Vivir en el conurbano bonaerense es un verdadero infierno, con millones de personas cercadas únicamente por la muerte y muchas otras desventuras. Eso es al menos lo que publican en conjunto Clarín, La Nación e Infobae, según un estudio realizado por la consultora Argumentaria. Casi nunca sucede allí algo bueno, salvo en el conurbano norte. Surge también una caracterización directa de la presencia de toda clase de peligros allí donde vive la población más empobrecida.
No más préstamos de bancos y gobiernos a tasas de interés exorbitantes y crecientes (el Reino Unido o Alemania piden prestado al 3-4%, mientras que a los países en desarrollo se les cobra el 6-8%), sino la cancelación y condonación de las cargas de deuda existentes para los países pobres (no me gusta la palabra «condonación de la deuda» ya que no hay nada que perdonar).
Hoy se inicia la cumbre de Financiación para el Desarrollo (FfD) en Sevilla, España. En ella la comunidad del desarrollo reflexiona una vez más sobre las promesas y trampas de la financiación global.