Gran parte de las mayores atrocidades históricas cometidas por la humanidad en contra de la humanidad y de su medio ambiente , como la esclavitud o un genocidio, han sido legales. La legalidad, como bien sabemos, no es sinónimo de justicia. Este hecho nos recuerda de las palabras de Platón, el cual expresaba hace más de 2,000 años, que la justicia, muchas veces, es la voluntad del poderoso. Detrás de la mascara de hierro de leyes divinas y humanas, utilizada por las clases dominantes, se han cometido los crímenes más atroces. Detrás de púlpitos y parlamentos, los opresores han defendido sus acciones, con una biblia en la mano y un fusil en la otra. Hegel expresó una vez que la historia es un matadero. No obstante, analiza la historia humana y descubrirás que ha sido manipulada por el conquistador.
El triple femicidio de Florencio Varela, digital y misógino, el compromiso inocultable en el financiamiento de campañas políticas grita lo que las estadísticas apenas susurran: el narcotráfico transnacional (manejado por carteles peruanos, mexicanos y brasileños) asociado a bandas locales evoluciona, mientras el Estado apenas reacciona.
El académico Juan Gabriel Tokatlian lo sentencia: “Medimos fracaso como éxito; sin diagnóstico, perseguimos pibes mientras los carteles lavan en countries”. Y acá voy yo: este espejismo securitario ignora la raíz social del problema.
En villas donde la pobreza alcanza al 52% y la desigualdad distributiva se muestra extrema, el narco ofrece “trabajo” a uno de cada cinco jóvenes y un pago por sobre la media miserable que ofrece esta etapa de narco-capitalismo neoliberal, como bien la definiera @CFKArgentina.
PD: Bonus, el gran mensaje de @petrogustavo en la ONU muy pertinente para situar conceptualmente la problemática narco en la región.
El 22 de septiembre de 2025, 155 países en la Asamblea General de la ONU reconocen formalmente al Estado de Palestina. Este evento es presentado como un momento histórico, un punto de inflexión en la larga y agónica lucha por la autodeterminación palestina. La paradoja es obscena, la legitimidad internacional alcanza su cenit precisamente cuando la posibilidad material de un Estado palestino viable se desvanece hasta casi la inexistencia. Este reconocimiento, no es un preludio de la libertad, sino su epitafio burocrático. El divorcio absoluto entre la retórica grandilocuente de la comunidad internacional y la realidad catastrófica sobre el terreno no es un accidente, ni un error de cálculo o un fallo logístico. Por el contrario, es el síntoma deliberado y predecible de una maquinaria de poder global cuidadosamente engrasada, cuyos engranajes giran con una sincronización letal.