Muchas nociones se han propuesto, en los últimos meses, para tratar de entender lo que nos sucede: se nombraron cosas como “crueldad”, “sadismo”, “perversión”, etcétera. No nos conforma esa cierta psicologización de la política, y entonces, paradójicamente, para corrernos de ella vamos a proponer un término psicoanalítico: lo siniestro. Estamos aquí, entonces, para hablar, como podamos, de lo siniestro. Y de su amenaza. Que hayamos elegido este momento, esta época, para hablar de eso, cada quien lo interpretará como quiera. El verbo “querer”, asociado a lo siniestro, invoca sin duda un deseo, más la advertencia de cuidarse de su satisfacción.
La derrota de la izquierda reformista en 1973 y la sobreabundancia de mitos y leyendas. La vía italiana y las lecciones extraídas desde la Unidad Popular. Enrico Berlinguer y su célebre «Lecciones de Chile», advirtiendo que la «vía pacífica» carecía del momento hegemónico. El ineludible tributo a la obra de Antonio Gramsci allende los andes. Los años de plomo en Italia y la caída del «compromesso Storico» tras el secuestro de Aldo Moro (DC) a manos de las “Brigadas rojas”. La experimentación del Eurocomunismo y la irrupción de los teóricos del éxodo bajo el (post)operaismo -Negri y un largo exilio- para contrarrestar la crisis del obrero masa, y la debacle insalvable del marxismo vulgar.
La etapa fascista que atravesamos se corresponde con un momento histórico reaccionario. Éste sobreviene luego de un momento emancipatorio, que tuvo una doble expresividad: nacional y latinoamericana.