Los conservadores suelen invocar la ética del trabajo para atacar a los pobres y a los desempleados. Pero, en un principio, el concepto implicaba una crítica a la ociosidad de los ricos. Esa construcción narrativa tiene su puerto de llegada local en los «planeros». Debemos recuperar su sentido original.
En esta nota, Darío Capelli sostiene que la burla de Milei sobre el apellido de Lali Espósito, en un país que hizo de la lucha por la identidad una de las vigas fundantes de la vida democrática, constituye un acto de lesa civilidad. La falta de control emocional y la propensión al enfrentamiento constante por parte del presidente Milei, plantean serias dudas sobre su capacidad para liderar de manera responsable y sensata. Jacques Lacan señaló que la agresividad no puede ser reprimida sin consecuencias. En este sentido, las acciones de Milei podrían tener repercusiones negativas a nivel personal y político. La confrontación pública con Lali, es solo un ejemplo de la deriva emocional del presidente y su falta de sensibilidad social. No la ve, ni la siente.
El pensamiento de izquierda, dueño y portavoz de las utopías del siglo XX, parece haber perdido la capacidad de soñar, arrinconado en posiciones defensivas o nostálgicas, mientras el capitalismo controla todo el planeta como nunca antes y atraviesa nuestras subjetividades. Y no solo eso: desde algunos de sus enclaves, sigue proyectando diversos tipos de utopías.