Francisco asumió un rol que desbordó el clásico límite espiritual: decidió intervenir en el orden económico y social de manera explícita, algo que resultó desconcertante para muchos y muchas, corporaciones, dirigencia política y medios de difusión: “no puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa”.
El papel de los medios de comunicación es desorientarnos, para que no creamos lo que vemos con nuestros propios ojos: que se está produciendo un genocidio y que nuestros propios dirigentes lo están ayudando activamente.
La autoestima masculina está vinculada a la riqueza, una perspectiva inestable en una sociedad con alta desigualdad económica. En busca de una fuente alternativa de validación, muchos jóvenes recurren a ideas misóginas. La izquierda peronista necesita ofrecer alternativas propias.