El capitalismo presenta un gran número de defectos, pero la tasa de ganancia, los beneficios y el modelo de crecimiento indiscriminado quizás sean el mayor impedimento para la transición energética. No es que esta no pueda llevarse a cabo a largo plazo; el problema radica en que no es posible realizarla con esta escala de producción debido a la escasez física de los materiales. Tal vez con una escala menor, más equitativa, con necesidades más racionales y con una menor disparidad, podría ser posible.
Transcurrió ya el primer cuatrimestre de gobierno de Javier Milei, asumido como «libertario» y «anarco capitalista», quien se jacta de llevar adelante el «ajuste más grande de la humanidad» y al mismo tiempo convocar a los empresarios a invertir en Argentina porque es «un excelente caso de negocios para entrar y ganar mucho dinero».
Ayn Rand creía que el camino hacia la armonía social pasaba por la aceptación por parte de las masas inferiores del gobierno brutal de sus superiores naturales. Un punto de vista erróneo y de implicaciones tan sombrías y desagradables como su atroz personalidad. El desprecio, la indiferencia, la presunción de superioridad. Todo eso es muy randiano y son razgos compartidos con el actual personaje que engalana Balcarce 50.