Durante las últimas semanas, el gobierno de EE.UU. ha descerrajado sus andanadas retóricas contra el gobierno colombiano de Gustavo Petro, acusándolo de medrar con el envío de cocaína a través del Caribe y del Pacífico Oriental. Éste, a su vez, no ha ahorrado epítetos contra el equipo republicano, advirtiéndole sobre las reacciones que va a despertar con su campaña militar en los mares que separan a ambas naciones.
“Las religiones, las religiosidades, lo sagrado, son temas fundamentales para comprender nuestras sociedades. Las personas han mantenido por siglos un vínculo con la trascendencia de múltiples maneras”, inició Fortunato Mallimaci, quien remarcó la importancia de historizar y evitar visiones esencialistas sobre lo religioso.
En estos días hemos sucumbido a un tsunami de textos dedicados a conmemorar los cincuenta años transcurridos desde la muerte de Franco. Cincuenta años, ¿son muchos o pocos? Son muchos si pensamos que esa cifra es ya superior a la de los años que el dictador estuvo en el poder; son pocos si recorremos desde dentro de la memoria la propia vida descontada en ese arco temporal. Son muchos si repasamos los cambios asombrosos acaecidos en España; son pocos si reparamos de pronto en los ecos, las repeticiones y las rimas de la historia.