El cambio radical en el enfoque económico del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ya ha empezado a modificar las normas, los comportamientos y las instituciones a nivel mundial. Igual que un gran terremoto, ha dado lugar a nuevas características en el panorama y ha dejado obsoletas muchas estructuras económicas existentes. Este acontecimiento fue una decisión política, no un desastre natural inevitable. Sin embargo, los cambios que está impulsando han llegado para quedarse. No hay barreras de protección que puedan restablecer automáticamente el statu quo anterior.
El exgobernador Schiaretti cerró un evento de la Fundación Mediterránea en CABA. Afirmó que el otro polo a Milei no es el kirchnerismo, que “se apaga”, sino la propuesta que armó junto a seis gobernadores. Adelantó que habrá más adhesiones y no respondió a la pregunta por su futuro como presidenciables. La reconfiguración del sistema de representación está en pleno desarrollo y hay disputas en ambas coaliciones surgidas tras la crisis del año 2001. Esta es una de ellas cuya aparición tiene como momento distintivo a los anteriores intentos de «tercera vía», la crisis interna de los polos de la polarización post 2001. Macri la mira con cariño. Puede fallar (otra vez) pero la coyuntura es todo y manda.
«Lo que encuentro políticamente significativo en Europa y América del Norte es el profundo vacío en el interior de las ideologías del extremo centro. Todo lo que se presenta como posibilidad de reproducir una normalidad occidental se vuelve como una caricatura hueca […] Mi modesta proposición es la versión antifascista de la idea de Nietzsche de devenir lo que eres. Ser lo que ellos piensan de ti. Realizar su enemigo imaginario.»
— Alberto Toscano