John Fogerty creó un estilo de música completamente norteamericana que podía bailarse y ser disfrutada por cualquiera. No tenían mucha complicación, cualquier banda de bar medianamente buena podría tocar sus canciones. Sin embargo sus letras hablaban de compasión y también protestaban con profunda tristeza y rabia contra la guerra de Vietnam, contra el gobierno de Nixon y la diferencia de clases. Pero su vida también dejó otra enseñanza política y hasta moral: Frente al poder, nunca desistir.
En el momento actual, de desesperanza construida, atreverse a imaginar escenarios históricos humanos y de cuidado de la vida popular se constituye en un radical desacato contra el mandato del capital delirante y su esbirro de ocasión: el fascismo sigiloso.
Las capitales occidentales siguen coordinándose con Israel y Estados Unidos en sus «críticas» al genocidio, tal como antes coordinaron su apoyo a la masacre.