A mediados de la década de 1930 el secretario general del Partido Comunista de Italia, Palmiro Togliatti, elaboró lo que sigue siendo el mejor análisis de la aparición en Italia del fenómeno del fascismo, un régimen reaccionario de masas. Con respecto al «fascismo» como concepto, es obvio que su literalidad histórica debe ser puesta en suspenso para la caracterización de fascista al régimen de gobierno actual. Es una operación controversial. Sin embargo las discusiones no se cierran (si es que se cierran alguna vez) «diciendo» que se han cerrado. Así como es una verdad de perogrullo, que la palabra gato no nos habla de ningún gato en particular, la categoría fascismo abre un debate para la caracterización del actual formato de gobierno , que no debe ser cancelado en nombre de ninguna vigilancia epistemológica. ¿No hay fascismo, hay fascismos? Ahí tenés una discusión … «para tu piel de verano, muchacha».
Luigi Mangione, el sospechoso de ser el autor de los disparos que dieron muerte al CEO de UnitedHealthCare en Manhattan, hacía un seguimiento público de casi 300 libros que había leído o que quería leer. Entre ellos, publicó una reseña favorable del manifiesto de Ted Kaczynski, el Unabomber de los años 80 y 90, en su web de libros. Veamos ambos manifiestos, dos documentos notables de un fallo en la conversión de la desafección privatizada en ira politizada.
El modelo de producción ya no es el mismo que hace un siglo, pero las formas de malestar y el sufrimiento subjetivo de la sociedad no distan mucho entre un extremo y otro. El uso y abuso de psicofármacos y la demanda por «soluciones inmediatas», autoayuda, coaching, videoestoicismo y otras variantes de domar los síntomas, son un tema preocupante en el ámbito de la salud mental. Desde el Centro de Estudios «Salud Mental, Memoria y Transformación» proponen espacios de lectura, debates y escritura colectiva para reconstruir los lazos y contrarrestar esa sensación de abatimiento, odio y desidia que generan las nuevas tecnologías.