El nuevo presidente de Argentina, Javier Milei, encarna el neoliberalismo zombi de los años noventa, pero con un nuevo soporte anclado en parte de la estética de época, el fracaso del peronismo dolce&gabbana, en el marco del gran deterioro en la salud mental comunitaria que no creó, pero potenció la pandemia.
A sabiendas del desvarío sobre la austeridad eterna que el neoliberalismo ha pregonado de manera detallada desde el golpe de Estado de la dictadura cívico militar argentina en adelante, con motosierra incluida esta vez, la evidencia histórica demuestra que detrás de un disfraz de palabras como eficiencia, corrupción, déficit o emisión monetaria, siempre están los negocios, principio y fin de su accionar político. Así las coss, que los dueños del país se queden con más activos del Estado y los pobres pongan el hombro y el bolsillo para ordenar los negocios del establishment en nombre de BlackRock, parece un hecho votado por muchos argentinos conscientemente o no.
Históricamente, la inflación ha servido a menudo como prueba de fuego tanto para los gobiernos democráticos como para los autoritarios, porque representa una ruptura del pacto social entre los dirigentes políticos de un país y su pueblo. Con la inflación volviendo a aumentar en Rusia, los riesgos para el régimen no han pasado desapercibidos para el presidente Vladimir Putin como lo hizo (?) para el presidente argentino.