Hoy a las 09:30 hs. todos y todas viendo y escuchando al periodista de Uruguay @EPreve de@M24radio, en «La Tapadita».
Difundirá los audios de la repostera golosa que el Gobierno prohíbe que sean transmitidos por nuestros medios.
Acá el stream Youtube para ver en vivo a @EPreve. Les esperamos.
La narrativa convencional de las relaciones internacionales presenta al «Estado fallido» como una anomalía, un desastre político, un vacío de poder; un territorio sumido en el caos donde la ley ha sido reemplazada por la violencia primaria y donde la comunidad internacional debe debatir, con una mezcla de conmiseración y fastidio, la posibilidad de una intervención humanitaria o de estabilización, dependiendo siempre de su beneficio estratégico inmediato. Los recientes casos de corrupción que acechan a su gobierno, incluyendo las acusaciones contra su hermana, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, por la contratación de funcionarios con sobresueldos en negro y la manipulación de la cadena de pagos del Estado, sobre todo de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), sacarles a los discapacitados para su bolsillo, no es una anomalía. Son la consecuencia natural de un proyecto que concibe el Estado no como un árbitro del bien común, sino como un botín a repartir entre los leales. La retórica anarcocapitalista de «destruir el Estado» se traduce, en la práctica, de entregar lo que queda de él.
En 2019, la profesora de economía Gita Gopinath dejó los pasillos de la Universidad de Harvard para convertirse en economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI). Tres años más tarde, dio un salto sin precedentes del análisis económico a la gestión de políticas, convirtiéndose en la primera «subdirectora gerente» -o la número dos efectiva del FMI- la mano derecha (mujer) de la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva. El viernes pasado, se fue para regresar a la academia en Harvard.