Norma Plá es un fantasma irredento. Su susurro pulula en calles y plazas y lo hace cada vez con más fuerza en las movilizaciones contra el proyecto político de La Libertad Avanza.
Norma Plá oprime como un mal sueño las espaldas de las clases dominantes y lo hace en cada espacio feminista que proclame que unir las luchas es la tarea.
Cada vez que un centro de estudiantes reúne jóvenes que se proponen defender su educación con uñas y dientes.
Y sobre todo, en cada uno de los miércoles donde los jubilados, pese a los palos y los gases lanzados como balaceras, sostienen la movilización en defensa de lo suyo. Ayer contra el peronista Menem, contra el radical De la Rúa y hoy contra el libertario Milei. Esos miércoles en los que se reclama, desde hace 33 años, el derecho a una vejez digna.
Las pasadas semanas en los medios de comunicación y en las redes sociales explotó el fenómeno de la investigación encabezada por la ONG Ocean Schmidt en lo que todos los países del mundo reconocen, conforme al derecho internacional, como la Plataforma Continental Argentina.
Su transmisión en YouTube tuvo picos inéditos de visualizaciones llevando a que en redes como “X/Twitter” se iniciara una pelea entre usuarios libertarios y opositores con acusaciones cruzadas. Por definición, a toda investigación científica le sigue una decisión política. Quizás el ejemplo más conocido -y extremo– llevado a los cines de todo el mundo fue el caso del Proyecto Manhattan liderado por Robert Oppenheimer. La decisión política posterior: bombardear Hiroshima y Nagasaki.
La independencia de los bancos centrales se multiplicó no porque fuera más eficiente para controlar la inflación o evitar colapsos financieros, sino porque encajaba con la teoría neoliberal de que la libertad de los mercados y las finanzas, sin el control gubernamental, era lo mejor para el capitalismo. Los llamados bancos centrales independientes son independientes solo de los parlamentos, las organizaciones sociales, de la gente de a pie. Obviamente están completamente dependientes de los bolsillos de los grupos financieros y de la oligarquía en general.