencia registrada en territorio estadounidense.
Los datos más relevantes son:
62,8 millones de espectadores entre las transmisiones en inglés (Fox) y español (Telemundo/Peacock).
38,9 millones siguieron el encuentro por Fox.
23,9 millones lo hicieron por Telemundo y Peacock, estableciendo además un récord histórico para una transmisión deportiva en español en Estados Unidos.
El fenómeno responde a varios factores:
La organización del torneo en Estados Unidos, Canadá y México acercó el evento al público norteamericano.
La buena actuación de la selección estadounidense incrementó el interés durante toda la competencia.
La expansión del streaming amplió considerablemente el alcance de las transmisiones.
La presencia de figuras como Lionel Messi, en lo que podría haber sido su último Mundial, aportó un atractivo adicional.
Desde el punto de vista económico, el impacto fue inmediato. Fox registró un fuerte crecimiento de sus plataformas digitales, mientras que Peacock sumó millones de nuevos suscriptores gracias al torneo. El éxito de audiencia fortalece además la posición de la FIFA de cara a la negociación de los derechos televisivos del Mundial 2030, cuyo valor se proyecta significativamente superior al de los ciclos anteriores.
En perspectiva, el Mundial 2026 consolidó el ingreso definitivo del fútbol al mercado deportivo de masas en Estados Unidos. Durante décadas, las ligas profesionales estadounidenses dominaron el consumo televisivo; ahora, la Copa del Mundo demostró que un gran evento futbolístico puede competir e incluso superar, en audiencia, a las finales de la NBA, la Serie Mundial de béisbol y otros espectáculos tradicionales del deporte estadounidense.
La gran paradoja del deporte contemporáneo es que cuanto más se denuncia la mercantilización del espectáculo, más masivo se vuelve ese mismo espectáculo. Nunca hubo tantas críticas al negocio del fútbol —calendarios interminables, clubes-empresa, fondos de inversión, marketing global, precios prohibitivos de las entradas— y, sin embargo, nunca tanta gente lo consumió.
El Mundial 2026 parece confirmar esa contradicción. La final entre España y Argentina reunió casi 63 millones de espectadores solo en Estados Unidos, una cifra impensable apenas una década atrás. El fútbol ya no es únicamente el deporte más popular del planeta: se está convirtiendo también en uno de los principales productos culturales de la economía digital.
Existe una analogía reveladora con la Fórmula 1. Los aficionados de larga data sostienen que la categoría perdió parte de su mística: desaparecieron muchos circuitos históricos, los autos son cada vez más estandarizados, la estrategia informática pesa tanto como el piloto y el negocio domina sobre la épica deportiva. Sin embargo, los datos muestran el fenómeno inverso: la F1 vive el mayor auge comercial de su historia. Los autódromos registran récords de asistencia, las audiencias televisivas y por streaming multiplican las de décadas anteriores y la serie Drive to Survive transformó un deporte tradicionalmente europeo en un fenómeno global, especialmente entre públicos jóvenes y estadounidenses.
La lógica es similar a la del fútbol. Lo que muchos perciben como una pérdida de autenticidad es, al mismo tiempo, el mecanismo que permitió ampliar exponencialmente la escala del espectáculo. La digitalización, las plataformas de streaming, las redes sociales y la internacionalización de los calendarios convirtieron competencias antes esencialmente nacionales o regionales en productos globales consumidos en tiempo real por cientos de millones de personas.
Desde una perspectiva de economía política, no hay contradicción. El capitalismo contemporáneo tiende a industrializar la emoción. El deporte deja de ser solamente una competencia para convertirse en una plataforma de producción de audiencias, datos, publicidad, apuestas, contenidos audiovisuales y consumo asociado. La nostalgia por un deporte "más puro" convive con una demanda que no deja de crecer porque el propio capital ha logrado expandir extraordinariamente el mercado del entretenimiento deportivo.
En ese sentido, el Mundial 2026 y la nueva Fórmula 1 ilustran una misma tendencia histórica: la espectacularización no necesariamente erosiona la masividad; muchas veces la potencia. El espectáculo puede perder parte de su aura romántica para quienes lo conocieron en otras épocas, pero gana una escala inédita como mercancía cultural global. La paradoja es que el deporte parece menos auténtico para muchos de sus seguidores históricos y, al mismo tiempo, nunca fue tan exitoso, rentable y universal.

