Más allá de sus aspectos clínicos y psicológicos (que los tiene), observamos que la estrategia narrativa dominante para abordar los problemas de salud mental en general y los del estado de ánimo en particular, supone negar cualquier conexión entre padecimientos subjetivos y política, reducirlos a su especto clínico (que insistimos, lo tiene). Desconexión insostenible y absolutamente disfuncional a cualquier estrategia integral para el abordaje de esta problemática compleja.