El apoyo del Reino Unido al genocidio israelí en Gaza —que ha dejado hasta ahora más de 38 100 palestinos muertos— les costó muy caro a los dos principales partidos del país europeo —el Partido Conservador y el Partido Laborista— en los comicios del 4 de julio de 2024. El Partido Conservador británico, conocido como ‘Tory’, que brindó un apoyo inquebrantable al régimen sionista durante la guerra en curso, perdió el poder tras catorce años por no retroceder en su respaldo a Israel.
Los laboristas, a su vez, a pesar de una victoria en las elecciones, perdieron un gran número de votos y varios diputados frente a candidatos independientes pro palestinos en varios escaños con grandes poblaciones musulmanas. El Reino Unido ha sido siempre un aliado tradicional de Israel. Según la organización Human Rights Watch (HRW), Londres suministra al régimen de Tel Aviv misiles, tanques, tecnología, armas pequeñas y municiones, así como aproximadamente el 15 por ciento de los componentes del caza F-35 que se utiliza actualmente para bombardear Gaza.
Imaginemos, por un momento, que hemos borrado de nuestra memoria todo lo aprendido sobre el presidente Donald Trump y su peculiar estilo de gobernar durante su primer mandato. Es decir, olvidemos su tendencia a atacar a sus contrapartes —aliados, socios o rivales— con la furia de una tormenta, lanzando acusaciones perentorias, amenazas deshonestas y demandas ridículas, muchas de las cuales se retractaban o modificaban casi de inmediato.
“Las elecciones provinciales no están en la agenda de nadie, no están en la conversación, porque la gente está decepcionada de la política”. Es la respuesta de un sacerdote católico que trabaja en medios populares en un municipio del Gran Buenos Aires. Página/12 consultó a sacerdotes católicos y a referentes religiosos que trabajan en barrios del conurbano bonaerense y que respondieron de manera anónima a las preguntas.