¿Cuánto tiempo más veremos a Israel matar de hambre a los niños y masacrar a los civiles que buscan comida antes de que los líderes políticos estadounidenses pongan fin a esta locura?
Entre todas las catástrofes que ha provocado el presidente estadounidense Donald Trump con la ley fiscal y presupuestaria que él mismo ha calificado de «One Big Beautiful Bill», hay una que destaca especialmente para los representantes de la economía política: la abolición radical prevista en la ley de las subvenciones a las energías limpias introducidas hace tres años por el presidente Joe Biden. Muchos consideraban que estas subvenciones eran intocables en caso de cambio de presidente, ya que creaban nuevos puestos de trabajo y aumentaban los ingresos de las empresas en los estados «rojos», tradicionalmente republicanos. Por muy alérgico que sea el Partido Republicano, controlado por Trump, a la política verde, se pensaba que no se atrevería a eliminar estas ventajas. Pero eso es precisamente lo que ha hecho.
A más de 40 días, la campaña apenas arranca, Milei sabe que el encarcelamiento de Cristina (clave para evitar la derrota) y una baja participación electoral pueden darle la victoria que necesita en el distrito que representa el 37% del padrón nacional y promueve 46 diputados y 23 senadores.
Lo que no asegura o preanuncia una victoria en 2027, pero sí que los gobernadores le devuelvan la mayoría que le permite blindar leyes y vetos, que el dólar no perfore el techo de la banda (algunos operadores hablan de entre $2.000 y $3.000), que sostener este modelo le cueste algunos miles de millones menos al FMI y al Tesoro norteamericano y nos cueste la entrega del país de las y los argentinos.