«No sé cómo habrá hecho Scaloni, pero varios de los problemas que tenemos tienen que ver con los egos y las vanidades y no con la ausencia de talento o convicción o voluntad de trabajo. A veces caemos en peleas muy tontas. Lo digo en procesos internos de organizaciones, espacios y partidos políticos hasta en temas más generales… y transversales a todas las fuerzas… Entonces, yo creo que los pibes —que vienen pinchados, mucho bajón, mucha ansiedad, mucha depresión, ausencia de futuro en términos generales— son capaces de leer el ejemplo de la Selección como una señal de que el conjunto puede primar sobre la vanidad y sobre las individualidades» Máximo Kirchner
Frantz Fanon ha sido simbólicamente reclutado como combatiente y guía ideológico de una lucha, la de los palestinos, sobre la que nunca escribió. Pero la concepción de la violencia del psiquiatra y militante anticolonial martiniqués es más compleja de lo que a menudo expresan tanto quienes lo reivindican como quienes lo condenan. En medio de la destrucción de Gaza por las fuerzas militares israelíes, su obra adquiere una nueva dimensión.
Lo viejo no es desecho, es recurso, incluso roto, sigue sirviendo para orientarse. «Lo viejo funciona» no como evocación romántica del pasado, sino como signo de resistencia. Se trata de aquello que persiste, que insiste. Lo que no se va del todo porque hay algo, en el sujeto o en lo social, que no cede. Algo que permanece, incluso cuando el presente impone olvido y renovación permanente.