En 1842, rota y derrotada, China envió a su más alto burócrata, Qiying, a Nanjing para reunirse con Sir Henry Pottinger, el despiadado administrador colonial británico, que dictó los términos de la capitulación. El tratado de Nanjing resultante hizo que China perdiera todo lo que tenía, sin obtener nada a cambio, excepto la humillación. Entonces se habló de “acuerdo comercial”, mientras que los comerciantes brindaban en Londres y los poetas chinos inmortalizaban en verso la vergüenza que aún persigue a su gran nación.
Tres años del intento de femimagnicidio contra Cristina Kirchner, un parteaguas que dinamita el pacto democrático de año 1983. La frase «una fusilada que vive» se ha convertido en un símbolo de resistencia y lucha por la memoria histórica en Argentina. En el contexto actual, Cristina Kirchner la utilizó durante un homenaje a las víctimas de los fusilamientos ilegales de 1956, en un acto cargado de tensión política y simbología histórica. La frase, que se originó en el libro «Operación Masacre» de Rodolfo Walsh, ha sido reivindicada por Kirchner para expresar su conexión con la historia y su compromiso con la memoria histórica. En perspectiva ya es claro que el que irrumpe tras el atentado del 1 de setiembre de 2022 no es ya el Milei “panelista disruptivo”, es ahora un emergente de una coyuntura donde el asesinato político vuelve a tener legitimidad para el bloque en el poder, la justicia, los medios hegemónicos, legitimado incluso por un segmento amplio de una “sociedad rota”. Es en este sentido, la alianza Caputo-Milei-Bullrich, excede largamente el plano formal y merece ser observada detenidamente.
La designación de carteles del narcotráfico como organizaciones terroristas estuvo precedida por una serie de informes, previos a la asunción de Donald Trump, que iluminan el accionar de Estados Unidos en la actualidad. Sobre todo cuando hay informes que indican preparativos para acciones militares en México y existe un despliegue marítimo estadounidenses fuera de las aguas venezolanas.