Neurocientíficos y politólogos describen los mecanismos psicológicos por los que asimilamos propuestas y acciones que antes habrían provocado nuestra indignación y terminan calando en amplios sectores de la sociedad. En la coyuntura abierta por la resolución 125, algo de esto ya pasó, los «piquetes armados» se normalizaban y los insultos y amenazas de muerte a CFK más aún. La ventana de Overton se corrió a la ultraderecha y se neutralizó por la política y la gestión del segundo gobierno de CFK. Sin embargo, construyó las bases para el triunfo macrista en el año 2015. Este que se reproduce es un análisis instrumental muy interesante para debatir, que debe ser complementado, como es obvio en el capitalismo en crisis, con los intereses de clase que están por debajo de la narrativa de ultraderecha. En la coyuntura de la resolución 125, estaban muy claros los interese de clase: «los piquetes de la abundancia, los grupos de tarea, el sujeto agro-mediático, el trabajo de 678» … esa narrativa fue otro elemento que logró atenuar el avance de la ultraderecha. Hoy no se dispone de esa nitidez, ni de la gestión y menos de los medios. Peor aún, muchos comunicadores, analistas, opinadores del campo supuestamente antagonista a la ultraderecha, critican lo echo durante la 125 por no aceptar el corrimiento de «la ventana», o sea por no «dialogar» y en cambio, «profundizar» el rumbo.
Durante décadas ha habido una campaña concertada para decir que las comparaciones entre el gobierno israelí y el régimen de Hitler son de alguna manera «antisemitas». Por supuesto, los crímenes de los nazis implicaron la muerte de millones de personas en toda la Europa continental. Pero lo que Israel ha hecho, y se propone hacer, con la población palestina en Gaza inevitablemente, y con razón, conduce a esa comparación.
Lejos de ser una simple provocación, la frase de Buffett que nos sirve de epígrafe encapsula una realidad cada vez más evidente, el surgimiento de un nuevo poder oligárquico que trasciende las fronteras entre el Estado, las finanzas y la tecnología. En el centro de este fenómeno se encuentra el Complejo Digital-Militar-Industrial (DMIC), una evolución del tradicional military-industrial complex que Dwight Eisenhower advirtió en 1961, pero amplificado por el dominio de las grandes tecnológicas y su integración simbiótica con el aparato de seguridad nacional estadounidense.