El artículo "U.S. Imperialism Resurgent", de Costas Lapavitsas, publicado en el número de julio-agosto de 2026 de Monthly Review, sostiene que el imperialismo estadounidense atraviesa una fase de reconfiguración y fortalecimiento bajo la segunda presidencia de Donald Trump. El autor rechaza la idea de un declive lineal de Estados Unidos y argumenta que Washington está reconstruyendo su capacidad de dominación combinando coerción financiera, poder militar y proteccionismo económico. Aunque Argentina no ocupa un lugar central en el texto, el marco analítico resulta especialmente pertinente para interpretar la inserción internacional del gobierno de Javier Milei.
Desde esta perspectiva, el fuerte alineamiento político, diplomático y económico con Washington puede entenderse no sólo como una decisión ideológica sino como una inserción subordinada dentro de una estrategia estadounidense más amplia de reorganización de su esfera de influencia en el hemisferio occidental. La importancia creciente del litio, el gas de Vaca Muerta, los minerales críticos y el Atlántico Sur convierte a Argentina en un espacio de interés estratégico en la competencia entre Estados Unidos y China.
En consecuencia, la discusión sobre inversiones extranjeras, acuerdos comerciales, el RIGI o la política exterior excede el plano económico y pasa a formar parte de una disputa geopolítica por recursos, tecnología y control territorial, característica de esta nueva etapa del imperialismo descrita por Lapavitsas, donde la región en general y La Argentina en particular, ocupan un lugar estratégico para el imperialismo norteamericano y su disputa por mantener o ralentizar la la caída de su hegemonía mundial.

El artículo de Emilia Trabucco en Nodal sostiene que el Mundial 2026 fue mucho más que un evento deportivo: expuso tensiones políticas y sociales en Argentina, mostrando una distancia entre el gobierno de Javier Milei y la sociedad que se reconoció en la selección. La autora enfatiza que los gestos de los jugadores y las reacciones populares desbordaron la narrativa oficial, revelando símbolos y memorias que el gobierno no logra apropiarse. El texto plantea que el Mundial 2026 reveló la Argentina que el gobierno no representa: una sociedad que se reconoce en símbolos históricos y gestos de solidaridad, más allá de la narrativa oficial. Para Trabucco, el desafío es no regalar esos símbolos al mileísmo y construir una fuerza nacional y latinoamericana capaz de articular las contradicciones sociales y enfrentar la subordinación imperial. En el cierre "la campaña antiargentina - la que encabezan Milei y Caputo-. Terminemos con el lumpenaje o el lumpenaje termina con nosotros.

La derrota ante España en la final del Mundial 2026 no eclipsa otra actuación histórica de la selección argentina, pero sí instala un debate ineludible. En su balance del torneo, el periodista Sergio Levinsky sostiene que el ciclo de Lionel Scaloni alcanzó un punto de inflexión: la confianza en los campeones de Qatar demoró la renovación, Messi transita sus últimos capítulos con la camiseta albiceleste y el gran desafío ya no pasa por ganar otro título, sino por construir la selección que deberá aprender a competir sin el mejor futbolista de su historia. Hay que atreverse al corte final.

Más allá del caso británico, el artículo presenta a Palantir como un ejemplo del nuevo poder de las grandes empresas tecnológicas: compañías privadas que dejan de ser simples proveedoras de software para convertirse en infraestructura crítica del Estado. Desde esta perspectiva, la cuestión ya no es únicamente tecnológica sino profundamente política: quién controla los datos, quién toma las decisiones sobre ellos y hasta qué punto un Estado conserva su soberanía cuando funciones estratégicas quedan en manos de corporaciones vinculadas al complejo tecnológico-militar estadounidense. En la apertura Varoufakis sobre Palantir en GAZA donde hizo lo contratado por el estado sionista.