Aunque tenía una reputación conservadora en sus primeros años, el Papa Francisco utilizó su papel como líder religioso mundial para hacer campaña contra la pobreza y la opresión social, desafiando directamente la apropiación del cristianismo por parte de figuras como JD Vance.
En lugar de concentrarse en aplicar la etiqueta (a veces, engañosa) de fascista a Trump, lo importante es aprender las lecciones de los movimientos antifascistas históricos para formular una contrapolítica robusta frente a la agenda trumpiana.
Tras décadas de liderazgo conservador, Francisco intentó redefinir el rumbo de la Iglesia católica, haciendo hincapié en la inclusión y la atención a los marginados por encima de la pureza doctrinal.