El Congreso peruano destituyó al presidente y eligió a José María Balcázar, el octavo jefe de Estado en una década, quien finalizará su mandato en cinco meses, cuando asuma el ganador de las elecciones del próximo 12 de abril. Aunque pertenece a un partido de izquierda, su nombramiento responde a los intereses de la coalición autoritaria que, mediante el parlamentarismo de facto, gobierna el país blindando sus redes de impunidad. La ausencia de alternativas popular democráticas que requieres sin excepción la emergencia de un liderazgo compacto produce efectos como los que acá se analizan. El malestar ciudadano permanece tan fragmentado que no termina de articularse social ni políticamente —lo que Gabriel Kessler y María Victoria Murillo denominan «malestar vertical»— y podría permanecer así por mucho tiempo: construir una respuesta opositora unitaria y viable es un proceso lento. Con el impacto del lawfare sobre el liderazgo de Cristina Fernández, la principal opositora, el sistema de representación de La Argentina no es la excepción: El malestar ciudadano, la fragmentación política duradera, es también en el país una vía posible de transitar. Vamos con una radiografía reciente del «modelo peruano», que con una lógica acerada, seduce al actual bloque en el poder en nuestro país a punto tal, que el ministro Toto Caputo lo reivindica sistemáticamente como «modelo de llegada».
La economía estadounidense se expandió tan solo a un 1,4% anualizado en el cuarto trimestre de 2025, muy por debajo de las previsiones del 3%, según la estimación anticipada del PIB real. Y a lo largo de todo el año 2025, la economía estadounidense se expandió un 2,2%, o por debajo de la tasa del 2,4% de 2024. La jactancia de Trump y sus asesores sobre un auge económico en EE. UU. no resulta tan convincente tras estos datos. La inversión en equipos y productos de software aumentó más del 8% en 2025, probablemente como resultado del auge de la inversión en IA. Sin ello, el crecimiento del PIB real de EE. UU. habría sido muy inferior al 2% durante el año pasado.
La globalización fue capaz de generar nuevas ilusiones donde cualquiera con una buena idea podía saltar fácilmente a la fama y la fortuna. Javier Milei ha relanzado esa fantasía en su versión «capitalismo verdadero» mientras las clases medias orbitan ideológicamente en torno a esas quimeras de éxito individual masivo, surgidas originariamente en los “felices ´90”.