Javier Milei es un síntoma: el presidente argentino expresa de manera concentrada tendencias intrínsecas al capitalismo de nuestros días. No es una anomalía, sino su producto mejor logrado.
En 82 días el Psycho Killer devaluó un 118%, duplicó la inflación y el desempleo, agregó 17 puntos de pobreza, hizo caer 20% el poder adquisitivo real de los salarios. Sin embargo, persiste en una parte de la sociedad una retórica que ya merece el Pultizer “hay que darle tiempo”.
Las políticas posdistributivas harán poco para cambiar la desigualdad subyacente de ingresos y riqueza. Eso requeriría un cambio radical en la propiedad y el control de esa riqueza, es decir, la propiedad pública de los bancos y las grandes empresas y la inversión pública dirigida a las necesidades sociales, no a las ganancias. Pero tales políticas son anatema para aquellos que buscan el «La tercera vía».