La derecha obtuvo más del 50% de los votos en las elecciones generales celebradas en Portugal a principios de mes. Lo hizo politizando un escándalo de corrupción y abriendo una brecha entre la izquierda radical y la centroizquierda. La más reciente caída de una experiencia socialdemócrata que, como parece ser ya un patrón de comportamiento urbi et orbi, incumple el contrato electoral -desilusiona a la ciudadanía- se sumerge en la crisis y da lugar al avance de la ultraderecha.
Una de las consignas narrativas neoliberales más arraigadas -y que sirve de cimiento a su estructura conceptual y despliegue de su relato imaginario -, es que persigue un “estado mínimo”. Nada más falso. La realidad efectiva muestra que durante los gobiernos neoliberales el estado es omnipresente y lo es con una violencia inusitada. Esta es una muestra de cómo funciona el Leviatán neoliberal, extorsionando a las provincias para imponer su plan reiterado de miseria planificada tal como lo advirtiera tempranamente Rodolfo Walsh. Se trata de un intento de imposición sistemático desde la dictadura genocida del año 1976, solo interrumpido en democracia durante el lapso comprendido entre los años 2003 y 2015, durante los gobiernos peronistas, que intentan hacer desaparecer, desde fuera «apuntando» a su lídereza o desplegando un discurso interno que – contra toda la evidencia- decreta su «caducidad».
En esta nota, Claudio Véliz insinúa un recorrido por las diversas modalidades de la práctica política desde los años 80 hasta la actualidad. Analiza las formas de la estetización, la farandulización, el giro punitivista y la presente demonización. Todas estas estrategias políticas e ideológicas han contribuido, con mayor o menor eficacia, a allanar el terreno del saqueo económico que se ha consolidado durante las gestiones (neo)liberales.