Como se verá en este artículo, todo vale para atrasar el gigante asiático en su destino de potencia emergente o, al menos, de un mundo inevitablemente multipolar. La pregunta para el sur global es donde lo encontrará el futuro, si entre los ganadores o como parte de las potencias en repliegue. En el caso de Argentina, el gobierno decidió anotarse del lado de los perdedores sin ningún beneficio a la vista, sólo la estupidez.
El artículo propone un recorrido por las cuatro oleadas neoliberales y la interrupción que a su despliegue supuso el kirchnerismo bautismal en el lapso comprendido entre los años 2003-2015. Obvio que todas las experiencias neoliberales, incluída la dictadura que desembarcó ese repugnante paradigma en el país, terminaron en grandes crisis socioeconómicas, algunas espectaculares como la del año 2001. Esta cuarta oleada no será la excepción. Sí es novedosa esta vez la personalidad del presidente que la lleva adelante, modelada por una subjetividad que borronea, como nunca antes y muy a tono con el tiempo que vivimos, las viejas fronteras subjetivas entre lo «normal y lo patológico», en el siglo de la caída de la figura del padre. Pero ese es otro tema ajeno a este artículo.
Tras algunas reflexiones audiovisuales sobre la psicosis ordinaria, muy pertinentes dado el pérsonaje de referencia, Hugo Presman entrecruza un cuento de Gabriel García Márquez, “Sólo vine a hablar por teléfono”, que integra el libro “Doce cuentos peregrinos”, donde por error una persona es internada en un neuropsiquiátrico con las propuestas, el DNU, el proyecto de ley, las insólitas designaciones del gobierno de Javier Milei. Su discurso en Davos exhibe una desubicación en tiempo y lugar que ubica al presidente de la Argentina en lo extravagante y a la Argentina como Conejillo de Indias de una experiencia sin antecedentes.